[Pasado] Nombre cambiante
#1
23 de primavera, año 6
Bosque umbrío, Toroa, West Blue

El tiempo es un océano en la tormenta.
Ocho años habían pasado desde que madre tomó la radical decisión de cortar lazos con su esposo y, de paso, cortar su capacidad para hablar. Desde entonces se había convertido en un cascarón vacío y, como si de un tabú se tratase, jamás se volvió a hablar del tema. Ni se mencionó aquella fatídica noche ni el motivo de la disputa entre mis protenitores. Padre no volvió a preguntar ni a buscar respuestas en su esposa y se dedicó, incansablemente a beber y hacer de la vida de su mujer un infierno. La cama que acompañaba a la mía fue desmantelada sin explicación y mi pequeña habitación creció, pudiendo practicar con mi wakizashi de manera tosca en días de invierno cuando el tiempo no acompañaba para salir al exterior, eso sí, solo cuando padre no estaba. Cuando Raze estaba en casa era una prohibición máxima que cualquier arma fuera empuñada por nadie y esa norma se pagaba con la muerte si era necesario. Sabía que mi padre no bromeaba con eso pues su agresividad había ido en aumento y sumado al alcoholismo, era perfectamente capaz de llevar a cabo sus amenazas.

Yo por mi parte había pasado ocho años solo. En absoluto silencio pues, por alguna razón sabiendo que madre no podía hablar, había tomado la decisión de comunicarme con ella como ella misma podía hacerlo: con señas y signos, con caricias y el tacto, con esa mirada triste y casi inexpresiva que me miraba como diciendo “huye de aquí”. Pero no hay hombre que se respete si abandona a su madre, o eso pensaba, apoyado en un tocón en el bosque mientras descansaba del entrenamiento. — Habría que volver a casa… — pensaba mirando al cielo, viendo como el sol comenzaba a caer peligrosamente hacia la línea de árboles del bosque y amenazaba con dejarme a oscuras mientras nubarrones negros se comenzaban a arremolinar sobre mi pueblo. — Bien… — me erguí y dejé en su sitio -un árbol cercano a mi zona de entrenamiento, cuyo tronco tenía una cavidad- mi wakizashi para volver a casa sin él y evitar la cólera de padre — … cena, leo algo y a dormir pronto. Mañana quiero buscar algo para madre y alegrarle su día. — me decía a mi mismo, como una nota mental, mientras comenzaba a caminar a casa.
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#2
24 de primavera, año 6
Bosque umbrío, Toroa, West Blue

Lamentablemente, el día no comenzó como otro cualquiera. Ni siquiera teniendo en cuenta que era el día de madre. Hacía años que estaba sumida en el más profundo silencio y que, por más que intentaba alegrar su vida, se había vuelto más un cascarón vacío que una mujer fuerte como fue en su día. La pena me invadía cuando la veía pasear por casa sin más pretexto que completar una, dos o las tareas que se hubiera puesto y después matar el tiempo mirando por la ventana como si el mundo fuera de su hogar fuera ajeno a ella. Como si el mundo fuera un lugar desconocido y vedado. Me mataba verla así.

Durante la madrugada, cerca de las cinco de la mañana, escuché un ruido. Una serie de golpes rápidos y finalmente, uno que reconocía perfectamente como era la puerta de mi hogar cerrándose bruscamente. Me levanté aturdido por la sorpresa y busqué por casa. — ¡MADRE! — gritaba sin encontrar respuesta de ningún tipo al no ver a mi madre en casa. — Padre... — tampoco Raze estaba en casa. Las botas de padre no estaban al lado de la puerta y con eso, entendí perfectamente lo que estaba pasando. Raze, en su locura se había llevado a mi madre a algún sitio para cumplir de una vez por todas sus amenazas. — No serás capaz. — dije entre dientes mientras me ponía mis botas apresuradamente y salía corriendo de casa, solo ataviado con unos pantalones amplios y una camisa blanca lisa que usaba para dormir. En dirección al bosque donde dejé mi arma de prácticas, no paraba de pensar en dónde la habría llevado. Solo tendría una oportunidad y, por alguna razón sentía que tenía la respuesta.

— Aquí estás. —  dije asiendo con fuerza y rabia mi wakizashi oxidado para dirigirme al acantilado donde acostumbraba a ver el ocaso de niño con madre, donde tenía la sensación que estarían. O eso deseaba con toda mi alma. — Por favor, déjame llegar a tiempo. —
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#3
24 de primavera, año 6
Bosque umbrío, Toroa, West Blue

Y si, pude llegar. Y al hacerlo observé a padre forcejear con madre usando su diestra, mientras en la zurda portaba su icónica y olvidada arma. Una katana negra como su alma, un arma heredada de la familia de madre, que por alguna razón había caído en sus manos ineptas. Nunca había visto a padre usarla, pero deducía que por torpe que fuera, si el arma era meramente funcional podría con facilidad acabar con la vida de cualquier persona desprotegida como madre. Ambos se acercaban al acantilado peligrosamente mientras madre golpeaba como podía el brazo de mi progenitor intentando liberarse de su agarre. Sin mediar una sola palabra, como si supiera lo que había que hacer por alguna configuración genética que no comprendía, corrí. Corrí hacia padre hasta estar a unos centímetros a su espalda y, aprovechando la furtividad de mi llegada, golpeé con el wakizashi romo a su cabeza, en el lateral derecho, intentando tumbarlo de un solo golpe. El impacto resonó a hueso roto y, si bien soltó a madre inmediatamente, el antiguo pirata rotó hacia el lado cayendo de bruces y levantándose a duras penas para mirarnos con inquina.

— ¡No vuelvas a acercarte a ella! — vociferé mientras me interponía entre ellos y apuntaba a padre con la punta del wakizashi, dispuesto a absolutamente todo. El hombre, cada vez más golpeado por los años y en un estado físico deplorable tensó la musculatura mientras adelantaba la pierna izquierda para prepararse — ¡HARÉ LO QUE QUIERA MIENTRAS ESTA SEA MI CASA! — gritó como un lobo enrabietado, babeando y balcuceando con evidente muestra de embriaguez. Con ese mismo impulso que parecía haberme movido a salvar a madre de pequeño, corrí hacia padre con mi arma en la mano, dispuesto a lanzar un potente golpe a su cara en el mismo lugar que antes. El hombre, quizá por el alcohol en su torrente sanguíneo, o quizá por algún designio de la espada que no podría compender entonces, intentó desenfundar la negra katana sin éxito. Su hoja se resistió en la saya y, por más que tiró del mango esta no se liberó, provocando que cuando alcanzara su posición estuviera desprotegido y recibiera un impacto terrible en la cara y cayendo de espaldas escupiendo varios dientes. — Este ya no es tu hogar. No lo fue desde que pusiste una mano encima de ella. Vete y no vuelvas a aparecer, o la próxima vez terminaré lo que he empezado. — sentencié amenazando mortalmente a mi padre sin temor en mis palabras mientras daba un par de pasos atrás para posicionarme con el wakizashi. Tras levantarse lentamente, se giró y comenzó a andar en dirección al bosque. — Un día lo comprenderás, muchacho. Y ese día la odiarás como yo. —  dijo mientras se marchaba. — ¡Y deja esa espada! ¡Le pertenece a ella! — grité. El hombre se paró y soltó el arma para, acto seguido continuar andando hasta desaparecer de nuestra vista. Yo me acerqué a buscar el arma y volví con madre, quien estaba llorando al borde del acantilado, poniéndome en cuclillas.

— Ya ha pasado todo, madre. No volverá nunca, te lo prometo. — dije con toda la seguridad que mi corazón podía proporcionarme, intentando ser el apoyo emocional que requería ella. — Ten, es tuya, guárdala de nuevo. — dije entregando la espada negra a mi madre, quien negó con la cabeza mientras apoyaba su palma en la saya cerca de la guardia y la empujaba hacia mí, sonriendo de manera triste y forzada. — Yo… ¿tiene… nombre? — pregunté, sin saber realmente qué decir. Ella asintió, aumentando más su sonrisa y, usando su pulgar, liberó su filo, incitándome a descubrir la primera porción de esta. Me sorprendió que la katana, con unos dedos tan delicados como los de madre, y sin ningún esfuerzo, se liberara y con mi padre no fuera así. Quizá fue por el alcohol pero, en mi mente y la de mi madre -o quizá solo en la mía- quedará la duda de si fue la propia espada quien no quiso empuñarse contra su legítima dueña y su posterior heredero. Quizá.
Me erguí y liberé el primer tercio de la espada, revelando un filo totalmente negro como la noche, solo adornado por dos kanjis que revelaban la verdadera naturaleza del arma. Un filo concebido para adaptarse al portador que la empuñe, ya fuera Lena o su descendiente.

— Shimei Kaeru… Nombre cambiante. —
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