[Aventura T1] O’Malley y sus hombres
#1

La ciudad de Pushkin, orgullo del reino de Roshawn y estandarte indiscutible de las bebidas fermentadas en todo el South Blue, despertaba cada mañana envuelta en bullicio. Sus calles vibraban desde temprano con el trotar de las carrozas, el murmullo de las conversaciones, las risas de los niños y el ir y venir propio de una capital que jamás dormía del todo.

Aquel día 54 de Otoño, la tenue luz que lograba filtrarse entre las densas nubes invernales acariciaba con suavidad las afueras de la ciudad. Allí, entre la escarcha y el humo de las chimeneas, se alzaba “La Madriguera del Ornitoperro”, una posada modesta pero firme, habituada a resistir las fuertes temperaturas.
Su dueña era una mujer corpulenta, de trenzas canosas y sonrisa cálida, bien conocida por los vecinos. Siempre tenía lista una taza de té para los viajeros cansados… y, por supuesto, hidromiel o cerveza para aquellos que preferían algo más fuerte.

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En ese momento de la mañana, la señora Maggy MacMuphings (como todos la conocían) barría con calma el suelo del pequeño bar que atendía junto a su posada. El repentino golpe de la puerta al abrirse de golpe la alertó. Dos hombres con rostros familiares para ella irrumpieron con semblantes tensos y voces entrecortadas, portando en sus expresiones la sombra de una tragedia anunciada.

“¡Maggy es una emergencia!” Exclamó Vlad con aparente urgencia.

Él era el zapatero de la calle y visitaba frecuentemente el bar de la posada junto a sus amigos. “¡Mi hija Charlotte fue raptada por la banda de O’Malley! ¡Necesito que me prestes tu antigua escopeta!” Apresuro a decir deteniéndose frente a la mujer.

“Válgame Dios…” Fue la reacción más natural que Maggy encontró ante semejante noticia, llevando su diestra al pecho en muestra de preocupación, mientras el color se le escapaba del rostro. “Pero Vlad, hijo, ¿estás seguro de que la banda de O’Malley la rapto? Esa es una acusación muy grave”, indicó la mujer, conocida por su sensatez y cabeza fría, dadas únicamente por la experiencia de la edad.

“Maggy estoy seguro…” Vald bajó la cabeza, con el ceño fruncido y los puños cerrados en un gesto de frustración. “Ese bastardo de O’Malley me dijo que le debía una y mi hija salió esta mañana desde temprano y no ha vuelto.” Una mezcla de pena e ira se escuchó en su tono. “Pregunté a algunos vecinos en la calle y me dijeron que la vieron caminar con algunos hombres de O’Maelly, por eso… ¡estoy seguro de que ese bastardo la tiene!”  Gritó con furia, una emoción nacida únicamente de su preocupación por su ser amado pero que podría llevarlo a tomar decisiones estúpidas.

“¡Vlad Cálmate!” Alertó Maggy mostrándose seria y sorprendiendo a los dos hombres. “¡Esa no es forma de hablarle a una mujer mayor!, ¡y además!, ¡Debe existir una mejor solución que agarrarse a tiros!” La voz de la razón dada por Maggy parecía calar hondo en los corazones de la pareja, pero casi de inmediato Vlad negó con su cabeza como si, estuviera perdiendo de foco lo realmente importante.

“¡Maggy! ¡¿Entonces qué hacemos?!, ¡Si voy sin un arma!, ¡¿Cómo recuperaré a mi Charly?!” Vocifero molesto, aunque entendía y apreciaba la sabiduría de la mujer, su deber era primero con su hija antes que, con su sentido común, no iba a dejar que ningún maleante le pusiera las manos encima.
“Quizás… quizás ella puede ayudarnos…” Opinó Maggy, recordando a la huésped que había llegado a la posada el día anterior: una mujer de presencia firme y mirada decidida, que tal vez podría ayudarlos sin recurrir a armas letales.

Off
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#2
El murmullo del viento se intentaba colar por las rendijas del ventanal, arrastrando consigo diminutos copos de nieve que se deshacían en contacto con el aire tibio del interior. La chimenea crepitaba con ritmo constante, llenando La Madriguera con el olor a leña húmeda y especias dulces. Ravenna sostenía entre las manos una taza humeante de infusión de hierbas locales, disfrutando del contraste entre el calor del líquido y el frío cortante que reinaba afuera. Su capa, aún manchada por la escarcha, descansaba sobre el respaldo de la silla. Llevaba varias jornadas viajando a través del reino de Roshwan, y Pushkin había resultado ser el primer lugar en mucho tiempo donde el invierno no se sentía como un enemigo.

El silencio apacible de la mañana se rompió con un estruendo seco cuando la puerta principal se abrió de golpe. Una ráfaga helada barrió el interior y junto con ella entraron dos hombres cubiertos de nieve, respirando agitados, con el rostro desencajado. Ravenna alzó apenas la mirada, sin moverse, observando con calma cómo la dueña del lugar, Maggy, se apresuraba a recibirlos. El tono alarmado en sus voces, especialmente el de Vlad, acaparó su atención sin necesidad de esforzarse por escuchar.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire, haciendo que incluso el fuego pareciera disminuir su ímpetu. Ravenna frunció levemente el ceño, dejando la taza sobre la mesa con un suave golpe de porcelana. No le gustaba involucrarse sin necesidad, pero había algo en la desesperación del hombre que la movía profundamente, quizás el amor paternal que nunca tuvo, o el simple hecho de ver a alguien sufrir, no lo sabía.

Maggy reaccionó con incredulidad y preocupación genuina, intentando calmarlo mientras el hombre insistía en que necesitaba un arma para recuperar a su hija. La conversación escaló hasta el grito, y fue entonces cuando la posadera, en medio de su frustración, alzó la voz: “Quizás..ella pueda ayudarnos.”

El gesto de su mano bastó para que todas las miradas se dirigieran hacia la mesa donde Ravenna permanecía sentada. Ella no respondió de inmediato, se limitó a girar la cabeza hacia ellos con la serenidad de quien ya había tomado una decisión antes siquiera de meditarla. Finalmente, se puso de pie, su figura alta y envuelta en tonos oscuros imponiéndose sin esfuerzo.

—Está bien-jmm— dijo con una calma que contrastaba con la tensión en el ambiente —Si la pequeña está en peligro, la traeré de vuelta.—

Cruzó el salón hasta quedar frente a Vlad. —Una pelea con armas solo terminaría con alguien muerto o malherido, y eso no te devolvería a tu hija. Dejá que yo me encargue— continuó, ajustándose los guantes con un leve movimiento. Su voz, aunque tranquila, tenía el filo de la certeza. —Solo denme direcciones y esperen aquí, creo que mi palabra tiene algo de valor tras algunos de los hechos estos últimos días— Dijo refiriendose a la ayuda que brindó al caballo y el carretero.
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#3
La agobiante situación se vio interrumpida cuando el llamado de auxilio de Maggy fue respondido por la mujer de hebras blanquecinas. Como un coloso alzándose entre las nubes, la de piel morena se levantó de su asiento, sorprendiendo a los dos hombres que la veían por primera vez. Aquellas dimensiones no eran algo que se presenciara todos los días, y mucho menos la imponente visión de unas alas extendiéndose a su espalda.

Vlad tragó saliva en cuanto la vio posarse frente a él. Intentó sostener su mirada, pero sus ojos se desviaban con temor ante la imponente figura que lo superaba por más de cuatro metros de altura. Parecía querer negarse o expresar algo ante el sutil regaño de Ravenna, pero solo se obligó a guardar silencio con una expresión que combinaba la timidez con la impotencia.

“Vlad, escúchala, ella es buena chica”, intercedió Maggy con gesto amable, para que el hombre se decidiera a compartir la información.

“Mmmmm… de acuerdo… pero en serio, deberías ir armada, ¡son personas muy peligrosas! Y ¡por favor te pido que traigas a mi hija sana y salva!” Imploró Vlad, casi rogando por la seguridad de su hija, aunque en su gesto parecía aliviado de no haber tenido que recurrir a tales extremos.

Los dos hombres le dieron a Ravenna la dirección de “Las garras del gatito”, una barbería clandestina ubicada en el sótano de un edificio en la zona sur de la ciudad. Aquel parecía ser el lugar que actuaba de tapadera para que O’Malley hiciera sus negocios.

La zona sur era tan concurrida como cualquier otra parte de la ciudad, pero sus habitantes se mostraban más reservados, temerosos unos de otros. Era la clásica dicotomía social de quienes habitan en los sectores más vulnerables: la norma tácita de mantenerse al margen, de no inmiscuirse en los asuntos ajenos. Los edificios, aunque similares a los del resto de la capital, tenían un aire más envejecido, con fachadas gastadas que parecían llevar encima el peso de los años y de las miradas cansadas que los habitaban.

Al llegar, Ravenna notó que, frente a las escaleras que descendían al sótano, donde el nombre de la barbería resplandecía en un elegante letrero de neón, se encontraban tres hombres. Los tres llevaban bufandas y abrigos gruesos, vestimenta de invierno que evocaba el porte clásico y refinado de los gánsteres de diferentes historietas.

Los tres no pudieron ocultar su asombro, cautivados por la figura de Ravenna, cuya belleza exótica emanaba una presencia tan singular como inusual en la ciudad de Pushkin.

“Buenas tardes señorita” Expreso uno de ellos, el más joven, de tez blanca y cabellos rubios, quien incluso se quitó el sombrero algo apenado. “No le recomiendo pasar mucho tiempo por esta parte de la ciudad, señorita”, advirtió, con una cortesía rara para simples vándalos de mala muerte.

“Es verdad, señorita, ¿está buscando algún lugar? Si gusta, podríamos ayudarla a encontrarlo.” Acompaño otro con la misma educación, era un chico más regordete de pecas en el rostro y ojos achinados.

Los tres gánsteres se quedaron esperando respuesta de la señorita, mientras más allá de las escaleras el sonido de una botella rompiéndose resonó alarmantemente. “Parece que el jefe tiene problemas con la mercancía de hoy.” Comentó el chico rubio, con media sonrisa, a sus compañeros.

“Eso parece, ojalá que no pierda sus estribos.” Continuó el chico regordete mientras el más callado, un chico más delgado, simplemente asentía.

Off Rol
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#4
El cartel del establecimiento "Las Garras del Gatito" reflejaba un desgaste evidente, que lo hacia contrastar con la nieve que lo cubría. Tres hombres aguardaban frente a las escaleras del sótano, vestidos con abrigos gruesos y bufandas, cada uno con un porte pulido que encajaba perfectamente con la estética de gánsteres locales. Los tres quedaron visiblemente impactados al verla acercarse: la altura, las alas, la presencia. No era una reacción nueva para ella.

El rubio fue el primero en hablarle, quitándose el sombrero, luego lo hizo el chico regordete, con la misma cortesía. Ravenna escuchó ambas intervenciones sin interrumpirlos, registrando el tono educado que ninguno se esforzaba en ocultar. Era evidente que su presencia los había descolocado un poco.

Entonces, desde el interior del sótano, llegó el sonido claro de una botella rompiéndose, seguido del comentario del rubio y la respuesta del regordete. Ravenna inclinó levemente la cabeza hacia la escalera, sin alterar su expresión. No dijo nada al respecto, pero tomó nota mental del ambiente.

Volvió la mirada hacia los tres con calma controlada. —Estoy buscando a una niña— dijo finalmente —Se llama Charlotte.— Salió esta mañana y no regresó. Sus padre dijeron que usualmente pasa por esta zona.

Su tono era firme, directo, pero no amenazante. La clase de voz que se mantiene estable incluso en medio del frío. Se acercó lo suficiente para que la escucharan con claridad, pero sin invadir su espacio. —Su madre esta preocupada— Por un momento su mirada volvió a las escaleras, para luego mostrar una sonrisa. —Me imagino que unos hombres tan cordiales y amables como ustedes pueden ayudarme a encontrarla para que pueda ir a cenar como corresponde...—  Estaba tanteando la reacción y respuesta de ambos, no quería asumir que el sonido allí abajo era lo que estaba buscando, por lo que antes de actuar por instinto decidió evaluar la situación.

Simplemente se mantuvo ahí, expectante, observándolos con atención serena mientras aguardaba la información que buscaba o la confirmación de que debía actuar de inmediato.
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#5
La frialdad con la que Ravenna enfrentó la situación era digna de un asesino profesional. Lejos de sobresaltarse por los ruidos que escuchó o dejarse llevar por conjeturas apresuradas, mantuvo una quietud imperturbable, la serenidad y la firmeza necesarias para conservar la calma.

Su pregunta no tardó en llegar a oídos de los presentes. Al escuchar el nombre de “Charlotte”, todos se miraron entre sí con expresión pensativa; ninguno parecía conocer a una chica con ese nombre. Sin embargo, el más regordete de ellos alzó la mirada, como quien pide la palabra para expresarse.

“Ah, esta mañana nos encontramos con una niña cercana a las afueras de la ciudad, quizás se trate de ella.” Indicó el muchacho, lo que hizo que sus compañeros recordaran el suceso. “Es cierto, vimos a una niña bastante tierna por esas calles y nos dijo que iría a la panadería del centro.” Continúo el chico de cabellos rubios para luego ser seguido por el último compañero al que le faltaba pronunciarse. “Desde luego la acompañamos hasta el lugar y viendo que llegó a salvo, nos fuimos.”

En ese momento, sonidos similares a quejas y forcejeos se escucharon más allá de la puerta. “¡Idiotas! ¡vengan ahora mismo! ¡este corte está bastante difícil, necesito ayuda!” El grito de una voz gruesa y ronca tomó por sorpresa a los buenos gamberros, quienes de inmediato se dispusieron a dirigirse al interior del lugar. Aunque, claro, el chico rubio no pensaba irse sin despedirse.

“Ahm, señorita, realmente nos apena mucho que Charlotte esté perdida, pero dijo que le gustaban mucho los patos, y le mencioné que en la fuente central de la ciudad algunas veces hay patos nadando allí.” Dicho eso, otro sonoro grito resonó desde el interior de la barbería. “Ah, lo siento. Me gustaría ir con usted y ayudarla, pero tenemos que trabajar, ¡cualquier cosa es bienvenida cuando quiera!” Terminó con un leve rubor en sus mejillas mientras se alejaba dejándola sola.

Era decisión de Ravenna permanecer allí, tratar de ingresar a la barbería para ver qué era con lo que estaban lidiando los delincuentes, o tomar las palabras del enamorado rubio y dirigirse hasta la fuente del centro.

Decidiera lo que decidiera, si se dirigía a la panadería primero, el panadero le expresaría que vio a Charlotte hacía unas pocas horas allí, le vendió una hogaza de pan de miga y se la empacó junto a algunos dulces de cortesía, luego la vio irse saltando alegremente en dirección a la fuente del centro.

Si seguía las pistas, llegaría al centro de la ciudad, donde se alzaba una hermosa fuente de agua de unos 15 por 15 metros. Varias bombas impulsaban chorros hacia arriba, formando figuras que recordaban los techos característicos de la arquitectura de la isla. En medio, algunos patos nadaban con total tranquilidad, mientras en la orilla varios lugareños, sentados al borde, les ofrecían migajas de pan.

Y allí la vio: Charlotte, en persona, extendiendo una hogaza de pan hacia un pato. El animal, con descaro, tomó la hogaza entera y tironeó de ella, obligándola a tironear de la hogaza con fuerza, pronto varios de los patos vieron a su hermano enfrascado en una titánica batalla y se dirigieron en auxilio, Charlotte estaba sola frente a 5 patos que la picotearían si nadie hacía nada para impedirlo.

Off Rol

 
Belico
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#6
La ira de los patos estalló como pólvora al contacto con una chispa. Decenas de picotazos se abatieron sobre la pobre Charlotte, víctima del caos animal. Pronto, sus quejidos y lloriqueos atrajeron la atención de algunos civiles que pasaban por la zona y que, a diferencia de la mujer de piel canela, sí prestaron ayuda para espantar a aquellos titánicos enemigos.

Resultaba difícil imaginar cómo alguien podría dejar a su suerte a una pobre niña, pero sin pruebas más allá de la consternación, los civiles se limitaron a preguntarle por sus padres. Entre sollozos, la pequeña respondió que solo había querido ir a la fuente ese día para darles de comer a los hermosos patitos blancos que solían revolotear por allí. Se había encontrado con unos amables señores que le indicaron el camino y había permanecido en el lugar toda la mañana.

Con premura, los civiles llevaron a la niña hasta su hogar, donde el padre la recibió con lágrimas en los ojos, visiblemente teñidas de una preocupación genuina. Charlotte había regresado sana y salva gracias a buenas almas que no deseaban nada a cambio, salvo una promesa; que, de ahora en adelante, el padre acompañara siempre a la pequeña en sus incursiones matutinas, pues los temibles patos estaban siempre al acecho de deliciosas migajas de pan.

Al final del día, todo resultó ser un simple malentendido. Lo que pudo haber comenzado con un tiroteo a sangre fría se resolvió gracias al buen corazón de la gente y a que aquella que pudo haber tomado la justicia por su mano decidió ser paciente, esperar y mantener la cabeza fría.

Una verdadera lástima que, en el momento en que más se la necesitaba, se limitara a quedarse allí de pie, observando el agobiante desenlace. Quizá disfrutaba viendo a niñas en apuros, o tal vez recordó que había dejado abierta la llave del gas en la habitación donde se hospedaba. Fuera como fuese, algunos civiles que transitan ocasionalmente por la zona aseguran ver, de vez en cuando, una ilusión, un leve espejismo de sus mentes, que les juega una broma mostrándoles la figura de una mujer gigante, inmóvil, completamente paralizada… sin hacer absolutamente nada.

Off Rol
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#7
✓
Aventura TX: Completada


Recompensas Narrador (Ryota)

— Puntos Mugiwara: 6

— Puntos de Rol: 10

— Berries: 15k


Recompensas User (Ravenna Grimm)

— Puntos Mugiwara: sin recompensas

— Reputación: sin recompensas

— Berries: sin recompensas

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