[Pasado]Comida en Roshwan
#1
El joven arquero había regresado de su cacería, con una pequeña liebre colgada del arco buscando entregarlo a un local que le interesara comprar la criatura para venderla como ingrediente, o despellejarlo y venderlo también para la fabricación de ropa o accesorios. Fuera como fuese el joven arquero decidió vender el animal antes de dirigirse al cuartel donde tenía su propia habitación a darse un bien merecido baño. El joven arquero ya había terminado todo lo que tenía pendiente tras la cacería, ahora solo le restaba ir a por algo de comer y beber, pues había ido a cazar bastante temprano y ya iba siendo hora de la comida. Tal y como era costumbre en el sargento, se colocó su arco a espaldas y se encaminó a comer, solo que en esta ocasión no comería en la cafetería de la base, quería probar la comida propia de la ciudad, hecha por cocineros ajenos a la marina y que no priorizaban la velocidad de preparación sobre el resto, algo comprensible en un lugar donde en cualquier momento los presentes podrían tener que salir a trabajar.

Nada más salir de la base, el joven pelirrojo pudo notar como el clima era más frío que antes, aunque al ser verano supuestamente hacía más calor que en invierno, pero seguía siendo muy frío, pude que incluso más que el invierno en otras islas. El joven empezó a caminar tranquilamente por las calles de la isla, atento a lo que le rodeaba por costumbre de cuando cazaba o cuando aún no había salido de Ilisia con el riesgo de que la familia del sujeto que le venció en el combate de entrenamiento pudiera hacer algo en su contra. Sus pasos lentamente dejaban marcas en la nieve, pues afortunadamente no estaba nevando lo cual hacía que al menos no tuviera que pelear contra eso para avanzar. El sol estaba ya bastante arriba en el cielo, aunque al estar medio nublado no se notaba demasiado pero al menos se podía ver sin necesidad de luz artificial. La gente caminaba por las calles, algunos paseando, otros entre mandados y otros yendo de un lugar a otro por trabajo, y mientras los vendedores que tenían sus puestos a los laterales de las calles tratando de atraer clientes.

Fue uno de dichos puestos que llamó la atención del pelirrojo, era un puesto humilde y sencillo, con una pequeña cocina y un olor agradable, con una mezcla de picante y dulce, además de un aroma que Bertram no reconocía. El joven arquero decidió sentarse y decirle al dueño

-Buenas, ¿podría ponerme su mejor plato y una jarra de agua, sir?-
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#2
Hoy decidí salir a dar una vuelta por la ciudad. No porque lo necesitara, sino porque me gusta que la gente me vea. No cualquiera puede presumir de alas negras extendidas bajo el sol, una figura que se abre paso sin pedir permiso, y un guacamayo azul sobre el hombro que hace que incluso los niños se queden mirando embobados, Blue me roba parte del protagonismo, lo sé, pero no me importa, él es la única criatura que dejo que brille a mi lado.

La calle olía a especias, humo y sudor humano, y aunque muchos se quejarían, para mí fue como un mapa vivo, podía distinguir qué vendedor había cocinado pescado hace un rato, cuál trataba de disimular la carne pasada con demasiada pimienta, e incluso quién llevaba escondido un trozo de pan en la bolsa colgando de su cintura. Mi olfato nunca falla, y aunque algunos dicen que mi propio aroma me delata a aloe vera, por cierto, no me culpen si hasta oliendo diferente soy inolvidable, yo lo veo como una marca. Algo que hace que no puedan ignorarme aunque lo intenten.

Blue graznó fuerte cuando pasamos junto a un puesto en el que tenían un par de liebres colgadas. Fruncí el ceño de inmediato. El vendedor pensó que era simple curiosidad, pero no, era indignación. ¿Qué clase de monstruo mata a un animal tan indefenso solo para adornar una mesa o vestir un cuello? Mi mano acarició el cuello de mi guacamayo para calmarlo, aunque era yo quien necesitaba tranquilizarse. Me mordí la lengua antes de sacar las pistolas y darle una lección a ese mercader. Sé que la Marina no vería con buenos ojos que yo “ejecutara justicia” a mi manera, pero si algo tengo claro es que los animales siempre estarán por encima de las reglas humanas.

Seguí caminando, con las manos en las pistolas gemelas, más para recordarme a mí misma lo que soy que porque pensara usarlas. Y lo soy, la mejor tiradora de la Marina, no necesito modestia porque la modestia es para los inseguros, cada disparo que hago es perfecto, cada blanco que cae es prueba de que la puntería corre por mis venas como la sangre. A veces me pregunto qué harían sin mí en los enfrentamientos, pero lo que hacen es seguramente perder el tiempo y disparar al aire esperando acertar por suerte.

Me detuve frente a un puesto callejero. El olor me llamó la atención, picante, dulce y algo más que no identifiqué al instante y eso, créanme, es raro. Blue inclinó la cabeza como si también estuviera intrigado, pedí un plato y agua, no porque lo necesitara, sino porque quería probar algo distinto.

Mientras esperaba, me recosté con los brazos cruzados, alas medio extendidas y la seguridad pintada en la sonrisa, porque sí, cualquiera puede sentarse a comer, pero pocos logran que toda una calle se detenga a mirar cómo lo hace.
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#3
El joven sargento se mantuvo de pie, tranquilo frente al puesto percibiendo aún esa peculiar mezcla de aromas que lo atrajeron a ese puesto, siendo que mucha gente lo miraba extrañado por su atuendo salvaje, como si fuera una bestia que había salido del bosque a asaltar la ciudad. La verdad el joven pelirrojo esperaba esas reacciones pus no era común ver ese tipo de abrigos en la zona, pero el arco en su espalda claramente mostraba que no era una bestia, y además llevaba una gorra de la marina pues era un recién llegado a la isla y no quería buscar problemas con sus jefes por no llevar el uniforme, y teniendo en cuenta que la normativa permitía usar su abrigo siempre que llevara algún símbolo que lo identificara como marine, decidió usar una gorra y poder estar resguardado del frío.

Bertram era alguien paciente, tranquilo y respetuoso, no metía prisa ni sacaba conclusiones precipitadas, y al mismo tiempo siempre prestaba atención a su entorno, una vieja costumbre de pasar días en un bosque por entrenamiento y tener que protegerse mientras buscaba sus presas, preparaba la comida y un refugio. Debido a ello fue que empezó a notar un ligero cambio en el ambiente, casi como si una celebridad o un noble hiciera acto de presencia pues el jolgorio cambió, dejó de ser charlas rutinarias y pasaron a susurros altos casi incomprensibles mencionando a una persona y, lo que más lo sorprendió, sus alas negras, mencionando lo hermosas e imponentes que eran. El joven arquero escuchó un graznido, y viendo que su pedido aún estaba preparándose se giró a comprobar lo que pasaba.

El joven arquero vio en su último combate que necesitaba mejorar sus capacidades, por lo que durante los entrenamientos estaba centrándose en mejorar su agilidad, pero de forma consistente y constante incluso cuando no entrenaba con su arco, el joven seguía entrenando su vista y su atención, buscando detalles, pequeños indicios en los movimientos y en las expresiones para buscar sacar más información, además de mejorar su puntería al lograr una mejor capacidad de fijación y concentración. Fue gracias a ello que pudo notar que la joven alada no parecía estar del todo tranquila, su postura mientras caminaba con las manos en las pistolas era casi cómo cuando sus primos apretaban el arco para calmar sus nervios en una cacería.

En ese momento el joven no sabía si la tiradora era marine, una civil o si sería un enemigo, pero decidió arriesgar y mientras esperaba que su comida se terminara de preparar, y aprovechando que ella se detuvo en el mismo puesto, se rascó detrás de la cabeza, se acercó a ella y con una expresión amigable dijo

-Buenas tardes, me llamo Bertram, y sin querer ser maleducado ni molestarla, pero me gustaría saber si conoce la isla, soy un recién llegado y me gustaría conocer más de la isla donde me tendré que quedar durante un tiempo, sir.-

El joven sonreía amigablemente con el arco en su espalda, sin mostrar intenciones hostiles, pero no dudaría en sacar el arco si veía cualquier movimiento sospechoso, además, sus ojos se fijaban en su rostro, concretamente sus ojos, pues generalmente delatan las intenciones de manera inconsciente.
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#4
Blue graznó fuerte sobre mi hombro, como si quisiera marcar que algo fuera distinto en el aire y tenía razón, la calle, que hasta hacía unos segundos hervía en conversaciones sin importancia, se había vuelto un murmullo de susurros. Yo ya conocía esa sensación., bastaba con que me mostrara en público para que la gente empezara a señalar mis alas negras o a inventar historias sobre mí. Nunca me molestó; al contrario, me gustaba ver cómo mis pasos dejaban huella más allá de las marcas en la nieve.
 
Pero esta vez había alguien que no solo murmuraba. Había alguien que observaba, lo encontré enseguida, un muchacho pelirrojo, con un arco enorme a la espalda y un abrigo que gritaba “cazador” incluso desde lejos. Lo gracioso era que trataba de disimular con una gorra de la Marina, como si eso bastara para ocultar lo evidente, me hizo sonreír, mitad soldado, mitad salvaje. Una mezcla curiosa.
 
Cuando sus ojos se fijaron en los míos, lo supe, no era uno de esos curiosos sin importancia, medía, analizaba, buscaba detalles, igual que yo, eso me puso alerta. Mi mano se deslizó, casi por instinto, hasta la culata de una de mis pistolas, no porque pensara usarla, sino porque sentir el frío del metal bajo mis dedos me tranquilizaba, es mi manera de mantener el control, como otros necesitan un trago o encender un cigarro.
 
Él se acercó con calma, y yo lo dejé hablar, su tono era respetuoso, casi demasiado, como si no quisiera molestar, eso me arrancó una risa breve y ligera, ladeé la cabeza para que pudiera apreciar bien mis alas extendidas y le respondí con una sonrisa cargada de seguridad.

—No necesito que me llames “sir”. No soy un oficial, y tampoco un hombre, soy Sayuri, soldado raso de la Marina, aunque, créeme, el rango se me queda corto cuando tienes mi puntería. —Lo observé de arriba abajo sin disimular. Su postura era la de un cazador acostumbrado a moverse con paciencia, atento al más mínimo cambio a su alrededor, sus ojos eran lo que más me interesó, firmes, calculadores, buscando leer los míos, si pretendía descubrir mis intenciones, iba a tener trabajo.
 
—Recién llegado, ¿eh? —murmuré, arqueando una ceja —Pues más te vale no confiarte. Esta isla tiene más secretos de los que parece, y distraerse aquí es un lujo caro. —

Blue picoteó suavemente mi oreja, como si quisiera recordarme que no bajara la guardia, entonces lo acaricié con un dedo mientras me inclinaba un poco hacia el muchacho. —Tal vez te enseñe algo sobre la isla, o sobre cómo se dispara de verdad, porque no creo que puedas hacer mucho con ese arco, pero no confundas mi amabilidad con debilidad y hay una cosa que debes grabarte, jamás tolero a quien apunta contra un animal. Hazlo, y no me importará nuestro uniforme serás mi blanco. — Lo dije con calma, sin necesidad de levantar la voz, porque cuando uno está seguro de sí mismo, no hace falta gritar para que lo escuchen.
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#5
El joven arquero había ingresado a la marina tras perder a su familia por un ataque marine, aunque según supo su hermana seguía viva en alguna parte, siendo que quería aprovechar la movilidad de los marines y su acceso a más información para buscarla mientras cumple su otra meta, proteger a los demás y evitar que más gente pasara por lo que pasó él. El joven sargento tenía un abrigo que era de su época de cazador, aún no había adaptado el abrigo a la marina ni había logrado uno propio, por lo que llevaba la gorra de la marina para identificarse como tal. El joven marine se acercó tranquilamente a la joven que parecía ser una tiradora como él, solo que usaba armas de fuego en lugar de un arco.

El pelirrojo le hablaba con calma y tranquilidad, con el mismo tono que empleaba en todo momento, salvo cuando se encaraba con alguien que se ganaba la pérdida de respeto, como lo eran los piratas, criminales sanguinarios y cualquiera que dañara deliberadamente a gente inocente delante de él. Mientras hablaba la joven parecía escucharle, aunque el pelirrojo no pasó por alto el que la chica alada llevara la mano a su arma, pero no sacó conclusiones precipitadas al respecto. Una vez el joven terminó de hablar la muchacha dijo que no hacía falta llamarla sir, que no era oficial ni hombre, que era Sayuri, un soldado raso de la marina, pero con un ego por las nubes.

La joven siguió respondiendo a lo que decía el joven marine, quien al igual que ella, escuchaba en silencio y atento a sus palabras, siendo que el consejo de evitar distracciones no era necesario, como cazador eso era algo que tenía totalmente interiorizado, sus ojos se agudizaban atento a todo detalle, y tampoco dejaba de lado sus oídos, manteniéndose atento a cualquier ruido. Bertram terminó de escucharla y respondió

-Encantado de conocerla soldado Sayuri, yo soy el Sargento Bertram recién trasladado a esta base, de ahí mi atuendo. No te preocupes porque me distraiga, desde pequeño aprendí a mantener la atención constante a mi entorno. Respecto a lo de animales, no es un problema, usualmente solo lo hago para defenderme o cuando he de conseguir comida. En cuanto al tema del sir, no es por nada, es un pequeño tic que tengo no le des importancia, sir.-
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