El lunarian de la mascara de hueso [pasado]
#1
Nuevamente nos encontramos y nuevamente soy portador de malas noticias, mi querido lector. Tras una larga vida, he visto todo lo que le ha pasado el pequeño Fyodor y sólo narro esta historia porque he sido contratado para hacerlo y únicamente la promesa que le hice a un ser muy querido me da fuerzas para continuar y narrar los horrores que están por llegar.

Podría relatar que el viaje de Fyodor en aquella embarcación fue breve y apacible, pero al hacerlo os mentiría. La bajeza moral de la tripulación comandada por Dragov era tal que, aún a día de hoy, sigo sintiendo náuseas al recordar lo que pasaron Fyodor y la veintena de niños que, junto a él, vivieron lo más parecido al infierno en la tierra. Pese a todo, Fyodor tuvo un pequeño golpe de suerte y fue el único afortunado que, debido a su monstruoso aspecto, cambiaba los abusos sexuales por más palizas y una tortura psicológica que le dejó varios traumas que le llevo años superar.

Como espero que entendáis, todo tiene un límite y tanto por mi salud mental como mi preocupación por el bienestar de la vuestra, no me permiten narrar los hechos acaecidos en aquel navío. Dicho lo cuál, saltaremos esos 5 meses en el interior de aquel navío y, al igual que ellos, atracaremos en uno de los puertos de Kutsukku, lugar en el que Fyodor empezaría a ver algo de luz en su vida... aunque tardaría unos años en llegar.

Capítulo 3: Nueva vida.

Año 4

-Tiempo sin verte, Dragov-hebi. ¿Cómo ha ido la cosecha-hebi? - Una lúgubre voz surgió de las sombras, precediendo a un espigado hombre de ojos afilados, con el curtido rostro cubierto de cicatrices y con un brazo de metal oxidado que le daba un aspecto aún mas tenebroso.

-No me lo recuerdes, Drey. Llevo más de un año fuera de casa. - Respondió mientras le estrechaba la mano buena con la alegría y entusiasmo del que ha visto a un viejo amigo. - Sólo hemos perdido a 3 esclavos. Hacía tiempo que no veía una cosecha tan dura. - Continuó mientras se giraba hacia los niños, muertos en vida y sin ninguna emoción en sus ojos.

-No está nada mal-hebi. - Respondió mientras paseaba por delante del grupo de niños, observándolos sin que se le escapará ni un solo detalle para tratar de encontrar algún defecto por el que alguno le saliese más barato. -¿Qué le pasa a este-hebi? - Preguntó tras pararse enfrente de Fyodor, que llevaba una bolsa de lino ensangrentada tapándole la cabeza y con dos pequeños agujeros asimétricos a la altura de los ojos, los cuales seguían ocultos en la oscuridad de la bolsa.

-Ese ya está vendido. Lo de la bolsa es para no tener que verle la cara. - Dragov se acercó tranquilamente, haciendo crujir el suelo del embarcadero bajo sus pies debido al peso del martillo que portaba en su espalda. - Además, la pequeña rata voladora tiene algo que te pone los pelos de punta. Mira. - Concluyó antes de levantar la bolsa, revelando el rostro de Fyodor, hinchado y cubierto de sangre seca debido a las palizas recibidas, a un Drey que, al momento de verle, retrocedió instintivamente mientras se llevaba su mano buena a la cintura, agarrando firmemente su oxidado revólver pero sin llegar a desenfundarlo.

-¿De dónde mierda has sacado esa cosa-hebi? - Preguntó todavía algo alterado mientras se recomponía, sintiendo un escalofrío por toda su columna al mismo tiempo que veía como Dragov, el cual se estaba aguantando la risa, volvía a tapar el rostro de un Fyodor que no se había movido ni un centímetro.

-Era un esclavo en Roshwan, donde lo usaban para calentarse. No se que pacto diabólico harían allí para tener a semejante monstruo, pero me pagaron para que me lo llevara, así que no hice preguntas. - Mintió antes de agarrar a un niño más pequeño que Fyodor, situado a un par de metros. - Este de aquí no me sirve para nada. Puedes llevártelo y vendérselo a los de Landvik en Gear, que seguro que te lo cambian por una reparación en ese brazo. - Añadió mientras el niño, con la mirada perdida y una ostensible cojera, avanzaba hacia el espigado guardián del puerto.

- Perfecto, aunque quizá me divierto antes con él-hebi. Hace mucho que no tengo un esclavo y llevo semanas con esta chatarra pegada al cuerpo, puedo aguantar un par de días más-hebi. - Concluyó tras examinar de forma desagradable y minuciosa el cuerpo del niño, que seguía inmóvil y con la mirada perdida, al igual que el resto de pequeños esclavos que se habían puesto de nuevo en marcha tras un pequeño silbido por parte de Dragov.

-Haz lo que quieras. Si necesitas cualquier cosa Petrov está en el barco como mi segundo. A Yuri tuve que matarle cuando le pille vendiendo un esclavo a mis espaldas. - El brazo de Dragov se alzaba en el aire en señal de despedida, perdiéndose en la neblina nocturna mientras el pequeño grupo de esclavos le seguía, destino a los que serían sus nuevos hogares.

3 horas después sólo quedaban el viejo Dragov y Fyodor, que paseaban en silencio por las oscuras calles formadas por los restos de miles de barcos, sobre los que se alzaba ahora aquella isla que se había convertido en poco más que un vertedero de la maldad humana.

-Espera aquí. - Fue lo único que dijo Dragov antes de adentrarse en una edificación de 3 plantas de altura, parecida a una gran nave industrial abandonada.


El crujir de la madera y chatarra que conformaban ese casi abandonado puerto era lo único que se podía escuchar en esa apacible noche de luna llena. Dragov, un fornido anciano, con una barba y peinado cuidados al milímetro y vestido con un impoluto traje que contrastaba con el gigantesco martillo que llevaba colgado a la espalda, escoltaba el pequeño grupo de niños que, encadenados unos a otros, bajaban en fila y con la cabeza gacha del barco que había sido su prisión e infierno particular durante los últimos meses.

Minutos después, con Fyodor justo en el mismo lugar, salió Dragov acompañado de un hombre bajito, sin nada de pelo en su rostro, manchado de una especie de polvo negro por todo el cuerpo y con un implante ocular en su ojo derecho en el que destacaba una lente telescópica con la que estaba analizando al pequeño Fyodor.

-Nos vemos. - Se despidió, continuando recto y desapareciendo en la oscuridad de la noche junto a su martillo, silbando una característica melodía mientras dejaba al pequeño Fyodor con su nuevo amo, el cual no era mucho más alto que el joven lunarian y en esos momentos estaba agarrando firmemente del brazo a Fyodor, introduciéndole sin que este opusiera resistencia en la vieja nave y sin quitarle la bolsa de la cabeza.

-Dragov ya me ha dicho que puedes trabajar sin tener que quitarte esa bolsa. - Los pasos del pequeño hombre eran rápidos, lo que obligaba a Fyodor a acelerar el paso mientras se guiaba por su excelente vista para no tropezarse. - Únicamente se te permitirá quitarte la bolsa cuando vayas a comer y lo harás en una habitación apartado del resto. - Continuaba el dueño de aquella nave mientras seguía avanzando por el laberíntico edificio junto a un obediente Fyodor que no emitía sonido alguno. - Mañana te supervisaré y podrás cometer 3 fallos montando las balas. Al siguiente fallo no estaré ahí y te explotará en las manos. - Advirtió con tono severo antes de abrir con llave una última puerta, que daba a una pequeña habitación repleta de literas donde en esos momentos se encontraban durmiendo el resto de trabajadores que en realidad eran otros esclavos. - A las 6 de la mañana empezamos. - Concluyó antes de empujar a Fyodor al interior de la habitación y volver a cerrarla con llave, dejando al lunarian tirado en el sucio suelo, inmóvil mientras empezaba a asimilar todo lo que estaba pasando y que se había librado de Dragov y sus hombres, sintiéndose con ello el niño más afortunado del mundo en aquella nueva vida que le esperaba.



Puede que penséis que llamar afortunado a Fyodor es un insulto a la inteligencia. Ambos hemos visto como ha sido un esclavo desde el día que nació, sufriendo múltiples maltratos, tanto físicos como psicológicos, desde que tenía uso de razón. Pero todo ese camino le había llevado a un sitio que, si bien atemorizaría a cualquier niño de su edad, para Fyodor se convertiría en el desencadenante de una de sus mayores aficiones y en el paso previo a encontrar lo que sería su primer y auténtico hogar, con el cálido y genuino amor de una verdadera madre. Pero no adelantemos acontecimientos, querido lector, y disfrutemos del camino que llevará a Fyodor a ser alguien tan peculiar.



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#2
“El destino puede llegar a ser cruel y caprichoso, pero la justicia es inherente al mismo y, por mucho que tarde en llegar, todo acaba en el lugar que merece."

Querido lector, si alguien le hubiese dicho esta frase al joven Fyodor, lo más seguro es que hubiese recibido una mirada de advertencia que habría equivalido a un puñetazo en la cara por parte de alguien con menos sangre fría para controlar sus impulsos. Pese a eso, yo si estoy de acuerdo con esa frase y sé de buena tinta que el Fyodor adulto también lo estaría. Pero todos hemos sido jóvenes y la dureza con la que se había criado el joven lunarian hacía que viera el mundo con unos ojos completamente diferentes, aunque, afortunadamente, esta visión del mundo no duraría mucho más.


Capítulo 4: Día de suerte.

Año 12

Los años fueron pasando en aquella fabrica y Fyodor, ahora un joven de 14 años, había visto como su cuerpo y mente habían madurado en extremo debido a la dureza del entorno en el que se encontraba. Había crecido hasta alcanzar el 1,60 metros, aunque la falta de los nutrientes necesarios durante su niñez le habían dejado un cuerpo más delgado de lo normal, por no hablar de la diferencia de tamaño respecto a los Tsvetnik, lo que le hacía verse más pequeño. Por otra parte, la ausencia de sol le había provisto a su piel de un extraño tono que, junto a su extraño cuerpo y la sucia bolsa de lino que cubría su cabeza, le daba un aspecto digno de película de terror.

-¡Fyodor!¡Tu turno! - El grito del pequeño capataz, el mismo que le había recibido hace casi 8 años, se sobrepuso al ruido de la fábrica, haciendo que Fyodor guardara las herramientas en su cinturón y, tras colocar una última bala en su cajetilla correspondiente, se levantara, cargando como todos los días la pesada caja que contenía lo necesario para fabricar aquellas balas, y fuese caminando a la misma habitación que le había sido asignada al poco de llegar.

En el trayecto tuvo que esquivar a varios de sus compañeros, los cuales volvían tras haber comido y seguían tratando a Viktor de manera indiferente, como si fuese un fantasma al que no podían ver.

-Hoy tienes 4 horas y más te vale pasarlas en tu cuarto. Tenemos una visita importante que me puede abrir las puertas de los revolucionarios y no quiero que te vean. - Aclaró el pequeño capataz cuando Fyodor, tras subir los dos pisos de escaleras, paso por su lado, haciendo tintinear los materiales del interior de la caja debido al cansancio acumulado por la carga que llevaba.

-Perfecto. Esperaré allí hasta que mandes a alguien. - Respondió antes de abandonar la sala principal de la nave y adentrarse en los laberínticos pasillos que conducían a su habitación.

Unos minutos después, y con las piernas cansadas por la carga, Fyodor llegó a la puerta de su habitación, pudiendo abrirla con sólo apoyar sus grandes alas sobre ella debido a la falta de cerraduras. Una vez dentro y tras cerrar la puerta con el las alas, Fyodor dejó la pesada carga en el suelo antes de proceder a estirar los agarrotados músculos y tirarse en el sucio colchón que era su cama y que ocupaba casi enteramente aquella pequeña habitación, iluminada únicamente por los agujeros en el techo que dejaban pasar unos pocos rayos de luz.

-Por fin... - Suspiró cansado mientras se quitaba el saco de lino de la cabeza, dejando ver su deformado rostro y un largo, enmarañado y sucio cabello que le daba un aspecto más aterrador. Aunque lo que más destacaba era el extraño collar que portaba en su cuello y que le tenía retenido en aquella nave, pese a que no tenía pensado escapar de allí.

Tras unos minutos de descanso, Fyodor se reincorporó, sentándose al borde del colchón y buscando el plato de comida que había dejado preparado por la mañana y que ya debería estar listo.

-¡Hoy tengo suerte! - Una sonrisa cruzó su monstruoso rostro mientras agarraba velozmente las tres enormes cucarachas que estaban en el interior del plato de gachas mohosas, dándose un festín sin saber el cruel destino que les esperaba y que ya había sellado Fyodor tras aplastarles la cabeza con sus dedos. - Una al bote y las otras dos al buche. - Dijo alegre antes de meterse dos de ellas, manchadas con las mohosas gachas todavía, en la boca surcada por afilados colmillos y empezar a masticar mientras agarraba una pequeña y vieja botella de metal de su cinturón y guardaba en ella la tercera cucaracha que se reunía así con otra decena de insectos muertos que había ido recolectando esa semana.

Tras ese peculiar picoteo, Fyodor procedió a agarrar dos grandes y pesadas bolsas del interior de la caja, las cuales tintinearon con un característico ruido metálico en cuanto aterrizaron en el suelo, junto a los pies del pequeño adolescente. Por último, el joven lunarian procedió a sacar con cuidado una bolsa negra, mucho más pequeña que las otras dos y repleta de polvora, dejándola con delicadeza sobre el sucio colchón antes de preparar las herramientas de su cinturón.

Durante estos casi 8 años sólo había tenido que hacer una cosa. Fyodor, siguiendo unos planos ya definidos y tras copiar el movimiento de sus compañeros, se encargaba del montaje de los diversos tipos de munición que encargaban a la fábrica. En ese tiempo había aprendido bastantes cosas sobre armas y municiones, pero lo que más le había impactado era el gusto por esas creaciones y el haber descubierto todo el potencial que tenía gracias a su particular capacidad para analizar el montaje de las balas y que, junto a unas manos que había ido entrenando durante todo ese tiempo y una vista prodigiosa, le permitía trabajar sin necesidad de ver bien lo que estaba haciendo. Por otra parte, la memoria eidetica que tenía le permitía recordar todos los diseños que se le habían presentado con solo haberlos visto y replicado una vez, lo que le convertía en uno de los esclavos más eficientes de la fábrica.

Casi 3 horas después y con toda la munición ya montada, Fyodor se había recostado sobre su mohoso colchón, jugando con una bala entre sus dedos mientras veía a las moscas revolotear por su habitación y que, al igual que las cucarachas, acabarían terminando en su estómago.

-¡Nos hemos perdido!. Te dije que no tendríamos que habernos separado de Leo. – Una infantil voz con tono de preocupación llegó a los oídos de Fyodor, que, como de costumbre, procedió a buscar la bolsa de lino para ocultar su rostro de los demás.

-Shhhhhh. El otro día escuché como Leo le advertía a padre de que había un monstruo en esta fábrica. – Replicó una voz igual de infantil pero con un tono mucho más seguro.

Esto provocó que Fyodor, cansado de todo aquello, se quedará inmóvil, guardando silencio absoluto y esperando que aquellos invitados cruzarán aquel pasillo sin abrir su puerta. Aunque la fortuna es caprichosa y, justo cuando estaban pasando por delante de la habitación de Fyodor, una ráfaga de viento abrió con violencia la puerta, mostrando a los niños la imagen de una esquelética criatura de afilados colmillos, piel oscura, rostro monstruoso, grandes alas negras y ojos rojos como la sangre mirándoles directamente al alma.

-¡AHHHHHHH! - El grito de ambos niños invadió todos los rincones de aquella desértica planta, aunque eso a un Fyodor que ya estaba acostumbrado a esas reacciones no le importaba y estaba cubriéndose de nuevo el rostro con la vieja y sucia bolsa de lino.

Segundos después de levantarse ya con la bolsa puesta y antes de que Fyodor pudiese cerrar de nuevo la puerta de su cuarto para ahogar el grito de los niños, una imponente figura apareció de la nada detrás de los dos pequeños intrusos, que seguían gritando aún más fuerte tras el movimiento de Fyodor, sin poder moverse del sitio e ignorando la aparición del nuevo sujeto que, sin advertencia previa, pateó con fuerza el estómago al joven lunarian, consiguiendo con ello que su pequeño cuerpo saliera volando hasta impactar violentamente con la pared del fondo de su habitación, rompiéndole un ala y un par de costillas en el proceso y haciendo que la bolsa de su cabeza se cayera al sucio suelo.

-Como muevas un solo músculo te pego un tiro en esa cara de mierda que tienes. – La advertencia del desconocido y el dolor que recorría todo su cuerpo consiguieron que Fyodor se quedará completamente paralizado sin saber como reaccionar, tumbado en el suelo mientras se agarraba el costado del dolor y con el rostro pegado al sucio suelo mientras un hilo de sangre le salía de la comisura de sus labios. – Ya hablaré con vosotros dos. De no ser porque me habéis hecho ganar 100.000 berries, yo mismo os encerraría con esa cosa. – Continuó, haciendo callar a los dos niños mientras se adentraba en la pequeña habitación.

-N-n he hecho nada.– Logró articular Fyodor tras haber recuperado algo de aire y con un miedo que no sentía desde que abandonó el barco de Dragov, viendo como un hombre de rostro duro, de casi 2 metros y vestido con un uniforme militar de camuflaje marron, se acercaba calmadamente.

-Entiéndeme. No puedo dejar que aterrorices a los críos de mi jefe y no te pase nada. – Respondió, echando un vistazo a la habitación y agarrando del suelo la pequeña bolsa de pólvora, donde todavía quedaba un poco de aquella volátil sustancia. – Esto es una cuestión de respeto. No es personal. – Continuó, agachándose y usando su mano libre para agarrar con fuerza el sucio cabello de Fyodor, levantándole el rostro del suelo y viendo cómo era en realidad el monstruo del que había oído hablar. – Esperadme al final del pasillo. – Sentenció con voz firme a los 2 niños mientras mantenía la mirada a un Fyodor que, debido a todo lo que había pasado en su niñez, sabía que no podía decir ni hacer nada para evitar lo que estaba a punto de suceder.

Los niños abandonaron sin decir una sola palabra la escena. Sabían de las habilidades de Leo y los motivos que habían llevado a su padre a contratar sus servicios de protección.

-No me gustan nada ni tu mirada ni tu cara... Tienes que sonreír más y ser más amable con los desconocidos. -Empezó mientras sacaba una navaja y cortaba ambas comisuras de los labios de Fyodor para dibujarle una sonrisa, ignorando los gritos de dolor y pataleo del pequeño. -Ya te he ayudado con la sonrisa, pero ahora tengo que arreglar lo del susto que le has dado a los pequeños  y estaremos en paz. – Aclaró con un tono más amable mientras levantaba aún más el ahora ensangrentado rostro de Fyodor, guardando la navaja teñida de rojo antes de agarrar la bolsa de pólvora de Fyodor, usando sus dientes para abrirla. - Te aconsejo que cierres la boca. – Continuó el guardaespaldas antes de verter el poco contenido de pólvora que quedaba sobre la cara de Fyodor, dejando mayor cantidad en la zona de la nariz.

Lo siguiente que vio Fyodor fue un fogonazo de luz seguido de un dolor indescriptible que, instantes después, desvaneció la consciencia del joven Lunarian de cara completamente desfigurada y que yacía en el suelo completamente inmóvil. Su verdugo, por otro lado, abandonaba tranquilamente la escena del crimen, sin remordimientos y dejando la vacía bolsa de pólvora encima del cuerpo de Fyodor.

Casi tres horas después, con Fyodor completamente inconsciente, el pequeño dueño de la fábrica paso a buscarle, encontrándose aquella macabra escena y viendo cómo su mejor trabajador ahora yacía casi sin vida sobre un charco de sangre y trozos de carne mutilada.

Las maldiciones del dueño no dejaron a ningún familiar libre de culpa. Viendo la escena cualquiera creería que Fyodor había sido el único culpable de aquel accidente por manejar mal la pólvora y el dueño, sabiendo que tratar de curar a Fyodor le saldría más caro que comprar y adiestrar a un nuevo esclavo, supo que tendría que desmontar el caro collar explosivo y volver a arrastrar un cadáver hasta la fosa común que usaban los miembros de los bajos fondos de aquella zona de la isla para deshacerse de los problemas.

Los siguientes recuerdos de Fyodor fueron confusos. La consciencia le iba y venía de forma intermitente, dejándole únicamente fotografías muy borrosas de un entorno que nunca había visto y, como era de esperar, terminando con el pequeño dueño de la fábrica tirándole a una montaña de cadáveres en diferentes estados de descomposición, mientras un leve ruido salía de la garganta de un Fyodor que no tenía fuerzas para pedir ayuda y que, debido a los daños recibidos en los párpados y ojos, no podía parar de ver a los cadaveres.

-No te rindas, pequeño. – Fyodor no sabía cuánto tiempo había pasado en esa montaña de cadáveres, pero la voz de una mujer logró sacarle momentáneamente del letargo en el que se encontraba, viendo acercarse lo que parecía ser la borrosa figura de una monja que, cargando una gran bolsa a su espalda, bajaba la montaña de cadáveres ágilmente.
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#3
Me alegra volver a veros. Espero que hayáis repuesto las provisiones para continuar, puesto que de nuevo nos hayamos ante otro día clave en el pasado del joven Fyodor. Aún así, en este nuevo día, tenemos 2 grandes diferencias con los que os he estado relatando en los capítulos previos. De todas formas, sentíos libres de poder saltaros los párrafos siguientes y empezar directamente en el capítulo, puesto que relataré a continuación esas diferencias y se revelará ahí una parte importante del mismo.

Si has decidido continuar no seré quién para negarte el capricho de este pequeño spoiler. La primera de estas diferencias es la más importante en el desarrollo personal de Fyodor. En este día por primera vez podrá sentir en sus propias carnes el genuino calor y afecto de una auténtica familia. Siendo el descubrimiento de este amor el punto clave en la evolución del pequeño lunarian y lo que impidió que tomara una senda llena de odio y rencor por el mundo.

La segunda, más anecdótica bajo mi humilde punto de vista, es el tiempo que transcurre desde el capítulo anterior, pasando apenas una semana entre los hechos acaecidos en el capítulo previo y los que estoy a punto de narrar a continuación, acercándonos cada vez más al final de este viaje en el que nos hemos embarcado y al auténtico inicio de la aventura de Fyodor.

Una vez aclarados estos dos puntos procedo a desaparecer nuevamente tras mi teclado, dejando que volváis a sumergiros en el pasado de Fyodor.



Capítulo 5: Familia
Año 12

Los ruidos de una rudimentaria máquina de oxígeno era lo único que se oía en aquella habitación, iluminada tenuemente por una pequeña lámpara de aceite colgada en la pared, permitiendo con ello que su luz bañase la cama sobre la que Fyodor, conectado al respirador, se recuperaba del ataque que había sufrido hace una semana y que le había dejado al borde de la muerte.

Las medicinas que le habían dado estaban empezando a dejar de hacer efecto, provocando con ello que, dentro de la cabeza de Fyodor, empezará a librarse una pesadilla que le acompañaría y atormentaría el resto de su vida y que, en esos momentos, estaban empezando a provocar una serie de espasmos musculares en el cuerpo de Fyodor, tratando de huir de la montaña de cadáveres que le perseguía en sus pesadillas.

No pasó ni un minuto antes de que despertara cubierto de sudor frío, incorporando su torso violentamente y tirando con ello el respirador que, pese a la brusquedad del movimiento, permanecía conectado a un Fyodor que miraba atontado a todas partes, restregándose los ojos con la palma de la mano para intentar solucionar lo que pensaba que era un problema ocular que le provocaba alucinaciones.

Como era de esperar, el ruido del respirador cayendo al suelo alertó a los habitantes del lugar en el que se encontraba, pudiendo escuchar sus pasos acercarse velozmente.

- “¡Busca a mamá! Dile que el chico ya se ha despertado.” -Un joven de edad similar a Fyodor, vestido con ropa vieja llena de remiendos, de piel rojiza y con unas agallas cruzando su cuello a ambos lados, se adentró en aquel cuarto sin vacilar. – "¡Wow! Tranquilo. No hace falta que vayas tan rápido.” – La calmada voz del chico hizo que Fyodor se fijara en él, teniendo de nuevo aquella especie de alucinación en las que podía ver a través de las cosas y viendo en esos momentos como un esqueleto diferente al resto se acercaba y trataba de ponerle las manos en la cara.

Fyodor, motivado por la reciente fobia que se había arraigado en el interior de su subconsciente, actuó por instinto y se arrancó el tubo que seguía conectado a su boca para, instantes después, evadir al chico y salir corriendo sin importarle nada más.

- “¡Al próximo le ato a la cama!” -Llegó a escuchar Fyodor nada más abandonar aquella habitación, dejando en ella al chico maldiciendo en una lengua que no conocía.

Los siguientes minutos fueron un caos dentro de aquella casa. Fyodor seguía sufriendo de aquellas extrañas visiones, haciéndole chocar con paredes y ver como una decena de esqueletos de niños de diversas edades le perseguían mientras gritaban que se detuviera. Pese a todos esos inconvenientes Fyodor parecía haber dado con la salida, lo que le habría permitido escapar de aquella casa de no haberse encontrado de frente con lo que pensaba que era un esqueleto que le sacaba una cabeza y que había aparecido ante el para fundirse en un abrazo sincero y compasivo, capaz de reconfortar a cualquiera.

- “Ya pasó pequeño.” – Empezó una dulce voz que se le hizo familiar a Fyodor mientras una suave y delicada mano acariciaba el rostro del asustado lunarian, inyectandole sin que se diera cuenta una medicina y arreglando con ello las alucinaciones que sufría, permitiéndole ver que la persona que le estaba abrazando no era un esqueleto. – “Todo va a estar bien.” – Continuó la monja, de unos 40 años, mientras Fyodor, el cuál nunca había sentido algo así, empezaba a llorar al mismo tiempo que se hundía más en aquél abrazo.

Una media hora después Fyodor se encontraba sentado en la misma cama en la que había despertado, apreciando más los detalles de esa habitación y dándose cuenta del crucifijo con 14 alas que estaba colgado encima de la cama, el cuál era el mismo que colgaba del cuello de la monja que estaba tratándole en esos momentos.

- “Tu boca y nariz no he sido capaz de reconstruirlas. Aunque seas lunarian es la primera vez que veo una estructura facial como la tuya y eso me complicó mucho las cosas, pero pude detener la hemorragia y reconstruir hasta cierto punto.” - Comenzó con tono tranquilizador la monja mientras miraba los ojos de Fyodor sin apartar la mirada, como si fuera inmune al efecto que estos provocaban en los demás. – “Tus ojos, en cambio, sí que he podido salvarlos. El hecho de que tengas esas alucinaciones se debe a que tuve que utilizar una medicina bastante agresiva para poder regenerar las diferentes partes dañadas que no se podían salvar en la cirugía. En unas semanas se habrán terminado los efectos secundarios y dejaras de tener alucinaciones, pero hasta entonces tendrás que tomarte estás pastillas 2 veces al día.”– Finalizó mientras sonreía amablemente, sacudiendo con una mano el de blanco pelo de un Fyodor que no sabía cómo reaccionar y únicamente volvía a tapar la mitad inferior de su rostro con la misma camiseta llena de remiendos que llevaba puesta.

- “¿Por qué?” -Fue lo único que pudo articular un Fyodor que estaba sin palabras, mirando atónito el amable rostro de la monja, incapaz de creer que existiera alguien con un corazón tan puro en el mundo.

- "No necesito un motivo. Todos los niños que necesitan ayuda son mis hijos y una madre no necesita motivos para ayudar a sus hijos.” - Aclaró antes de volver a fundirse en un cálido abrazo con Fyodor, el cual no pudo contener las lagrimas mientras respondía abrazando también a su salvadora.

Las siguientes horas fueron un caos para el joven lunarian. Fyodor, que ya se había hecho con una vieja bufanda, se convirtió en el centro de atención de todo el orfanato, encontrándose a una veintena de niños de diversas razas que querían saber cómo había sido su vida antes de ser rescatado por su madre. Al final, sobrepasado por toda esa situación, acabo escapando con la excusa de ir al baño. Saliendo por la ventana del mismo y subiendo hasta el campanario de la iglesia que era su nuevo hogar.

Las vistas de aquel sitio no eran bonitas. Una explanada de chatarra y madera podrida, con varias ratas correteando por ahí, era todo lo que rodeaba al edificio en 1 km a la redonda. Pero para Fyodor, que había pasado toda su vida encerrado, el sentir el viento y la cálida luz del sol del atardecer en su piel era suficiente para reconfortarle y hacerle sentir vivo.

- “No se lo tengas en cuenta. En un par de días ya no estarán tan pesados.” – La voz de uno de los huérfanos rompió el hechizo en el que se encontraba Fyodor, haciéndole dar un respingo y levantarse para darse la vuelta y ver a un gyojin, de una edad similar a la suya, acercarse sin hacer ni el más mínimo ruido al caminar. – “Soy Ell. El que fue a buscarte cuando despertaste.” - Aclaró con una gran sonrisa en su rostro mientras levantaba su puño a la altura del pecho en forma de saludo, esperando que su nuevo hermano lo chocará.

- "Fyodor.” - Respondió mientras chocaba puños algo extrañado y sintiendo al momento una corriente eléctrica por todo su brazo que ocasionó que la llama de su espalda aumentase levemente mientras un cosquilleo recorría todo su cuerpo..

- “¡Mola! Yo soy un gyojin anguila eléctrica, así que puedo generar electricidad.” – Aclaró con una amplia sonrisa el joven gyojin, sentándose y apreciando el mismo paisaje que había estado viendo Fyodor instantes antes.

- “No pensaba que volvería a ver razas asi.”– Fyodor seguía de pie, con una sonrisa igual de amplia oculta bajo su bufanda, agitando sus alas mientras su llama volvía al tamaño común.

- “Mamá estuvo comentando algo de que eras un lunático o algo así durante la operación. Yo no sé cómo lo hacéis vosotros para generar fuego, pero cuenta conmigo para ayudarte.” – Concluyó alegre, viendo cómo un ilusionado Fyodor se sentaba a su lado, dispuesto a disfrutar de aquél atardecer con su nuevo hermano y, sin forzarlo, empezar a crear unos lazos de auténtica hermandad.
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