El Abrazo de la noche [Auto T1 - PR]
#1
   
        Imagen del Personaje
       

Zhang Zhang Guolao - El Ermitaño Nevado (Y Silencio) 

       

Ambiente Musical


   
   
   
       

El Abrazo de la noche</h3> 

Isla Karate - Día 41 de Verano Año 16  

       
           

Siempre he oído las historias de los hombres y las canciones de los viejos marineros sobre las olas adentrándose en las calles y los cerros derrumbándose en el puerto.

Cantaba animado Zhang Gulao, el viejo Mink de nieve, mientras caminaba lentamente por las calles adoquinadas de aquella isla olvidada en el South Blue. El sol, una brasa ardiente de color naranja y púrpura, comenzaba a desaparecer en el horizonte, pintando las nubes con un espectáculo de melancolía y gloria. En las calles, el calor del ron, mezclado con el aroma salino del mar, inundaba las noches como de costumbre. Cada paso de Zhang sobre la tierra, parecía resonar con el eco de su canción, una melodía que había aprendido de un pirata ciego en la Grand Line y que había memorizado junto a su inseparable compañero, Silencio.

Zhang se encontraba especialmente alegre esa tarde. Sus orejas peludas, tan largas como las de un burro, se movían al compás de la brisa, captando cada murmullo, cada risa ahogada y cada fragmento de conversación. Deambulaba atento a las noticias del lugar, pues los chismes eran su alimento diario, un manjar de historias que lo mantenían conectado con un mundo que había aprendido a observar desde las sombras. Sin embargo, los rumores de aquella tarde tenían un tono diferente, un presagio de sangre y dolor que contrastaba fuertemente con la calidez del crepúsculo.

—¡fue Marlon, fue Marlon!— gritó en la lejanía un grupo de marinos, que se alejaba con su marcha habitual, sus pasos pesados resonando contra las piedras. Zhang Gulao se detuvo en seco. Golpeó el suelo con su pezuña, una expresión de sorpresa y fastidio en su rostro. Un escalofrío, no de frío, sino de curiosidad, recorrió su cuerpo. La excitación de una posible aventura lo invadió. Sin pensarlo dos veces, comenzó a seguir a los marinos, mientras su forma se desvanecía en el aire, en la neblina helada de su presencia. Zhang se alzó junto al viento, volando con la gracia de un ave. Su amigo, una pequeña criatura de grueso pelaje y ojos brillantes, se aferró a su hombro, como cabalgando un dragón invisible sobre el aire de la noche.

Mientras ascendía, Zhang buscó entre sus múltiples objetos. Y así, un pequeño caracol de color negro apareció entre sus manos. Era un Den Den Mushi. Con suavidad, lo acarició con ternura, despertándolo de un largo sueño. Un suave “clac” sonó, el caracol abrió sus ojos y extendió una de sus antenas.

—Hola— lo saludó, dándole un suave golpecito con su dedo. El Den Den Mushi, acostumbrado a los bruscos modales de su dueño, no se inmutó.

No bastaron más palabras para que aquel caracol empezara a funcionar, resonando con la estática de una conversación lejana. Zhang, afinando su agudo oído, alcanzó a descifrar los fragmentos de un diálogo que flotaba en el mar. El resultado fue algo peor de lo que esperaba: un hombre conocido como Marlon Dientegrande llevaba un tiempo atacando el puerto de la isla, causando todo tipo de problemas y sembrando el pánico entre los lugareños. La conversación, un hilo de temor y frustración, desapareció abruptamente, dejando un eco de lo que parecía ser una batalla en curso.

La prudencia le dictaba que lo más sensato era mantenerse alejado. Después de todo, ya había un grupo de la Marina que parecía ir a terminar con Marlon, y Zhang no era un hombre de conflictos innecesarios. Sin embargo, el viejo Mink de las nieve no se perdería aquel espectáculo. Oculto en el horizonte, intentando perderse en la oscuridad del cielo y las nubes que se volvían más densas, continuó su camino rumbo a los puertos. La distancia no era tan grande, y la emoción le daba alas, como redbull.

Un estruendo lejano rompió el silencio de la noche: “¡Pummm!”. El sonido de los disparos resonaba, y Zhang ya no se encontraba muy lejos. Descendió con su torpeza innata, una característica que, mezclada con la emoción del momento, hizo que su aterrizaje fuese forzoso. Terminando estrellados contra una vieja casa, que desgastada por el tiempo resonaba con fiereza, gritando al viento que aquella estructura no duraría mucho tiempo en pie. Zhang se levantó con lentitud, sacudiendo la tierra y el polvo de su pelaje. Silencio, el fiel compañero, chilló con un reproche juguetón. El Mink se disculpó con una palmadita suave y, sin pensarlo mucho, comenzó a acercarse al lugar de los hechos, con el corazón galopando por la expectativa.

Al menos eso era lo que esperaba. En lugar del fragor de la batalla, un grito herido, lleno de dolor y desesperación, hizo que su atención cambiara de dirección. Detrás de unos viejos barriles, un marin se encontraba agachado, cargando un pequeño costal. Su uniforme blanco, inmaculado hasta hacía poco, se bañaba de un escarlata brillante. Un rastro de sangre que se filtraba desde el bulto manchaba la madera del muelle.

—¡El niño!— gritaron desde lejos, y fue entonces que Zhang se percató de que aquel marin cargaba un cuerpo pequeño, herido con gravedad.

Su cuerpo, aunque pesado y robusto, se movió con la fuerza de una avalancha. En cuestión de segundos se trasladó a las cercanías de aquel grito, donde, agudizando su único ojo bueno y su oído excepcional, logró entender mejor lo que sucedía. Una escena sacada de una película de terror se desarrollaba ante su mirada.

El pequeño se encontraba inconsciente sobre la madera húmeda, su piel pálida y su respiración superficial. Lo que antes había sido su brazo, ahora era solo un recuerdo vivo de una terrible mordedura, que hacía que de su cuerpo pareciera una fuente de agua. La herida era grave, con bordes dentados y profundos, un rastro del ataque de alguna bestia salvaje. El olor a sangre y el aire de pánico le hicieron comprender que esto no era un juego de niños.

Zhang se acercó de inmediato, sin mediar palabras, sin prestar atención a la presencia de aquel cuerpo de marines que, junto a él, intentaban salvar la vida de aquel moribundo niño. Los gritos de los marinos, la desesperación en sus rostros, el olor metálico de la sangre... todo se volvió secundario para el viejo Mink.

Actuó con la naturalidad de un médico curtido en mil batallas, alguien que había visto de todo en aquel mundo aterrador y cruel. Sin perder tiempo, alzó el cuerpo de aquel pequeño, intentando elevar la herida para evitar el flujo de la sangre. Un acto instintivo, una reacción que venía de años de experiencia. Zhang buscó entre sus objetos, sus manos moviéndose con la rapidez de una liebre, algo que le permitiera controlar el sangrado. Tomando una tela limpia de su mochila, aplicó la presión necesaria. Con una firmeza que sorprendió a los marinos, supo exactamente dónde presionar para que la sangre comenzara a cesar poco a poco.

A su alrededor, la batalla continuaba, pero a un ritmo diferente. Comenzaron a reunirse diferentes personas, marinos y lugareños, que, atónitos, observaban nerviosos por la presencia de Marlon Dientegrande. A lo lejos, el vals de disparos y voces continuaba, un fondo siniestro que hacía que el silencio en el muelle fuera aún más aterrador. Zhang comprendió en ese momento la gravedad del asunto. Era una verdadera masacre.

No obstante, aún no era tiempo para pensar en ello. Ahora era necesario intentar salvar la vida de aquel pequeño infante. Junto a algunos de los marinos, que ya se habían recuperado del asombro, logró reunir el material necesario para darle los primeros auxilios al niño. Un cordel, un par de palos y una tela más gruesa, y en un par de minutos, habían terminado un torniquete profesional, tan bien hecho que un cirujano de la Marina lo habría aprobado.

Y eso, era lo que Zhang podía hacer con su conocimiento y herramientas. Sin pensarlo mucho, levantó la cabeza y, con voz firme, ordenó a los presentes: —¡Lleven al niño a un centro de salud, necesita ayuda urgente!—

Los marinos comenzaron a susurrar. La presencia de un viejo burro en medio de una batalla no pasaba desapercibida, y ciertas historias sobre un Mink de nieve y un médico errante habían logrado llegar hasta ese puerto olvidado. Zhang continuaba observando a su paciente, intentando hacer todo lo posible por salvarlo, hasta que sintió el frío del metal en su espalda. Volteó con suavidad, observando cómo algunos marinos comenzaban a apuntarle con nerviosismo.

—Eh, matasanos, entrégate. Ya sabemos quién eres— ordenaron, sus voces llenas de una mezcla de temor y bravuconería.

Zhang levantó sus manos en señal de paz, mientras observaba cómo se marchaban con el niño para terminar de atenderlo.

—¿Por qué me apuntas con algo tan peligroso, si solo he venido por el grito de ayuda de aquel niño?— se encogió de hombros, sin lograr comprender la mentalidad de aquellos marines sin cerebro. Era la eterna ironía. Salvar una vida y ser recompensado con una bala.

Su cuerpo comenzó a transformarse con disimulo. Comenzó a convertirse en su forma de logia para escapar en el momento adecuado. La temperatura del aire bajó un par de grados. Silencio, el pequeño compañero, se acomodó en su cuello, sintiendo el cambio.

—Más matasanos será tu abuela— dijo juguetonamente, mientras sonreía de oreja a oreja. Fue en ese instante donde aquella arma se disparó, hiriendo uno de los hombros de aquel viejo Mink, quien no pareció inmutarse ante aquel acto barbárico. Zhang era un hombre de nieve, o mejor dicho, un burro de nieve. Su cuerpo era nieve. Y un grupo de marinos novatos no iban a terminar con su historia en aquel rincón del South Blue.

Los marines abrieron sus ojos incrédulos, observando cómo aquella herida comenzaba a sanarse de forma casi inmediata, gracias a sus atributos de usuario de logia. El proyectil, un simple pedazo de metal, se perdio en su hombro, y la nieve se volvió a solidificar. Zhang cerró entonces su ojo, y resignándose a lo que estaba a punto de suceder, dio un giro rápido sobre sí, para asentar una patada giratoria contra aquel hombre que acababa de dispararle.

—Pudiste herir a mi pequeño amigo, y eso hubiese sido tu último error— habló con tranquilidad, pero su voz, ahora fría y cortante, no era un simple susurro. Zhang no era un mentiroso. La patada fue un simple aviso.

Aquel marin chilló de dolor, y se rindió tendido ante las patas de aquel Mink. Sus compañeros copiaron sus acciones, y al unísono, alzaron las armas contra él. Pero para entonces, Zhang ya había logrado completar su transformación, y el aire del lugar se enfrió al instante. Un manto de escarcha se formó en el suelo, haciendo que algunos de los marinos soltaran sus armas, mientras los otros apuntaban con torpeza, sus manos temblando de frío.

Zhang, por su parte, dio un gran salto hacia el cielo, mientras su cuerpo se transformaba al punto de poder volar por los aires. Aquel día, el viejo Zhang Gulao escapó de aquellos marines, que por el efecto del frío no lograron acertar ninguno de sus disparos. Silencio se encontraba sano y salvo, en el frío resguardo de su amigo.

Marlon Dientegrande. Esa sería historia para otro día. Pero por el momento, debía encontrar un refugio mientras pasaba aquel alboroto. Quién diría que ya era todo un viejo famoso. El eco de los disparos se desvanecía detrás de él, y con cada metro que ganaba, la paz regresaba a su cuerpo.

Zhang rebuznó, un sonido grave y profundo, mientras movía su trompa de un lado al otro. El presentimiento de una nueva aventura invadía su cuerpo viejo, dotándolo de vida y alegría. Zhang Gulao se mezcló con la noche y desapareció por los aires de la isla, dejando atrás solo la escarcha y la leyenda de un Mink que no dejo morir un pequeño. El mar y el cielo eran su hogar. Y, después de todo, las historias de los hombres y canciones de viejos marineros debían continuar.
       
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Ficha de Zhang


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       
NombreZhang Zhang Guolao
RazaMink (Burro)
ProfesiónMédico Itinerante
Fruta del DiabloYuki Yuki no Mi
CompañeroSilencio (Mono)
Recompensa172.000.000
       

   


Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
฿ 226,000,000
?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
#2
Aventura Tier 1 Autonarrada Completada
Cita:Obtienes:
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