[Social, Presente Relativo] Acero y sudor.
#1
Kibai dio la enésima vuelta en su jergón antes de desistir y quedarse mirando al techo de su barracón. A pesar de que hacía ya mucho tiempo que habia abandonado Zou, los viejos hábitos parecían no abandonarlo, y le resultaba muy complicado dormir con la luna brillando en el cielo.

Mirando a sus nuevos compañeros de División, se rascó la oreja suavemente con una de las garras. Stroud le había hablado de los rumores acerca de volver al Grand Line. Aquello no era precisamente moco de pavo. Siempre lo había considerado su hogar, pero las caras que ponían algunos marineros del puerto cuando se mencionaba aquella región no auguraban nada bueno. Por otro lado, si quería llegar a ser alguien dentro de la Marina, no le quedaba otra que ir, de lo contrario se quedaría estancado en Roshwan por a saber cuanto tiempo...

Echando una mano hacia la esquina de su cama, tanteó hacia atrás un par de veces antes de dar con la vaina de Raimei. Sujetándola con una mano, llevó la otra hacia la empuñadura para tirar levemente de ella y descubrir unos cuantos centímetros del filo. El leve tinte azulado del acero captaba los brillos que la Luna colaba a través de la ventana enrejada del barracón, arrancando pequellos destellos de luz plateada. Kibai suspiró antes de encerrar de nuevo dentro de su vaina. Aún no había empleado el arma, salvo para dejar inconsciente a aquel desgraciado en el bosque. 

"Pues ya va siendo hora" se dijo. "El capitán me dio esta espada por una razón. Ya va siendo hora de hacerle justicia."

Con un movimiento fluido, Kibai rodó para dejarse caer del jergón aterrizando suavemente sobre su mano libre y las patas traseras. Procurando no armar mucho escándalo, salió del barracón en dirección al patio de entrenamiento.

Tras hacer unos estiramentos básicos, el mink exhaló una nube de aliento condensado vez antes de desenvainar a Raimei. La espada misma pareció vibrar de alegría cuando cortó el aire helado por primera vez, tanteando su equilibrio y peso. Era sorpendentemente sencilla de mover, y parecía adaptarse bien a sus gestos.

Deshaciéndose de su capa, Kibai se colocó en el medio de varios rollos de paja (ya que golpear un muñeco de madera sería demasiado sonoro) y comenzó a practicar sus golpes, alternando entre uno y otro. A pesar de todo, había algo que no cuadraba. No sabía exactamente lo que era, pero algo parecía fuera de lugar. Lo golpes se sentían excesivamente rígidos, él mismo no se sentía demasiado suelto.

Con un gruñido de frustración, terminó la última secuencia de golpes y se quedó en medio de los rollos, respirando el gélido aire nocturno. Maldita sea, cuando se había enfrentado a los tres hombres, todo había sido mucho más sencillo, casi como por...

"Instinto" La ultima palabra le surgió en voz alta. Por supuesto. Con una carcajada, Kibai se pellizcó el puente de la nariz. Había estado obviando los más evidente. Retrocediendo varios pasos desde los rollos, el mink miró con una sonrisa a Raimei, antes de deslizar el pie hacia atrás, bajando su centro de gravedad hasta casi poder apoyar la mano libre en el suelo.

"Vale, amiga mía. Veamos qué tan buena compañera de caza eres..."
[Imagen: gvCFAP2.png]
#2
TEMA CERRADO


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