El arbol Subhodi (Pasado/Mahou)
#1
El arbol Subhodi
montañas de isla karate, Dia 75 de Verano, año 16.
[Imagen: C6kX3Y6.png]
La fragancia desprendida de las hojas en la madrugada era ligera, suave y dulce, como la clara agua que desembocaba circundante desde el rio, como la piedra enmohecida entre las extensas raíces, transmitiendo un sencillo aroma silvestre que se esparcía alrededor de las montañas y despertaba sobre todas sus plantas, como los bambú y las flores, un aire fresco desprovisto de toque industrial, razón por la qué muy alejado al bullicio, o de la presencia de otra persona, nuestra figura solitaria caminaba cuesta arriba por un empinado sendero persiguiendo con calma el origen del meandro.

Él en ocasiones hacia uso de la punta inferior para apoyarse. Pues, aunque no era un bastón podía decirse que sostenía entre sus manos una herramienta que cumplía prácticamente de esta función, avanzando un paso a la vez mientras que se apoyaba para facilitar su viaje hasta poder deslumbrar solo en el final del estrecho sendero y a mitad de un risco que tenia por único paisaje de las aguas, de un majestuoso camino cerrado por la espalda de una colina o de una cascada quizás fracturada que permitía de la plena estancia de un árbol de ciruelos repleto de frutos incluso entre sus suelos.

[Imagen: W33M5XP.png]

Inevitablemente me habría detenido para apreciarlo.
Isla Karate estaba rodeada en su mayoría de arboles,
como gigantescos bonsais que rodeaban a montañas,
o bambúes, o flores y así, más me gusto aquella vista.

Así que descendí, desviándome de la ruta en dirección a la cima de la montaña para deslizar con cuidado ambas de mis piernas sobre el risco, extendiendo con plenitud ambas de mis alas negras, aterrizando sobre un grupo de rocas irregulares que rodeaba un tercio de aquella charca de rio y igual qué en el principio avanzando un paso a la vez entre las rocas, esta vez con pequeños saltos, hasta alcanzar una agrupación de rocas más solida en donde estaba dispuesta el árbol y se podía caminar, se podía observar de sus frutos tirados y oler el aroma del agua y sus peces alrededor.

Estaba tentado a pescar. O incluso, en disfrutar el rio.

Pero, en sentidos resultaba mejor que me limitara por lo qué luego de recostar mi mano derecha sobre la corteza del árbol me incline lo suficiente, para tomar y pulir sobre mi abrigo de un fruto, aunque no lo mordería de inmediato, primeramente encontrando un asiento, acomodando de mi cuerpo entre algunas hojas y rocas mientras que la sombra de las hojas alcanzaba a cubrir mi cara, después de todo era muy temprano, el sol todavía no alcanzaba su mayor punto y por esta vez tan solo haba decidido que seria una buena oportunidad para acampar, para caminar o para explorar.

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#2
Indudablemente la mañana se prestaba para relajarse al sol, y que mejor idea que hacerlo bajo la fresca sombra de un árbol mientras se aprecia el agua fluir junto a sus peces por el rio.

Por supuesto, que más de uno iba a tener la misma rutina.

Con un cesto repleto de duraznos, manzanas y uvas que fue recolectando al pasear, eligió como lugar para desayunar la altura en las ramas de un árbol, un plan clásico de ella considerando su afán por trepar... y para tomar a alguien por sorpresa.

Mientras estaba disfrutando de sus ciruelos que iba dejando caer del árbol, escuchó unos pasos en el césped aproximarse. Fue allí cuando vio una figura sentándose bajo sus ramas, y para Mahou se sintió como si una bombilla se encendiera en su mente.

— ¡Ukiki...! — cientos de ideas se le cruzaron por la cabeza, y era inevitable que se le escapara una risa que interrumpía con el silencio de la escena.

Apresurándose antes de ser descubierta, tomó uno de sus duraznos y lo dejó caer sobre la cabeza de aquella figura.

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Mahou Chikao
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#3
El arbol Subhodi
montañas de isla karate, Dia 75 de Verano, año 16.
[Imagen: C6kX3Y6.png]
Estaba sentado sobre el césped que rodeaba el árbol, aprovechando el desvío de sus raíces como posa-brazos mientras inclinaba y recostaba mi cuello para alcanzar a sentir con esté de la madera, cerrando ambos ojos, buscando encontrar algo de calma mientras disfrutaba en silencio del claro sonido del agua fluyente de la cascada y de la extensa charca que rodeaba nuestro apacible lugar, ¿había una pequeña criatura trepando cerca? si, podía intuirlo, escuchando como el ruido de sus pisadas avanzaban alrededor de la bifurcación del tronco y la escalaban, pero no me preocupaba.

Imaginaba qué seguramente debía ser una iguana, ardilla o animalillo silvestre.

A manera que, incluso el movimiento de esta figura encima de las hojas del árbol resultaba como parte de la conexión con la naturaleza para mi despreocupada idea de conectar con mis pensares, ignorante en cierta manera, dispuesto a entenderme a mí mismo y luego una repentina sensación invasiva impactando y rebotando, sorpresivamente, interrumpiendo cualquier reflexión profunda, pues un fruto había dado sobre mi tabique obligándome a despertar, no habiendo caído dormido realmente sí debemos ser precisos, pero levantando mi cuello tal y como sí así hubiera sucedido.

Mi instinto más profundo había sido tocar del tabique.
Enfocando la atención de mi mirada sobre propia piel,
A manera qué sentiría leve ardor pero nada de sangre,
nada que importara, o eso pensaba hasta escucharle.

“¡Ukiki...!”

Estaba seguro de qué eso no era el sonido de ardillas. Pues, aunque no parecía una palabra real tampoco mantenía características guturales o fonéticas de ninguna especie de mamífero o ave, sencilla razón por la qué encontraría curiosidad, inclinando mi cuello y mirada hasta arriba de las hojas y encontrando encima a la figura igual de pequeña de una joven, quien parecía divertirse, ¿estaba saludando con aquel gesto? eso parecía entenderse, entonces detrás de ella observaría propiamente de su cola, ¿por qué observaba una cola? tal vez y todo estaba solo en mi cabeza.

Pero, entonces recordé de una conversación con Li.

-Tú, pequeña chica peluda ¿eres un humano qué es mono, o un mono qué es humano?- preguntaría con intriga, levantando mi mano y acariciando de mi propio mentón, mientras mis propias alas eran, lentamente escondidas bajo mi ser, bajo mi forma creciente y brindándome paso, mostraría para ella que también tenia mi propia cola de un pelaje negro, sacudiéndola detrás de mí mientras observaba, reflexionando de mi propia pregunta qué a cierta manera había sido una forma maleducada de ser o de referirse a cualquier mujer, pero no intencionada, no hostil o brusca, simplemente, sobre el pelo.

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#4
Cuando su mirada se cruzó con la de aquel hombre, Mahou reparó en su estatura, dándose cuenta recién entonces de que este la sextuplicaba en tamaño, incluso estando sentado. No pudo evitar la sorpresa reflejada en su rostro donde fruncia su mirada y abría la boca — ¡¿Eh?! ¡Pero si eres gigante! —

Con los antebrazos apoyados en las rodillas, se inclinó hacia adelante para verlo mejor agachando la cabeza, pero en ese momento su cuerpo perdió el equilibrio. — ¡Weh...! ¡EeeEeh! -  agitó los brazos tratando de no caer, hasta que, al echarse hacia atrás, terminó colgando cabeza abajo de una rama, sosteniéndose con la cola que usó instintivamente para atajarse.

Ya boca abajo, se cruzó de brazos tratando de recuperar la compostura. — Sobre mí, ¡Yo qué sé! Soy un mono y un humano a la vez. Un humono, se podría decir. — esbozó una ligera sonrisa pícara por el chiste, aunque le duró poco, uno de sus duraznos cayó del árbol por el movimiento y le golpeó el mentón. Frotándose el rostro, continuó — ¿Y tú que, eres un gigahumano? ¿Un humanopajaro? — se fijó en las alas de su espalda.

— ¿Un gigahumanopajaro...? — murmuró pensativa, habría continuado pensando en combinaciones de no ser porque notó aquella cola de pelo negro que sacudía de lado a lado. Esta vez, los ojos de Mahou se llenaron de emoción, y lo señaló directamente con el dedo índice de su mano izquierda, mientras que apoyaba la contraria sobre su cintura. 

— ¡No, ya sé! ¡Eres un gigahuMONOpajaro! — exclamó con total confianza en su respuesta. — ¡¡ESO ES INCREIBLE!! — y comenzó a columpiarse de lado a lado sobre la rama, dejando caer algunas hojas al suelo. Es evidente, que el haber visto la cola de animal en el cuerpo del sujeto provocó la alegría que desprende y que no intenta ocultar, ese pequeño detalle logró que se ganara toda la atención de Mahou.
Mahou Chikao
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#5
El arbol Subhodi
montañas de isla karate, Dia 75 de Verano, año 16.
[Imagen: vppRKjbz_o.png]
La sonrisa en mi rostro se ensancho a su comentario. Pues, me resultaba divertido que la pequeñita remarcara incrédula mi tamaño como sí fuera realmente comparable de una criatura gargantuesca, ¿acaso era así de inquietante mi presencia? esperaba en serio qué no, pero tampoco importa tanto como para replicar nada, de manera que tras una suave expresión risueña me limite con acercarme, buscando los detalles de su rostro entre la multitud de hojas hasta que mi mano llego a encontrarse luego de abrirse camino entre las ramas y cubriendo así alrededor de la altura de su cabeza y cuello.

No podía negar qué ciertamente la diferencia era muy obvia.
Aunque, para una casi humana no es que fuera algo inusual.

-¡Ya veo, entonces sí eres capaz de hablar! y no eres solo pelo debajo de tu ropa colorida ¿correcto?- bromearía de mala manera, metiéndome otra vez con la mona, pero a su vez apartando mi mano incluso cuando ni siquiera la había tocado en ningún momento ni había estado lo bastante cerca, como sí me hubiera resistido a la idea de tomar a su pequeña figura provista desde nuestro árbol igual que una fruta y solo tras cruzar un par de palabras estuviera seguro de lo qué estaba viendo, avergonzado de manera natural por mi mero pensar mientras que muy educadamente juntaba de ambas manos bajo mis mangas para saludar, mostrando un cierto nivel de respeto por conocerla.

¿Más no era su rostro algo familiar? si, le había visto antes.
Era la segunda vez que lograba verla para ser más precisos.

-Entonces ¿eres una amiga de Cao o algo así?, creo qué llegue a verte en su fiesta del té la otra vez.- destaqué con soltura, manteniendo una reverencia breve y corta que finalizaría unicamente tras haber expresado aquel pensamiento coincidente, dado qué a fin de cuentas aquella reunión era mucho más que una simple reunión casual y pretendía la formación de una verdadera sociedad, llegue a observar con mayor a interes de esta mujer una vez había levantado por completo de mi postura y podía permitir volver a ver su rostro femino lleno de facciones claramente distinguibles.

-Aunque, por supuesto debes ser incapaz de reconocerme bajo esta forma ¿hazme un favor sí?- remarque consecuente, casi apresurado, incluso agresivo, de manera qué tal vez podía esperar cualquier disgusto mi apreciada compañera y debí toser para rectificar, claramente fue un error, realmente no pretendía contestar con un tono demandante ni imponer palabras disgustantes de ninguna índole así que solo señale con mi dedo ambas de sus manos, sus hombros y su nariz.

-Intenta que no se resbale de tus manos ¿esta bien?- resumi, sin aclarar exactamente a qué estaba refiriendome pero resaltando que mi comentario desde un principio iba dirigido hacia lo tomase, resaltandose qué había algo que esperaba poder entregarle y espere en misma manera que ella extendiera sus manos, señalando que debía extenderlas, apuntando con énfasis y de repetición, entonces una vez lo hubiera hecho, aquel hombre alto que habia hablado con ella hubiera sido desaparecido de pronto y hubiera encontrado un gato de pelaje negro profundo entre sus brazos.

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#6
A medida que la figura del hombre se alzaba entre las ramas, la sonrisa de Mahou fue desvaneciéndose poco a poco, sustituida por una expresión de sobresalto. Era una presencia tan imponente que, sin darse cuenta, su cola se soltó del árbol y su cuerpo cayó de golpe sobre el césped golpeándose la cabeza con un quejido corto y apagado.
Permaneció unos instantes de rodillas frotándose el lugar donde se golpeó mientras trataba de recuperarse de un mareo que le hizo parpadear varias veces antes de sacudir la cabeza con fuerza, intentando despejarse. Luego apretó los puños y los alzó en una postura defensiva, apretó los dientes y frunció el ceño. Su mirada se clavó en la del gigante que la observaba. — ¿Y que si tengo solo pelo? ¿Tú estás cubierto de plumas o qué, gigantón? —

Sin embargo, cuando vio aquel saludo su tensión se redujo poco a poco. La reverencia la tomó por sorpresa, tanto que bajó los puños y ladeó la cabeza, apoyando el dedo índice en su mejilla mientras lo observaba con notoria confusión. — ¿Mmmh? —

— ¿De qué estás hablando? No había ningún Cao en la fiesta del té organizada por Cacao... y solo podíamos ir los que teníamos invitación. 
Aquella pregunta la distrajo, se dejó caer al suelo y se acomodó sentándose con las piernas cruzadas sobre el césped, dispuesta a escuchar el supuesto favor. Ya estaba lo suficientemente confundida, y la curiosidad pesaba más que el enojo. — ¿Mis manos? — arqueó una ceja, sin entender a que se estaba refiriendo.
Aún con los brazos cruzados, dudó un poco un instante antes de mirarlas, y fue cuando notó el peso cálido de un gato que había saltado sobre ellas. Parpadeó dos veces incrédula, levantando la mirada solo para descubrir que el gigante había desaparecido.  
— ¿Neko? — miró al animal con desconcierto, y lo alzó a la altura de su rostro para consultarle: — ¿Dónde está el gigahumonopajaro?
Mahou Chikao
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#7
El arbol Subhodi
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La confusión repentina de la niña resultaba intrigante. Pues, hubiera asumido que la mera acción de estar dispuesto a confort de sus brazos debió de ser más que suficiente para disparar una asociación, lamentablemente no parecía haber sido el caso por lo qué debo haber estado en espera sin aclarar o pronunciar menor respuesta mientras me limitaba a observar como un espectador de su curiosidad, incluso puede preguntándome durante un instante ¿cree qué he desaparecido?, casi como sí lograra disfrutar la incertidumbre que ella misma se habría impuesto mientras me limitaba a dejarla pensar.

Así, sin oposición y con sus manos en mis costillas fui alzado.
Esta vez compartiendo una mirada profunda y una pregunta.

Pero, ¿acaso no era aquella inquietud verbalizada una retorica que ni siquiera planteaba la respuesta ni mucho menos pretendía el encontrarla ante la adversa desaparición o intriga hacia mi presencia?, claramente mi compañera contaba en virtud con todo carácter o capacidad necesaria para llegar a la verdad por lo qué en medio de la distancia del silencio aguardaría con recelo cualquier confirmación, ¿estaba ella segura de quien era el gato o solo le gustaba cargarme? qué importaba, había permitido de cualquier manera su agarre, sus dedos sosteniendo el pelaje esponjoso y no di menor resistencia.

La mirada amarilla de mis ojos tan solo se detenía sobre ella.
Observando en calma sus movimientos hasta poder bostezar.

Disponiendo las almohadillas rosadas, extendiendo cada una de las falanges superiores en su piel y apretando sus garras en una caricia sostenida como agarre sobre la textura de las manos humanas, sin pretender brusquedad, sin rasguñar la piel o clavarse, apenas sosteniéndome sí es que podíamos asumir que todavía podía decirse así mientras conservaba las piernas y también la cola bajo el aire, entonces había empezado a ronronear con suavidad en un acto descarado de manipulación o quizá provisto de sigilo mientras claramente intentaba seguir haciéndome el tonto y ver de su impresión.

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#8
Aún no lograba entender qué había pasado con aquel sujeto. Con semejante tamaño, era imposible que se hubiese ocultado de su vista... y tampoco parecía tener intención de hacerlo. Entonces, ¿a dónde podía haberse ido, y para qué?

Mahou suspiró, frunciendo el ceño, mientras colocaba al gato bajo su brazo, se incorporó con un pequeño impulso de su cola, sacudiéndose el polvo del vestido. — No pudo haberse ido muy lejos tan rápido, ¿no-ukiki? — murmuró, asomando la mirada hacia ambos lados del árbol, pero como era de esperarse, no vio nada.

Levantó la vista hacia la copa del árbol, por si el gigantón había trepado para esconderse, aunque la idea fuera absurda. Aun así, su instinto la empuja a comprobarlo, sin éxito. La única opción que le queda es fijarse en el felino que carga bajo el brazo.

— Mmm... tú sí que pareces saber más de lo que aparentas-ukiki... — susurró, acercando al gato a su rostro. Aun sabiendo que podía arriesgarse a un zarpazo, lo olfateó intentando descubrir si aquel pelaje guardaba algún rastro del olor del hombre-pájaro... o si solo olía a gato. 

— Oye, gato... ¿tú de casualidad no has visto al hombre-mono-pájaro-ukiki? — pregunta con total seriedad, arqueando una ceja y mirándolo en silencio por un instante, ahí es cuando se da cuenta de lo absurdo que suena aquello. Como era de esperarse, el gato solo respondió con un ronroneo suave. 

Mahou solo lo escuchó, ladeando la cabeza con curiosidad. Luego, sonrió con picardía. — Ah, claro... silencio de gato, eso debe significar '¡sí, si lo vi!' — y sin dudar, lo alzó y lo colocó sobre sus hombros como si fuera una bufanda alrededor de su cuello. 

— ¡No es hora de dormir, señor gato! ¡Un mono con alas acaba de desaparecer frente a nuestras narices, y no puedo dejarlo ir así como así! ¡Tú vas a ayudarme, entendido-ukiki! - con las manos libres recogió su cesto de frutas, y caminó cerca de la cascada.

El aire húmedo la envolvía, concentrándose en los susurros de las hojas, el agua cayendo por la cascada y el ronroneo del gato sobre sus hombros que parecía más dispuesto a dormir que a cooperar. — Ya verás, pajarraco gigante... cuando te encuentre, vas a tener que explicarme cómo hiciste ese truco de desaparición-ukiki... 

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Mahou Chikao
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#9
He de admitir, sumiso a ella, no encontré verdadera razón de protesta o principio de negación que fuera valido y por tanto acabe permitiendo su deseo o atestiguando su rara personalidad, disponiendo el peso de su rostro pálido y risueño en mi, pero no porque hubiera obrado en mi cualquier movimiento que ejerciera intención sino porque en su inocencia ella me controlaba, buscando profundamente un aroma, disponiendo de su tabique en mi cuello y presionandome entre sus dedos se extendían de arriba a abajo en mi tórax, con un aroma muy propio de ella.

Lógicamente mi aroma también seria muy reconocible.
Y si ella hubiera prestado más atención notaria además.
También iba vestido con un pequeño conjunto de ropa.
Idéntico a excepción del tamaño ¿podía ella recordarlo?

En cualquiera de los casos, nuevamente habría sido formalizada una pregunta hipotetica a mi nombre o distinción pero otra vez había decidido mantener mi papel de gato y no hacer mucho, apenas levantando de la pata izquierda para alcanzar a presionar la delicada nariz fémina con las almohadillas y falanges de gato, típicas en olor a cheetos, con claro y algo de tierra debajo, de manera que esperaba obstaculizar en cierta manera sus interrogantes mientras jugueteaba expandiendo la retina de mis ojos hasta un óvalo sumamente adorable como propia distracción.

Inesperadamente sería alzado hasta la altura de su cuello.
Observando a su altura una perspectiva de su cuello y nuca.

Por supuesto, me costó bastante encontrar en dicha postura una forma de mantenerme sujeto a sus hombros sus rasguñar de su piel, pero de alguna manera encontré equilibrio temporal, agachando todas mis extremidades para mantener mi estómago apegado a su piel mientras que sin saber exactamente que esperar de sus energéticos pensamientos observé a su rostro, buscando en su mirada un atisbo de locura que asumía innato de ella, entonces la mujer avanzó y aunque no me gustaba del todo el agua bajo esta forma observarla las gotas salpicandome.

No hice mucho además de contemplar bajo sus hombros.
Aunque estaba listo para saltar en caso de irse a mayores.

Naturalmente inspirado en un espíritu de intriga ante la detectivesca reacción de la mujer mono quien esperaba resolver mi paradero, ¿tal vez preocupada o bajo una sospecha más evidente? mientras no había habidoenor momento en cuál me hubiera alejado, manteniendo un pulso de corazón constante y escuchando también del suyo a todo momento mientras me acomodaba, hasta finalmente haber brindado con total despreocupación una lamida rasposa en la parte posterior de su cuello a mitad como un gesto típico de gato dulce y también por curiosidad.
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#10
Efectivamente, puede percibir el aroma del mono pájaro que emana del gato. Su olfato le asegura que él está ahí, pero sus ojos le dicen lo contrario, ya que entre sus brazos solo hay un pequeño felino de pelaje suave que toca su nariz usando sus almohadillas, y Mahou pestañea un par de veces, incrédula, le resulta difícil aceptar lo que ve. En su cabeza empiezan a cruzarse cientos de ideas. No puede ser él, ese olor es inconfundible y su olfato nunca la había traicionado anteriormente. Pero entonces... ¿dónde está el mono pájaro? ¿Y por qué este gato huele igual que él? De todas maneras, ninguna respuesta posible parece tener sentido para ella. 

Mientras tanto, deja que el gato se acomode sobre sus hombros como si pudiera, con completa confianza, casi como si le perteneciera desde siempre. Mahou frunce el ceño, ladea la cabeza, y lo observa de reojo. El silencio del felino no le resulta normal. Bueno, aunque sabe que no podría responderle con palabras, ese aire tranquilo y misterioso la inquieta más de lo que quiere admitir. Ahora que lo tiene tan cerca, lo olfatea indiscretamente una vez más, con la misma sutileza con la que husmea sus frutas, y confirma que el olor es idéntico. 

¿Será que este gato le pertenece al mono pájaro? .¿O... el mono pájaro se transformó mágicamente en un gato? Inmediatamente sacude la cabeza con fuerza, negando. Eso es una locura. La única explicación lógica para ella es que este gato... 
 — Gato... no me digas que te comiste al mono pájaro-uki... — siente un poco de horror fingido ante la idea, girando el cuello para mirarlo directamente a los ojos por encima del hombro. Sin esperar una respuesta por su parte, se cruza de brazos ofendida. — ¡No te hagas el tonto conmigo-ukiki! ¡Yo sé que algo escondes! — en lo que espera por una reacción del gato, abre su ojo derecho con muy mal disimulo para no quitarle atención.
Mahou Chikao
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