[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 6]
#31
El aire todavía olía a sangre, aunque al menos esta vez era la de su enemigo la que más lo impregnaba. 

Krysser descendió tras el salto que había precedido al impacto, escuchando el grito de dolor de Uoroku casi como un canto celestial, y viendo al instante cómo sus compañeros de celda habían cumplido sus expectativas.

Zhang, con su armadura de nieve y unas armas que maravillaban la vista, irrumpió tras él con un semblante profundo. Sus piernas, pesadas como troncos, se alzaron en una doble patada que impactó el rostro del gyojin y lo dobló sobre sí mismo. El aire escapó del cuerpo de Uoroku en un bramido seco junto a una queja fútil, y la conciencia del monstruoso oponente no tardaría en acompañarle. Aunque sería un reencuentro breve.

Antes de que pudiera terminar de caer, conforme su cuerpo tocó el suelo, un destello plateado lo cruzó. Uker, veloz como una estela, apareció desde detrás, aún renqueante por su herida, pero con la hoja de su arma surcando el aire con precisión quirúrgica. La estocada final atravesó el cráneo del gyojin, cortando el flujo de su vida.

El coloso había caído, media tonelada de músculo impactó en un golpe que sacudió el suelo bajo sus pies. Cuando el quejido final se disipó en el aire, sólo quedó el silencio.

Únicamente el sonido del agua filtrándose por las grietas y el zumbido de la electricidad de Zhang aún suspendida en el aire rompían el mismo. Krysser exhaló con fuerza, sintiendo al fin el peso de su propio cuerpo. Cada músculo dolía. El pelaje, empapado y ennegrecido por la electricidad, le pesaba como una capa de plomo. Pero aún respiraba. Todos lo hacían. Y, sobre todo, estaba en sí mismo.

El tigre se giró hacia Zhang, recordando lo que acababa de suceder. El viejo mink se mantenía en pie, aunque la armadura de nieve se deshacía en pequeños copos, revelando las marcas del combate y el golpe que él mismo le había propinado momentos antes. Una punzada de culpa le recorrió el pecho de nuevo.

Sin decir nada, se acercó y, tras buscar brevemente en el interior de su túnica, extrajo un pequeño rollo de vendas.

-Ten. -Su voz fue grave, pero sincera. Le tendió el paquete, en un gesto firme, con las orejas ligeramente inclinadas hacia atrás. Sabía que subsanar un error no lo hacía desaparecer, pero era mejor eso que nada. Hizo una breve pausa, solemne y algo dramática, antes de finalmente decir lo que pensaba. -Lo siento.

Fue breve pero elocuente, como acostumbraba a ser. No sintió que necesitara de muchas palabras para entenderse con su compañero, y menos cuando la situación aún podía ser peligrosa.

Se apartó un paso y, mientras el resto se recomponía, se agachó a revisar su botiquín. La pequeña caja metálica estaba algo abollada, pero intacta. Rasgó un sobre, extrajo una compresa medicinal y la aplicó sobre las heridas de las quemaduras elétricas. El escozor lo hizo gruñir entre dientes, pero sabía mejor que nadie que el dolor, aunque severo, era un gran maestro.

Miró a su alrededor, asegurándose de que todos los que habían atacado estuvieran bien, pero notando al momento que alguien faltaba.

-¿Y el otro? -Preguntó, alzando la vista hacia el lugar donde el joven se encontraba al comienzo de todo aquello, dándose cuenta al instante de que había interceptado el ataque del gyojin que anticipó momentos antes de transformarse.

El suelo estaba hendido, ennegrecido por la energía del impacto, y se podía ver la sangre desde el lugar, la cual también llenaba el ambiente con su olor. Krysser comprendió que, si no fuera por él, probablemente no todos ellos seguirían en pie. Había tenido que recibir un ataque increíblemente fuerte para sufrir de ese modo.

Entonces recordó las palabras del joven, difusas en mitad de la batalla. Mientras él corría buscando el costado de Uoroku, Ash había lanzado un órdago, un desafío imposible. Aquel chico había tenido la osadía, o la locura, de desafiar al monstruo en su punto más fuerte. Y, aunque su fuerza no bastara para derrotarlo, había logrado algo más importante, romper su concentración. Desde ese momento, Uoroku no había vuelto a controlar el flujo de aquel combate, como si la seguridad se le hubiera desmoronado al ver aquella determinación juvenil capaz de plantarle cara, algo que era evidente cuando cayó en que el Gyojin no había vuelto a usar sus habilidades eléctricas. 

Krysser gruñó suavemente, un sonido más reflexivo que agresivo.

-Ese chico… -Murmuró, ladeando el rostro hacia Rosse y Uker, que parecían conocerlo a juzgar por su reacción al llegar. -Si sigue respirando, se ha ganado un banquete cuando esto acabe.

Enderezó el cuerpo, mirando el horizonte cubierto por aquellos muros infranqueables y respiró hondo en un suspiro cansado. La bestia dormía otra vez, pero el cazador seguía alerta. La noche no había terminado, pero por primera vez desde que aquel barco zarpó, había un silencio que no sabía a miedo. Solo esperaba no estar equivocado.




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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1653 + 150 = 1803
Energia: 767 + 18 = 785
Espiritu: 183 + 0 = 183
#32
Cada respiración que tomaba era un vívido recordatorio de la fuerza de aquel Mink. La imagen de Krysser, descargando golpe, se había quedado grabada en la retina del anciano. Zhang tragó la saliva con dificultad, observando cómo, tras su propio salto final y sus patadas, el joven Uker había dado el golpe de gracia, clavando la estocada que hizo un sangriento espectáculo bajo aquella luna.

Zhang alzó la vista, permitiéndose un par de segundos de deleite. La luna, aunque no visible en su totalidad desde el fondo del foso, teñía las nubes de un tenue brillo espectral. El viejo burro sintió cómo la adrenalina se acababa, dejando paso al cansancio del encuentro.

Todo había terminado, tan rápido como había iniciado. Sin embargo, la victoria no cambiaba la realidad. Si había alguien en la cima, ¿habría más enemigos tan monstruosos como aquel Gyojin?

Pero las palabras de Krysser lo sacaron pronto de sus pensamientos, y el dolor fue punzante nuevamente. "Ten." Zhang bajó la mirada, observando las vendas ofrecidas. Recordó entonces la herida que Krysser le había infligido "accidentalmente." Con su rostro cansado, le dedicó una sonrisa genuina.  —Hace años que no me cruzo con un Mink tan fuerte—. Aquel burro lo había experimentado en carne propia.

Zhang tomó las vendas y comenzó a aplicarlas sobre su cuerpo magullado. El poder de su técnica, que todavía lo envolvía con su frío gélido, le ayudó a congelar la herida, logrando que la sangre se detuviera poco a poco. Como de costumbre, Zhang Guolao seguía resistiéndose a morir.

Pasó algunos segundos acomodándose las vendas. Adolorido, se acercó hacia el coloso derribado. Quería confirmar lo inevitable. —Está muerto—, sentenció Zhang tras buscar el pulso del Gyojin.

Parte de la victoria residía en el botín, y como fiel pirata, estaba obligado a llevarse un recuerdo tangible. Zhang notó que una de las placas acorazadas de la cadera de Uoroku sobresalía. Con un tirón firme, la arrancó del cuerpo caído, un trofeo de guerra. De paso, el viejo pirata tomó con rapidez cualquier otra pertenencia que pudiera ser útil o valiosa para él o su tripulación.

Su mirada recorrió entonces a sus compañeros: al ágil Rosse, al bestial Krysser, al herido pero tenaz Uker... El hombre casino no había tenido tanta suerte, pero gracias a él había empezado la distracción que les permitió vencer aquella noche. Habían peleado como una unidad forzada por la necesidad, y cada uno había cumplido su parte. —Hemos ganado esta pelea, jóvenes—, siseó Zhang, con un tono suave pero firme. —Pero no se confíen. Este lugar... No hay tiempo para celebraciones. Salgamos de este agujero. — Dijo Zhang con firmeza, intentando encontrar la forma de hacer real sus palabras.  

Resumen

Bélico
 

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Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 446 + 11 = 457
Energia: 721 - 121 = 600
Espiritu: 324 + 0 = 324
#33
[Imagen: kVQMPUU.jpeg]

Tuvo que seguir observando el cuerpo, aún tirado en el suelo, por unos segundos. No podía creer que estuviera muerto, no podía asumir su victoria, ni siquiera una espada clavada en su cráneo sería suficiente para matarlo. No, era demasiado fuerte, seguro se levantaría…

Nada pasó, los pasos y las conversaciones de los demás le llegaron como ecos lejanos, inentendibles. Su mente aún no procesaba como podrían haber acabado con esa cosa. De seguro habían sido los ataques de los minks, su fuerza era impresionante, la última acción del cocinero no era tomada en cuenta por el mismo, solo fue un producto de su enojo, de su rabia contenida por ser tan débil.

Este era el nivel que debían tener, que debían superar. Saberlo no lo tranquilizaba, pero, por alguna razón, podía ver la forma de ser tan fuerte. Era momento de dejar atrás su debilidad, no solo por él, por su tripulación también.

Con pasos lentos, pero para nada temerosos, se acercó al que había sido su oponente, a los restos del guerrero que por poco y conseguía su objetivo. Se agachó para observar el cuerpo inerte, no había respiración, y Zhang confirmaba que no existía pulso. Aún así, tuvo que llevarse su mano a su pecho, justo a la herida que le había provocado el gyojin, una que no paraba de sangrar. - Lo siento, no debías acabar así -. No había lastima por su oponente, ni un poco, sus palabras eran dirigidas a otra cosa, a una frase que, tal vez no olvidaría nunca más en su vida.

[Imagen: estnEq2.jpeg]
"Dicen que un guerrero no está completo hasta que encuentra el final de su camino
en una muerte gloriosa…"

Eso es lo que había dicho el monstruo en cuanto apareció, y fue el mismo Uker el que había intentado encontrar una contradicción a esas palabras, pero sin éxito. - Fue un plan sucio, usarme como cebo para que no los vieras… Si te hubiera enfrentado como un verdadero guerrero mi historia habría acabado, al menos espero que supieras eso -. No le disgustaba su victoria, sobrevivir era lo más importante, pero Sakana había demostrado un punto importante, que no habían podido refutar.

Se levantó, ahora dirigiéndose hacía donde Ash había quedado inconsciente, siendo atrapado a medio camino por las palabras de Krysser. - Me encargaré de llevarlo con su grupo, somos amigos -. Al menos eso sentía, luego del corto tiempo que habían compartido juntos y como parte de la misma tripulación. - Y te aseguró que le prepararé un buen banquete, como a cada uno de ustedes si lo desean -. Al fin y al cabo, ellos habían hecho todo el trabajo.

Volvió a agacharse, ahora junto a Ashveil, observando por un momento su herida. Se veía mal, seguramente le dejaría una marca, así como las que el propio Rackham cargaba en su cuerpo, pero aún respiraba. Si no supiera lo que pasó, y no viera toda la sangre que el otro capitán había sangrado, podría decir que simplemente estaba dormido. - Lo hiciste bien, amigo. Te sacaré de aquí y me aseguraré de que te encuentres con tu gente -. Era lo mínimo que podía hacer, luego de no haber podido hacer nada para evitar esto.

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[Imagen: nxACuAB.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 560 + 0 = 560
Energia: 1427 + 20 = 1447
Espiritu: 309 + 0 = 309
#34
Y así, tan rápido como mi estallido de luz, el tipo quedó tendido, muerto; no puedo decir que salté de alegría ni que me hundí en la decepción, honey, fue más bien un aplauso ahogado en la garganta. Esperaba, lo confieso, poder rematarlo con algo más escandaloso que un par de patadas, pero estas criaturas resultaron ser más duras de lo que me imaginé; mis queridos compañeros se ocuparon del resto tras mi entrada luminosa, y lo vencieron. Fue un final efectivo, sin el dramatismo extra que me habría divertido, pero igualmente satisfactorio: la función continuaba y nosotros seguíamos en pie.

Mientras todos comenzaban a compartir palabras, miradas o simples gestos de alivio, yo preferí apartarme un poco, cariño. Me senté con la espalda recostada contra una de las paredes frías del lugar, dejando que el silencio hiciera lo suyo. Fue ahí, entre respiraciones pesadas y el eco de lo que acababa de pasar, que entendí algo que dolía más que cualquier herida física: el enorme vacío de no haber estado a la altura de mi propio papel. Soy capitán, honey, el que debía ser el más fuerte, el más brillante, el que prometió protegerlos y mantenerlos a salvo… y aquí estoy, sin saber dónde están, sin poder cumplir mi palabra. Estuve a un paso de morir, y lo peor no fue el miedo a perder la vida, sino la idea de que podría haberlos perdido a ellos.

Escuché las palabras del anciano mink resonar en el aire, y aunque odiara admitirlo, tenía razón, darling. Habíamos ganado la pelea, sí, pero la victoria sabe amarga cuando estás atrapado y lejos de los tuyos. Con un suspiro profundo me levanté, dejando que el sonido de mis tacones rebotara en las paredes, marcando el compás de mi determinación, porque si algo no podía perder, era el estilo, honey.

—Busquemos la manera de salir de aquí —dije con esa mezcla de firmeza y drama que me caracteriza —tengo un espectáculo que dar, y sin mi tripulación, no será posible. — Me quedé quieto por un instante, mirando hacia la nada con el pecho apretado. La pose era fuerte, sí, pero el alma, el alma estaba temblando. Sentía el peso de un título que yo mismo me había puesto, Capitán. Un nombre que debía significar seguridad, orgullo, fuerza, pero en ese momento, cariño, solo sonaba a promesa rota.

Me acerqué junto con Uker hacia Ashveil, mis pasos resonando suaves pero seguros, el eco de mis tacones mezclándose con la tensión del momento. —Si nuestros médicos están a salvo, le darán un buen tratamiento —dije, dejando que mi voz sonara firme pero dulce, como un bálsamo en medio del caos —Uker, puedes llevarlo a mi Cabaret, lo curaremos con gusto cuando salgamos de aquí, honey. —

Posé una mano sobre su hombro, con esa mezcla de empatía y autoridad que intento mantener incluso cuando el mundo parece derrumbarse, y luego levanté la vista. El techo, las sombras, la sensación de encierro, todo me pesaba. Pensé en los rostros de los míos: Varo, Mercedes, Giyuu, Alana, Gwendolyn, Eros... Mi familia. Mi espectáculo no es nada sin ellos, cariño, necesito que estén bien, necesito volver a verlos sonreír bajo las luces.

Surprise Box
#35
El silencio posterior a aquella tormentosa pelea aún tenía un peso extraño.

Krysser permaneció en pie unos segundos, observando el cuerpo del gyojin desplomado frente a ellos. Las olas rompían contra la estructura como sonido de fondo, y el vapor que antes los envolvía se disipaba poco a poco.

A su lado, Zhang exhaló con fuerza, dejando escapar una sonrisa.

-Hace años que no me cruzo con un mink tan fuerte. -Dijo, con una voz que mezclaba respeto y agotamiento, pues había sentido en sus carnes el poder del tigre, aunque estuviera potenciado por la luna.

Krysser lo observó unos instantes, sorprendido por la sinceridad del elogio. No respondió enseguida; solo asintió una vez, en un gesto breve, pesado.

-Tú tampoco te quedas corto, viejo. -Gruñó finalmente, con una media sonrisa cansada. Ciertamente, incluso al margen de aquel extraño poder, el burro era un tipo duro. Aquel último golpe doble dio buena cuenta de ello.

El tigre se inclinó entonces sobre el cuerpo del gyojin. La piel de Uoroku seguía humedecida por la condensación de su propia técnica. Tenía el rostro torcido en una mueca entre sorpresa y rabia, y los ojos aún ligeramente abiertos. Aunque todo aquello era apenas apreciable bajo el inmenso charco de sangre y sesos que goteaban por su rostro, tras la puñalada final de Uker en su frente.

El propio Uker se acercaba a la zona donde había caído Ash, seguido de Rosse, que traía la mirada aún tensa, preocupado por sus amigos. No podía culparlo, él se sentía igual.

-Me encargaré de llevarlo con su grupo, somos amigos. -Dijo Uker, sin rodeos, bastante convencido de ello. Llevarlo con sus amigos parecía algo demasiado idílico dada la situación, aún no habían resuelto el misterio de quién creó esa estructura o quienes habían organizado aquello. Solo había caído un peón, el juego acababa de empezar.

Se incorporó por completo, dejando atrás el cuerpo del gyojin y echando un último vistazo al campo de batalla. El reflejo de la luna, incapaz de alcanzar el cubil sin la técnica del Gyojin, ya no sería un problema. Al menos de momento.

Por un momento, volvió a sentir esa punzada de inquietud, ese presentimiento que lo había acompañado desde antes de zarpar. Todo había sido demasiado orquestado, demasiado preciso. No podía ser el final.

Sacó el den den mushi del interior de su capa. El pequeño caracol alzó la cabeza, parpadeando con lentitud, todavía adormecido por los golpes y la humedad. Krysser tomó el disco con una garra, marcando la frecuencia que conocía de memoria.

-Vamos, Fyodor… -Murmuró entre dientes. -Contesta esta vez... -El aparato chirrió una vez, pero por el momento, solo el silencio respondió.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1803 + 0 = 1803
Energia: 785 + 18 = 803
Espiritu: 183 + 0 = 183
#36
Desde sus privilegiados palcos, los seis Tenryuubitos observaban la situación a través de sus prismáticos y catalejos de lujo, mirando directamente hacia el espejo de la parte superior de cada cubículo que estaba colocado estratégicamente para mostrar el interior de estos a los benefactores de el macabro torneo improvisado. Ciertamente, los Sakana eran una familia conocida por su eficiencia y su capacidad de cazar presas en los Blues sin ningún tipo de dificultad... pero parecía que eran peces grandes en estanques pequeños, y ahora... se habían topado con demasiados peces al mismo tiempo. Se habían formado un nombre desde años atrás, desde que su padre Uouo Sakana había conseguido cierta fama con una técnica cegadora usando el cristal de su cráneo... el Uoflash, y sus hijos habían heredado tanto su legado como su movimiento insignia aunque sólo uno de ellos lo había usado en esta noche. Y ninguno iba a tener oportunidad de volver a usarlo.

En un lapso corto de tiempo, pero una a una, las frutas que habían en una de las cajas de provisiones de los Dragones Celestiales se fueron transformando, convirtiéndose en una forma retorcida y malograda de estas, llenas de espirales y hasta cambiando su color. Una sandía, que además de las espirales se estiró volviéndose gris. Un racimo de plátanos que adquirieron un tono marrón además de ganar aquellas formas curvas en su piel. Una manzana azul cuya hoja se cuadruplicó formando una hélice en su tallo, con las espirales igual que las demás. Una pera que se tornó negra y del tallo brotó una pua cónica torcida, también con sus espirales. Una naranja compuesta por dos cuerpos ovalados conexos de color rosa claro, con remolinos característicos en su piel. Y una maracuyá que se tornó azul y su tallo se convirtió en un relámpago, además de adquirir la diferencia característica de todas las anteriores en la piel.

Los Tenyuubitos tuvieron que observar como uno por uno sus campeones iban cayendo, haciendo que sus reacciones y su interpretación de los acontecimientos fuera dispar. El hombre obeso y rubio que no había dejado de comer croissants no cabía en sí de la incredulidad — ¡Imposible, imposible, imposible, imposible, imposibleeee! ¡IMPOSIBLEEE-EH! — vociferaba Saint Voltòir mientras golpeaba con su mano libre de croissant el reposabrazos de su silla, tras dejar caer sus binoculares. A su lado, el también grotescamente pasado de peso y con mal disimulada alopecia en su cabello castaño, Saint Vangelis, sorbía la cabeza de un bogavante — ¡Greeeekekekeke! ¡Menudo inútil-eh! No entiendo su fama si unos cualquiera los derrotan así... — haciendo que su risa se mezclase con su tono de indiferencia, completamente entregado a la comida.
— ¡Ese idiota! ¡Tanto músculo y fama para nada! ¿Cazadores temidos? ¡Y un cuerno! ¡Como el suyo! ¡Os dije que los gyojin son idiotas sin cerebro! — dijo la mujer presente, de la familia Saint Byrne, con su cabello rojo peinado a la moda Tenryuubito, quejándose de la elección de los luchadores y agitando su copa de vino haciendo que esta salpicase un poco — Qué decepción... ¡qué decepción! Esperaba una masacre, un entretenimiento digno de ser contemplado por dioses no... eso — respondió el Lunarian presente, miembro de la familia de los Saint Tsvetnik que seguía mirando con su catalejo de oro atentamente — Vaya pérdida de tiempo... Os dije que teníamos que haber comprado gigantes ¡por eso el mío se hacía grande! ¡Gigantes! Son la clave para los torneos de este estilo-eh  — masculló el también obeso y pelirosa de cabello rizado y prominentes patillas, miembro de los Saint O'Heil, mientras chasqueaba los dedos hacia los criados — Lo... lo han... lo han vencido... Ese monstruo no se podía matar, y lo han vencido... — el anciano presente, de los Saint Wisniewski, no daba crédito a lo que habían visto sus ojos. Su campeón era posiblemente capaz de matar a la vez a varios de sus hermanos... ¿como era posible que estuviera ahora muerto?

— ¡Y tu haz algo! ¡Cierra esas paredes y aplástalos! ¡Lo que sea! — vociferó la mujer de los Saint Byrne levantándose de su sillón y dándole una patada al esclavo arrodillado con las manos metidas en la tierra que tenían frente a ellos — Lo que debemos hacer es marcharnos ya-eh  — dijo el Saint O'Heil — ¡Como salgan de esas cárceles podrían darnos problemas!  — añadió levantándose del sillón con la ayuda de dos esclavos que ahora le limpiaban la boca y las migas de la comida de la barriga — ¡Guardias! — gritó el rubio — ¡¡GUARDIAS!! — repitió sin éxito — Idiota no hemos traído guardias — le respondió su congénere — Mi padre ni si quiera sabe que estoy aquí apostando — matizó tratando de levantarse torpemente del asiento — Recoged todo ¡nos largamos de aquí-eh! — dijo ordenando a sus esclavos que empezasen a movilizarse. El rubio asintió y sus criados comenzaron a hacer lo mismo, y junto con el Saint O'Heil eran tres.
La señorita Saint Byrne se resignó y dejó de dar patadas al esclavo que tenía que ver con las prisiones de tierra y se marchó caminando hacia el barco que había en la parte trasera de ese peñasco, un galeón de oro del Gobierno Mundial que los había traído hasta aquí — ¡No pienso quedarme ni un minuto más! ¡Más os vale recoger todo en cinco minutos u os mataré yo misma! — gritó, tirando su copa de vino y sacando una flintlock de su faja, caminando hacia el barco.

Los esclavos de estas cuatro casas, los Saint Voltòir, los Saint Vangelis, los Saint O'Heil, y los Saint Byrne se dispusieron a recoger todo, empaquetando la comida en las cajas y llevándosela corriendo a los barcos mientras sus cuatro amos se dirigían caminando hacia los barcos discutiendo entre ellos de quién sería el premio. Entonces, el miembro de los Saint Tsvetnik, que había continuado mirando desde la distancia con su catalejo, abrió mucho los ojos — ¡Esa fealdad! No puede ser... — masculló entre dientes, atónito. Entonces un disparo mudo por el oleaje desencadenó una explosión lumínica sobre una de las torres de piedra, haciendo que el lunarian observador se cegase momentaneamente — ¡¡Argh!! — gritó apartando la mirada y cubriéndose el rostro con la mano y levantándose — ¡Vámonos! ¡Saint Wisniewski levántese! — exigió el Lunarian al anciano, ayudándole a levantarse y con una expresión de preocupación en su rostro — Pero... ¡la recaudación! ¡No seas insensato! — recriminó el anciano refiriéndose al cofre, recibiendo la negativa de su aliado celestial — No hay tiempo ¡hay que hacer caso a los presagios! ¡Es demasiada casualidad! ¡Algo malo va a pasar! — contestó el alado de piel oscura — Los muertos no viajan al Grand Line... — masculló entre dientes. Los esclavos a su alrededor empezaron a recoger con prisa y torpemente lo que aun quedaba — ¡Protegednos! ¡Cucarachas insolentes tenéis que protegernos! — gritó el anciano asustado por las palabras del Lunarian — ¡¡Dejad todo eso y llevarnos a salvo hasta el barco!! — ordenó finalmente, y ambos Tenryuubitos acompañados de su séquito de esclavos salieron corriendo - los trabajadores cargando algunas pertenencias más - hacia el navío, dejando atrás dos cajas de comida, un cofre, y los seis sillones de lujo junto con la carpa.

El último de todos ellos, el esclavo arrodillado con las manos metidas en el suelo los observaba con pavor y alternaba su mirada entre los que huían y las cárceles. Sabía que si los liberaba muy pronto, podrían atacarlos a todos y los matarían, pero si los liberaba muy tarde lo dejarían aquí y él sería la presa de esos salvajes. Él mismo había visto a los Sakana... y esos monstruos no eran fáciles de derrotar, así que fuera lo que fuera que saliese de aquellos cubículos, no era un enemigo que quisiera tener. Así que esperó pacientemente un par de minutos y... sacó sus manos del suelo.
En el momento en el que estas abandonaron la superficie, echó a correr como un diablo, torpe y a traspiés hacia el navío en el que todos habían llegado. Y al mismo tiempo, los cubículos comenzaron a agrietarse con un enorme chasquido generalizado.



Tras la muerte de Uoroku, y contando con el sacrificio de Ashveil quien estaba inconsciente por el combate, el equipo de los líderes de sus respectivos grupos charlaban entre ellos ofreciéndose ayuda a intercambiando halagos gratamente. Zhang arrancó una placa del gyojin descubriendo donde guardaba una buena cantidad de dinero mientras Krysser se acercaba a él. Rosse se juntó con Uker y el cuerpo inconsciente de Ashveil y mientras todos estaban despreocupados por su victoria el crujido de la roca sentenció todo el lugar, dando a entender a los ocupantes del cubículo que estas paredes se iban a venir abajo y que su estructura ahora era débil.
Un crujido más y los desprendimientos comenzaron en aquel lugar, asegurando que las paredes de roca desaparecerían tras desmoronarse así, pero amenazando con aplastar a todos en su interior... una especie de regalo de despedida improvisado de los Sakana... o de sus contratistas.

Tras el derrumbe, mirando en derredor se podría apreciar a los otros cinco grupos en sendas plataformas de roca iguales, dispuestos en una fila separadas cada plataforma de la siguiente por veinte metros de distancia. El primero por la derecha era el grupo que había derrotado a Uosan, seguido a su izquierda del grupo que había enfrentado a Uoichi, y a su izquierda el grupo que había enfrentado a Uoni. A la izquierda de este, siendo la cuarta plataforma, estaba el grupo que había peleado contra Uogo, a su izquierda el grupo que había peleado contra Uoyon, y el último de todos y el que más a la izquierda estaba era el grupo que había peleado con Uoroku.
Frente a ellos, algunas rocas apiladas de forma inestable creaban un reguero sutil que conducía hacia la torre donde habían estado los Tenryuubito, aun iluminada por algún farolillo, a una distancia de varios cientos de metros. A su espalda, estaban los barcos encallados y frenados, pero en buen estado.
El qué hacer ahora era algo que sólo dependía de ellos.





Resumen

Felicitaciones

Saqueo

Próximo turno

Derrumbe

Torre Tenryuubito
#37
Las palabras del capitán de cabellos blancos eran tranquilizadoras, al menos en su simpleza. - Si, solo debo encargarme de llevarlo -. No conocía a los demás, no había tenido trato con nadie más que con Ashveil, y ahora que los veía no parecían malas personas, pero no era momento de ponerse a charlar o hacer amigos.

Observó a las paredes que los tenían presos, como se alzaban hasta “tocar” el oscuro cielo, con una superficie lo suficientemente lisa como para que sus intentos de escalarlas fueran en vano. ¿Cómo saldrían de aquí? Quedarse en este lugar por mucho tiempo no era bueno, quien sea que haya mandado al  tipo que ahora se encontraba muerto en el suelo podría mandar otra amenaza. Su mente no paraba de dar vueltas, mirando también hacia sus lados, buscando con la vista alguna pista, algo que estuviera fuera de lugar, algo que les permitiera salir de esa prisión.

No fueron sus ojos los que captaron algo, fue su sentido del oído el que lo alertó. Un sonido a su espalda, el crujido proveniente de la misma pared en la que estaba apoyado, el cual lo hizo girarse y levantar la vista. Una gran grieta avanzaba lentamente por el muro, demostrando su poca estabilidad, creando un escenario que para el cocinero parecía provechoso, pues con eso sería fácil de esca…

Un pequeño trozo de la construcción se desprendió y fue a parar a su frente. No había caído desde muy alto, por lo que no hizo más que golpearlo, apenas consiguiendo un rasguño en la piel del capitán, pero un aviso más que suficiente para que supiera lo que se venía. - ¡CORRAN! -.

Su cuerpo se agachó y tomó al hombre inconsciente a sus pies por la camisa, así como el mismo arma de este que se hallaba a su lado. Cargó con ambos mientras se separaba del muro, el cual comenzaba a ceder y a caer trozo por trozo, amenazando con aplastar a ambos hombres.

No supo cómo es que salió de esa, aún llevando a rastras a Ashveil, cargando la gran espada de este en su otra mano. Miró a su alrededor, el polvo generado por la caída de la prisión se disipó, permitiendo ver a más gente, más grupos, todos a su izquierda, pero no pudo ver bien de quienes se trataba por culpa de la oscuridad de la noche. Lo que sí llamó su atención fue la torre, erigida frente a ellos como si los vigilara. ¿En ese lugar se encontraba el culpable de esto? Podría ir hacia ahí y…

Un quejido a su espalda, uno proveniente del hombre inconsciente que aún cargaba. No podía dejarlo a su suerte, pero dejar escapar la oportunidad de encontrar al culpable… Miró a su espalda, ahí estaban los barcos. No veía el de la tripulación de su amigo, pero no debía ser un problema subirlo al Last Whisper, tal vez podría dejar que Kiyoshi lo tratara antes de que se encontraran con Hyakintos, si es que alguno de los médicos se encontraba en condiciones.

Tomó la decisión, cargando a Ashveil a su espalda como si lo llevara a caballito, sosteniendo sus piernas con sus brazos y llevando el gran arma del otro capitán entre los dientes, como si de un extraño estilo de combate se tratara. El hombre de ojos dorados era liviano, tal vez culpa de su baja estatura, pero tuvo que morder la hoja metálica del arma para igualar su peso en ambos lados, con el peligro de que se le cayera de entre los dientes si no mordía con fuerza suficiente.

¿Cómo mierda podían pelear con algo así?

Corrió, lo más rápido que pudo, separándose de su grupo y avanzando en dirección a los barcos. Sus pasos resonaron en las piedras bajo sus pies, mientras corría y saltaba entre ellas para llegar a su objetivo. Incluso tuvo que saltar hacia el barco de los cabarets, para desde ahí volver a impulsarse, ahora aterrizando en su propio barco.

Metió a Ashveil y lo dejó descansar en la cocina improvisada que tenían, ya encontraría algún lugar donde tratarlo cuando algún médico lo trate, por ahora tenía una nueva prioridad.

Su tripulación. Debía buscarlos, encontrarlos, no podían haber muerto.

OFF
[Imagen: nxACuAB.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 560 - 62 = 498
Energia: 1447 + 0 = 1447
Espiritu: 309 + 0 = 309
#38
El pelinegro se quedó dormido antes siquiera de acomodarse. La tensión acumulada, la sangre seca pegándosele a la piel y ese cansancio que dolía en los huesos lo arrastraron como si una tormenta negra lo hubiese tragado. Apenas cayó en la inconsciencia, algo empezó a quemar por dentro. Un ardor súbito, eléctrico. Como si un rayo azul le atravesara el pecho y lo licuara desde dentro.

Y entonces, soñó.

Se encontró de pie en un desierto tan blanco que al principio creyó que era sal. Pero al inclinar la cabeza y tomar un puñado, lo sintió fino, dulce, volátil. Azúcar glass cayendo como nieve. El cielo azul, vibrante, temblaba como si algo enorme respirara detrás de él.

La sombra descendió.

Un dragón colosal, azul, serpenteante, escamas brillando como vidrio bajo el sol. Sus ojos viejos parecían haber visto siglos… y sin embargo llevaba un sombrero absurdo, gigantesco, lleno de plumas de colores. Y un abanico en una garra. Un abanico. Ridículo.

—Ohhh, ASHVEIL —tronó, con una voz profunda que resonó en el estómago del muchacho—. Felicitaciones. Has obtenido la Uo Uo no Mi: Modelo Seiryu. El poder de una deidad ancestral… con estilo, por supuesto. —

Ashveil ni siquiera pudo protestar. Algo explotó dentro de él. Su piel se endureció, estallaron escamas, sus brazos se estiraron, el cuello creció, el torso se alargó en un cuerpo serpenteante que levantó remolinos de azúcar a su paso.

—¿Qué… qué carajos…? —intentó rugir. Pero la voz salió elegante. Tan elegante que daba rabia.

—Sí, suele pasar —dijo el dragón, abanicándose como una diva mitológica—. El modo Seiryu básico te obliga a sonar… majestuoso. No te preocupes. Se te irá. O no. Depende. —

El suelo vibró. El desierto se abrió, y de él empezaron a salir versiones caricaturizadas de Uoroku: cabezas enormes, piernas minúsculas, ropa exagerada, como si fueran dibujos hechos por un niño hiperactivo.

—¡¡ASHVEIL-SAMAAAA, NO ME QUEME CON SU RAYO DIVINOOO!! —chillaban mientras saltaban por montículos de azúcar.

Ashveil abrió la boca para insultarlos, pero lo único que salió fue un rayo azul acompañado de… confeti. Literalmente confeti.

—Ah, sí —comentó el dragón con una falsa dignidad exquisita—. Ese es tu ataque especial: Bolts of Fabulous Destruction. Muy temido en el Nuevo Mundo por ser… bueno, demasiado bonito. —

Los Uoroku chibi gritaban, corrían, se tropezaban. Uno se escondió detrás de una piruleta gigantesca que cayó del cielo como meteorito de caramelo. Otro escapaba montado en un dragón inflable de piscina que avanzaba dando saltitos.

Humillado incluso dentro de su propio sueño, Ashveil intentó controlar su cuerpo serpenteante.

—¡VUELVAN AQUÍ, MALDITOS! —tronó sin querer, con un tono tan dramático que parecía salido de una ópera celestial.

—Así me gusta —aplaudió el dragón–. ¡Proyección de voz divina! —

El cielo volvió a temblar. Las dunas se derritieron como caramelo caliente. El Seiryu original se elevó sobre él, mirándolo desde arriba con una mezcla de orgullo y burla.

—Es hora de despertar, pequeño dragón. Y recuerda: si mañana hablas con demasiado estilo… no me culpes. —

Ashveil cayó en un remolino azul.

Y el sueño lo devoró. Por fuera su cuerpo fue movido por Uker, estando en un estado grave, herido por el combate. Era ajeno a lo sucedido afuera.
#39
El den den mushi soltó un último de sus sonidos característicos antes de quedar en absoluto silencio. Krysser chasqueó la lengua, guardándolo bajo la capa.

-Caracol inútil... -Pensó brevemente para sus adentros. Fue entonces cuando el suelo tembló.

Primero en forma de un crujido lejano, casi imperceptible. Después otro, más profundo, que recorrió la plataforma como un latigazo. Fue imposible no saber lo que estaba a punto de ocurrir.

Las paredes de piedra que los rodeaban, aquellas barreras que los habían mantenido presos sin escapatoria todo aquel tiempo, comenzaron a resquebrajarse. Grietas espesas, cada vez más profundas, se abrieron de arriba abajo. Cada segundo hacía caer pedazos enteros, que se desmenuzaban al tocar el suelo, alcanzando varios de ellos a los presentes, aunque la mayoría pudo resistir sin apuros.

Entonces, un estruendo monumental acompañó la caída completa del primer muro.

El polvo se elevó como un manto gris, revelando algo que ninguno de ellos esperaba ver. No habían estado aislados, ni demasiado alejados de sus seres queridos. Eran parte de una gigantesca estructura interconectada, formada por las plataformas que los habían alojado hasta entonces.

La plataforma donde estaban era solo la primera de seis. Todas alineadas en una fila perfecta hacia la derecha. Cada una separada por unos veinte metros. A su derecha, la más cercana, se encontraba la única plataforma importante para él.

Frente a las plataformas, a una distancia de varios cientos de metros, se erguía una torre, alta e impasible. Parecía la atalaya de un guardián vigilante, y sin duda, era un lugar importante. ¿Por qué la altura? ¿Observaban desde ahí? Pero no deberían poder verles con aquellos muros. O, tal vez, ¿podían verles por los espejos? Parecía poco probable, y no ocupó demasiado la mente del tigre. Pensar no servía de nada.

Mientras tanto, desde detrás de las plataformas, también se podían apreciar los barcos encallados. Todos los barcos que habían comenzado aquella migración parecían tener su lugar, y a ojos del cazador, solo destacaban dos: aquél en el cual llegaron, y el de la marina. ¿Habían pasado por lo mismo que ellos? ¿Quién demonios había hecho eso entonces? 

Krysser frunció el ceño, incapaz de atar los cabos. Aquella prisión no era improvisada, sin duda era un experimento. Tal vez un espectáculo, aunque el hecho de no ser televisado parecía descartarlo, pues a sus ojos, pocos eran lo bastante influyentes para organizar algo así de enorme solo por su diversión.

Pero eso era secundario cuando, a apenas unos cincuenta metros, en la siguiente plataforma a la derecha, estaba Fyodor. De pie, parecía algo malherido, pero vivo. Sus miradas se cruzaron, asintiendo levemente en señal de alivio, y no hizo falta mucho más.

Su amigo se encontraba vivo, pero aún no estaban a salvo. El suelo bajo ellos volvió a temblar, esta vez con violencia, y pedazos enteros de la estructura comenzaron a derrumbarse hacia el mar. Una corriente de agua empezó a colarse desde grietas en la base, presagio de que toda la instalación era inestable y se hundiría.

No había barco al que volver, ellos no eran capaces de navegar el barco y mucho menos al punto de desencallarlo. Tampoco había para planes elaborados.

-¡Fyodor! ¡A la torre! -Rugió Krysser, lo bastante alto como para que Fyodor lo escuchara desde su plataforma.

No esperó respuesta, sus piernas ya se habían tensado. El instinto le guiaba tanto como la razón, pues la torre era lo único que seguía en pie sin desmoronarse. Y había un sendero de piedras que unía directamente todas las plataformas hasta su base, formando un camino estrecho pero firme, como si lo hubiera puesto el destino allí solo para los que sobrevivieran las pruebas.

Uker cargó a Ash sobre el hombro con sorprendente facilidad, parecía dispuesto a cumplir su palabra de llevarlo con sus amigos. No todos los piratas y criminales eran malas personas, Krysser lo sabía de primera mano por su encuentro con Cao. Aún así, eran más propensos a perderse por el camino. Y, si lo hacían, él se encargaría de capturarlos.

Sin tomarse la molestia de despedirse, pues aquello les restaría tiempo y le exigiría explicaciones complejas, el tigre salió disparado dejando atrás a sus compañeros temporales. Había visto como el burro tomaba dinero del cuerpo del Gyojin, y pensó que no discutir la legitimidad de aquel hecho era una recompensa justa, junto a las vendas que le había entregado, por el golpe que le había dado.

Krysser se adelantó entonces, dejando que sus zarpas golpearan la piedra con un ritmo ágil y feroz. La distancia era amplia, pero eso no lo frenaba. La adrenalina, el miedo contenido y la necesidad de ponerse cuanto antes a cubierto se mezclaban en su pecho como una llama. Era rápido, sabía que llegaría de sobra al otro lado.

Su compañero alado había tomado un desvío, tal vez se había dejado algo. Pero si alguien era capaz de alcanzarle en carrera era él, con sus enormes alas abiertas siendo batidas a pleno pulmón, sería capaz de ponerse a su lado.

Krysser lo sabía, gracias a Fyodor, si algo sucedía, si el suelo se rompía o si emergía algún enemigo tardío, ambos podían elevarse y escapar volando. De hecho, podrían buscar un barco después gracias a eso, al menos, siempre que tuvieran un punto estable desde donde despegar. Por ello, la torre era su mejor apuesta. Tal vez la única.

Para cuando llegaran allí, lo que los recibiría seguramente serían las sobras de quienes se habían marchado antes de su llegada. Y Krysser quería todo aquello para ellos dos. Podían ser la pieza que haría encajar sus dudas en un puzle de certeza. Un aroma que seguir, un hilo del cual tirar. Sin duda, se haría con todo nada más llegar.

Además, Fyodor también parecía motivado en llegar los primeros a aquel rincón alejado. De hecho, parecía que había vivido una situación similar al Mink, por las breves palabras que intercambiaron en aquel instante. Había perdonado 200 millones... Bueno, considerando que a él se le habían "escapado" casi 500, parecía un mal menor, sacando una sonrisa al felino.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1803 + 0 = 1803
Energia: 803 + 18 = 821
Espiritu: 183 + 0 = 183
#40
Un sonidito suave, casi tímido, algo que normalmente se perdería entre mi mundo de fantasía, glamour y tacones, esta vez me arrancó de mi burbuja en un segundo, honey. Ese crujido particular que anuncian las cosas cuando están a un respiro de desmoronarse en mil pedazos sí, ese mismo. Lo escuché clarísimo y justo cuando alcé la mirada, como si el universo quisiera recordarme que no todo puede ser belleza, un pedazo de piedra vino directo a mi frente. No era enorme, cariño, pero sí lo bastante atrevido como para abrirme la piel y sacarme un hilito de sangre. That's disrespectful, honestly.

Y entonces lo entendí, honey. Ese segundo exacto en que escuché la voz de Uker romper el aire, ordenándonos correr. No hubo tiempo para pensar, ni para posar, ni para reclamarle al destino por despeinarme, él tomó a Ashveil y su arma con una fuerza que casi me hizo temblar las rodillas, y yo me lancé detrás suyo sin mirar atrás.

Si a eso se le podía llamar correr, claro,  porque entre el caos, el polvo y mi corazón golpeando mi pecho como si quisiera escaparse primero, apenas podía coordinar mis tacones con el piso. Aun así, a nuestra izquierda alcancé a ver destellos de vida, a Gwen siendo cargada por Owen como si fuera la última joya del reino, a Mercedes entre el desastre, y a un montón de rostros que no conocía pero que en ese instante parecían parte de una extraña familia improvisada.

Y lo único que pude hacer, lo único que salió de mi alma entera, fue gritar. —¡¡LOS ESPEROOOO EN EL BARCOOOOOOO, NO MUEEEEEERAAAAAAN POR FAVOOOOOOR!! — Mi voz se desgarró por todo el pasillo como una nota alta en el mejor cabaret del mundo, esperando, o mejor dicho rogando, cariño, que cada uno de los míos escuchara y decidiera volver vivo de vuelta a los brazos cálidos y hermosos de nuestro hogar flotante.

Fue solo un segundo, honey, uno solo. Mi cuerpo se detuvo en seco como si el mundo tratara de alcanzarme y yo estuviera dándole permiso. Esperé, muy a mi pesar, que Uker se adelantara lo suficiente, y justo cuando mis ojos captaron la silueta gloriosa de mi barco,oh, my Crimson Stage, mi corazón casi se me escapa por la boca. Le apunté con un dedo como si estuviera señalando al protagonista de mi propia obra maestra, y en ese instante mi cuerpo se deshizo en luz. Me dispersé en un destello precioso, un rayo dorado buscando su escenario.

Volé hacia él, pero con la prudencia de una diva responsable, claro cariño, mantuve la distancia para no cegar a Uker con mi esplendor. Por eso esperé ese momentito antes de arrancar con toda mi velocidad, calculando la trayectoria perfecta, exacta, divina, porque una estrella puede brillar fuerte, pero nunca debe dejar ciego a su público.

Comencé a correr de un lado a otro por todo el barco, honey, como una bailarina desesperada antes de salir al escenario. Mis tacones repicaban contra la madera mientras intentaba organizar cada detalle para que pudiéramos zarpar sin un solo tropiezo en cuanto todos estuvieran a bordo. Entre el caos de la noche y mi propio corazón galopando, vi a Giyuu acercarse con una expresión de terror que jamás había visto en ese rostro siempre tan templado. Me revolvió el pecho, pero no había espacio para titubear, cariño. Mis manos se movían solas, revisando cuerdas, velas, barandales, buscando cualquier daño que pudiera comprometer nuestro escape. No podía permitirme un error ahora; no cuando mi familia estaba a punto de subir al escenario más peligroso de nuestras vidas.

Coffin
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1052 - 100 = 952
Energia: 912 + 0 = 912
Espiritu: 129 + 0 = 129


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