Las negociaciones con el sujeto de aspecto entre lúgubre y peligroso parecían ir bien. Pese a su aura peligrosa, rasgos que para ojos de un malandro como Owen le facilitaban saber su "nivel de peligrosidad", la situación parecía estar relativamente bajo control. Como bien el muchacho comentó hace tiempo, tampoco parecía tener demasiadas opciones más allá de cooperar e, incluso con sus exigencias, la situación parecía sonreír al pelirrojo teñido de forma sumamente grata.
Parecía que no tenía nada en contra específicamente de Uker, pero este tipo era tan notablemente precavido y parecía atar sus negocios de manera tan eficiente que era capaz de eliminar los posibles cabos sueltos antes de que siquiera fuesen a serlo. Dentro de Owen un pensamiento muy veloz viajó a modo de flechazo, pero tenía que mantenerse incorruptible al menos hasta salir de aquella sala -Y qué ocurrirá cuando yo me vuelva un cabo suelto también.- porque pese a ese aspecto bruto, algo desaliñado, ruidoso y confrontador, Owen resultaba ser poderosamente analítico y hasta sorprendentemente listo. Sin mucha inteligencia académica, pero con una experiencia tan notable en las calles que le permitían predecir ciertos eventos, palabras y hasta actitudes.
Pero hubo una sola cosa que no pudo predecir, y fue cuando, con ambas manos en la nuca, escuchaba y miraba situacionalmente al ahora nombrado como Jin. El primer comentario le provocó ruido, una pequeñita crispación en todo su cuerpo en el instante que el sujeto asumió que Owen era un superviviente. ¿Cómo? -¿Eh?- y fue inevitable que su mirada viajase hacia el suelo, descolocándolo un poco aunque aún con los pies en la tierra...hasta que, bueno.
Vino el empujón al abismo.
—Ya sabe… como usted frente a la familia Wickson.
-...eh?-
Owen siempre se había mostrado estable, desafiante, incluso demostraba una constante incapacidad para ser amedrentado al estar involucrándose en situaciones similares a estas (De menos a más graves) a lo largo de toda su vida. Pero esto lo había tomado no solamente total y completamente por sorpresa, sino que le había provocado un apretón en el centro del pecho que le hizo subir la mirada con muchísima lentitud para ubicar los ojos del enmarañado sujeto que parecía querer enrredar al pelirrojo entre sus redes. Físicamente había caído en su juego, pero no psicológicamente, el muchacho de ojos celeste claro tenía sus ojos que volaban de maneras relativamente convulsas, nerviosas, porque este tipo, este tan Jin Onizuka, sabía mucho, DEMASIADO para su gusto. Ni siquiera su enorme capacidad para hacerse el tonto o simplemente evadir el tema pudo hacer acto de presencia, quedándose petrificado y con vértigo -¿Cómo..sabes...? ¿Qué sabes?- su confusión inmensa empezó a escalar en agresividad, dejando entre ver esos colmillos ligeramente alargados que tenía de nacimiento y empezando a fruncir el ceño en una clarísima expresión envuelta en agresividad. Permaneció ligeramente silente mientras prestó atención a todos los detalles sobre el tal Uker Rackham, pero su cabeza ya estaba parcialmente en otro lado. Su cuerpo se crispó, su cuello fue un poco hacia adelante y ambos puños empezaron a apretarse con mucha, mucha fuerza, mostrando ese estado violento e inestable que le provocaba todo lo que había tenido que vivir y lidiar desde hace ya dieciocho años simple y llanamente por ser un bastardo.
—Cuando consigas el Den Den Mushi, te esperaré aquí mismo y te ofreceré lo que necesites para la comunicación. No permitas que sepan que eres un espía, ni que sacas información para nadie. Quiero algo discreto. Por supuesto, por mi parte no daré conocimiento de dónde consigo información. Después de todo, tengo contactos por todas partes y estoy seguro de que eres consciente de ello. Sin embargo, quiero ver si ésta oportunidad que te doy merecerá la pena.
Owen había empezado a dejar de prestar atención.
-¿Quién putas cojones eres?-
Ese aura alegrón, algo despistado y ligeramente infantil se había empezado a transformar lenta y ligeramente en el instante que se mencionó a la "familia Wickson", apellido que le atormentaba y que, inclusive, le forzaba emocionalmente a teñirse el cabello de aquel rojo carmesí en lugar de su original blanco platinado. Estaba molesto, MUY molesto, porque este sujeto tenía acceso a información que le empezaba a hacer sospechar al pelirrojo de lo peor: Conocía al enemigo final y, tal vez, eran aliados -¡¿EH?! ¡TE PREGUNTÉ ALGO, JODER!- ya esa amabilidad, cordialidad e inteligencia a la hora de negociar se perdió casi en un parpadeo por tocar una fibra tan sensible por el joven debido a que TODO ESTO estaba siendo provocado por ellos, incluso, su mal vivir e ideales extremistas de liberación. Su obsesión con aquella rebelión contra la burguesía oscilaba entre el capricho de un niño que quiere llamar la atención y una venganza incontrolable debido a todo lo que sufrió él y su madre desde que tiene uso de razón. La distancia prudencial que el chico tenía se acortó con mucha velocidad, demostrando lo ágil que resultaba ser y no dudó en encarar directamente al mafioso que le había hecho perder la cordura momentáneamente. El chasquido de aquella chaqueta formal sonó debido al agarre con ambas manos un Owen descontrolado y con los ojos llenos de un odio visceral, casi como si estuviese enfrente del famoso señor Wickson delante. La diferencia de distancia no era demasiada, pero la suficiente para que sea notable y, aún así, el muchacho forcejeó hacia adelante al hombretón para gritarle directamente en la cara -¿¡Qué tienes que ver con ellos!? ¿¡Cómo COJONES sabes que si soy un superviviente, que si Wickson, que siUNA PUTA MIERDA?!- estaba desencajado, su voz incluso se quebraba de la rabia -¿Acaso estás con ellos...? ¿¡EH!?¿¡ACASO ERES UNA RATA, CERDA, ASQUEROSA, AMIGA DE LOS RATAS QUE ME VOLVIERON LA MIERDA QUE SOY?!- evidentemente el pelirrojo necesitaba un terapeuta, porque parecía estar diciendo cosas que, posiblemente, estuviesen dentro de su cabeza, dormidas en una vida llena de disgustos, amargor y la calle. Mucha calle -Quiero que me digas quién eres y porqué cojones me buscaste.- y, en un arrebato, con su brazo derecho, hizo un empujón hacia adelante que hizo aparecer una de las tantísimas fichas que había ganado entre los dedos índice y pulgar, llevándolo directamente hacia la cicatriz del mafioso hombre con una expresión envuelta en la locura y el arrebato sin tocarle directamente -Y te juro que como no me putas digas cómo es que sabes lo que sabes, te haré esa cicatriz mucho más grande de lo que ya lo es.-.
Cita:La otra que parecía estar cubriendo las monedas y haciendo movimientos con ellas para guardarlas, se detuvo, viéndose un último gesto de muñeca hacia abajo, como si soltase las pocas fichas que atrapaba entre sus dedos a excepción de una.
Tan predecible… Sí, esa era la palabra acertada. Ni siquiera parecía inmutarse ante el shock ajeno, ni mucho menos a la clarísima amenaza que iba dirigida a su cicatriz, que se hallaba a la vista por mucho que fuera desagradable. Su calma se apreciaba imperturbable, sus ojos solo contemplaban con más dureza al contrario, sin moverse un milímetro. Cierto era, sabía que iba a ser impulsivo, que podría hacerlo perder la paciencia, pero no al punto de armarse y amenazarlo directamente. Eso solo hacía las cosas más interesantes, tenía las agallas que buscaba. Otro punto más a favor del teñido pelirrojo.
—Creo que no hace falta presentarme una segunda vez.
Pese a la respuesta irónica, su sonrisa se mantenía intacta, sus ojos fijos en el “arma” improvisada que ahora iba en dirección a su propia cicatriz. Sabía bien que la amenaza podía ser real, pero no buscó confrontarlo. Graciosamente, la situación le resultaba de lo más entretenida e, irónicamente, solo podía ver el reflejo de su propio pasado en el deseo de aquella clara venganza que el joven buscaba. Cerró los ojos unos segundos, manteniendo su sonrisa, dejando escapar un sonido de sonrisa irónica antes de centrar su mirada a él.
—Owen. — hizo una pausa, sus ojos encontrándose directamente con los ajenos, esperando a cualquier tipo de reacción. —¿No crees que sobrevivir solo en medio del mar es peligroso? ¿O crees que llegar a la orilla fue algo fortuito? — otro clavo más en el ataúd. ¿Lo salvó él mientras perdió la consciencia? ¿O quizás era solo un farol? No importaba, quería saber más de aquel joven ahora. No de su vida privada, de aquello estaba bien informado, sino de las capacidades que pudiera llegar a poseer después de aquella explosión inesperada.
Su mano se elevó, calmada, tomando la muñeca que estaba cerca de su frente, apretándola con la fuerza suficiente para darle a entender dos cosas; la primera, que no tenía miedo a aquello y, lo segundo, la fuerza en la que claramente superaba al menor, apretándolo con más firmeza, suficiente para dejarle las marcas de sus dedos si no se alejaba, aunque a saber de qué era capaz la adrenalina ajena. Aún así, lo acercó más hacia su propia cicatriz, haciendo que la ficha con la que lo apuntaba ahora rozara ligeramente con su cicatriz. —Adelante, inténtalo. Sería una lástima que después de esto… — su sonrisa ahora se volvió lentamente una expresión más seria a medida que hablaba, apretando por completo la ficha en su propia cicatriz, llegando a sentir el frío roce en ella.
—Pero no podré hacerme más responsable de seguir ayudando a la señorita Moria. Quién sabe si termine en algún pequeño accidente…
Ahora esperó, al menos por algunos segundos, para ver cuál iba a ser la nueva reacción de Owen, aunque tampoco quiso darle demasiada espera en una respuesta que claramente buscaba. —Y no te preocupes. No estoy con ellos, pero tampoco contra ellos. Aún así, si consigues que esté satisfecho con tu trabajo, puedo plantearme la idea de ayudarte en tu pequeña venganza contra ellos. Además, no te vendría mal el dinero si no me equivoco.— porque, desde luego, planeaba algo más. No era una familia que pasara tampoco desapercibida y él mismo planeaba su propia venganza contra alguien también, aunque no fuera de esa familia. ¿Por qué no aprovechar y conseguir más contactos?
La rabia del pelirrojo estaba escalando a unos niveles altamente preocupantes; Su reacción era demasiado volátil e inestable, incluso, habiendo vivido tantísimos momentos de negociación y situaciones límite a lo largo de su vida. Sin embargo, no se esperaba que alguien podría tener información no solamente de su pasado, sino...tener detalles de todo lo que le rodeaba, habiendo vivido en tierras sumamente lejanas.
En cuanto el mafioso mencionó su nombre, la tensión podía cortarse con un cuchillo, y en su ceño comenzaba a marcarse una vena en la frente que demostraba lo a la defensiva que se había puesto con tantísima facilidad. Todo había sido tan reciente, todo había sido tan convulso y estaba tan pero tan lejos de su casa, de una madre que lo odia, de una vida que lo trata como un despojo humano y de un entorno que todo lo que quiere es verlo perecer que...todo eso, tarde o temprano, se convierte en una falta de autocontrol explosivo y sumamente efervescente, no por nada la mano del muchacho temblaba convulsa con aquella ficha entre ambos dedos: No por miedo, sino, por el excesivo subidón de adrenalina que lo tenía desencajado.
—¿No crees que sobrevivir solo en medio del mar es peligroso? ¿O crees que llegar a la orilla fue algo fortuito? —
-...Eh?-
Owen, ahora sí, estaba pálido. Toda esa inyección brutal de hormonas que generó semejante situación stressante se disolvió tan rápido que hasta le generó una sensación de vértigo, tanto, que dio hasta un pequeño paso hacia atrás, envuelto en el susto. Su instinto de supervivencia estaba empezando a gritarle que ya se había acabado las negociaciones. El muchacho se sentía completamente libre, ajeno a los apegos. Por su cabeza voló un solo pensamiento -Este tipo...me puede matar incluso durmiendo.- porque sabía perfectamente que el tal Jin Onizuka no lo había visto en la playa donde cayó...pero, seguramente, sí alguien que trabaja para él, o gente que lo informó lo suficiente de su existencia.
El corazón del muchacho empezó a palpitar y su rostro se llenó en una expresión ahogada de pupilas diminutas, con ojos que no se quitaban de aquellos celeste-grisáceo del mafioso solo por estar pendiente de que pueda hacerle algo. Incluso, la mano del muchacho que estaba intentando alejarse de la situación como si aquel sujeto generara un campo magnético de repulsión progresiva fue tironeado devuelta hacia adelante -¡¡!!- haciendo que la respiración del chico se agitase ligeramente. Él...empezaba a sospechar lo peor, porque si este tipo tenía tantísima información sobre él, su paradero, su origen, y sus objetivos...
—Pero no podré hacerme más responsable de seguir ayudando a la señorita Moria. Quién sabe si termine en algún pequeño accidente…
-...No...yo...yo todavía...no...-
Suponer que su madre "sufra un accidente" sería un quiebre total a su objetivo de vida, generando una ansiedad que se tradujo en un nerviosismo tan gigante que, ahora sí, lo había hecho entrar en pánico. Este tipo tenía información de su madre, su único punto débil, la única fragmentación que lo ataba no solamente al mínimo de cordura que el joven suele tener, sino, al sentirse absolutamente culpable, a partir de ahora, de que a ella pudiese pasarle algo por su culpa. Alguien que sufrió desde que tiene uso de razón por culpa de una vida que no eligió vivir, al igual que él. Se sintió tan responsable, que -¡ALÉJATE!- comenzó a agitar en todas las direcciones su brazo para intentar zafarse del sujeto, forcejeando sin parar -¡TE DIGO- y, de un fuertísimo tirón hacia arriba que lo hizo casi trastabillar y retroceder varios pasos hacia atrás...
-QUE ME DEJES! ¡NO ME TOQUES!-
No habían insultos, porque esos se usaban cuando él sabe que tiene el control de la situación. Estaba envuelto en el pánico, su corazón latía con tanta intensidad que le quemaba en el centro del pecho. Quería vomitar, pero el terror le tenía arrinconado de aquella mirada oscura y sombría que ya le había advertido, desde el principio absoluto de la conversación, que este tipo era peligroso. Lo sabías, Owen, ya te encontraste con tipos así...bueno, tal vez, este es colosalmente diferente -¡Investigaré al tipo ese, Uker Rackham! ¡Haré la ratada que quieras! Pero...por favor...- sus rodillas temblaban tanto, pero tanto, que cayó sobre ellas, ¡TAF!, sonando el ruido seco de los huesos de las mismas conjunto a un cuerpo tan derrotado que ni él mismo podría reconocerse. Seguido de ello, le acompañaron las palmas, el mundo empezó a temblar a su alrededor y la vista empezó a tornarse borrosa. Quería llorar, pero...todavía existía una mínima chispa de defensa, algo que le hacía apretar los dientes y los ojos con tanta fuerza que se le marcaban las patas de gallo, apuntando con su rostro al suelo -...no le hagas nada...a...mi mad-a Moria...- estaba con su cordura tan frágil que casi se le escapa algo que lo delataría aún más, si este sujeto tenía el conocimiento de quién era aquella mujer. No sabía cómo afrontarlo, enfrentarlo, ni digerir una situación en la cual él estaba en su Isla, como mucho, hace un mes.
El muchacho escuchó la última sentencia del mafioso, afirmando que no estaba ni a favor, ni en contra de su situación. Ésta reunión se había puesto infinitamente más complicada de lo que Owen podría haberlo querido, tanto que solo quería huir hacia la Isla Tamanegi para saber del estado de su madre...pero la impotencia imperaba en él de una forma grotesca; No tenía dinero, recursos, estaba LEJÍSIMOS de su tierra natal, y seguramente...su madre no le buscaría otra vez.
Estaba peor que en la espada y la pared: Estaba trabajando para la Espada de Damocles.
-Necesito el dinero...para...ayudar...a ella, a mis ex compañeros de banda...a todos...los pobres de Isla Tamanegi...- no hacía falta que él liberase aquellos detalles, pero el tiro le salió tan fuerte por la culata que le perforó el centro del pecho (Metafóricamente). Ya no era seguirle el juego para su conveniencia, sino, para su supervivencia y de la única persona que realmente quiso. Todas esas reacciones impulsivas, esos gestos locos, esa actitud relativamente despreocupada...todo enmascarado en lo que realmente es: Un niño realmente frágil, con los sueños rotos, y que tuvo que padecer demasiada crueldad desde muy temprana edad...bueno, la sigue padeciendo -...haré lo que me pides pero...joder,-¡TUB!, golpeó con la parte baja de su puño al sueño, generando ese característico sonido hueco pero bastante grave -no dañes a Moria, ni a nadie...que conozca de esa isla...por favor...- el final de su voz, quebrada, lo hizo hacerse un pequeño ovillo, retrayendo sus brazos hacia atrás, como si intentase protegerse la cabeza. Ya no le importaba mostrarse débil ni frágil ante aquel sujeto delante de él, porque dentro de tanta actitud pilla, actitud de malandro y descaro absoluto por la ley...había un corazón que clamaba por tener una vida medianamente normal y, en su ingenuidad...creería que la obtendría si salvaba a su madre del castigo divino que era pertenecer a la peor clase social de esa isla -...por favor, cálmate con ella. Lo siento, joder...siempre lo arruino...siempre...siempre...siempre...siempre...siempre...siempre-¡TUB! ¡TUB! ¡TUB!, puñetazo tras puñetazo, lleno de frustración, casi emitiendo el descargo que todavía no había podido hacer desde que quedó a la deriva en una lejana isla.
Tan solo quería salir de ahí y llorar en un rincón.
Su mirada no se alejó, igual que tampoco cambió su tono de voz mientras su mano lo sostenía con firmeza. El intento de huir era inútil, su fuerza claramente era mucho mayor a la del contrario. Por mucho que tratara de apartarse, no lo iba a dejar tan fácilmente. Ser autoritario y mostrar sus capacidades no era solo a base de amenazas y soltar algo de información, también mostrar que él mismo tenía las capacidades para que lo obedeciera, del mismo modo que lo soltaría cuando a él le diera la real gana… y ese momento llegó pronto, cuando escuchó los gritos de Owen, mientras trataba de soltarse forcejeando. Su expresión permaneció igual que al inicio, sin cambios, sin alteraciones, pero sí soltó repentinamente la mano ajena de un momento a otro, liberándolo de la prisión que era su única mano derecha.
El pánico estaba hecho, consiguió lo que tantas otras veces en ese joven; hacerlo caer y suplicar de rodillas. Otras tantas veces más… entonces, ¿por qué tenía una extraña sensación amarga? Hizo un silencio, sus ojos contemplando con calma y sin alteración el derrumbe por el que caía Owen en un solo momento. Fue cuando se le cruzó algo en mente, un leve recuerdo de su mamá siendo joven, odiado y repudiado, igual que aquel joven, recordando cómo casi había muerto, cómo aquella cicatriz que cargaba era parte de uno de los múltiples malos tratos de sus propios padres. Sus ojos se elevaron, dejando escapar un suspiro, ahora comprendiendo aquella sensación extraña; se vio reflejado en el joven. Dejó escapar el aire de sus pulmones desde la nariz en forma de suspiro, rodando los ojos, su mano acomodada en su propia mejilla, en una expresión que, pese a no comprender del todo, claramente estaba cargada de pensamientos.
—Levántate.
No quería hacerse ver como el que era un santo, desde luego él no lo era ni lo iba a ser. Lo que sí hizo fue ponerse en pie, levantarse hasta acercarse lo suficiente al joven, quien lo veía golpear el suelo una y otra vez, con una súplica tras otra. Se preguntó, por un momento, si en el caso de haber sentido ese mismo amor por su madre también habría caído tan bajo… O si realmente lo sentía en aquella época y por eso decidió huir en vez de matar a sus padres. Las cosas, desde luego, habían cambiado.
Retiró su mano derecha del bolsillo, manteniendo la izquierda en la misma y, descendiendo ligeramente su espalda, comenzó a despeinar a Owen suavemente, quizás más de lo que quería realmente, en un gesto… ¿paternal? Se sintió estúpido y apartó pronto su mano, reacomodándolo en el bolsillo una vez más.
—Solo haz el trabajo. No tocaré a nadie si no me das razones para hacerlo. De todas formas, dudo que tengas a dónde ir sin que te persiga alguien. — porque sí, gracias a la mismísima Moria, sabía más de lo que quería admitir. —Si cumples bien tu trabajo, serás recompensado e incluso me plantearé si ayudarte en tu pequeña venganza, pero quiero éxitos. Conseguirás dinero, y cuanto más trabajos hagas para mí, más te voy a pagar y más podrás ayudar a los tuyos. — reacomodó su mano en el bolsillo de nuevo, ahora retirando el paquete de tabaco que abrió fácilmente con su pulgar por la cantidad de práctica. —Solo trabajarás para mí, nadie más, así que cálmate de una maldita vez que, a menos que la cagues, no haré nada a nadie. No hago nada sin motivos.
Sus labios atraparon uno de los cigarrillos con los labios, manteniéndolo por el momento apagado y observando a Owen desde arriba, con la misma expresión fría y calculadora con la que había iniciado la conversación, camuflando de nuevo aquella sensación oculta que no mostraba ante nadie, ni planeaba que el joven viera tampoco.
—Por ahora, consigue el Den-Den Mushi como hemos acordado y te esperaré aquí. Con dar tu nombre será suficiente para que mis hombres te dejen pasar.
02-10-2025, 11:39 PM (Última modificación: 03-10-2025, 10:57 AM por Owen Yang.)
No se sentía humillado, sí, aterrado. Todo lo sucedido en Isla Tamanegi había sido tan rotundamente reciente que la sensibilidad estaba a flor de piel, más aún sabiendo que su pasado, inevitablemente, iba a atormentarle al nunca haber sido un santo de ninguna devoción. Hijo bastardo de un noble todavía poco conocido, Owen sabía que aquel sujeto era importante...más nunca hubiese imaginado la magnitud y el descalabro de que pudiese saberse, a nivel mundial, su existencia. Tampoco iban a poder matarlo así nada más; Se había vuelto simbólico en su isla, alguien que luchaba contra una injusticia implícita de un territorio dividido en anillos como si fuesen animales de corral. Derrumbado en el suelo, sintiéndose culpable de tener a la madre que lo odia con una diana en la frente y siendo completamente incapaz de poder defenderla...se sintió absoluta y completamente de rehén.
—Levántate.
-Tsch.-
Detuvo aquel martillar con el puño, pero en su rostro solo había una cantidad gigantesca de frustración. ¿Acaso esto significaba tener que abandonar Isla Karate tan pronto? ¿Tendrá que estar de polizón durante quién-sabe-cuánto por miedo a que maten al único ser que quiere? -Tendré...que separarme de Gwen.- el corazón le latía a una velocidad criminal, con vértigo, teniendo que entender la gravedad de su situación y cómo la vida parecía haberle empezado a esbozar una mueca de sonrisa al abandonar su tierra natal. Nada más alejado de la realidad; Otra vez, el ciclo de odio tenía que ser perpetuado. Mejor para ti, Owen, ¿No? Así cumples tu tan codiciado objetivo de derrocar una tiranía...que todavía ni comprendes.
Sintió aquella mano sacudiéndole los cabellos con ligereza, una mano que se sentía tan helada como un témpano de hielo, una que le generaba un rechazo tan enorme como el de querer levantarse y colocarle un cuchillo en la garganta. Se estaba volviendo visceral en sus adentros, pero...el miedo era más fuerte, mucho más -Sólo...no toques a Moria.- no lo miraba a los ojos, no podía, porque el rechazo era tan enorme que le destruía internamente a pura impotencia. Quería gritarle, negarse rotundamente a irse de aquella isla, de ver cómo había hecho amigos, conocidos, roces indecorosos y...alguien especial. Arrebatado, todo, en un suspiro, por el propio destino que quiso dárselo. Aquello fue casi la única respuesta dicha por un pelirrojo algo patético y derrotado, mientras el mafioso, con claro dominio de la situación, intentaba aminorar la amenaza ofreciendo, incluso, una ayuda adicional a la búsqueda de venganza personal -Haz lo que puto quieras. No toques a Moria.- lenta y progresivamente, el muchacho de ojos celestes, se empezó a incorporar, llevando su mano hacia una de las rodillas para volver a quedarse de pie con una mirada tan odiada como vacía.
"No haría nada sin motivos". El ceño fruncido, rabioso, frustrado, no cedía en lo más mínimo delante del hombre oscuro que tenía frente a él, mientras sentía los intensos escalofríos de su cuerpo que gritaba a todas luces el salir huyendo de allí, incluso, siendo alguien que oscila entre la valentía y la estupidez a modo de péndulo perpetuo. La mirada de Owen, libre de esa alegría, chispa, energía y jovialidad que tanto lo caracterizaban...parecía haberse ido. Su corazón se sintió quebrado, dolido, lastimado y pareció volverse momentáneamente un robot -Sabía que no podía encariñarme de nadie. Nunca puedo encariñarme.- maldecía para sus adentros, aunque se moría de ganas de gritar.
—Por ahora, consigue el Den-Den Mushi como hemos acordado y te esperaré aquí. Con dar tu nombre será suficiente para que mis hombres te dejen pasar.
-Vendré mañana.-
Seco, directo, al punto. La expresión de Owen era la de un verdadero tipo peligroso, demostrando que las calles le habían enseñado muchas cosas...y no todas precisamente buenas. Ya era bastante tarde como para ir a un comercio a conseguir un Den-Den Mushi tradicional, por lo que no quedaría más que esperar hasta el día siguiente -Jin Onizuka, solo te voy a advertir de una cosa:- parecía una persona completamente diferente, saltando de faceta en faceta: De la divertida a la pilla, de la pilla a la aterrorizada y de la aterrorizada a la...sangre fría -mantén a Moria bien, entera y en una pieza. Ella es la diferencia entre que yo tenga algo que perder...- dio dos pasos, solo dos, hasta quedar casi pecho con pecho con el mafioso. Seguía aterrado, asustado y en sus cabales, pero...era como si parte de su cerebro se hubiese conectado a algo mucho más visceral, más violento -...y que no.- un silencio sepulcral invadió la sala durante unos segundos. Tenso, tanto como un hilo sostenido desde ambos extremos-Protégela.- y luego de darle la espalda, volteando al mirar la puerta, prosiguió -Porque sino, para el resto de tu vida, te van a tener que proteger de mi.- para finalmente encarar hacia la misma puerta que antes le había provocado el miedo e incertidumbre y, sin siquiera despedirse con una pisca de respeto, abandonó la sala con un portazo.
Fue para él inevitable salir corriendo en cuanto cruzó el arco de entrada hacia el casino que tanta dicha le había dado minutos atrás. En un callejón, derrumbado, pegó su espalda a la pared, arrastrándose hasta quedar sentado, hecho bola, y empezando a dar muchos movimientos espasmódicos de sus hombros con su rostro oculto entre sus rodillas.
Estaba llorando, mucho, como un niño perdido y acomplejado.
Estaba acostumbrado a recibir tanto el odio como las amenazas, pudo sentirlo vibrar de furia, mas no se inmutó, solo volvió a acomodar su mano en su paquete para, ahora sí, sacar un nuevo cigarrillo, encenderlo con naturalidad y exhalar el humo tranquilamente, completamente ajeno a los pensamientos del joven. Predecible, de nuevo, la reacción del joven, sencillamente se quedó en pie, con un repetitivo clic en su mechero, hasta que la llama hizo acto de presencia, el tono rojizo del cigarrillo se volvió anaranjado y sopló el humo con naturalidad.
—No te preocupes, jovencito. No planeo hacerle nada… A menos que me des razones por ello.
Repitió el diálogo y, tal y como prometió a aquella misma mujer, no revelando por qué la conocía. Solo cumplía su trabajo, pero sorprendentemente lo pudo volver sumiso verdaderamente veloz. Había creído que no apreciaba tanto a los jóvenes ni familiares de aquella isla, cuán equivocado estaba. Eso podía ser un punto más a su favor, buscando que le brindara completa y absoluta obediencia. Después de todo, era sencillo; mantener a Owen a salvo, no le importaba si herido, pero no muerto.
Sus ojos azul pálido se mantenían con naturalidad a los ajenos, sin atisbo alguno de temor. No, por supuesto que estaba acostumbrado a ello, de hecho le sorprendía que no lo jalara de su traje como otros muchos, ya era más autocontrol del que esperaba. Amenaza directa, y sorprendentemente coherente. Claro, quien no tenía nada que perder, no valoraba tanto su vida, ni la de los demás, no era estúpido. Sin embargo, su mano se posicionó tranquilamente en el cigarrillo de sus labios, apartándolo a un lado, soplando el humo en el rostro que se le había acercado más de lo recomendado. —No hago nunca las cosas gratis. Si quieres que la proteja, trabaja bien, no me des problemas, y me encargaré que nadie, ni siquiera ese hombre bastardo, le vuelva a poner un solo dedo encima. Dependerá de cómo te comportes, qué hagas, y cómo lo hagas. Quiero trabajos bien hechos, nada de quejas ni lloriqueos. A cambio, te garantizaré la protección de tu querida Moria desde el último de sus cabellos. Quién sabe, quizás hasta ponerte al día de qué hizo, qué comió, cómo lo hizo, dónde está, qué hace… Tengo ojos por todas partes, joven. De nuevo, aquella terrible sonrisa cargada de malicia se dibujaba en su rostro. A diferencia de sí mismo, Owen no tenía nada con lo que confrontarlo, al menos no por el momento. Elevó su cigarrillo con su diestra, ahora más divertido.
—Aunque suena verdaderamente tentador que deba protegerme un joven rebelde como tú.
Lo vio partir, dejándolo en la soledad de la habitación, con el silencio ahora abrumador repentino que le dio la bienvenida, en la absoluta soledad, irónicamente. Pese a todo, esperó pacientemente, caminando hasta una ventana que daba al exterior del casino. Era obvio que por esa noche habría dejado de apostar. Quién sabe, quizás no solo como mercader, quizás supiera hacer algo más. Habría que averiguar más a base de trabajos. Sin aviso alguno, tomó su propio Den-Den Mushi, preparando su propia voz, sus palabras. Una voz femenina, temblorosa, fue quien recibió su llamado.
—Tengo a tu hijo a salvo, Moria, tal como acordamos.