El dolor es el mejor maestro. [Pasado - Social - Gwen]
#1
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Isla del Karate
Otoño
19Cº
Zona de Bares, centros de ocio y clubes


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-...qué...cojones estoy haciendo?-

No sabía cómo encararla. No sabía cómo decírselo, y mucho menos ni siquiera era capaz de poder ocultarlo por mucho más tiempo. Owen, ayer, tuvo una noticia tan fatídica como espantosa: Una misión de infiltración que, para su inminente desgracia, era tan forzosa como poco buscada. Él sabía que su pasado lo iba a atormentar, pero, ahora, que había buscado ser medianamente feliz con cosas más simples y con la tranquilidad que otorga la compañía, ¿No podía continuar de esa manera? ¿No podía seguir por ese camino? Estaba aterrado. Miraba su mano como si estuviese sucia, manchada, con una humedad que se iba acumulando en su párpado, y que abandonó en cuanto frunció el rostro. Como una estrella fugaz, una de sus lágrimas cayó, recorriéndole toda la mejilla, no sabiendo ni cómo ordenar las palabras en lo próximo que marcaría el resto de su vida. Decisiones, decisiones.

A veces Owen y Gwen simplemente se separaban a hacer vida individual; Ella tenía una libertad absoluta debido a su impresionante capacidad para manejarse sola, prácticamente, sin ayuda de nadie más allá de para subir un escalón, o dos. Él, a veces, para salir a dejar escapar sus deseos más impuros e incontrolables, como lo era su fuerte adicción al juego, una que...desgraciadamente, lo hizo encontrarse con el mafioso Jin Onizuka. Ciertamente, esto ocurriría tarde o temprano; Él había dejado claro que lo buscó específicamente a él debido a haber sido un individuo "interesante" en su país de origen y, debido a la fragilidad de su condición (Y facilidad para manipularle al tener afectos tan específicos), resultaba demasiado sencillo arrinconarle. Era demasiado difícil saber que su madre podría sufrir por culpa de él y, debido a la lejanía con su isla natal, impedirlo. Pero...con Gwen, ya era un caso completamente aparte. Ella era el símbolo de la construcción de algo nuevo, de algo hermoso, noble, y puro.

Desmoronado por un pasado imposible de borrar.

Hoy iba a ser diferente, incluso, Owen le había pedido una sola cosa a su compañera de casa, su chica favorita, su...bueno, muchas cosas, si podía aprovechar parte del dinero que consiguieron juntos en buscar las ropas que más le gustasen, ya que él, por su parte y aunque no pudiese apreciarlo, iba a vestirse con lo mejor que trajese consigo. La bulla, el movimiento tan activo de los transeúntes que buscaban una noche de locura y desenfreno en la nueva "Ciudad de la Furia" del South Blue se estaba haciendo presente, más aún que llegaba la medianoche, momento donde los bares, locales de baile y fiestas parecían activarse más que nunca. Estaba destrozado, consternado, pero quería llevarla a tener una última experiencia juntos, una en la que probase algo muy distinto e...incluso, ligeramente pecaminoso -...Sigh.- un suspiro que hizo pesadísimo el pecho, de pie, pegado a una pared de un local que él conocía bastante bien: "Baila hasta que aprendas a patear", como siempre, la isla manteniendo esa temática de artes marciales que tantísimo la caracterizaba, con una música fuerte, estruendosa, cola de una gran cantidad de personas y dos personas en seguridad que bloqueaban la puerta. Owen ya se las conocía todas, burlarlos iba a ser como un día en la oficina -Dónde estás...Gwen...- miraba en todas direcciones, buscándola, no sabiendo si quería verla o no. Deseaba que jamás hubiese llegado un día como este, pero si la quería como él decía que lo hacía...tenía que decirle la verdad, toda, de principio a fin.

Para que exista un mínimo de esperanza de que, en otro momento de sus vidas, puedan volver a estar juntos.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#2
Los vestidos sueltos han sido siempre lo que ha usado, esos que se mecen con el viento y esconden una piel que no conoce suficiente el sol. Le gustan así, porque se mecen con la briza, en un baile que no puede hacer sola, por temor a caerse o al menos siempre fue así, hasta que conoció el valor del exterior. La ambición de hacer cosas que antes no, seguramente por eso accedió a vestirse distinto, en una incomodidad que la obligó a tirar de vez en cuando de la ropa, porque la siente más apretada de lo que debería.

Pero al menos le han dicho que se ve bien. Incluso si ha mantenido la cinta en sus ojos, los halagos no tardan en llover, trayendo la primavera al rostro. Una risa que no se quita, que tintura el rostro con un toque rosa, que no llega a ser rojo.

—¿De verdad creen que va a gustar?

No hay nombre, no hay un alguien en específico en la oración, pero si existió en su mente una silueta sin color, que ha repasado muchas veces con cuidado para no olvidar — Gracias.

Avanzó por la calle en un paso tranquilo, usando su mano sobre las paredes para mantenerse en línea recta. Le ha dicho en donde estará, que no es muy lejano, que solo tiene que confiar en que ahí estará.

—Owen — lo llamó finalmente. Seguramente no la ha reconocido, porque no es la misma de siempre. Se ve más normal de lo que debería, en una petición que no ha sido propia, sino de él ¿Por qué necesita ropa así? ¿Es que los largos vestidos no son suficientes? — Ya llegué — como siempre posó su mano en el hombro ajeno, bajando lentamente hasta enlazar sus dedos con cuidado.

—¿Esperaste mucho? — a pesar de su tono tranquilo, hubo vergüenza e inseguridad en su rostro, pero eso no la detuvo de buscar la cercanía con él — ¿Qué se supone que vamos a hacer? — se fijó en sus gestos, escuchando más de una vez suspiros que antes no estaban ahí — ¿Ocurre algo? — detuvo su andar sin soltarlo, porque le gusta permanecer junto a él, además ¿No se lo han prometido antes? — ¿No te gusta como me veo o algo así? Seguro no parezco yo.

Es una inseguridad que nunca existió, jamás pensó que eso sería un problema. No porque siempre la declaran bella, sino porque ¿Qué importa cómo se ve? La tela no tiene color, su cabello tampoco y no reconoce los rasgos de su rostro ¡Nunca han sido problema! ¿Por qué ahora lo es? — La próxima vez… podrías ayudarme a elegirlo — estrechó el gesto y se mostró nerviosa de un rechazo, solo por como se ve.

La próxima vez, significa que existirá una salida nueva, un segundo intento ¡Una oportunidad para cambiarlo! Porque ahora puede darse el lujo de tomarse su tiempo.

—Uhm, Owen — meció con suavidad su mano al avanzar, esa que los une, como si jugara con ella y la pusiera a prueba. — Siempre me lo dices, pero yo no he tenido oportunidad de decírtelo tanto como me gustaría — se volteó ligeramente, como si lo fuese a ver, pero en realidad jamás podrá observarlo.

—Te quiero. Muchísimo, más que al resto ¿Lo sabes, no?

Detuvo finalmente el avance y lo obligó a hacer lo mismo, tirando de su mano. Una vez se lo encontró cerca lo abrazó, sintiendo un calor que le gusta, ese que ha alejado al invierno que vive dentro de ella, en una eterna primavera.

No dudó en acercarse más, alzando el rostro, esperando encontrar un calor que siempre está ahí cuando lo pide. Eso que hace la gente cuando se gusta, que está bien con ellos dos, incluso si ésta vez no es especial como en algunas ocasiones, se lo encontró, en un beso que no temió en dar ¡Porque le gustan!

Solo si es él.
Es lo más normal que encontré, tómalo o déjalo (??
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#3
—Owen —

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-¡Gwe-

No podía creerlo.

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-...Gwen?-

La miró de arriba a abajo, le fue absoluta y completamente inevitable. Jamás pensó que una chica como ella, con esas ropas tan holgadas, tan fantasiosas y abombadas, podría verse tan exótica, tan detallada, con una figura que la hacía ver, incluso, más espectacular de lo que ya lo era de rostro. Tal vez por lo llamativo o incluso por lo bello, varios individuos volteaban a verle en ese porte tan bonito y adornado que aún conservaba. Antes estaba nervioso, ahora, sentía el vértigo que atacaba el centro de su vientre para hacerle querer salir corriendo de allí, era peor que un ángel caído del cielo. En toda su vida, literalmente, jamás pensó que podría tener a su lado una mujer así, petrificado, otra vez, porque ella tenía la mirada de Medusa sobre él una, y otra vez. No contestó a si había tenido que esperar mucho, y pospuso la respuesta de lo que harían hasta más adelante, pero en el instante que sus manos volvieron a juntarse en ese gesto tan cariñoso y propio de ambos y ella, algo insegura, preguntaba si no le gustaba cómo se veía, su corazón se apretujó, llevando su mano libre hasta esa mejilla tan suave, tan delicada, y rozando ese antifaz blanco muy propio de su compañera -...te ves más hermosa que nunca, Gwenchu.- pero en sus palabras había nostalgia, anhelo, más que simplemente un deseo de querer embelesar aún más lo auténticamente espectacular que la mujercita se veía.

-No sé quién te ayudó, pero te aseguro que tiene un gusto increíble.- contestó casi de inmediato, aún fingiendo una sensación de naturalidad que, gracias a que la chica era no-vidente, podía apreciarlo...aunque tal vez sí sentirlo. Fue un encuentro sentido, extraño, distinto para ambos, porque incluso, en cuanto empezaron a avanzar hacia su destino final, ella decidió interrumpir -¿Gwenchu?- y, viéndola ser feliz con una alegría repleta de inocencia, esa que tienen los niños que tienen la suerte de enfocar todo lo que son en simplemente disfrutar, otra vez. Otra vez, Gwendolyn, Gwendolyn Yang, si quisiese conservar su apellido, usando esa poderosísima herramienta que tiene que dejaba total y completamente desarmado a un Owen que, perplejo, solidificado en el lugar, le miraba.

—Te quiero. Muchísimo, más que al resto ¿Lo sabes, no?

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-...y...y yo.-

Entrecerró sus ojos, muriéndose de ganas de quebrar en lágrimas en ese preciso segundo. Algo encorvado le miraba, detenido, para, posteriormente, abrazarlo con ese amor y calidez que solo el vínculo que ambos tenían podía producir. No dudó ni un solo segundo en forzar aún más la unión, incluso, apretando con un poco de fuerza en sus manos, apretando el labio inferior y metiéndolo para adentro en una expresión de puchero casi infantil, como quien aprieta la cara -Hoy quie- interrumpido, otra vez, por su máxima debilidad. Sintió esos labios tan hermosos, un poco carnosos, dulces, que tienen el único sabor que pueden dejarlo estático en el lugar. Él era alguien de armas tomar, alguien frontal y directo y Gwen, pasito a pasito, fue tomando valentía para poder empezar a adecuar su vida a algo más cotidiano, más social, menos cerrado a todas las convenciones con las que había venido, mostrando que había una mujercita tan o más valiente que él.

Era aterrador, demasiado.

Empujó un poco el rostro hacia los labios de la chica, estrechando aún más ese contacto tan enternecedor. Iba a aprovechar todo, absolutamente todo, hasta el último segundo, porque Gwen se merecía ser la mujer más feliz del mundo. Si ella llevaba su apellido, aunque sea, todo lo que había hecho hasta ahora...podría haber merecido la pena -¿Alguna vez has bebido alcohol, Gwenchu?- preguntó, separado de ella, a una distancia no muy lejana, sintiendo su respiración y usando ese tono de voz alegrón y desenfadado. No estaba especialmente sonriente, pero sí había una mueca divertida mientras, sin siquiera dividirse medio milímetro de lo pegados que estaban, con su pulgar, acariciaba la mejilla de la chica -Hoy vamos a tener una noche loca, ¿¡Estás lista!?- ahora sí, parecía el mismo Owen de siempre: Hiperactivo, loco, con esos ojos llenos en desafío y ese ceño fruncido que invitaba al desastre. Iba a darle la mejor noche de su vida.

Y a la peor, al mismo tiempo.

La entrada fue extremadamente sencilla: Owen, saltándose totalmente la cola y las normas y sin soltar el agarre que sostenía con su compañera, Gwen, se dirigió a ambos hombretones de seguridad que, con su físico, bloqueaban la puerta como si fuesen dos puertas dentro de las puertas. Un embaucador como él no tenía problemas con gente así, más aún cuando "don billetín" podía aparecer -Buenas, tíos, estoy en lista. Dos. Owen Yang.- mentira, no estaba en ningún lado, y en cuanto revisó aquella tablita de madera con un papel aferrado a ella, no figuraba -¿De qué hablas? Fórmate.- y dando un paso hacia adelante y realizando un gesto muy veloz hacia su propio bolsillo, con su dedo índice, observaron juntos la hoja del listado de nombres -¿Bromeas? ¿Y qué dice aquí?- "Cao Guojiu" decía concretamente, ni siquiera se parecía a-ah claro, dinero. Atrapado en sus nudillos mientras mantenía el apuntado, diez mil berries estaban aferrados y, en cuanto el joven alzó la mirada, con toda la complicidad del mundo, esperó una nueva respuesta modificada debido a "la aparición de dinero repentino" -Owen Yang dice.- el chico abrió la palma, dejando el conjunto de billetes bien doblados justo encima de la tabla que el sujeto tomó con rapidez -Pasen.- rápido, conciso, directo. Lo había hecho un trillón de veces. Esperamos que el hombre que sí estaba en lista (Y su posible acompañante, ya que, efectivamente, figuraban como dos plazas), tengan la paciencia suficiente para esperar debido a su "intercambio abrupto".

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-¡Qué ambientazo, joder! ¡¿Lo escuchas, Gwen?!-

Aún se mantenía aferrado a ella, es más, incluso, apretujó un poco más la mano debido a lo altamente concurrido que estaba aquel lugar. Música a todo dar, carteles luminosos y un desenfreno a modo de festival que, si bien podía ser muy abrumador de primeras, Gwen tenía la suerte de tener a alguien que conocía perfectamente el ambiente de la noche como su compañero barriobajero -Ven, creo que tenemos una mesa.- y, tirando de ella con esa sonrisa picaresca y burlona, fue hacia una especie de conjuntito de mesas laterales con largos sillones, una donde podían sentarse frente a frente con toda la tranquilidad del mundo...para que pase lo que tenga que pasar.

La ayudó a sentarse a su frente para que él, con una velocidad casi criminal, consiguiese tres cosas: Una botella de ron con un cuarenta porciento de alcohol, dos pequeños vasitos y una jarra con agua (Les hará falta esto último). ¡PAK!, los apoyó con contundencia, buscando llamar la atención de la muchacha -Vamos a jugar a un juego, Gwenchu, ¿Te apuntas?- preguntó con un tono extremadamente desafiante, encorvado, yendo hacia adelante mientras juntaba ambas manos -El juego se llama "yo nunca". Te explico las reglas, es fácil:- llevó su mano hacia aquel botellón enorme de ron que debía tener aproximadamente un litro de contenido de un destilado excelso, puro, pero no en exceso. Los vasitos debían tener unos siete centímetros, con un culo muy ancho, gordo y pesado de cristal, y no demoró nada en llevarlos hasta su límite -uno de los dos dice "yo nunca hice tal cosa", reemplazando el tal cosa- aproximó el chupito hacia la muchacha, estirándose sobre la mesa para reincorporarse -por algo que quieres saber del otro. Si lo has hecho o harás, bebes, si nunca lo has hecho o nunca lo harás, no bebes. Como estarías mintiendo, tienes que beber, ¿Está guapo, no?- él sabía que hacer algo así sería un arma de doble filo, pero no le importaba: Hoy era el día de la verdad, el día donde habría que darle todo, saberlo todo, y tirar toda la carne al asador -Tienes el vasito delante. Eso que te serví ahí es ron puro, muy de piratas. Si no te lo tomas de golpe te aseguro que te va a saber espantoso.- rio con complicidad, como si estuviese enseñándole a un primo pequeño a beber por primera vez -Voy a hacer los honores, ¡Por ti, Gwenchu!- ¡PAP!, golpeó el vasito con su culo con mucha contundencia, haciendo retumbar la manera y el cristal en el proceso. De un solo sopetón, ¡Glup!, ¡PAP! -¡AAAAAAAH! ¡BRRRRRRUF!- apretó la cara con muchísima fuerza, sacó la lengua y sacudió el rostro como si buscase espabilarse de un legarto -¡BUAF! ¡Encima es de los que pegan!- y, sintiendo el mareo de golpe, llevó su mano opuesta hacia la de la muchachita, volviendo a lanzarse encima de la mesa para capturarle y entre-lazarle los dedos -Estoy aquí contigo, Gwen. Confía en mi, disfrútalo. Te mereces ser la mujer más feliz del mundo.- y si bien el alcohol demoraría unos minutos en ser sintetizado por su cuerpo...veríamos qué tan fuerte podrían ser las preguntas que se hacían mutuamente.

-¡Venga!- volvió a llenar el vasito, ¡PAP!, -¡Yo nunca tuve mi primera vez íntima!- sin duda, eso le intrigaba demasiado, siempre le intrigó. ¿Acaso Gwen, pese a no entenderlo, habría tenido...algo con alguien más? Fue una pregunta que estaba un poco envuelta en los celos, pero, también mostraba una revelación...ya que Owen, automáticamente, bebió el vasito por completo, ¡PAP!, quedándose callado posteriormente -¡AAAAAAAAH!- y volviendo a sufrir la fuertísima patada del alcohol entrando en la garganta y el torrente sanguíneo, quemando ligeramente -Me rrefiero a- empezaba a arrastrar un poco la voz -tu...primera vez, de...sexo, Gwenchu.- empezó a sonrojarse, una mezcla de timidez y embriaguez que empezó a escalar a los poquísimos minutos, habiendo dejado implícito que...él nunca lo había hecho tampoco -Venga, busca alllgo que quierasss saber de mi, que te interese.- en caso de que la mujercita habría bebido, volvió a llenarle el vasito de cristal de igual manera que lo hizo con el de él. Empezó a arrastrar las palabras, en clara señal de que la bebida empezaba a hacer efecto -Lo que tuuuuuu quieras, Gwenchu, mi amor~. Acuéeerdate, acuéeeeeerdate, si miento tengo que beber.- llevó su mano al rostro para sostenerlo, resbalando y volviendo a corregir el movimiento. El alcohol estaba pegando.

Ayudaría a lo que vendría después.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#4
—No, no lo he hecho — no es pecado beber, pero todo en exceso lleva al mismo. Aun así han dejado de importarle esas cosas de a poco, solo los días le han enseñado cosas que no aprendió en toda una vida en la iglesia. No existe castigo que la obligue a privarse de las cosas, por lo tanto simplemente asintió, mientras el calor de Owen le trae suficiente confort como para soltar una risa suave. — La verdad, no. Pero si me acompañas está bien.

Siempre está bien si se encuentra con él. Parece más un mantra, una razón para estar bien. Le gusta así, porque las preocupaciones se esfuman, se esconden o no aparecen cuando permanecen juntos.

No vio la trampa de Owen, de poder observar, tampoco lo habría hecho. Fue rápido y de manera casual, como si ésto hubiese ocurrido antes muchas veces. Simplemente esperó, mientras sus sentidos se sintieron invandidos por un nuevo lugar. Acostumbrada al silencio y a las olas, en el sitio se encontró una situación nueva que la obligó a apretar el agarre que tiene con él, como si pidiera no soltarse o seguramente se perderá en el mar de gente.

—Nunca había estado en un sitio así — sintió a más personas cerca, tanto que se adelantó para no quedar atrás. Apegada a Owen, simplemente buscó refugio de un sitio nuevo y caótico. — ¿Qué se hace aquí? — suenan pasos y música, una que no ha oído antes.

Acomodó su cabello con suavidad dejándose guiar, mientras el resto parece no fijarse en ellos. Son unos extraños que no destacan, le parece más divertido así, sin un público que no pide nada. Sin milagros o bendiciones. Es una vida que le agrada, tanto como para pensar en que seguir buscando la respuesta que tanto quiere… no vale la pena.

—Claro que juego —finalmente libre, juntó sus propias manos en un aplauso suave — Nunca jugué a algo así la verdad — porque el alcohol no es un buen compañero de juegos, pero no le importó — Uh, supongo que sí — no sonó lo suficientemente convencida de lo que dice, pero no existió incomodidad en el rostro, sino esa serenidad que no se va de sus facciones, incluso si el piso truena ligeramente por los pasos de los demás o la música.

Se rió una vez más — Lo soy. Soy feliz — lo es ahora, porque tiene algo que antes no y que le ha dicho que se quedará con ella — No sé si podría serlo más ¿Y tú? — pero no le importó si así ocurre, como si estar bien no tuviese límites ¿No sería maravilloso?

Su mano avanzó por la mesa, no perdida, sino con suavidad, hasta que finalmente se encontró con el recipiente que se siente frío al tacto. Esperó que llegue la primera pregunta y no la entendió, inicialmente se quedó en silencio, buscando qué es ¡Y cuando apareció! Volvió a permanecer quieta, escuchando como Owen parece beber sin miramientos — ¿Cómo sé si lo haré o no? ¿Y si lo he pensado cuenta? — tragó saliva, porque ahora sabe lo que es y el pensarlo trae nervios al cuerpo, un recuerdo no tan lejano, junto a una pregunta que recibe una respuesta igual de ansiosa  — ¿No deberías sacar esa regla? Me confunde — su rostro se ladeó con suavidad y entonces bebió, simplemente porque efectivamente nunca ha hecho eso ¡Pero es la mitad de la respuesta! Y no le gustan de todo las cosas a medias. Su rostro mostró desagrado por el alcohol, incluso tosió con suavidad por la molestia en la garganta — ¿Por qué bebemos esto?

Mi amor.

Habría reclamado más, cuando una palabra apareció, una que la obligó a apretar los labios. Porque la conoce, pero nunca se la han dicho. Esa aparece cuando la gente tiene un compromiso tan grande que piden la bendición de alguien más.

—Yo… ¿Cómo era? — los nervios la hicieron jugar con la ropa que trae, pasando le dedo índice por la falda con suavidad — Yo nunca he — tragó saliva, porque en realidad debería preguntárselo directamente, no de esa manera — tenido una pareja.

Sabe que la gente se reúne cuando hay amor, se casan y tienen una familia. Eso es lo que dicen de los demás, lo que debería ocurrir con normalidad ¡Lo que suele escuchar en el pueblo! Y aunque no se ha dado cuenta, en ese instante se preguntó si lo que hacen es exactamente eso.

Si hasta tiene el apellido de Owen.

Han seguido los pasos de manera extraña, es un juego que se ha salido de las manos desde hace meses. Que ninguno ha detenido, porque es mejor así. Son risas, momentos amables y promesas que calman la ansiedad de la soledad.

— ¿O es que así no era? — se volteó ligeramente de donde proviene su voz, esperando escuchar si bebe o no, si confirma aquello de lo que se acaba de enterar ¿Le molesta? La respuesta fue no, pero se siente como si se hubiese perdido cosas hasta ahora solo por no saber o preguntar.

—Estás actuando algo extraño hoy, Owen

Y no es solo que habla demás y arrastra las palabras.

—¿O es lo que estás tomando?

Un trago amargo no de alcohol, sino de decepción.
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#5
El ruido, bullicio, música, locura desenfrenada de personas que liberaban parte de su civismo para ser un poco más salvajes, se hacía presente dentro de aquel local que, aunque amplio, permitía el movimiento libre de los jóvenes y una interacción que ayudaría que todo esto sea solo un poquito más tolerable -Aquí la gente baila y liga, Gwenchu, osea, se conocen, y se pueden besar como nos besamos tú y yo.- contestó a su pregunta con mucha rapidez, porque él siempre quería ser su guía y brújula, aunque aquello tuviese...una fecha de caducidad natural.

Él se conocía bastante bien las reglas porque, siempre, el "yo nunca" permitía revelar cosas íntimas y personales de personas allegadas sin tener la imperiosa necesidad de estar haciendo preguntas incómodas, simple y llanamente dejándolo implícito al beber. Quería jugar, divertirse, distenderse, hacer todo aquello mucho más ameno, como si estuviese creando un gigantesco trampolín para una caída de miles de metros que, aunque te dejaría destruido, tal vez, las piezas podrían ser posibles de volver a pegar con el tiempo suficiente.

Incluso, ella, dejando en claro que con todo lo que habían vivido juntos durante meses, era feliz. Y se veía feliz.

— No sé si podría serlo más ¿Y tú? —

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-Podrías...serlo más. Quiero que lo seas, cada día un poquito más.-

Sus palabras sonaban genuinas, honestas, pero había un tono amargo en ellas, como quien conoce el desenlace de un cuento que acaba mal. Incluso con el alcohol recorriendo sus venas y queriendo ser evasivo hasta que sea totalmente inaguantable e insostenible, prosiguió, no fingiendo, pero sí dilatando la situación que alguien que lo conociese tan bien como Gwen, ciertamente, notaría con facilidad su falta de deseo de, incluso, fingirle que todo estaba bien. Todo se prestaba a mantener un ambiente completamente festivo y alocado, mientras el alcohol, fuerte, puro y anestesiante, empezaba a hacer efecto sobre el torrente sanguíneo de un Owen que, incluso, se tomó un chupito sin siquiera haber estado jugando a absolutamente nada -¡Laaaaaas reglas son las que son, bombón!- se lanzaba un poco hacia adelante, tambaleante, porque mientras que toda su visión empezaba a tornarse ligeramente borrosa, quería proseguir con ello solo un poco más.

-¡Yoooooo nuncaaaaaaaaa, venga!- alzó su vasito, nuevamente lleno, mientras sonreía de manera burlesca y mantenía los ojos achinados, simpático, divertido, permitiendo que las toxicas ingresadas en su cuerpo empiecen a hacer todo el efecto que permitirá la digestión emocional que será asumir toda una mala noticia encadenada, hasta que llegó: "Yo nunca he tenido una pareja" -¡JAA!- Owen...¿Bebió del vasito? ¡PAP!, -¡AHHHHHHH! ¡BUF! ¡Cada vez se siennnnnnte mejor!- y, automáticamente, reaccionó -¡! ¡No, no, Gwen! ¡No tengo...no tengo novia!- se repitió, con mucha torpeza en una lengua ligeramente adormecida -Cuando era- ¡PLIN!, tumbó su vasito al estirar la mano hacia adelante, buscando mantener el contacto con su mujercita favorita -joder.- ¡PAP!, volvió a ponerlo con ese culo grueso en pie -Tuve...¿Una? ¿Una novia? Era...era muy, muy niño. Sí, era un crrrrrriajo.- empezó a reírse de forma extraña, sobándose el rostro con muchísima torpeza, como si el mismo tuviese mantequilla y no permitiese tocarse correctamente -Tú eres mejor, mejor, mejor, mejor- se estiró hacia adelante, atrapándole ambas manos -mejor que una novia, porque...serás mi esposa.- sonrió, muy ebrio, con una mirada que parecía entre perdida por el alcohol y el cariño genuino que sentía por la muchachita que cambió las tornas de su corazón, como si el alcohol le permitiese decir cientos de cosas que se guardaba dentro de él -Ya tienes...medio trabajo hecho. Mi apellido. Yang.- con su dedo índice, le tocó el centro del pecho, lanzado encima de la mesa.

Para ella, evidentemente, todo esto debía ser una sorpresa algo extraña o, al menos, difícil de comprender por lo errático que se había puesto un Owen que, ciertamente, siempre se había portado muy bien por ella, porque su querer por Gwendolyn fue genuino desde el inicio: Alguien que "no sabe cómo querer" y alguien "que quiere que lo quieran", unidos por un destino tan caprichoso,

Como el mismo que los quiere separar.

—Estás actuando algo extraño hoy, Owen

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-...Gwen, podemos...hablar?-

Por muy ebrio y anestesiado que el pelirrojo pudiese estar, ciertamente, parecía tener una voluntad absolutamente imposible de bajar en el instante que, pese a haberse tambaleado hacia atrás producto de haberse tomado un tercio de la botella de ron con la que habían empezado a jugar y que Owen incapaz de poder continuar con ello, entrelazó una de sus manos con la de la muchachita, dejando...de escapar.

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El tejado del propio lugar de fiestas, parecía un gran balcón de madera pero, la realidad, es que Owen se había colgado con Gwen desde la parte de atrás, ayudándola a subir las escaleras y que ambos, con aquel clima algo frío que estaba empezando a hacer producto del otoño, golpease sus cuerpos. El pelirrojo, a diferencia de ella, apenas sentía la diferencia; Había tanto alcohol en su torrente sanguíneo que sus mejillas ardían, su cuerpo seguía sintiéndose tambaleante y la lengua, adormecida, tampoco ayudaba. Pese a todo, necesitaba sí o sí una ayuda adicional para encarar a su compañerita del antifaz blanco, arrastrándola un poco con su mano aferrada a él, pegándose hasta el borde frontal del borde del tejado.

Silencio atroz, sepulcral, solamente invadido por el tronar de algún que otro grillo y el sonido tenuemente apagado de la fiesta que tenían justo debajo, debido a que parecía tener una acustización de lo más sofisticada. Le miró fijamente, con tanta intensidad, como si viese cada poro de su piel, cada detalle y cada pequeño destello de brillo del cual gozaba de manera natural. Tenía una belleza absolutamente despampanante, Owen lo sabía aunque, tal vez, ella no -Gwen.- la nombró, cortando la tensión de un momento que parecía no tener fin. Sus labios volvieron a apretarse, temblando, sus mejillas se movían al revés que ellos, gesticulando un pre-llanto que parecía no tener fin, y no querer llegar -Te quiero, mucho, de verdad.- acarició su mejilla con la mano no-ocupada, moviendo esos mechones que caían hacia un lateral y sus nuevas ropas que la hacían ver muchísimo más espectacular de lo normal, incluso, con un atractivo físico absolutamente envidiable.

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-Tendremos que separarnos.-

Finalmente, pudo decirlo, pero haberlo dicho no le liberó de absolutamente nada más que una sensación aún peor; Antes sentía una angustia incontrolable, ahora, entre el alcohol y los nervios, una patada en el estómago le estremeció por completo en cuerpo, destruido por los nervios y la adrenalina que fue "la anestesia de la anestesia", incluso, mitigando el veneno propio del etanol ingerido -¿Puedo...explicártelo todo?- preguntó, muerto de los nervios, derrotado, con aspecto de un niño regañado, con lágrimas en sus ojos que ansiaban con salir despedidas de sus mejillas mientras ese rostro rojo, listo para hacerlo llorar, parecía prepararse -Solo...no te vayas, por favor.- sus hombros empezaron a pecar pequeños brincos, seguido de inhalaciones, con la sombra de sus cabellos ocultando su visión -...no quiero...que te vayas, no quiero irme...a ningún lado...- no lo aguantó más, se fracturó en ese preciso instante, apretando mucho más la unión que los tenía aferrados el uno con el otro, con frases que se entrecortaban en unos sollozos que le demostraban lo fuertemente afectado que estaba y lo arruinado emocionalmente que lo tenía esta situación.

Porque quererla de verdad, también significa decirle la verdad.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
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#6
Su respuesta finalmente llegó, es beber. Pudo escuchar los movimientos, el sonido de Owen bebiendo, así que hizo lo mismo, alzando el objeto y empinándoselo. Es un sonido de molestia lo que soltó, notando como el rostro toma calor luego del primero — ¿Cada vez se siente mejor? — porque en realidad no se siente bien en ningún caso, pero solo se rió al escuchar lo que dice — Eres extraño — pero no hay rechazo, no hay intenciones de alejarse o siquiera reprocharle.

Ha tenido una novia y no existió ninguna reacción, hasta que finalmente llega declaración que logró que la música se silenciara. No hay melodía, solo el sonido de sus latidos, que resuenan tan fuerte que pensó que Owen podría escucharlos.

—¿Esposos? —

¿De verdad crees que pueda estar con alguien más? ¿Es esta una mentira o puedo creer que así será? Seguro no entiendes lo que dices, no comprendes lo mucho que significa para mi, porque se supone que debería vivir el resto de mis días casada a un Dios que no me escucha y que no siento a pesar de lo mucho que le pido que me acompañe. Pero estás tú, desde que nos encontramos estás ahí, así que me pregunto entonces…

¿Por qué simplemente no soy la favorita de otro?

—Es verdad, que es mío y me gusta mucho, me recuerda a ti — seguro sientes mis manos aprietan con suavidad y no dejo de sonreír. Me gusta ser familia, porque aunque tuve una, no era mía, seguro lo sabes por lo que te cuento en las noches — ¿Crees que pueda hacer el resto del trabajo? ¿Qué crees que de…

Me habría gustado terminar la oración, preguntarle qué necesito para que las cosas ocurran, porque no lo sé. Tal vez si fuese diferente conocería la respuesta, no necesitaría preguntársela ¡Quizás no tendría la mitad! Y el trabajo ya estaría hecho, pero no es así.

—Claro que podemos —

Porque a mi me gusta hablar contigo.

Te sigo a donde quieras llevarme, no me molesta hacerlo sin saber a dónde vamos o cómo. Simplemente me sostengo y sigo instrucciones, dándome cuenta que sopla el viento fresco y el ruido se ha ido ¿En dónde estamos? No me atrevo a preguntar, no quiero saber, porque en realidad lo que más quiero conocer es otra cosa, el resto en el momento, no importa.

—Qué ocurre — me rio nerviosa, porque pareciera que algo va a ocurrir, es esa sensación que revuelve el estómago, que se relaja unos segundos cuando me dice una vez más sus sentimientos — Yo también te quiero mucho — cada vez es más fácil decirlo ¿Recuerdas cómo huía cada vez que los decía? Debí parecer una tonta.

Pero al menos sé que no te disgusta lo suficiente como para dejar…

—De qué hablas

…

—De qué hablas Owen

…

—Me prometiste que te ibas a quedar

…

—Si no quieres irte, no tienes que irte a ningún sitio. P-Puedes quedarte conmigo, buscaremos otro lugar ¿Es eso? No importa donde sea, no tiene que ser en donde estamos.

No tienes que dejarme, me lo prometiste ¿Por qué entonces ahora me dices otra cosa? ¿Qué pasó? ¿Qué hice mal? — ¿Es porque no puedo ver? P-Puedo ser más útil, no pasa nada — ¿Soy yo? ¿Es porque no puedo ver? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Me lo pregunto, pero no encuentro respuesta.

No sé que sentir, me habría enojado de no estar de la mano, de no escuchar que no soy la única que sufre con una noticia que no me gusta ¿Es esto por intentar escapar de lo que siempre me han hablado? Porque siempre he hablado bien de Dios, cuando el resto pone en duda su posición.

Quizás es el castigo por haberlo olvidado y reemplazado por alguien más. Pero de ocurrir de nuevo, volvería a hacerlo.

—Yo no… no sé que decir Owen

Seguramente por eso me limpio las lágrimas con mi mano libre, mientras me quejo como si fuese una niña a la que le han pegado, porque me duele incluso si no me he caído o me han regañado — No quiero que te vayas. — No hay razón para sentir esta pena, antes no me habría dolido de esta manera.

—Porque… ¿Qué voy a hacer cuando no estés?

Dime Dios, qué se supone que voy a hacer…

Ah, es verdad que tú nunca me respondes.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#7


—De qué hablas

[Imagen: NVQei5u.png]

-Yo...-

—De qué hablas Owen

-...per-

—Me prometiste que te ibas a quedar


-...-

—Si no quieres irte, no tienes que irte a ningún sitio. P-Puedes quedarte conmigo, buscaremos otro lugar ¿Es eso? No importa donde sea, no tiene que ser en donde estamos.

Se tapó la boca producto del llanto mientras tiró de ella, dios, le partía de dolor y de ternura las cosas que decía. Ella se veía tan nerviosa, tan perdida, ciega...de verdad. Desde que la había conocido su ceguera no era un absoluto impedimento para ser genuina, maravillosa, agradable y la mejor persona que Owen pudo toparse, hasta ahora, en su camino -Ay...Gwen, no...por dios, no puedes...- casi se hace añicos, incluso en su fuerte estado de ebriedad: "¿Es porque no puedo ver? Puedo ser más útil."

Cita:-Siempre vas a ser un inútil. Nunca te querré, NADIE puede querer a una paria como tú.-

[Imagen: Xib3Urv.png]

Se derrumbó encima de ella, poniendo su peso para abrazarla con una fuerza que no le había dado a nadie. Como si estuviese a punto de ser succionado por un tornado (Que es la vida misma) y ella...su cable a tierra, su árbol, aquello que, con esas raíces que ayudó a echar, le mantuvo con los pies en la tierra. Feliz. Por primera vez, feliz, de verdad. La escuchaba llorar tan desconsoladamente, diciendo que no sabía qué decir, ni qué...iba a hacer, cuando él no esté -¡Gwen!- se separó de ella, intentando limpiar ese torrente de lágrimas que caían en aquellos párpados cerrados de manera incansable al igual que lo hacía él -¡Yo jamás, jamás en mi vida te voy a dejar de querer!- se sacudía, sus lágrimas volaban en todas direcciones, empapando el escote de la muchachita y parte de su rostro. Se veía una desesperación genuina en su expresión, una que parecía pedir un auxilio gigantesco en una voz atorada por el dolor, solo divididos por esa pequeña distancia que les separaba -Eres...perfecta, te lo prometo...Gwendolyn, eres...eres...no conocí...- se interrumpió, soltándola, llevando ambas manos al rostro, queriendo agarrárselo y arrancárselo de cuajo de lo mucho que le dolía el corazón -...no conocí a...a nadie tan bueno, tan noble, tan...tan compañero, eres...joder...qué putísimo difícil que es esto...- se sobaba sin parar el rostro, empapándose sus palmas una y otra vez, sorbiendo una nariz que goteaba incansablemente mientras buscaba la cara de la chica que era poseedora de su corazón, porque no importa en qué océano naveguen, jamás volvería a ser de él.

Iba a ser de ella, para siempre.

Se colocó contra aquella reja de madera que evitaba que ambos pudiesen caerse al vacío y, poniendo todo su cuerpo, la empezó a mover, con un poquitito de fuerza, para indicarle que se sentase justo encima de sus piernas, colocándola delante de sus ojos celestes que brillaban producto del fulgor de las estrellas -Por lo único que quisiera que pudieras ver, Gwen...- no pudo evitarlo, acarició su rostro con un mimo tan genuino como tierno, amoroso, lleno de dolor y gozo a la vez. Hacia arriba y hacia abajo, grabándose en una foto mental la sensación, el momento. Todo. -...es para que veas al espejo lo hermosa que eres. Jamás conocí a nadie como tú, ni por fuera...ni por dentro.- esa mano se deslizó hacia el centro del pecho de la mujercita, sin ningún erotismo de su parte, sino, para poder sentir los latidos de un corazón maltratado por unas palabras que jamás habría querido decir. Su voz aún sonaba fragmentada, rota, pero capturó una de sus manos desde el dorsal para llevarlo directamente hacia los latidos de su pecho, unos que ella reconocía perfectamente por haber dormido en tantas oportunidades juntos -Te prometo, Gwen, que podré irme a cualquier lado del universo, pero esto que está aquí, éste que está latiendo sin parar,- se quebró, dejando que las lágrimas escapen un poco, una vez más -es tuyo. Ya no es mío, es tuyo. Cuídamelo, ¿Puedes...hacerme ese favor?- no podía dejar más en claro que él todavía seguía loquísimo por la mujercita, pero...las circunstancias eran muy, muy complicadas...para él, más no para ella.

[Imagen: 5FYf89P.png]
-¿Puedo...contarte qué está pasando? Mereces que te explique hasta cada detalle...no sé ni qué hacer...-

Intentando taparse el rostro con el dorso de la palma, buscaba reducir la abundante marabunta de gotas que caían sin parar hacía ya minutos. El alcohol estaba empezando a reducir su efecto, poco a poco, haciendo que el frío empiece a sentirse un poco más, no dudando en atraer a la chica aún más consigo, abrazándola consigo como si fuese un cachorro arropado en su pecho -Yo...no soy la mejor de las personas, Gwen.- era probable que la chica lo supiese o, que al menos, bajo los estándares eclesiásticos, Owen fuese un pecador en toda regla: Codicioso, afán por estafar a las personas, mentiroso, embaucador, ladrón y malhablado. Tal vez muchos de sus pecados podrían haber pasado desapercibidos por la muchachita debido a su condición de no-vidente, pero otros...era muy probable que no -Vengo de una tierra muy...muy lejana, muchísimo más lejana que esta isla.- mientras decía aquello, le miraba ese rostro tan perfecto, tan divino, tan angelical. Estaba muchísimo más bonita de lo que jamás podría haber imaginado. Sus pensamientos, divididos, eran incapaces de distraerse -Eres...tan hermosa, Gwen.- y, mientras la acariciaba, buscó proseguir -¿Recuerdas...que me preguntaste el porqué siempre...busco el dinero? ¿Porqué me obsesiona un poco?- Su mirada, cabizbaja, indudablemente, mostró la expresión la de un niñito fuertemente decepcionado, triste, como si hubiese perdido a sus padres -Toda mi vida...he sido un chico pobre, muy pobre. Mi madre me tuvo por dinero, sufría tanto el tener que trabajar para que ni siquiera le alcanzase para comer que...se cruzó con alguien terrible, alguien que podría resolverle la vida durante unos años, por...- desvió su rostro, él conocía la historia: Ella se la había dicho innumerables veces...para humillarle -...por su cuerpo. Así nací yo. Ella...se volvió a una borracha, tenía que huir de casa para evitar que me pegase, yo...yo...yo todo...- si antes él había abierto su corazón, ahora, por primera vez a absolutamente nadie, Owen estaba abriendo total y completamente su alma -...yo todo lo que quería era que me quieran...era que...apareciese alguien como tu Gwen, alguien...alguien que me quiera como lo haces tu...y...lo siento...- otra vez volvía a llorar, era inaguantable tenerla tan cerca...

...y solo imaginar que la tendrá tan lejos.

-...por culpa de tener que vivir así me rodee de mala gente, quería...vengarme, quería hacerlos mierda. Estaba tan lleno de odio, tan lleno de rencor. En toda la isla se hablaba de que era el bastardo de un tipo muy poderoso, de los más poderosos del mundo. Mi color de cabello es blanco y siempre me lo tiño de rojo...porque no me aguanto ver al espejo y verlo persiguiéndome por el resto de mi vida.- Vomitó lo que traía consigo, tal vez, el alcohol si estaba ayudando después de todo -Me volví el centro del odio de mi isla, me volví un terrorista, alguien que atentaba contra el gobierno una y otra vez. Quería cambiar el destino tan horrible que tuvo que vivir mi madre, así...no me quiera. O tal vez quería llamar la atención del tipo que me concibió por un puto polvo por unos cuantos millones de Berries, no lo sé...- sonaba crudo, pero sincero. Probablemente, la primera vez que Owen estaba siendo tan sincero con Gwen desde haberla conocido -Me ataron a un barco y me mandaron a navegar hasta que me topé con una isla, hasta llegar hasta aquí...y aquí me encontró un tipo. Un tipo que me está obligando a...viajar en un barco con una tripulación de la que no tengo ni puta idea, o si están locos, o si me van a carnear en cuanto me vean.- Se tomó un segundo para acariciarla una vez más, no podía evitarlo. El corazón le palpitaba con una fuerza abrumadora solo de poder ver ese antifaz blanco que tanto le gustaba...y recordar esos ojos morados que, por más perdidos que se vean, la hacían ver excesivamente preciosa -Debo seguir a un tal Uker...Rackham. Siempre uso su nombre...para cualquier cosa. Y otra chica, Maki, Maki Zen'in. Antes de conocerte Gwen, te lo juro, jamás, jamás me habría importado subirme a ningún puto lado y menos por dinero...pero...ahora, la pregunta te la quiero hacer yo,-

[Imagen: 6fMECeE.png]
-¿¡Qué voy a hacer YO cuando tú no estés!?-

La volvió a abrazar, mientras daba un espasmo atrás de otro producto del sollozo incansable en el que se encontraba. Parecía como si todas las ganas de llorar que había tenido a lo largo de su vida, y donde siempre había tenido que demostrar ser un niño fuerte y rudo...pasase a ser tan frágil, débil, vulnerable y pequeño como un infante sin sus padres -...tienen amenazada a mi madre, todo es mi culpa, ella...ella habría seguido su vida bien sin mi, pero yo soy...el recuerdo de su error. Si no me subo a ese barco, no sé qué le pueda pasar...tampoco sé lo que te quieran hacer a ti de contragolpe, no podría...no podría aguantarlo, en serio...- devastado, terminó con su discurso, -...no resistiría, Gwen. No soy tan fuerte.- no cesó de acariciarla, porque...iba a hacerlo hasta el último segundo que tenga en esta vida -¿Podrás perdonarme? ¿Podrás...cuidar mi corazón? ¡No tienes que quererme para siempre! ¡Puedes querer a alguien más! Puedes...besar a alguien más, hazlo, no me importa. Bueno, si me importa...me jodería un montón, pero...eres...mereces...yo...joder...lo siento...- y necesitaría mil vidas más para seguir pidiendo perdón.
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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#8
Lo sintió cerca y el invierno amenazó con salir, porque los sentimientos no los pudo controlar. No está nublado y llueve por todos lados, en una sensación que no se calma, solo empeora, hasta que llegan las palabras correctas. Es una promesa que habla de una vida completa, por el resto de los tiempos y solo aumentó el quejido de sus llantos, aunque debería estar feliz.

El problema es ¿De qué sirve quererse tanto si están tan lejos? ¿De qué sirve tener tantas cosas buenas, si igual se va a ir? Se limpió el rostro con el dorso de la mano, en un acto que no tiene sentido, porque una vez más está empapado. — De qué hablas, debo parecer un desastre — con la nariz roja y el rostro del mismo color por tanto llanto. Incluso sintió como llega el dolor de cabeza, porque sentir el resto de los males no es suficiente al parecer — Me gustaría ver, para saber como eres — es la primera vez que se lo dice a alguien. Es conocer qué hay más allá de una oscuridad que siempre le ha traído templanza — Solo me gustaría eso.

No es el mar, no es el cielo o las estrellas de las cuales siempre pregunta, porque esas siempre estarán ahí, pero Owen ya le ha avisado que se va a ir ¿Cómo podrá recordarlo entonces?

Se dejó acomodar, no le importó en qué posición quedar mientras queden cerca. Incluso el tacto sobre la piel no lo rechazó, posando su mano sobre el dorso de la ajena — Está bien — se rió entre la tristeza de la despedida por sus palabras, porque lo mejor sería decir que no ¿Para qué lo querría? Pero en realidad prefiere que sea así, quedarse con algo más que un dulce recuerdo, en un acto egoísta.

Dejó su mano y avanzó al rostro ajeno, lo repasó con cuidado mientras la historia comienza. No es lo que espera, no es lo que le gusta oír, pero prefiere hacerlo, porque permanecer ciega e ignorante ya no es opción, de nada le sirvió, de nada lo hará de ahora en adelante, porque todos avanzan ¿Y ella? Ha decidido quedarse y permanecer, mientras el resto le deja atrás.

Tal vez es hora de partir también.

—Está bien, no te disculpes — porque ha entendido la historia, la razón y la presión que carga consigo. Es demasiado para sumar a alguien más, además se encontró con un cariño legítimo que deseó atesorar, incluso si ahora está opacado por un montón de sentimientos  — No me importa lo que hayas hecho antes, o el color de tu cabello, Owen. Solo me importa que estés bien y que me quieras. — porque ella no puede solucionar ninguno de sus problemas, solo no volverse uno más.

Un movimiento la llevó a abrazarlo, pasando sus brazos por la zona del cuello y encontrando las manos en la nuca. Se apegó a él con fuerza, es un gesto que conoce, pero ésta vez parece ser más fuerte, como si no quisiera soltarlo ¡Porque no quiere! Pero deben hacerlo — No lo sé ¡No lo sé! Yo tampoco sé lo que haré — ¿Qué se supone que ocurre en esas separaciones? Porque ha oído de ellas, pero se recuerdan con nostalgia, no con esa tristeza.

—Pero yo no quiero a alguien más — ¿No es el favorito? ¿No lo prefiere a los demás? No se sintió capaz de decir que sí, que seguirá con otra vida, porque no la quiere. No ha ocurrido y en ese momento no parece una opción siquiera — ¿No se supone que ya tengo la mitad, el apellido? Quiero la otra, quiero lo que me hace falta para ya sabes... para ser esposos — no es un juego de niños, pero lo parece, porque aunque son palabras comprometedoras, todo se ve de manera simple, sin las miles de vueltas que pensaría otra persona. No aparece el problema de ser algo así ¡No ve el problema! Como no lo puede observar a él, las estrellas o el paisaje.

—Ve con ellos — lo soltó ligeramente, para acomodarse frente al rostro ajeno, cerca, tanto que puede sentir su respiración haciendo cosquillas a su piel — Yo te alcanzo después — pegó su frente a la de Owen con suavidad — Ya te encontré una vez, seguro puedo hacerlo de nuevo ¿No? — sonrió con un nudo en la garganta y un par de lágrimas, porque aunque su discurso es prometedor, no es un ahora, ni un mañana — Con lo mal hablado y ruidoso que eres, seguro te encuentro en donde estés, solo... no cambies  — sus manos terminaron en los hombros de Owen y avanzaron con suavidad, seguramente sabe que busca encontrar sus palmas, para enlazar sus dedos, en ese gesto que siempre hace con él, porque tomarse de las manos es con cualquiera, pero ese detalle es solo para él  — Prometo que lo voy a hacer.

Porque todo lo que ha prometido lo ha cumplido.

—Así te llevo la mitad que falta y el corazón que has perdido.

Llegaré con todo lo que hace falta, incluyéndome.
[Imagen: Gwendolain.gif]
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#9

Incluso en una situación tan crítica, en un momento tan doloroso para él, aún con una separación tan inminente como inevitable, tenían...palabras lindas que decirse, el uno para el otro. Para nada se había apagado, mucho menos diluido, el afecto que parecían tenerse esos dos. Al segundo que ella se lamentaba de no poder saber cómo era el muchacho, enternecidísimo por sus palabras, Owen, sonrió de forma totalmente boba, con un labio inferior retraído mientras le acariciaba el resto que le arrancaba mil y un suspiros -No soy ni un cinco porciento de lo espectacular que eres tú, Gwenchu.- y por más que estuviese agitado, producto del llanto, pudo darse un segundo para tomar aire y seguir avasallándola de todo el cariño que...no sabía cuándo volvería a poder darle.

— No me importa lo que hayas hecho antes, o el color de tu cabello, Owen. Solo me importa que estés bien y que me quieras. —

[Imagen: 2a982adb61a67642728080db11e43d49.jpg]
-Lo hago, mucho, más de lo que...podrías imaginarte.-

Su extenso flequillo, ciertamente, ocultaba esos orbes celestes que parecían marchitos como lo estaba su corazón, pero, esta vez...el dolor se sentía distinto; No era el dolor de unas cadenas que apretaban los sentimientos, sino, de sentir el cómo querer a alguien de verdad. Tal vez era un capricho, tal vez era la compañía que siempre buscó, ¿Le importaba? En lo más mínimo, como si quisiese detener el tiempo y hacer que esta noche, así falten días para zarpar, fuese infinita. No paraba de observar aquel antifaz blanco, húmedo, producto de las lágrimas que brotaban de dos almas divididas por los sentimientos que habían decidido unirlos meses atrás. Compañeros de casa, amigos, ¿Novios? La relación entre ambos había escalado tanto que...ni siquiera podían ponerle un calificativo, al menos...nunca pudo hacerlo Owen, porque definirla, ciertamente, era limitarla.

—Pero yo no quiero a alguien más —


[Imagen: IOQ7eN2.png]
-¡P-pero el...el mundo es...es muy grande, Gwen! ¡E-eres la mujer más hermosa de todos los mares, eres espectacular!-

Tartamudeaba sin parar, nervioso, muy celoso, odiaba lo que estaba diciendo, pero quería mantener ese falso coraje como si aparentase una madurez inexistente en lo que a relaciones amorosas podrían tratarse. Le hablaba con el ceño fruncido, sonrojado, mucho, muerto de pena de lo que estaba respondiéndole -Puedes conseguir al hombre que quieras, eres...eres totalmente increíble. Agh...qué cojones estoy diciendo,- ¡TAK!, llevó su palma para chocarla con su rostro, interrumpiéndose -odiaría que eso pase. Puede pasar...ojalá que nunca pase...eres super bonita y...no sé, yo- pero se interrumpió, congelado, otra vez, porque Gwen, haga lo que haga, tenía la habilidad para patear psíquicamente al pelirrojo una...y otra vez.

Nada se le escapa, nada, jamás.

Y le encantaba que así fuese.

Ella recordó, sin lugar a dudas, su comentario previo a un compromiso estrecho, legal, uno que ella debía conocer, incluso, mejor que el propio Owen. Se puso tan, pero tan rojo que todo el alcohol en sangre que iba y venía le mareó, luego del último susurro de una chica que hablaba con la sinceridad de una niña, una pureza total, tal y como siempre Gwen fue para él -¿Y...te gustaría...casarme conmigo en el futuro?- sonrió, de forma tonta, desviando la mirada hacia el suelo. Parecían tan unidos, como si nada de lo que el muchacho había dicho hubiese existido en primer lugar. Una pequeña risita, una que mezcla timidez, ternura y un poco de sorbida de nariz, como si el llanto, poco a poco, se fuese calmando.

"Ve con ellos, yo te alcanzo después" -...- qué demoledora era, ¿Dónde había aprendido a ser tan letal con las palabras? Parecía tener un diccionario mental para elegir todos y cada uno de los sustantivos que pudiesen helarle la sangre al muchacho, sabía exactamente dónde y cómo golpearle una y otra vez -Yo...- sintiendo cómo, mientras que su expresión parecía de un niño regañado, con sus labios apretujados, ojos húmedos, llenos de tristeza y agobio, sentía cómo su corazón palpitaba solo de tenerla enfrente. Sería absolutamente imposible que, incluso aunque pasasen años, no la identificase a noventa kilómetros de distancia y, sin dudarlo y lanzándose al mar si hiciese falta, buscarla. Y lo haría mil trillones de veces hasta que la vida le diga basta -No Gwen, no.- llevó ambas manos a sus hombros, separándola ligeramente, frunciendo el ceño mientras que sus párpados, hinchados y rojos de tanto llorar como un niño, buscaban observar esos que parecían permanentemente cerrados, aunque se le saliese el corazón por la boca en cuanto viese el morado original de sus ojos -Yo te lo juro...te lo prometo que te buscaré. Por mi vida, madre, lo que quieras. Yo sé que crees en Dios, dile a tu Dios que, te lo juro porque me maten, te buscaré.-.

 — Prometo que lo voy a hacer.

-Prometo que lo voy a hacer.-

Al mismo tiempo, al unísono, como si durante una décima de segundo sus cerebros hubiesen sido uno, dijeron exactamente lo mismo, como si aquel ente sobrenatural al que Gwen se refirió desde que tiene uso de razón, por un momento, los hubiese unido de manera literal, incluso, porque llevaría "la mitad que le falta y el corazón que perdió" -Quédatelo, no lo quiero más.- se acercó a ella, progresivamente, permitiendo que las estrellas iluminen su lateral, arrodillado frente a ella. Llevó su mano derecha hacia su mentón, buscando abrirlo muy ligeramente y acercarlo hacia él -Quédatelo por completo...- y mientras lentamente cerraba sus ojos, con un trillón de emociones que explotaban en su interior como fuegos artificiales, fue acercándose más y más, bajando su tono de voz -...porque no quiero que tenga hueco en ningún lado...- casi a punto de besarla, remató -...si no es contigo, siempre.- para estrecharse con mucha más intensidad de lo que jamás lo hubiese hecho, casi como si fuese ese mismo instante cuando fuesen a alejarse. Llevó su mano libre hacia la parte de atrás de su cabeza, evitando golpearla con brusquedad con la madera que evitaba que ambos cayesen al vacío. No solamente la empujó más hacia él, ejerciendo un poco de fuerza, sino, que amortiguó el posible golpe que pudiese darse la muchachita con aquella mano protectora, intensificando aquel contacto de labios...mucho, mucho más.


Porque cuando aprenda a cocinar, cuando ya no sienta el sabor de sus labios, cuando proteja incondicionalmente, cuando quiera genuinamente, va a volver a hacerlo.

-Porque te buscaré hasta el último centímetro del planeta, Gwen...Yang.-
-Hablo- , Narro , -Pienso-
[Imagen: Fusaneitor.gif]
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