[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 5]
#1
GRUPO 5

Venimos de este post
En este grupo aterrizan los siguientes personajes: Varo, María, Jensen, Bertram, Fyodor.
Recordad que debéis postear con el código ["personaje=2283"] (quitad las comillas).
Es OBLIGATORIO que pongáis bien el código (sólo tenéis que copiar y pegar y quitar las comillas y ponerlo al principio de vuestro post. El que no lo haga está descalificado. Este código es para copiar vuestras estadísticas, inventario y demás.






Cinco cuerpos impactaron contra roca sólida, dura y fuerte. Una roca que no debería estar en ese lugar. Era un área plana de cincuenta metros de largo y de ancho, en cuyos cuatro lados se elevaban unas paredes de ciento cincuenta metros de alto. Eran gruesas y fuertes, y para quien tuviera un buen ojo o experiencia con el terreno, sería fácil advertir que eran completamente artificiales. De igual manera los estudiosos en general podrían darse cuenta de que ese tipo de formación y esa particular sedimentación sólo podía ser obra de una Akuma No Mi. Y de entre todos ellos, los que tuvieran un gran sentido de la vista podrían darse cuenta de un pequeño brillo en uno de los lados de la parte superior de aquellas paredes.
Pero los que no poseyesen esas cualidades... no serían capaces de entender nada mas que el hecho de que estaban atrapados en una cárcel de piedra. Una forma pétrea que emulaba un cubilete de dados gigante y que era imposible de escalar de cualquier forma. ¡Qué mala fortuna! ¡Atrapados y separados de sus camaradas!


A muchos, muchos metros de distancia, seis risas y algunos aplausos se mezclaban con el soniquete de las olas y la tormenta que avanzaba hacia el South Blue y dejaba atrás estas tierras.
Sobre un peñón perfectamente esculpido, había una carpa engalanada y respaldada del temporal por muros de tierra. Dentro de esa carpa, seis sillones albergaban a seis personas inesperadas, todas ellas con un par de prismáticos al cobijo de una modesta hueste de esclavos que les servían comida y bebida y se encargaban de mantener los farolillos encendidos. A los pies de estas seis personas, había un esclavo con las manos sumergidas en la roca viva, y junto a él, un cofre que rebosaba oro.
— ¡Es imposible que pierda! Oooohlalalala — gritó y rio uno de aquellos hombres, masticando burdamente unos croissants — ¡Los Saint Voltòir vamos a ganar este año-eh! — señaló con seguridad, mientras las migas de su aperitivo caían por su papada y su ropa. Era obeso, rubio y con el pelo peinado en vertical, y un ridículo bigote finísimo. A su lado, un joven de las mismas proporciones de sobrepeso y una evidente calvicie mal disimulada, con el - poco - pelo de color marrón oscuro, le contrariaba agitando un bogavante con la mano — ¡Estás loco-eh! — dijo dando un mordisco a su comida — Los Saint Vangelis tenemos al más musculoso de todos con nosotros ¡Greeekekekeke! — pero fue rápidamente interrumpida por una mujer, de aspecto fino y con un lunar pintado sobre el labio, sus cabellos rojos como el fuego seguían el mismo peinado que el único capaz de peinarse entre los anteriores — ¡Qué ilusos! Irishishishishish ¡El más musculoso lo tenemos los Saint Byrne! ¡Y es el que peor fama tiene! — dijo recibiendo una copa de vino, siendo interrumpida por la risotada de alguien más. Un gran lunarian con una máscara de teatro en el rostro y su largo cabello plata peinado verticalmente, siendo el único de buen cuerpo entre los presentes varones — ¡Novnovnovnovnov! Queridos compañeros celestiales ¿debo recordaros quién es el vigente campeón? ¡Está claro que volveremos a ganar los Saint Tsvetnik! — preguntó retóricamente llevándose la mano a la boca mientras reía.
Los esclavos acababan de traer una bandeja con muslos de pollo a otro de los presentes, uno particularmente obeso también, con el cabello rosa pero rizado y corto, con dos prominentes patillas — No tenéis buen ojo ¡no tenéis buen ojo! — dijo agarrando uno de los muslos de pollo con un brillo voraz en sus ojos — Los Saint O'Heil somos los mejores en esto de escoger esclavos ¡claro que soy yo el que ha elegido al mejor de todos los Sakana! Fryyy ha ha ha — y a su lado, el último de los presentes, un anciano delgado y con el mismo copete pero de color rubio agarraba también otro muslo. Tenía un bigote partido de color negro y una barba que tapaba cuello — Saint Wisniewski jóvenes, Saint Wisniewski. Nosotros somos los que se harán con la Guerra de Casas este año ¡nadie podrá igualar a nuestro campeón! Skiskiskiski — rio sin fuerzas el anciano dando finalmente un mordisco a su comida.

Aquellos seis Tenryuubitos observaban con sus prismáticos en dirección a los espejos, viendo a las personas que habían caído en los respectivos cubos de roca, esperando para que su diversión pudiese comenzar. Y su diversión, iba a ser muy poco divertida para todos vosotros.
¿Qué pasaría a continuación?




Resumen

Indicaciones
#2
Atributos Personaje


La División 84 sigue el rastro del resto de barcos en el rumbo al nuevo destino donde tendrán que cumplir su deber, solo que en aguas desconocidas y famosas por sus grandes peligros respecto a las aguas conocidas por todos los presentes. Durante el principio del trayecto todo parece ir de forma tranquila, al igual que los viajes anteriores gracias a que el contramaestre Redgrave tiene un buen control del barco, siendo capaz de guiarlo incluso con la poca visión que hay del entorno por las nubes bloqueando cualquier fuente de luz. La única luz que hay es la de los faroles de aceite y no es que ilumine muy adelante por lo que todo es gracias a su gran control del barco. Uno a uno los barcos se van dirigiendo a lo que es uno de los mayores misterios del mundo al desafiar por completo la lógica y la física básica, una corriente que va hacia la parte superior de una enorme montaña que es la frontera física entre el South Blue y las famosas y temibles aguas del Grand Line.

Uno a uno los barcos van tomando la entrada a esa misteriosa corriente, siendo el primero uno de los barcos comerciales que el joven arquero pudo ver en el puerto desde su propio navío, seguido por otros tres barcos que Bertram no logra saber a quién pertenecen, para finalmente ir el Royal Quiver y detrás el resto de embarcaciones comerciales. El ascenso se hace cuanto menos peculiar, dejando una sensación rara como si algo antinatural estuviese ocurriendo, y más que un viaje se nota como si alguien lo está arrastrando a una trampa o una muerte segura. Igualmente el joven pelirrojo confía en que su navegante será capaz de controlar el barco durante la travesía, lo cual demuestra que no son solo 4 marines jugando a ser un equipo, sino 4 compañeros que confían el uno en el otro a pesar del breve tiempo que tuvieron para prepararse. A su espalda el joven contramaestre Gaufrid lleva sus flechas y su arco, estando ya preparado para cualquier cosa que pueda ocurrir en una travesía peligrosa de por sí como para sumar posibles ataques de gente que no valora lo suficiente su seguridad y su vida para intentar algo en una situación tan delicada.

Durante el ascenso todo salvo la dirección de la corriente parece ser normal e ir como se supone debe ir, siendo que Stroud logra dominar el barco y guiarlo bien por esa travesía que seguramente se ha llevado por delante a varios barcos a lo largo de la historia, sin embargo, todo cambia radicalmente en el momento que la embarcación alcanza la cima y pasa de una corriente ascendiendo a una corriente que desciende con ferocidad y fuerza, tal que el joven arquero tiene la impresión de ser empujado violentamente hacia atrás. Precisamente es la suma de la velocidad, el viento y la escasa resistencia del joven arquero lo que provoca que el joven marine salga despedido de su barco, siendo afortunado de caer en lo que parece ser una roca en mitad del mar, algo extraño pero para el arquero no es momento de pensar en cosas de las que no tiene conocimiento, quizás es normal en la zona quizás no, eso es algo que el joven adolorido por la tremenda caída no sabe.

Tras la caída el joven arquero mira a su alrededor tratando de ubicarse y saber qué tiene alrededor, pero lo único que logra ver es otras cuatro personas junto a él, siendo que una parece tener una antorcha en la cabeza y unos muros enormes rodeando por completo la zona, y por lo que parece al acercarse a ellos y tocarlos es que no hay como escalarlos siendo que para el marine es como si lo arrojaran en una especie de agujero, completamente ajeno al origen de todo eso y lo que puede estar ocurriendo. Debido a la poca, por no decir nula visibilidad, el joven marine no ve mucho más allá de sus manos, por lo que no sabe quiénes le acompañan teniendo adaptar su visión poco a poco a la iluminación acutal, siendo que el fuego de ese sujeto ayuda a ver algo mejor. Bertram se rasca tras la cabeza intentando procesarlo todo con calma, pensando en qué hacer mientras el sonido de las olas es lo único que percibe en el entorno de momento, siendo que parece que no tiene mucho qué hacer hasta descubrir de dónde salió todo eso y una forma de escapar.

El joven se levanta, ajusta su equipo y dice -No soy un experto en la zona así que si alguien sabe qué está ocurriendo me encantaría que me lo diga, sir. A ver si consigo salir de aquí y reunirme con mis compañeros,sir.-

Resumen

Atributos-5%
#3
Atributos Personaje



Narrador / María Merlot

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Flash Back.
30 de Otoño. Año 16.
Minutos antes de la catástrofe.


¿Por qué caminaba entre sus compañeros?
Por la terrible noticia del periodico.
Ujum.

¿Quien en su sano juicio valoraría la cabeza de Algodón de Azúcar en semejante e irrisorio precio? La mujer de cabellera celeste no podía concebirlo, el gran error de cálculo, matemática y lógica; para ella era tan claro como las aguas cristalinas de los arrecifes: Algodón de Azúcar era incalculable, imposible darle valor a alguien cuya mera existencia alegraba la suya, y le daba magnitud, sentido y dirección a su corazón. Su trato amable, su cuidado, las palabras encantadoras, el exceso de glucosa era una exposición en su cerebro y alma, por eso lo adoraba… porque él le había dado lo que nadie jamás le dio, un consuelo a nivel emocional que no sabía que necesitaba hasta que lo conoció.

María había visto su propia fotografía pero la ignoró olímpicamente porque sus pensamientos estaban viajando en todos los sentidos posibles hacía una sola meta: Encontrar quien escribió semejante blasfemia y hacerlo retractarse. Y no, no por colocarle precio a su cabeza sin razón alguna, sino por el precio patético del objeto de su fanatismo. Ella aún no superaba, y posiblemente nunca lo hiciera, esos 52.200.000 Berrys.

El hombre de antes, y de hace mucho tiempo, apareció de la nada. Tenía esa manía de ser sigiloso y enigmático, aunque el olor a cigarrillo siempre lo delataba. La semi sirena no entendía la relación de Hyakinthos y Lucarde con ese sujeto, sujeto que desde que conoció la había hecho retroceder, en especial cuando la miraba con aquellos ojos azules sin vida o utilizaba la voz aterradora. Ella había pasado por tanto en su corta vida e instintivamente sabía reconocer uno de “esos tipos” cuando los veía, curiosamente su Kami también era su conocido. ¿Acaso solo estaba siendo prejuiciosa? No lo sabía, pero por ahora se mantendría al margen como lo hizo en el crucero.

¿Él la había escuchado? ¿Sus comentarios refunfuñados a baja voz? Debía recordar que el masculino tenía buen oído porque dudaba que alguien reconociese sus divagaciones de indignación a ese nivel auditivo. Estaba a punto de responderle cuando Lucarde intervino, llamándolo por su nombre “Jin”... su curiosidad aumentaba, necesitaba saber que clase de relación tenían el dúo y el Capitán, porque esos encuentros no podían ser casualidad, esa manera de dirigirse con tanta familiaridad/dureza no podían ser de simples conocidos. No prestó atención antes, no le pareció relevante, pero ahora lo haría… el misterio que envolvía al trío y del cual Thrym y Odeth parecían ajenos, como ella misma.

Palabras iban, palabras venían y entre ellas su Capitán marcando un límite con autoridad serena pero contundente; lo que causo que María se mordiera la lengua, porque ella estaba apunto de soltar una de sus diatribas características; así que solo hizo lo más normal y común en su actuar: Se levantó la capa dejando ver su hermoso rostro y le saco la lengua al hombre moreno. Claro, siempre, manteniendo la distancia porque él… él era peligroso, no tenía pruebas pero tampoco dudas.

“¿Rojo? ¡Merlot! ¿Este no es tu hermano jurado? 57 millones…”

Las palabras de Algodón de Azúcar la hicieron prestarle toda la atención, por supuesto que era su guapo hermano jurado. Cuando se acercó para situarse al lado del médico, y volver a mirar las fotografías solo pudo sonreír —... es una gran fotografía. ¿Cómo habrán hecho para tomarsela? ¿Habrá sido lo último que vio esa persona? Y también está Unnie y el Cocinero… y ese de allá no es el polizonte mentiroso — aportó al repasar cada fotografía, aun no olvidaba como el hombre llamado Owen nunca le contó la historia que prometió… — Y Woooow… ¿Ese es mi Kami? Pero este periodico… — dejó la frase sin terminar mirando el resto de caras, caras irrelevantes en su vida y que posiblemente olvidaría pronto. Luego vinieron palabras más y palabras menos…

“Merlot, ven conmigo, tú también chica grande”

Solicito Hyakinthos, y sus peticiones eran órdenes para ella, ordenes que cumpliría con la mayor satisfacción posible. María estaba a punto de seguirlo a dónde él quisiera, a las profundidades del mar, al centro del planeta… pero lo único que no espero la mujer fue que la sujetará de la mano, una mano delicada y suave, protectora y varonil. Su mente se apagó automáticamente, su corazón entró en cortocircuito. Ella nunca lo tocaba, las veces que sus pieles entraban en contacto eran porque el hermoso hombre rompía la distancia… la semi sirena no sería capaz, nunca, de ensuciarlo con la asquerosidad que se ocultaba bajo su piel mancillada por aquellos con poder y perversiones…

— Yo… yo… yo… — balbuceó dejándose arrastrar, disfrutando el contacto prohibido y quizás con un leve sonrojo en sus mejillas oculto por la capa y la noche misma. Thrym dijo algunos comentarios pero se perdieron para la dama porque estaba en las nubes por el toque de Hyakinthos.

Y ese pequeño momento, lo atesoraría por siempre porque luego se desató la catástrofe…

Fin del Flash Back.

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Flash Back.
30 de Otoño. Año 16.
Catástrofe.


Banda Sonara :: Escucha Aquí

¿Por qué su mente siempre estaba llena de grillos?
Porque vivir la realidad siempre resultaba... doloroso.
Y esta vez, el golpe se sintió doblemente fuerte, como una cruel burla.
Ella ya lo tenía muy asimilado. No había escapatoria, solo ciclos.

Habían llegado al punto “crítico” del viaje, las velas rugían bajo un vendaval que no anunciaba nada bueno, el agua estaba agitada, y esa agitación la hizo apretar aún más fuerte la mano del hombre de cabellera rosada; y por instinto busco la cara de Lucarde, y luego alzó la vista al gigante. ¿Qué podía pasar teniéndolos a ellos? Nada, nada malo podía suceder. ¿Iban de subía? La chica se sujeto con su mano libre de la baranda. Y luego como el anuncio de la catástrofe el resplandor de un relámpago iluminó el cielo como un flash perfecto… y todo se fue en picada, literal y figurativamente.

Gritos.
Pánico.
Desastre.

Todo parecía tan irreal, como una obra de teatro de la cual es espectadora. ¿Acaso estaba soñando? ¿Se trataba de una pesadilla? Lamentablemente no, y la hecatombe la golpeó, directo y sin compasión — ¿Hyakinthos? — susurro, su nombre en busca de… de ¿consuelo? ¿protección? ¿instrucciones? O solo, solo… estaba despidiéndose porque nada de eso pintaba bien ¡No lo sabía! Y la rapidez de los eventos no le permitió pensarlo mucho tampoco…

Su cuerpo fue arrastrado…
Se levantó como si estuviera hecho del más fino papel…
Su mano agarró con fuerza la de Hyakinthos pero uno a uno sus dedos fueron perdiendo el agarrare hasta que… su suave tacto quedó en el olvido.

— ¡NO! — dijo y todo se sintió en cámara lenta, la capucha se levantó dejando ver su cara llena de pánico, el temor en sus ojos producto del evento catastrófico que estaba sucediendo — ¡Nooooooo! — el grito sonó desgarrador cuando salió disparada a quien sabe donde. Sus ojos recorrieron al hombre pelirosado, luego a Lucarde y por último, al más visible de todos, al gigante… ellos seguro verían, o tal vez no, como los ojos ámbar que siempre estaban llenos de vida se transformaron en una mezcla de miedo y resignación, como el de un condenado a muerte. Ella en el fondo lo sabía, muy en el fondo siempre lo supo… lo bueno en su vida nunca duraba… y desde que despertó en aquella celda sin recuerdos a sus 13 años… había pasado más días intentando refugiarse en su cabeza y fantasías, que en vivir la horrible realidad que representaba ser Ella: prisionera, débil, sin familia, sin amigos, sin aliados… y de una especie exótica.

María solo espero el desenlace… cerró los ojos y se dejó arrastrar a lo inevitable…

Contenido Oculto


Fin del Flash Back.

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Actualidad.

Solo silencio.
Silencio y resignación.
Dolor.

Sus párpados pesaban, su mente estaba en blanco. El aire entraba a sus pulmones, su cuerpo poco a poco iba despertando con un leve de dolor en ciertas áreas. ¿Estaba dormida? ¿Estaba muerta? ¿La muerte dolía? Si lo hacía sería un terrible servicio. Abrió los ojos, pero solo pudo ver la oscuridad, porque la capucha de su capa le obstruía la visión. Estaba sobre el suelo, un muy duro suelo. Se giró para quedar boca arriba, siendo una mancha negra para cualquiera que la viera. Llevó un brazo a su cabeza, dejando ver la tela roja y florada que la cubría. El brazo reposó a la altura de sus ojos… mientras los recuerdos volvían a su mente, recuerdos que se sentían tan irreales y lejanos, tan vividos y dolorosos… había naufragado y eso nunca traía buenas noticias… no quería levantarse, no quería enfrentar la realidad. ¿ Y si se quedaba así hasta obtener el valor de levantarse?

No quería ver… ver a sus nakamas… que iban con ella… a los que iban en otros barcos… verlos muer...
¡Basta!
¡María, Basta!

Se recrimino internamente, inhalando con fuerza. Todo iba a estar bien, todo estaría bien. Fantasma se lo prometió, ella confiable en él… desde que lo conoció, en su peor momento, había cumplido cada promesa hecha. La mancha negra se irguió hasta quedar sentada, con su mano levantó levemente la capa para mirar a su alrededor… y no había mucho que ver, en realidad, porque sus ojos se estaban acostumbrando a la nueva realidad, por supuesto, para nadie pasaría desapercibido una llama, como una antorcha, que salía de… ¿alguien? No estaba ahí sola, habían más… ella seguía un poco aturdida.

“No soy un experto en la zona así que si alguien sabe qué está ocurriendo me encantaría que me lo diga, sir. A ver si consigo salir de aquí y reunirme con mis compañeros,sir.”

La voz que se dejó escuchar era nueva para ella, y mientras él pronunciaba aquellas palabras la fémina terminaba de levantarse, dejando ver en el proceso algunos largos mechones de cabello celeste salir de la capucha. ¿Él también había perdido a sus compañeros? Eso la hizo fijarse en su figura — ¿Reunirte con tus compañeros? — musito con su suave voz perfectamente audible para todos los presentes… no dijo nada más, solo se volteó y caminó hacia el muro más cercano colocando una mano sobre este… ¿Dónde estaba? ¿Un pozo, una prisión natural, una pesadilla absurda? Pegó su frente sobre esta… ¿Cómo iba a escapar? No lo sabía aún pero de cautiverios más difíciles había escapado, con o sin suerte... 

Los grillos iban volviendo, su mente empezaba a girar y revolucionar, el miedo fue quedando sepultado. La confianza se abría paso desde su corazón, y le gritaba que todo estaría bien. Solo debía mantenerse con vida, salir de ese lugar y buscar a sus nakamas, que seguramente ya estarían buscándola… no podía decepcionarlos, no podía no estar a la altura de su tripulación… una sonrisa se fue apoderando de sus labios, al tiempo que se balanceaba ligeramente de un lado a otro como si estuviera escuchando una melodía invisible. Se giró para quedar con su espalda contra la pared, e intentar ver con quienes estaba ahí, aunque inevitablemente su mirada fue hacia la antorcha viviente… un pensamiento intrusivo le gritó: ACÉRCATE Y TOCALO pero ella no era tan tonta como para tocar el fuego.

Su mirada subió por la pared contraria a la cual ella se apoyaba, centímetro por centímetro de lo que sus ojos podían captar por la falta de buena iluminación. Un brillo reflector captó su atención por completo ¿un espejo?… ¿qué clase de broma se estaba gestando? Cerró sus orbes, medito por un momento, y los volvió a abrir para fijarse en uno de los individuos… que hasta ese momento había pasado desapercibido...

Bum
Bum Bum
Bum Bum Bum

Su corazón latió, el redoble exaltó su respiración… haciendo que su cuerpo se relajará por primera vez desde que ocurrió la catástrofe. Se despegó de la pared, un paso y otro más… y con cada uno su sonrisa oculta aumentaba. Entonces, se detuvo. La mancha negra con voz de mujer y mechones celestes, empezó a dar vueltas sobre su propio eje.

Una…
Dos…
Tres…

Y se detuvo, justo en la dirección del último miembro del raro grupo… un tipo lleno de… ¿pelos? Una vez conoció a dos minks así de peludos, Helena la Oniri-chan, y su inseparable amigo Paavo — No hay agua, es de noche… ¿Cómo haremos la fotosíntesis? — comentó señalando al mink con sumo interés en su respuesta, como si tuviera sentido o fuera importante el cuestionamiento que acababa de hacerle — Es totalmente árido, como nuestra relación antes de este momento. Desconocidos conocidos, aquí no nacerá nada, y si nace dependerá de nosotros porque estos muros están muertos, tan degradados y falsos que solo un milagro lograría hacer brotar las plántulas del mañana, y esa plántula tendrá que crecer como un un super gigante solo para que podamos hacernos un zoom decente en ese espejo de allá arriba… — comentó con su voz llena de la alegría y locura que la caracterizaba —  ¿Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa? ¿Haaaaaaaaaaaaaaaaay alguien en caaaaaaaaaaaaaaaaaaasa? Necesito aguaaaaaaaaaaaaaaaaa, muchaaaaaaaaaaaa aguaaaaaaaaaaaaaa —  grito colocando sus manos a la altura de su boca para hacer una especie de megáfono, gritando a la nada… y a nadie en particular, aunque un pedacito de su corazón esperaba que fuera escuchada por sus Nakamas… ¿si seguía gritando ellos la encontrarían más rápido? — ¡Coooooooooooooompañeros de uuuuuuuuuuuun pelirrojooooooooooooooooo él esta aaaaaaaaaaaaaaaaquí! —  grito nuevamente recordando que ese sujeto también quería reunirse con sus compañeros, para ella fue un acto de amabilidad — No me lo agradezcas, hoy por ti, mañana por mí — le dijo con emoción mientras lo señalaba y guiñaba un ojo (aunque él no pueda verlo) como si le hubiera hecho el favor más grande del mundo al gritar por él en búsqueda de sus compañeros — ¿Desean que grite algo más? ¿Quizás lo que queramos de desayuno? — dijo divertida caminando hasta el sujeto de cabello negro y enterrando su cara en su pecho, con sus manos cayendo a ambos lados, sin un toque adicional — … perdi a Algodón de Azucar. Solté su mano… yo… debemos encontrarlo, hermano — su voz fue audible, bañada por un evidente cariño hacia el hombre y una mezcla de tristeza como si hubiera perdido algo muy valioso, y para ella lo era, la persona más valiosa del mundo.

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README
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#4
Atributos Personaje

Continuaba rebuscando entre los armarios y arcones que había en una de las habitaciones del Crimson Stage, una que parecía estar dedicada a ser el backstage del escenario, donde los artistas se prepararían para el espectáculo. Irónico que yo estuviese cogiendo algunas prendas para pasar desapercibido. Encontré un antifaz, con encajes, negro, a juego con el abrigo de pelo que ya me había agenciado. Al menos me alegré de que no llevase plumas, pues lo último que deseo en esta vida es parecer un pájaro. Malditos pájaros...

Me apresuré a subir a la cubierta con mi nueva indumentaria, pues el barco ya daba señales de estar en movimiento. Quería ver cómo nos despedíamos de aquella ciudad que había supuesto una cárcel para mi. Desconocía nuestro rumbo, pero si algo tenía claro es que nunca más me dejaría atrapar, nunca acabaría en otra jaula.

Outfit Varo


El aire fresco me dio en la cara como si de una caricia se tratase, una que tomó de mi el nerviosismo provocado por mi recompensa, como la mano de una madre que quita de su hijo la hojarasca enredada en su cabello tras una caída. Todos los barcos habían comenzado su ruta, como una manada de ñus que cruzan la sabana en busca de nuevas tierras, sin saber los peligros que les esperan al cruzar el río. Miré hacia el puerto, sujeté el ala de mi sombrero y agaché la cabeza.

—Espero no volver a vernos.


El trayecto fue apacible, pese a las nubes que cubrían el cielo como un tupido manto, amenazantes de tormenta. La comitiva continuó avanzando y nuestro barco, comandado alegremente por Rosse, se encontraba en una posición cómoda para nosotros. En el medio, ni demasiado cerca de los barcos que encabezaban la expedición, ni demasiado cerca del barco de marines que la cerraba. Parecía que podríamos pasar desapercibidos, por mucho que aquello le pesase a la capitana. La oscuridad hacía difícil ver que sucedía más allá de nuestros barcos y tal vez sea por eso que la situación me impactó aún más.


Sentí que el corazón se me paraba, al ver el primero de los barcos alzarse en el aire, como si la fuerza que nos ataba a la tierra no tuviese más poder sobre él. Ascendía frente al resto, y como si nos marcase el camino, el resto de barcos comenzaron a ascender también. El barco ante nosotros se alzó, y fue en ese momento cuando lo pude ver. Una extraña corriente de agua, como si se tratase del descenso de un río bravo, solo que en esta ocasión, vulneraba todas las leyes de la lógica, pues subía la montaña en una carrera a contracorriente. De haber sido pirata, este río hubiese sido un buen Cabaret, pensé.


El agua saltaba sobre la cubierta del barco tras impactar contra el casco que ascendía con un ritmo endiablado. El camino era peligroso, pero la pericia de Rosse nos mantenía a salvo en nuestra escalada. El primer barco llegó a la cúspide y, como si hubiéramos hecho enfadar a los dioses con aquella expedición prohibida, un relámpago iluminó el cielo. Mi cuerpo se tensó, mi respiración, aún más acelerada de lo que estuvo momentos antes de partir. En mi mente, solo un recuerdo; la noche en que me separé de mis padres, la tormenta que me arrancó de sus brazos.


Los siguientes instantes pasaron demasiado deprisa, aunque sus secuelas serán cosas que no podré olvidar tan rápido. Uno a uno, los barcos comenzaron a coronar la montaña, lanzándose a un descenso vertiginoso, como si de una carrera de trineos se tratase. Unos trineos que habían sustituido su pista de nieve por una de agua embravecida y rocas afiladas. Una carrera que había cambiado la precisión de los comisarios por la furia de los dioses, que no tardaron en lanzar una de sus reprimendas sobre el primero de los barcos.


Un impacto. Caos. Fuego. Gritos. Una andanada de cajas voló hacia el resto de navíos, como las flechas de un ejército defensor que caen sobre los que osan invadir sus tierras, perforando todo a su paso. Contenedores que alcanzaron nuestro barco y que causaron graves daños, a juzgar por los gritos de Rosse que resonaban como ecos en la distancia para mis oídos. El aire se resistía a llegar a mis pulmones, las piernas no respondían. Y, quizá sea ese el motivo, por el cuál no pude mantenerme en pie cuando el barco comenzó a dar sacudidas sin control, y tras un fuerte latigazo, sentí como mi cuerpo se elevaba por los aires. Luego un fuerte golpe, y tras eso, la oscuridad. Mi amada oscuridad.


Me dolía la cabeza y no podía ver nada, pese a tener los ojos abiertos. Poco a poco se fueron acostumbrando a la oscuridad, para poder percibir que las únicas dos fuentes de luz que se podían apreciar eran el cielo que comenzaba a despejarse y una suerte de antorcha que se encontraba a unos metros de mi, una antorcha que dibujaba la silueta de un hombre entre aquella oscuridad. Me incorporé con lentitud, deseando que la luz emitida por aquel fuego no delatase mi posición. El golpe me mantenía aturdido y notaba que mi cuerpo no respondía de la manera que me tenía acostumbrado. Me deslicé en dirección opuesta a aquella antorcha hasta que mi mano dio de lleno con una pared, un muro de roca lisa. Intenté clavar mis garras en ella, o hacer uso de algún saliente para escalar, pero todo intento era en vano y solo conseguía rasgar las yemas de mis dedos.


Apoyé mi espalda en el muro, para intentar evaluar la situación, y sentir que al menos una parte de mi estaba protegida. No quería llamar la atención de las sombras que deambulaban por aquella oscuridad, así que permanecí en silencio, incluso cuando una de ellas pidió algo de información para poder encontrarse con sus compañeros. Me estremecí al escuchar una voz que le contestaba, una proveniente de una silueta que hasta ese momento había pasado desapercibida para mi. Una silueta que se acercó hacía el muro en el que estaba apoyado y comenzó a revisarlo. Tras unos instantes de quietud, la sombra comenzó a bambolearse, como si bailase una melodía que solo ella podía escuchar, se despegó de la pared y luego heló mi sangre, pues su presencia me hacía entender que me estaba mirando fijamente. Entonces, habló. Sus extrañas preguntas y afirmaciones me hicieron dudar si debía contestar, pero ya era evidente que mi presencia allí no estaba pasando desapercibida.


—¿Fotosíntesis? Disculpe, no somos plantas. No necesitamos hacer la fotosíntesis —dije extrañado—. Lo que necesitamos es una manera de salir de aquí.

No vi hostilidad en sus palabras, por lo que di por hecho que se trataría de alguno de los pasajeros que habían embarcado en alguno de los barcos accidentados. Sus siguientes palabras acerca de lo extraño de aquellas paredes llamaron mi atención, sobre todo, la parte en que hablaba de un espejo. Alcé mi mirada, entorné mis ojos. Sin embargo, no conseguía ver aquello de lo que nos estaba hablando.

 
Hice caso omiso de sus siguientes palabras, pues estaba llamando a alguien o pidiendo auxilio y más tarde se acercó a otra de las siluetas que se encontraban en nuestra desafortunada prisión. por sus palabras, parecía que se conocían, pues lo había llamado hermano. Me alejé unos 7 metros, mi mano apoyada en la pared, con la intención de encontrar una salida. Alguna pista que me llevase a mis compañeros. Algo que me devolviese la libertad.



Info
Emme's Codes

#5
Atributos Personaje

Luz, fuego, destruccion… Tras el impacto del rato el caos se había adueñado del barco en el que Krysser y yo nos encontrábamos, viéndome arrastrado y separado de mi felino compañero por una turba de gente que luchaba por su vida, tratando de huir de un fuego que se propagaba velozmente por cubierta, dejando cada vez menos espacio al enorme tumulto de gente que, ya sea por las propias inclemencias del tiempo y el inestable navio, o porque prefiriese morir por la caida antes que calcinada, iba cayendo del barco y precipitándose a un destino incierto.

-¡KRYSSER! -Un grito inaudible debido al caos que nos rodeaba y me arrastraba lejos de él rasgó mi garganta, mientras una cadena emergía velozmente de mi mano derecha tratando de alcanzar desesperadamente el cuerpo de mi compañero y amigo, con el que hasta hace unos minutos conversaba sobre los carteles de recompensa y divagando de cual sería la cantidad que figuraría en el nuestro en el caso de ir por la via pirata.

Cuando todo parecía indicar que iba a lograr alcanzarle y un fugaz sentimiento de alivio dentro de ese caos recorría mi ligero cuerpo, el destino quiso volver a burlarse de mí con una enorme rafaga de aire que mandó mi cadena hacía el tormentoso cielo, quitándome toda esperanza de poder alcanzar a un Krysser que ya había perdido de vista al quedarme sepultado por completo por la turba que, sin yo poder hacer nada por evitarlo dada mi falta de fuerza, me arrastraba hacía el borde de la embarcacion con la caida al vacio como destino final.

Los siguientes minutos fueron aun más caóticos y angustiosos que los anteriores en la cubierta del barco. La misma gente que me habia arrastrado hacia esa caida era la que ahora se agarraba a mi espalda, soportando el calor de mi llama en busca de una ultima esperanza a la que aferrarse y con ello condenándome junto a ellos al no poder desplegar mis alas. Pero, antes de que pudiese tomar la dificil decisión entre tratar de salvar a todos los que me sujetaban o liberarme de su agarre y buscar sobrevolar esas fuertes corrientes de aire, pude sentir como impactabamos de lleno contra el casco de uno de los barcos que nos había seguido en esa mortal travesia.

De no haber sido por las personas que estaban sujetándome el choque de mi cuerpo contra ese barco seguramente me habría roto algo más que una simple costilla, pero, el destino tenía esa cruel manera de burlarse de mi y el desagradable ruido de los huesos al romperse llego a mis oídos, notando como el agarre de aquellas personas se aflojaba con un ultimo estertor en el que decían adiós a este mundo tras protegerme involuntariamente con sus cuerpos del peligro en el que ellas mismas me habían puesto y del que yo había salido ileso, aunque impulsado con aun más fuerza en dirección hacia el suelo.

La velocidad que me había dado aquel impulso y las grandes y fuertes corrientes de aire de aquella zona me impidieron poder frenar la caída del todo, siendo victima de mi propia debilidad fisica e impactando segundos después mi espalda contra la solida, dura y rocosa superficie, lo que me sacó todo el aire de mis pulmones y me dejó con el cuerpo completamente entumecido.

-¿Dónde estoy?-Fue lo primero que pensé, todavia atontado debido al impacto, mientras me incorporaba con cuidado, permaneciendo sentado sobre el duro suelo mientras analizaba la situacion en la que me encontraba. Notando gracias a mi aguda vista como me encontraba encerrado junto a otras 4 personas a las que tenia delante mia y a mas de 20 metros de la mas cercana, en lo que parecia ser un foso rodeados por 4 altísimas paredes de roca, destacando con un pequeño brillo un espejo en lo alto de una de ellas.

Si alguien estaba seguro de para que servia un espejo ese era yo ya que era lo unico que me recordaba el sentimiento que tenia la mayoria de personas cuando me veían sin mascara. Por lo que, si habia un espejo, es porque habia algo que tenia que ser reflejado y estando a esa altura era algo que llamaba demasiado la atencion como para ser fortuito.

-¡LA CRUZ! -Antes siquiera de terminar ese breve analisis, un pensamiento o mas bien una alerta mental cruzó mi mente, poniéndome en un estado mucho mas alterado al temer la perdida del ultimo recuerdo de mi madre y llevándome sobresaltado por puro instinto la mano derecha al pecho, sintiendo instantes despues un completo alivio al notarla contra la piel, escondida aun tras todas las capas de ropa que llevaba. -Menos mal... -Suspiré aliviado mientras me levantaba, desenfundando sutilmente a Sekator con esa misma mano y pudiendo centrarme tras eso en los movimientos que estaban empezando a realizar aquellos 4 desconocidos, preparado para disparar mientras intentaba sin éxito generar una cadena desde mi flexionado brazo izquierdo. -Shipy. -Expresé tras enfundar de nuevo a Sekator, estirando completamente mis brazos hacia el suelo mientras mis palabras se las llevaba el viento y comprobaba como mi extraña habilidad seguía funcionando pese a mi peor control sobre la misma, seguramente debido al golpe previo.

Tras eso y volviendo a desenfundar mi arma, uno de los desconocidos, este uniformado de la marina, alzó la voz el primero para intentar sacar respuestas. Aunque él ya las habia dado al hablar de compañeros y esto lo había entendido a la perfeccion el segundo individuo con voz femenina, ataviada con una capa que ocultaba por completo su apariencia y le daba un aspecto más sospechoso, haciendo que estuviese en completa alerta cuando se giró hacia mi posicion, levantando con ello y sutilmente a una Sekator, escondida por mi gabardina, para apuntarle desde la cadera. Los siguientes segundos me demostraron que hice bien, pues la cordura no era algo con lo que se pudiese describir a aquella desconocida, aunque había dado en el clavo con el tema del espejo.

Para finalizar ese variopinto grupo quedaban 2 desconocidos más. El primero de ellos y mas pegado a la pared opuesta donde me encontraba, era alguien que, al igual que la chica, quería pasar desapercibido y así lo daba a entender tanto su actitud como su abrigo emplumado oscuro y el antifaz de tela que tapaba la mitad superior de su rostro. Lamentablemente para él se había encontrado con un cazarrecompensas que era capaz de recordar hasta los detalles más insignificantes con un simple vistazo y su caracteristico sombrero y la parte inferior de su rostro delataban que era el pirata de 104.325.000 berries. El mink Varo Ganchin. Obviamente esto me puso en una alerta mayor que con la desconocida, pues su recompensa era de las mas altas de los Blues y eso significaba  que era realmente peligroso, aunque su actitud daba a entender que no quería estar ahi. Por ultimo y sin esconder su rostro, se encontraba alguien tambien reconocible. Jensen Valentine estaba siendo abrazado por la desconocida que, ignorando el peligro mientras demostraba una locura digna de estudio, se había lanzado a los brazos de un pirata con 57.225.000 berries de recompensa.

-No creo que ninguno se haya encerrado con el resto por gusto. Ademas la encapuchada ha dado en el clavo con lo del espejo y lo más seguro es que sea porque alguien quiere ver que pasa aquí dentro, por lo que estad alerta. -Alcé con tono amable mi tenebrosa voz para hacerme oir en aquella “carcel” de piedra tras los desvaríos de la encapuchada y dar a entender que el autentico enemigo no eramos ninguno de los 5, aunque yo no me fiaba de ninguno de ellos. -Si teneis un den den mushi intentad poneros en contacto con vuestros compañeros. Quiza ellos han tenido más suerte y pueden venir a ayudarnos. -Sugerí mientras analizaba con mi privilegiada vista a mis improvisados compañeros y el entorno que nos rodeaba. Sacando mi den den mushi del interior de mi gabardina con la mano izquierda en busca de intentar entrar en contacto con Krysser, manteniendo a Sekator en mi mano derecha listo para usarla de ser necesario.

Contenido Oculto

Contenido Oculto



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 932 + 0 = 932
Energia: 1096 - 1 = 1095
Espiritu: 222 + 0 = 222
#6
Atributos Personaje




Jensen Valentine miraba el cielo, oscuro y muy nublado, aquella noche la luna no se veía por ningún lado de la bóveda del firmamento. –Eso es un mal presagio – susurro Jensen frotándose las manos desde su posición de altura en el nido de cuervos del barco. Podía observar como Uker manejaba el timón, como sus compañeros se movían en la cubierta y como seguían a los barcos que se dirigían a los cabos gemelos, sin embargo, aunque todo se viera técnicamente bien no se sentía tranquilo, estaba inquieto y nervioso.
 
Se sentó en el nido de cuervos y trato de dormir un poco, sin mucho éxito. Jensen solo logro dormitar unos minutos mientras se alejaban de Samba antes de que un trueno lo despertara de golpe, estaban en los cabos gemelos al fin y se veía como si una tormenta fuera a desatarse en cualquier momento.
 
-Estos perros del gobierno debieron habilitar el paso cuando hubiera buen tiempo, no en medio de una tormenta – dijo golpeando tres veces la madera con la punta de su pie izquierdo. –OYE UKER, TEN CUIDADO. EL TIEMPO ESTA INCLEMENTE ESTA NOCHE – grito hacia su capitán sujetándose fuerte al nido de cuervos mientras el barco empezaba a ascender en la famosa Reverse Mountain. Al llegar a lo más alto un poderoso relámpago ilumino todo el firmamento, por un segundo fue como si fuera de día y estuvieran bajo el más luminoso sol, luego empezaron a caer.
 
-Coño, esto es más rápido de lo que pensaba – dijo el pistolero de la capucha roja sujetándose con todas sus fuerzas con sus manos mientras con la punta de su pie izquierdo daba golpes contra el piso, de tres en tres. Siempre de tres en tres pues ese era uno de sus tics nerviosos.
 
Cuando Jensen pensaba que ya nada podía ser peor un trueno impacto en el primer barco en fila que empezó a quemarse. Desde su posición en el nido de cuervos pudo ver el momento exacto del impacto y podía ver las llamas iluminando la oscura noche. Del barco impactado empezaron a volar escombros, Jensen no podía distinguir que eran, solo podía ver que eran escombros grandes que impactaron a todos los barcos que venían en la fila. Jensen observo como Uker era impactado y salía volando. –Mierda, esto es malo – dijo el pistolero descendiendo por el mástil como si fuera un palo encebado. A pesar de no saber absolutamente nada de navegación necesitaba tomar el timón para estabilizar el barco… o ese era su plan, el cual se vio truncado cuando una caja enorme y pesada voló hasta donde estaba, impactándolo y mandándolo a volar fuera del barco.
 
Dolor. Mucho dolor.
 
Jensen sentía el cuerpo acalambrado, le dolía todo y no tenía la más mínima idea de donde estaba. Parecía estar atrapado por muros. El piso era una fría y dura roca que no era para nada cómoda. Jensen se percató de tener consigo a Cerbero, su pistola de triple cañón, eso lo tranquilizo un poco.
 
Miro a su alrededor notando como un hombre tenía fuego en su espalda. Pensó en Heras, él también tenía esa habilidad. ¿Acaso eran parientes o algo asi? La luz del desconocido le permitía ver a la gente a su alrededor, había un mink muy elegante, una figura encapuchada y un marine que quería reunirse con sus amigos.
 
-Seguro tus amigos marines son un montón de bastardos corruptos – dijo Jensen escupiendo en el piso mientras acariciaba tras su espalda a Cerbero pensando en meterle unos cuantos balazos al marine, sin embargo, la figura encapuchada lo distrajo, moviéndose hacia las paredes rocosas, él también se acercó a una de estas paredes notando que no era una pared normal. Cuando la persona encapuchada hablo y grito su corazón dio un vuelco. El conocía esa voz, esa forma de hablar. Cuando la figura se acerca Jensen la abraza con fuerza escuchando su voz, notando la tristeza que desprende.
 
-Seguro Cherry está bien, estoy seguro que sabe que no querías soltar su mano querida, lo importante es que tu estas bien y que estamos juntos – diría el pistolero de la capucha roja dandole un beso en la frente – no te preocupes, vamos a salir de aquí. No dejare que nadie te haga daño – diría esta última frase más fuerte para que todos pudieran escucharlo mientras miraba a su alrededor, al grupo que estaba reunido. –Tu, el del fuego en la espalda. ¿Eres un lunarian? Hace un tiempo conocí a uno, se llama Heras y el podía volar. ¿No puedes volar y sacarnos de aquí uno en uno? – pregunto mientras miraba al marine mirándolo feo – puedes dejar al marine aquí, que se joda él y toda su institución. – diría de manera áspera tomando la mano de MM mientras miraba la prisión de roca que los apresaba, necesitaban escapar de alguna manera.



RESUMEN


Karma Positivo


Karma Negativo


Stats
#7
La tormenta avanzó llevándose las nubes hacia el South Blue, despejando el cielo y mostrando - para los Tenryuubitos - una enorme luna llena preciosa, clara como la nieve y pura como las gotas del rocío de la mañana. Su luz bañaba levemente la zona y permitía poder ver mejor dentro de los cubículos, pero de ninguna forma la luna era visible desde esa posición para nadie de forma natural.

- Espejito, espejito, dime quién es el ser más bello de los siete mares-uo. - Musitaba, mientras intentaba vislumbrar sin éxito mi rostro en mi espejo dorado de mano, sin éxito alguno dada a la escasa iluminación de la zona.- Por supuesto, Uoyon-sama, ¡uohohohoho! - La cuestión era que no hacía falta ver mi cara, mi silueta ni mi anatomía para conocer la respuesta. Y es que, de tan sólo imaginarme mi figura, me ponía a cien. Tiré el espejo al suelo, mientras proyectaba mi visión hacia cada rincón del cubículo en el que me encontraba, ansioso de conocer a mis próximas víctimas. Ellos no lo sabían aún pero, como el campeón representante de la familia Tsvetnik, lo último que iban a ver todos aquellas almas desamparadas al aterrizar en mi terreno, era mi radiante figura sesgando sus insignificantes vidas.- Tendrían que estar hasta agradecidos uohohoho. - Reí, terminando por relamerme mis morados labios, mientras apoyaba mi espalda en una de las paredes, de forma que, a mi derecha, tenía situada la pared en cuya cima se encontraba aquel espejo que habían colocado para darle vidilla al juego.- Me pregunto como le irán al resto de mis hermanos-uo. - Comenté, focalizando mi atención en dicho espejo para, a continuación, fruncir mi ceño de tan sólo pensar en el zafio de mi hermano gemelo.- Con suerte Uogo tendrá la suficiente capacidad para encargarse el solito sin mi ayuda-uo. - Refunfuñé, al conocer de sobra la dependencia que sentía mi gemelo hacia mí, hasta el punto de volverse alguien completamente insoportable.- Tampoco es que me importe, pues yo me haré con la victoria-uo. - Acariciaba mi barbilla hasta que, el momento, finalmente llegó.

Prácticamente al mismo tiempo, cada una de mis presas caían en la trampa que había preparado uno de los esclavos de los dragones celestiales que nos habían contratado para participar en su divertido juego, cinco condenadas almas que no sabían lo que se les venía encima. Gracias a mi prodigiosa vista, a pesar de la oscura noche, pude detectar las siluetas de lo que parecían ser dos humanos siendo, uno de ellos, aparentemente un marine. Otro ser de los presentes ocultaba sus facciones mediante una capa,al igual que lo intentaba hacer un mink mediante un extravagante disfraz, sin éxito alguno - recordándome ligeramente al primero de los hermanos Sakana -. Por último, el azar del destino también había traído hasta a mí a un ser alado que, por el fuego que brotaba de su espalda, debía ser un lunarian, tal y como los dragones celestiales que me habían escogido como su campeón.- Esto va a ser muy divertido. - Pensé, regocijándome en el juego, empezando a andar, alejándome un par de metros la pared en la que me apoyaba, conforme el resto hablaban entre sí, se movilizaban e intentaban averiguar la manera de salir de allí.

Mi mente se debatía sobre a quién debía atacar en primer lugar hasta que, la unión de dos desdichados corderos, me lo dejó más que claro. El abrazo entre el humano de cabellos negros como el tizón, y el ser encapuchado, me dejó más que claro que entre aquellos dos debía haber una relación de complicidad, al dejar en claro el primero de ellos que a ninguno se les ocurriera hacerle daño, ¿era aquello una amenaza? Eso me gustaría averiguar. Estando a 20 metros aproximadamente a mis 11:00, y dándome el hombre de cabellos oscuros la espalda mientras seguía abrazando a su compañera, aproveché la humedad que inundaba el ambiente, condensándola en forma de gotas que se deslizaban a través de mi mano, hasta acumularse en mi dedo índice derecho.



Fue entonces, que utilicé uno de los artes del Gyojin Karate, uno de los estilos en los que, algunos de los hermanos Sakana éramos maestros. Esta técnica, en cuestión, se trataba de una adaptación propia de las bases de proyección acuática de modo que, extendiendo velozmente mi dedo índice, y desplazando a su vez mi brazo derecho hacia mi objeto, proyecté todas las gotas que se acumulaban en mi dedo, con una celeridad tan elevada que estas se tornaron en un chorro fino de agua a presión, que recortaron la distancia que nos separaban en un suspiro, perforando al momento la espalda de aquel cuyas palabras juraban proteger a la figura encapuchada.-  Qué enternecedor-uo. - Proyecté mi voz, mientras aplaudía con cierta ironía, de forma que todos se dieran cuenta de mi presencia.- Pero, ¿cómo pretendes proteger a alguien en esas condiciones? UOHOHOHOHO - Cesé de aplaudir, soltando una sonora carcajada mientras ponía mi mano derecha delante de mi boca. Comencé, asimismo, uno de mis discurso que tanto me gustaba dar antes de proceder con la caza de mis víctimas.- Bienvenidos seáis todos-uo. - Hice una reverencia, cesando de aplaudir, clavando así primero mi mirada en el hombre pelirrojo, que se encontraba a mis 10:00, a 15 metros de mí, junto a la pared opuesta a dónde se encuentra el espejo.- Estáis ante Uoyon-sama, el que será vuestro verdugo en estos juegos. - Me volví a poner recto, desviando mi vista más allá, hasta el mink que se encontraba a  mis 11:00, a unos 27 metros de mi, estando también próximo a la misma pared que el pelirrojo.- Por favor, haced el favor de resistiros y encontrad una muerte llena de agonía bajo mis preciosas manos-uo. - Finalicé, cruzándome de manos y girando por completo mi cuello hasta dar al último de los sujetos, el lunarian, ubicado justo en la pared contraria al resto, a 25 metros de mí y a mis 2:00, fijando mi mirada completamente en él, orientándome hacia él y dejando a la vista al resto mi asombroso y brillante perfil izquierdo, dándoles la satisfacción de apreciar la verdadera belleza antes de que conocieran los gélidos brazos de la muerte. Todos y cada uno de ellos debían estar agradecidos por encontrar su final ante alguien con semejante belleza. Incluso en la oscuridad, mi piel resplandecería más que nunca.

Contenido Oculto


IMPORTANTE

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1993 + 0 = 1993
Energia: 1937 - 398 = 1539
Espiritu: 240 + 0 = 240
#8
Palpaba la pared con ansia, mis manos buscando un resquicio por el que poder escapar de allí. Las nubes nos habían abandonado, llevándose consigo la tormenta, una tormenta que llenaba mi mente, hasta el punto que parecía que no dejaba a mis pulmones inflarse como debían. Mis dedos palpaban la roca sin mucho tino, pues el temblor de mis manos no les permitían acertar qué estaba bajo ellos. Cada paso era un suplicio. Mis piernas amenazaban con doblarse cuando el pensamiento de que la tormenta volviese. No podía llover, no. Si comenzaba a llover como aquella noche... Esto parecía un pozo. Se llenaría de agua. Me ahogaría... No... no podría... Sería mi fin.

Mis pensamientos acelerados se detuvieron de golpe cuando lo oí tras de mi. Primero un impacto, húmedo, como el que produce el agua al chocar contra el suelo. No, por favor. No podía ser la tormenta. Después una voz acompañada de unas palmas, sarcásticas, hirientes. Giré mi cabeza, temblorosa y lo vi. Una figura que desprendía unos ligeros reflejos dorados al verse salpicado por la claridad que entraba tímidamente desde la boca del pozo donde habíamos caído. Mis manos agarraron mi rifle, el cual castañeteaba entre mis dedos. ¿O serían mis dientes los que producían aquel sonido? De cualquier manera, un temblor incontrolable se extendía por todo mi cuerpo. Parecía que el nuevo individuo había atacado a uno de los otros, aquel que había prometido proteger a la encapuchada. Este nuevo integrante parecía ser mucho menos cauteloso que los otros, más hostil, pues no tardó en comenzar a burlarse de la declaración del hombre que ahora se encontraba herido. Su teatralidad y gusto por el espectáculo hubieran encajado a la perfección a bordo del Crimson Stage, pero en ese momento no tenía tiempo de estar pensando en mis compañeros. No cuando una tormenta marina amenazaba y menos aún cuando nuestro verdugo, según sus propias palabras, se cruzaba en nuestro camino. Sus ojos me buscaron y por un momento pensé que él era capaz de encontrarnos en la penumbra, que ya no estaba seguro bajo la capa que me ofrecía la oscuridad. Todo mi vello se erizó, al verlo de frente a mi, mirándome. Mis músculos se tensaron y el aire a nuestro alrededor pareció volverse más denso. Exhalé, profundo, como intentando sacar algo muy profundo dentro de mi. El miedo seguía agarrotando mi cuerpo y copando mi mente, pero no me podía permitir fallar tan pronto. No cuando nuestro viaje no había hecho más que comenzar.

Agarré con firmeza mi rifle, apretando con fuerza, más con la intención de disimular mis temblores que de parecer fiero. El enemigo siguió su discurso, amenazante, hasta que su mirada se fijó en el hombre con la antorcha tras de sí. Hablaba seguro de sí mismo, como si se supiese una montaña erguida ante una suave brisa que no iba a poder erosionarla.

En ocasiones, los hay que dicen que bajo presión se toman las mejores decisiones, pero yo siempre he pensado que el estrés nubla el pensamiento. Doy un paso hacia atrás, pues mi mente aún se encuentra en modo supervivencia, quiero huir, lejos de esta nueva tormenta que nos azota, cuando aún no nos hemos recuperado de la anterior. Sin embargo, un nuevo pensamiento se apodera de mi. El marine. Ellos son los encargados de protegernos, ¿verdad? Y bajo ese pensamiento mis pies me llevan unos metros hacia delante. No demasiado, solo unos ocho metros, aún pegado a la pared para sentirme a salvo. Avanzo hasta tener al marine entre el enemigo y yo. No se si busco que me proteja, o que me sirva como escudo. Tampoco se si lo hago para huir de la mirada del enemigo. Tan solo avanzo y vuelvo a exhalar para sacar toda esa tensión dentro de mi. ¿Cómo puede pensar un pirata que un marine lo protegerá? No se si mi decisión me traerá algo bueno, pero bajo tensión la gente no toma buenas decisiones.

Pensé por un breve momento en mis compañeros. Supe que tenía que salir de allí para poder viajar junto a ellos. Las fuerzas parecieron volver a mis piernas, algo más firmes. Pensé en mi padre y en mi madre, dónde quiera que estén. Donde quiera que aquella tormenta los arrastrase. La tormenta. Las últimas imágenes sobre el barco vuelven a mi mente. Rosse al timón, siendo golpeada por una caja. Mis padres despidiéndose de mi antes de bajarme en el bote. Alana saliendo despedida por los aires. ¿Realmente ocurrió todo así? Comencé a pensar que estaba perdiendo la cabeza. El aire no llegaba bien a mis pulmones y mi pulso estaba demasiado acelerado. Alcé mi rifle y apunté hacia delante, en la dirección donde se encontraba mi enemigo. ¿O debería decir nuestro enemigo?



INfo
Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1111 + 0 = 1111
Energia: 1182 - 75 = 1107
Espiritu: 108 + 0 = 108
#9
Narrador / María Merlot

………………………………………..

¿Por qué su voz sonaba con evidente tristeza?
Porque había perdido al ser más valioso del mundo.
¿A quién?
Algodón de Azúcar.

El abrazo reconfortante de su hermano juramentado, la llenó de una paz inesperada, como si el mundo exterior y sus peligros se hubieran borrado por un instante. Fue un bálsamo para su corazón sentir sus brazos rodearla, fue un peso menos en su conciencia escuchar sus palabras. Había algo en Jensen Valentine, un algo que aún no descifraba, que la hacía sentir segura. El beso en la frente, la hizo cerrar los ojos mientras una sonrisa se dibuja en sus labios. La calidez de su gesto fue inmediata, haciendo brotar un sentimiento de ternura y protección que alejó cualquier temor de antes, y aumentó su ya de por sí temeridad. ¿Qué podía salir mal si Rojo estaba con ella?

La varonil pero amorosa mano de Jensen tomó la suya luego del abrazo, reafirmando silenciosamente que él estaba ahí, y que nadie ni nada les haría daño… pero todo se derrumbó, literalmente ante sus ojos, porque de pronto su hermano estaba de pie y al siguiente había caído al suelo, soltando su mano… la pérdida la hizo sentir frío en la extremidad. ¿Había tropezado? No, él no era torpe, y la caída fue anormal… como si algo o alguien lo hubiera empujado… — ¿Rojo? — balbuceo sin entender nada, todo pasó muy rápido; iba a ayudarlo, a lanzarse al piso a su lado pero una voz la detuvo en seco.

“Qué enternecedor-uo.”

Palabras bañadas en ¿ironía? retumbaron en ese hueco lleno de penumbra, luego lo siguió un aplauso. María de manera instintiva volteo buscando la procedencia de la voz, distinguiendo una figura a la distancia. Una figura cuya discurso desbordaba un sin fin de características, comenzando por la soberbia y finalizando en la maldad absoluta. ¿Proteger a alguien? ¿Ese individuo le había hecho algo a Jensen Valentine por intentar protegerla? ¿Y además se estaba riendo de ello? ¿Su hermano estaba herido? Los ojos de la chica viajaron el cuerpo del moreno, pero… una fuerza invisible, quizás en su propia cabeza y un leve miedo, la mantuvo anclada en el sitio escuchando cada palabra del monstruo inundar el vacío de esa prisión artificial.

¿Uoyon-sama?
¿Verdugo?
¿Preciosas manos?
¿Muerte?
¿Qué estaba diciendo?

El cerebro de la chica, no lo cuajaba. No entendía a priori que sucedía pero algo estaba muy claro, ese “coso” había hecho daño a su hermano, ese “coso” estaba ahí para jugar con los cinco hasta matarlos. ¿Cómo habían pasado de un tranquilo crucero a esto? Esta situación no fue al azar, ese momento, esas consecuencias, no podían ser… simplemente el resultado de un mal día. ¡Mierda! No necesitaba un gramo de cordura ni inteligencia para entender que… estaban en problemas, un problema con una voz que desprendía cierta tendencia a adularse a sí mismo. ¿Sus compañeros de tripulación estarían bien? ¿Qué podía hacer? ¿Momento de utilizar el twerking?

Cuando el coso dejó de hablar, sus piernas cedieron dejándose caer al suelo, para luego gatear los pocos centímetros (menos de 50) que la separaban del cuerpo de Jensen, necesitaba saber el estado de su hermano — ¿Hermano? Dime algo, cualquier cosa, por favor — le preguntó en baja voz con toda la preocupación del mundo, fue cuestión de segundos. Estaba vivo, eso era suficiente para que ella no entrará en histeria. Luego volvió nuevamente su mirada al atacante, quien ahora parecía concentrarse en la antorcha humana. ¿Por qué estaba sucediendo todo eso? Ella quería saber… ¿Si preguntaba le diría? Ainsh, metió las manos en el bolsillo de su camisa roja (es la camisa overside que lleva debajo de la capa) y sacó un par de guantes de cuero, se los puso con la rapidez que la adrenalina da mientras la silueta, o más bien el perfil del “enemigo”, fue visible para ella, quien desde que su mirada se adaptó mejor a la oscuridad, pudo “distinguirlo”. Una especie de tipo “Mantequilla”, a eso le recordó, a una barra de mantequilla… ¿sería tan grasoso y escurridizo? ¿Sería a causa de algún artículo de belleza? ¿Ella quería saberlo? ¡Ella quería saber muchas cosas! Ella no iba a preguntar cosas absurdas… ella tenía mejor sentido de la autoprotección… ¿Lo tenía, no?

¡Basta de pensamientos intrusivos!
¡No lo hagas!
¡No lo digas!

— ¡Atacaste a un inocente! ¿Acaso no conoces el código de honor de los hermanos? ¿Nunca has tenido un hermano? ¿Por qué quieres ser nuestro verdugo? ¿Es por qué no podemos hacer la fotosíntesis, verdad? Siempre lo supe, lo dije antes pero nadie me hizo caso… — lo hizo… habló y dejó escapar su verborrea, su voz se dejó escuchar, una agradable melodía femenina que iba cargada de un poco de locura mientras llevaba su mano derecha, oculta entre la capa, a su espalda para sujetar el tanto que tenía escondido — … más importante aún… ¿Por qué tu piel se ve así? ¿Usas cremas a base de polvo de estrellas? ¿Dónde se compran las cremas a base de polvo de estrella? ¡Necesito saberlo antes de que suceda otra cosa! Otra cosa como que se abra el piso y nos engulla, un piso carnívoro… — ¿acaso alguien le prestaría atención a los desvaríos de un ser obviamente desequilibrado… la mayoría de los casos la respuesta era “No”, porque nadie en su sano juicio se detendría a hilar las divagaciones irreales de su locura, nadie tenía la paciencia de detenerse a descifrar el revoltijo de palabras que escapaban como burbujas de su boca… un simple ruido de fondo que la gente "cuerda" ignoraba…

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Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
#10
Las nubes de tormenta estaban desapareciendo del, hasta ahora, tormentoso cielo nocturno y la luz de la luna, oculta todavía por los altos muros de piedra, se empezó a filtrar levemente en el interior del profundo y oscuro foso en el que me encontraba, consiguiendo con ello que mis pensamientos volaran directamente hacia Krysser, preocupado de que la bestia que se escondía en su interior pudiese salir y acabase haciendo algo de lo que se arrepintiese mas tarde.

Ese momento de distracción evito que pudiese hacer caso a Jensen, captando solamente un vago mensaje sobre proteger a la encapuchada y una continuación a los improperios anteriores que explicaban  uno de los motivos de su elevada recompensa. Por lo que, cuando vi como su cuerpo caía abruptamente mientras aun estaba al lado de la encapuchada, lo primero en lo que pensé fue en que el marine se había cansado de ese trato vejatorio y había seguido sus impulsos… o simplemente había acabado por reconocer al pirata y había decidido atacarle por sorpresa.

Pero mi mirada no se dirigió hacia el marine, pues una nueva figura de brillo dorado apareció como de la nada, precediendo a un irónico aplauso y a una característica voz que se burlo del pirata de más de 50 millones antes de soltar una desagradable y sonora carcajada que envolvió todo el área de forma siniestra.

-¿De donde cojones ha salido este tipo? – Pensé mientras orientaba mi cuerpo hacia él y le apuntaba con Sekator, guardando de nuevo mi den den mushi con mi mano izquierda para, acto seguido, agarrar con esa misma mano mi rifle más reciente, descolgándome del hombro y apuntando también con él al hostil desconocido que, en esos momentos, estaba presentándose ante todos nosotros, revelando un nombre que no me sonaba en absoluto… Uoyon-sama. -¿Verdugo?¿Juegos? -Podía ser que hubiese sido una simple forma de hablar, pero esa segunda palabra podía explicar el espejo que se encontraba en la cima y que habíamos sido elegidos para formar parte de un espectáculo en aquel extraño escenario. Un cazarrecompensas, un marine, 2 piratas de recompensas elevadas y 1 desconocida que parecía conocer a uno de ellos… Todo era demasiado raro y había demasiadas piezas que podían encajar con la hipótesis de que eso era un juego orquestado por alguien más y no una simple forma de hablar.

Mientras todo eso pasaba mis compañeros tampoco parecían reaccionar. El mink de más de 100 millones, a casi 40 metros y pegado en la pared contraria, casi a mi misma altura, parecía extremadamente nervioso y asustado, con la aparente intención de acercarse a nuestros improvisados compañeros mientras seguía pegado a la pared y con una actitud que contrastaba con su gran recompensa, aunque quizá fuese porque se había dado cuenta del cielo y temía transformarse si la luna se dejaba ver desde el interior del foso; la encapuchada, de pie y a unos 30 metros de distancia, tapaba  casi por completo mi visión del pirata de pelo largo, por lo que no podía ver como se encontraba; por ultimo y siendo el más alejado a unos 40 metros de distancia, el marine pelirrojo parecía preparado para actuar, pero mantenía su arco esperando una oportunidad. Todos se encontraban entre mi 1:00 y mis 2:00, pasando de derecha a izquierda por el mink, Jensen y la desconocida y siendo el mas cercano a Uoyon-sama el arquero marine.

Pese a que quería dispararle, algo dentro de mi me impedía hacerlo. Era como si mi propio cuerpo se negase a interrumpir el discurso del dorado y desnudo ente que había aparecido ante nosotros y que nos estudiaba cual depredador acechando a su presa, analizando las posiciones de cada uno de nosotros en busca de su siguiente objetivo, algo que yo había hecho múltiples veces y que, en ese momento, me tocaba experimentar desde el otro lado, sabiendo que esa era una batalla en la que lucharíamos por nuestra vida y en la que las negociaciones no serían posibles.

Aunque ese hechizo acabo poco después, cuando el gyojin giro su cuello hacía mi posición, manteniendo sus manos cruzadas a la altura de su pecho y con todos sus dedos entrelazados perfectamente entre si de forma alterna en una pose que denotaba elegancia y superioridad, dando a entender con ello que, pese a la desventaja numérica, tenia la confianza suficiente como para burlarse de nosotros de esa manera.

-Veamos quien juega con quien. – Pensé en voz alta el mismo instante en que nuestras miradas se cruzaron, con mis característicos ojos rojos mirando a través de mi calavérica mascara directamente a los también rojizos ojos de nuestro dorado y brillante verdugo, mientras una sonrisa surcaba mi deformado rostro. Su intento de amedrentarme o provocarme era inútil por su parte. La infancia que había tenido me había otorgado una coraza psicológica capaz de soportar ese tipo de provocaciones y, pese a que sabía que físicamente era bastante débil, confiaba en mi capacidad analítica, mi velocidad y mi puntería lo suficiente como para aceptar esa amenaza de muerte sin que me temblasen las piernas, por muy fuerte que pareciese aquel sujeto.

Ese breve instante pareció durar una eternidad, pero fui yo el que rompió esa falsa tregua con un rápido movimiento de mis negras y grandes alas, que me impulsaron de forma silenciosa en dirección casi perpendicular al muro que tenía a mi izquierda, acortando la distancia con Uoyon-sama para poder tenerle a rango de mis disparos.

-¡Roza! -Alcé mi grave y tenebrosa voz tras recorrer volando a ras de suelo los 8 metros en apenas un instante, situándome a 20 metros del dorado gyojin y apretando el gatillo justo cuando aquella simple palabra que significaba tanto para mi abandonaba mis labios, igual que la bala perforante que había encadenado un rato antes abandonaba a Sekator, directa al costado derecho de nuestro verdugo.

Pero no me detuve ahí. Sabia que mi punto fuerte era la velocidad y no podía permitirme parar un solo segundo, por lo que, justo tras disparar y antes de que la bala llegase a mi objetivo, me impulse hacía el estrellado cielo en un ascenso diagonal, a unos 45º, cambiando la dirección de mi vuelo de forma drástica gracias a la potencia de mis alas, las cuales me elevaron en en apenas un instante casi 3 metros de altura tras haber recorrido 4 metros en los que me seguía acercando a la pared, apuntando tanto con Sekator como con mi nuevo rifle a Uoyon-sama, preparado para continuar mi asedio

Todo ese movimiento buscaba también hacer elegir al gyojin entre sus presas. Por un lado estaba solamente yo y, en el lado opuesto, mis otros 4 improvisados compañeros de aquel juego. Si nuestro dorado verdugo trataba de buscarme con la mirada implicaría que el resto de mis compañeros podrían atacarle desde un punto ciego y viceversa, si se centraba en el grupo me daría vía libre.


Pienso -- Hablo

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 932 + 0 = 932
Energia: 1095 - 201 = 894
Espiritu: 222 + 0 = 222


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