Camaradas Anti Sistema - Priv. Owen (Pasado)
#1
Un, dos tres. Tres golpecitos con la punta del pie izquierdo contra el duro suelo de la prisión.  Jensen se frotaba las manos mientras pensaba ¿cómo había terminado en esa situación? La verdad es que si había algo que el pelinegro de la capucha roja detestaba con toda su alma era aquellas personas que se aprovechan de los demás, sobre todo de los más débiles y los desamparados.
 
Todo había comenzado varias horas atrás, estaba paseando por las calles de la isla Karate, pensando en buscar algún articulo bonito que poder darle a su valquiria besada por el fuego, la armoniosa dueña de la voz más dulce que había oído en su vida, la señorita Maki. Mientras caminaba por el mercadito de la isla Karate vio un grupo de marines, lo que le hizo apretar con fuerza el mango de Cerbero, su pistola de triple cañón, bajo la capucha roja, los marines no eran sus personas favoritas en el mundo. Este grupito en particular constaba de cinco marines que estaban arrinconando a un anciano contra una pared en un callejón, Jensen vio esto y se acercó a ellos para ver que sucedía.
 
-No tengo más berries, esta semana no he vendido tanto porque estuve enfermo – decía el anciano con la voz carrasposa, uno de los marines lo tomo por la ropa y lo azoto contra la pared. –Ya te lo dije anciano, no me importan tus excusas, tienes que pagar tu cuota si no quieres problemas.
 
-Yo pagare su cuota, déjenlo en paz – dijo Jensen haciendo su aparición, uno de los marines se acercó a él y lo golpeo con su hombro. –Piérdete Rojo, esto no es contigo – dijo mirándolo con rabia, Jensen le regalo una sonrisa antes de volarle los sesos con su pistola de triple cañón llamada Cerbero. Luego del disparo fue rápidamente tirado al piso entre los cuatro marines restantes quienes lo golpearon, pisotearon y le quitaron a Cerbero antes de lanzarlo a la cárcel de la isla Karate previo su juicio.
 
Ahí se encontraba Jensen Valentine, en la cárcel sin saber cómo escapar. Se acercó a un chico de cabellos rojos y se sentó a su lado. - ¿Por qué te metieron a ti en prisión? – pregunto con curiosidad.
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#2
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-Le estaba robando a un contramaestre de la Marina y le descubrí una tarjeta indecorosa. Me burlé de él, se enojó y me quieren meter la pena capital.-

La respuesta del pelirrojo fue rápida, directa, incluso con mucha tranquilidad. ¿Cómo podría empeorar su situación, si a aquel sujeto de aspecto vampiresco que habían lanzado dentro de su celda estaba en las mismas sircustancias que él? Incluso diría que mejores, porque Owen, debido a ya tener fama de "tener las manos muy largas" estaba atrapado en la pared izquierda de aquel calabozo de aspecto mazmorresco, tan típico que podría pertenecer al juego de rol más básico y poco preparado.

-Claro, el SUBNORMAL- gritó la última palabra, mirando hacia las rejas y el pasillo vacío, como si buscase llamar la atención del mismo tipo que decidió encerrarlo o, en su defecto, alguno de sus subordinados -anda con tarjetas raras en la billetera.- Owen, ahora, volteó con algo de indignación, frunciendo ligeramente el ceño para ver a aquellos rojos carmesí de su nuevo compañero de celda -Encima el orate cargaba con varias, una tenía el nombre tachado con marcador y escrito por encima "Carpintero Jax". Venga, no me jodas. Seguro es un viejo meado de estos que están casados y le meten los cuernos a su esposa. - ladeó su cabeza mientras mostraba su expresión se notaba cómplice, como si se sintiese tomado del pelo. En otra realidad y en otra dimensión, esto sería el equivalente a "Mecánico José" en un dispositivo electrónico con mensajería instantánea.

-El tema está- con su muñeca derecha libre la aproximó hacia donde se encontraba el grillete metálico que, empujando hacia afuera, un pequeño pero notable alfiler saldría para que, con ligeros movimientos, se viese como lo sostenía con los dedos índice y anular apretando con fuerza, evidentemente, forzando su cerradura -en que se metieron con el ratero equivocado.-, ¡Click, clak! el repiqueteo del metal podía escucharse debido a la agudeza del mismo. De un momento a otro, ¡PLAC!, el grillete se soltó y Owen, conociendo perfectamente el funcionamiento de una celda de prisión, evitó que el mismo impacte contra el suelo y haga evidente que se soltó -Agh. Cada día las aprietan más, qué gilipollas.- y, luego de sobarse la nueva muñeca libre, dirigió nuevamente la mirada hacia el vampiresco ser -Soy Owen tío, Owen Yang.- y, utilizando una de sus palmas para empujar hacia arriba con la rodilla, quedó finalmente erguido para, así, ubicar sus ojos celestes en la oscura reja de la mazmorresca celda -¿Cómo terminaste aquí, tío? Espera, vamos a buscar cómo salir de aquí y te invito una birra, ¿Te va?-.

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-¿Tienes alguna manera de distraer al guardia? La cerradura se ve sencillona. Cling, caja, tiramos unas patadas y piramos.-
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#3
Otro chico con problemas con los marines, solo que este estaba apresado con una esposa grade y brillante y hablaba mientras movía un alfiler o algo parecido hasta finalmente liberarse tenia talento y Jensen Valentine sabía que el sería perfecto para unirse a su tripulación, necesitaban alguien con unas manos tan rápidas como la del tal Owen Yang.
 
-Jensen Valentine es mi nombre, me apresaron por ser una buena persona – dijo frotándose las manos, su tic se activaba cada vez que tenía ansiedad. –Había un grupo de marines corruptos queriendo desplumar a un pobre viejo trabajador, que pagara el tributo semanal le decían mientras lo golpeaban, a un pobre viejito, no iba a permitir eso asi que le volé el cráneo a uno de ellos – dijo mirando por la reja mientras Owen trabajaba, necesitaba salir de aquí y el pelirrojo era su ticket de salida. –Si hay algo que detesto en esta vida es a los abusivos, los marines y los marines abusivos – dijo mirando y viendo que se acercaba uno de los marines. – cuidado viene alguien, actúa natural.
 
-Sus comidas pedazos de basura – dijo lanzándoles dos bandejas de comida, de un guiso que se veía muy poco apetitoso. –Oye tu ¿Dónde están tus esposas? – dijo sacando una llave de su bolsillo, Jensen tomo el plato de comida y agradeció que estuviera hirviendo – Te veo con hambre – dijo tirándole su guiso de dudosa apariencia a la cara antes de darle una patada en sus partes nobles, las joyas de la corona – Okey eso fue rastrero, pero se lo merecen por ser cerdos como donas, ahora vamonos de aquí – dijo caminando por el túnel y parando a Owen cuando llego a este. –Necesito encontrar a Cerbero, mi pistola de triple cañón, es nuestra mejor opción contra ellos – dijo mirando a su alrededor y sonriendo. –Bingo – dijo entrando en un cuarto que decía Bienes Confiscados. Luego de hurgar un poco obtuvo dos cosas, su pistola y una gran cantidad de la cáspita del diablo, una droga inhalable que hacía que uno se volviera bien loco.
 
- ¿Quieres pegarte un chute? Tomando en cuenta la situación siento que necesito ponerme loco – dijo antes de aspirar una línea y sentir como la droga se metía en su cuerpo, ya estaba listo para luchar o morir en nombre de la libertad.
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#4
–Había un grupo de marines corruptos queriendo desplumar a un pobre viejo trabajador, que pagara el tributo semanal le decían mientras lo golpeaban, a un pobre viejito, no iba a permitir eso
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-¡Así se hace tío! ¡Siempre hay que estar del lado del bie-
asi que le volé el cráneo a uno de ellos –
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-Bueno ahí te pasaste de puta madre, ¿No?-
La realidad es que Owen no era santo de ninguna devoción, pero reconocía la diferencia entre criminales como él y gente que realmente podía ser peligrosa y volátil. Su expresión de compañerismo lo puso un poco a la defensiva, debido a que arrebatar una vida se escapaba total y completamente a algo que él creyese que pudiese hacer en una expresividad tan normal como la que el vampiresco sujeto sugería, casi como si fuese un mero trámite. De todas maneras, ambos estaban en la misma: Había que salir de allí como sea, y el pelirrojo nunca iba a cumplir una condena por la reverenda estupidez por la que lo encerraron.

-¡!- Owen, automáticamente el ahora conocido como "Jensen" alertó de la aproximación de un posible Marine, hizo lo que mejor sabe hacer: Mentir. Volvió a estar en una posición muy similar con la que arrancó a conversar con su compañero de celda, se colocó falsamente su grillete en la muñeca contraria para que eso llame la atención lo suficiente y haga contacto visual con la fuerza de autoridad que venía con la alimentación pertinente para ellos. Estaban detenidos y, tal vez, con el suficiente tiempo, al menos el pelirrojo, podría haber salido con algo más que una simple multa, pero no. No podían ver todo su historial delictivo y darles tiempo para condenarle porque, ya siendo mayor de edad, la causa podría ser de los suficientes años para alejarle mucho de su objetivo final: Derrocar el reinado de la Isla Tamanegi. Luego de un lanzamiento de guiso -¡TOMA YA!- ¡CLANG!, que retumbó con fuerzas el plato metálico con el rostro del seguridad e hizo que se quedase totalmente desorientado luego de recibir una patada en las partes nobles que,  todo hombre, lo dejaría fuera de combate durante una buena cantidad de tiempo.

Como bien dijo Owen, "Cling, caja", llave robada, un rápido movimiento y ambos pudieron comenzar a correr dentro de aquella mazmorresca celda donde se tuvieron que detener para buscar en los bienes incautados la espectacular pistola de tres cañones del vampiresco ser -Qué guapa que está esa pistolita, tío.- acotó simplemente el pelirrojo que, prestando un poco más de atención, cargaba con una bolsa en polvo...¿Sospechosamente conocida? -¿Cáspita del Diablo? ¿Qué cojones haces con eso?- el pelinegro ni siquiera le había dicho el nombre, pero el joven de cabellos rojizos, por desgracia, conocía perfectamente el tráfico de demasiados estupefacientes y bienes ilícitos. El conocer a tantas personas, lamentablemente, le hizo reconocerla a la perfección debido a sus inminentes destellos rojizos y brillante color -Cuando salgamos me das no uno, sino dos tiros.- el chico sabía perfectamente que perder el control en una situación semejante solo podría empeorar las cosas, y más teniendo una posible causa por fuga y colaboración criminal, empeorando aún más un historial tan manchado por la violencia y un mundo tan peligroso.
¡TAC! Una pisada seca, de un zapato marcadamente sonoro, hizo acto de presencia de forma casi repentina.
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-Sabía que teníamos que tener más precaución con ustedes dos.-
Su aspecto era imponente, alto, aunque no pudiese verse las pupilas en sus ojos, ¿Estaba ciego? -...tío, esto se puede complicar un poco.- no había margen para poder retroceder, ni tampoco para poder escapar. No había salidas traseras, ni tampoco parecía posible una distracción. Debían pelear, quieran o no quieran -Jensen Valentine, un psicópata narcisista que se cree estar por encima de la ley, y hacer justicia por mano propia.- Tac, tac, tac, su aura resultaba ser sumamente imponente, tanto, que era lo suficientemente abrumadora para crispar el cuerpo del joven Owen que yacía justo al lado de su, ahora, vampiresco compañero -Owen Yang, terrorista de Isla Tamanegi, otro sociópata peligroso que se cree estar por encima de la autoridad.- En un rápido movimiento, el sujeto cortó el viento delante de él agitando la espada, haciéndola silbar de la intensidad -Dos perfiles de individuos que no deberían siquiera tener la oportunidad de estar vivos. Díganme, ¿Qué van a hacer ahora?- el ceño del pelirrojo, evidentemente fruncido y con su cuerpo arqueado, estaba listo para el evidentemente peligroso enfrentamiento -No meditaré con ustedes porque han demostrado, por activa y pasiva, que son dos parias sociales.- y este último comentario, ahora sí, encendió al muchacho de ojos azules, mostrando aquellos caninos que lo caracterizan mientras su rostro se imbuía en agresividad -Devuelta a su celda. Ahora. Por cada minuto afuera de ella,- sacó un reloj de bolsillo muy típico y, luego de darle a un botón sin mirar, volvió a guardarlo -les cortaré un dedo. Si llega a diez, ambas manos.-.
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-Jensen, es momento de que me demuestres lo que esa tal Cerbero puede hacer.-
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#5
Escapar de aquella prisión no sería nada fácil, aun con el chute que la cáspita del diablo le había dado, tenían que escapar y aparentemente solo había una salida, una salida que estaba custodiada por un hombre con un bigote frondoso y una espada que no dudaba en usar para cortar el viento y generar un estado de miedo en el resto de prisioneros, pero no en Jensen. Jensen Valentine tenía un recelo hacia los marines y más los corruptos, si eliminar un marine que se aprovechaba de un ancianito era un crimen entonces el sistema estaba demasiado roto como para funcionar.
 
- ¿Por qué se nos trata como si fuéramos los malos? – pregunto enojado – Claramente en esta isla los marines son corruptos, cinco marines para extorsionar a un pobre anciano y no les hacen nada, aah, pero si nosotros nos enfrentamos al sistema y a esos corruptos somos los malos, eso no me parece justo – dijo antes de levantar a Cerbero. Su pistola de triple cañón, y disparar al marine de la espada y el bigote divertido quien con un rápido movimiento de su espada partió las balas a la mitad.
 
- ¿Eso es todo lo que tienes niño? – se burló, Jensen se acercó a Owen mirando la ventana, estaba cerca y podía ser su vía de escape. –Perdón por esto, pero ese tipo es imbatible – dijo abrazándolo y alzándolo antes de lanzarlo por la ventana cerro abajo, pues la comisaria estaba arriba en uno de los cerros de la isla Karate. Jensen salto justo a tiempo para esquivar un estoque de parte del marine de la espada antes de lanzarse cerro abajo.
 
El descenso fue doloroso, rodo por piedras y palos incomodos y termino su descenso chocando con una pared que le dio dolor de espalda, y para más mala suerte la cáspita del diablo se había esparcido toda por la ladera, ladera donde las vacas pastaban cómodamente, Jensen no quería averiguar cómo se verían las vacas drogadas asi que se levantó y miro a su alrededor, necesitaba encontrar a Owen
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#6
Claramente en esta isla los marines son corruptos, cinco marines para extorsionar a un pobre anciano y no les hacen nada, aah, pero si nosotros nos enfrentamos al sistema y a esos corruptos somos los malos, eso no me parece justo –
-Te daría por válidas tus palabras de no ser que le volaste la cabeza a un subordinado. A partir de ahí te has vuelto escoria, Rojo.-

La respuesta del superior de la marina era dura, tajante y...bueno, cierta bajo su criterio; Jensen pecaba de volátil al reaccionar de un tiro en la cabeza a quien no estuviese de acuerdo con sus ideales, lo que, bajo la perspectiva del sujeto de bigote era tan o más autoritario de aquello de lo que el vampiresco individuo se estaba quejando. Owen era una persona que no escapaba de las confrontaciones ya que estaba demasiado acostumbrado al choque directo entre pandillas a lo largo de su vida, pero este combate...parecía demasiada la diferencia de poder como para simplemente pelear él solo.

–Perdón por esto, pero ese tipo es imbatible –
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-Perdón porq-WOAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!-

Una ventana que jamás ninguno de los dos había visto apareció completamente de repente, una ventana tan excesivamente conveniente que les hizo percatarse a ambos en una cámara lenta tortuosa que no estaban bajo tierra como al menos Owen pensaba, para nada: Estaban en uno de los cerros de la Isla Karate y comenzaban a caer colina abajo rodando sin parar. El pelirrojo, siendo lo suficientemente elástico, aprovechaba para erguirse y correr hacia abajo con mucho desespero -¡ME CAGO EN TU PUTA MADRE JENSEEEEEEEEEEEEEN!- mientras sus piernas intentaban seguir el ritmo del inminente aumento de la gravedad, tropezaba, rodaba, volvía a erguirse una y otra vez.

Finalmente y luego de estar cayendo durante varios metros de forma descendente y diagonal, el pelirrojo pudo detener su velocidad con sus piernas, dando un leve brinco que hizo que se reventase la cara contra el suelo, dejándole algún que otro raspón. El mareo era tan fuerte que la cabeza le daba demasiadas vueltas -...Oh dios...eso fue...demencial...- y, a medida que sus ojos volvían a centrarse nuevamente y la vista dejaba de estar tan nublada, el verde y dorado de un césped hacía acto de presencia. Pestañeó múltiples veces mientras apretaba el ceño con fuerza, con quien tiene una fuerte jaqueca, en pos de incorporarse rápidamente para, así, poder escapar seguir escapando a toda velocidad.

En cuanto se irguió del todo, las vio.
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Un decena de vacas y toros habían sido afectadas, casi de forma inmediata, por la Cáspita del Diablo.

-¡JENSEN, CUANDO ME VAYA AL INFIERNO VOY A JALARTE DE LOS PIES, CABRONAZOOOO!- La exclamación del pelirrojo era tal que la persecución y caída a la colina que había comenzado simplemente en búsqueda de escapar de los Marines, ahora, se le sumaba al menos dos docenas de terneros dispuestos a liquidar todo lo que se cruce a su paso, y más un blanco tan delicioso y llamativo como lo era aquel muchacho de ropas y cabello rojo -¡SI ME ESTÁS ESCUCHANDO CORRE, CORRE PERRA, CORREEEEE!- la caída colina abajo se había alborotado aún más de lo que ya estaba siendo alborotada y las vacas, evidentemente, iban exactamente en dirección hacia donde se encontraba el vampiresco ser. Lo único que sería capaz de ver sería la huida con desesperación y desenfreno de un chico que por más valiente que fuese no tenía ni la más mínima oportunidad de poder enfrentar si quiera a una vaca mansa como para encarar a semejante cantidad enfurecida. Hay que correr y esconderse, ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Quién más se quería sumar a este escándalo? -¡AHÍ ESTÁN, ATRÁPENLOS!- un señor mayor con voz muy carrasposa y evidentemente señil exclamaba con el dedo acusador no solamente hacia el enorme desastre que estaba siendo ocasionado por aquel par, sino, apuntando directamente tanto al pelinegro como pelirrojo -¿¡AH!?- haciendo que el muchacho de ojos azules, obviamente, voltee para ver de quién se trataba -¿Y ESE VIEJO SEÑIL QUÉ HACE VENDIÉNDONOS?- Y, pese a que Owen no lo sepa, era EXACTAMENTE el mismo señor que el dueño de Cerbero había protegido con anterioridad.

De esta manera, se sumaba dos nuevos ingredientes a la persecuta: Las vacas, la marina que constaba de cuatro soldados evidentemente rasos por sus pintas aunque armados con espadas y, detrás de ellos, el señor mayor que parecía tener las piernas lo suficientemente fuertes para que, aunque sea, pudiera seguirle el paso a semejante desastre que había terminado de ser colina abajo y pasaba a ser directamente en plena calle en línea recta. El espectáculo, ahora sí, tendría como invitados estelares a los transeúntes y mercaderes que veían a lo lejos el polvo que levantaba semejante escena ridícula.
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#7
El viento soplaba con fuerza aquel día. Toda la “mercancía” que Jensen había robado de la prisión se había desparramado por la ladera y se había deshecho cuando el pelinegro Jensen Valentine había rodado colina abajo. La fuerza del viento había llevado el polvillo blanco, como un viajero fortuito, hasta los canales olfativos de vacas y toros que estaban aquel día pastando en la ladera, entonces fue que empezó el caos.
 
Los bovinos mugían con fuerza y rabia mientras se empujaban unos con otros mirando fijamente tanto a Jensen como a Owen. ¿La razón? Ambos vestían de rojo. El color del amor, de la pasión y de la venganza. También el color que en circunstancias normales hacia enojar a los toros, y aquel día las circunstancias eran de todo menos normales.
 
Owen empezó a correr y Jensen lo siguió, sorprendiéndose de la velocidad que tenía su nuevo amigo. El dúo de rojo llego rápidamente al pueblo seguidos por la manada de bovinos, entre los cuales había un toro en particular que estaba siendo bastante rápido, Jensen ideo un plan rápidamente para poder contrarrestarlo. En su mente Jensen saltaría haciendo un mortal invertido hacia atrás, cayendo en la espalda del toro y desde ahí controlándolo y calmándolo. Luego lo montaría con maestría y lo usaría para alcanzar a Owen y llevárselo lejos de la ciudad, todo esto era la idea que tenía en su mente, aunque en la realidad no paso asi.
 
Al momento en que Jensen despego los pies del suelo en el salto el toro lo tacleo con fuerza ocasionándole graves moretones y dolor en la espalda, además de que le engancho la capucha en uno de sus cuernos, arrastrándolo por el piso como si fuera un estropajo, Jensen lucho por liberarse y cuando al fin lo hizo pudo rodar fuera del rango de la estampida que empezaba a destruir puestos y casas en el pueblo.
 
-Ahí están, ATRAPENLOS – grito un anciano, el de la capucha roja lo miro encontrándose al mismo viejito al que había ayudado antes, traicionándolo y delatándolo con los marines que estaban llegando a la plaza. Trato de levantarse, de pelear para al menos llevarse a uno de los marines consigo, pero la tacleada del toro le había hecho demasiado daño, no podía siquiera ponerse en pie.
 
-Te tenemos – dijo uno de los marines golpeándolo con la parte trasera de su fusil y dejándolo inconsciente.
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#8
Owen es un joven sumamente explosivo, raro, problemático y hasta impulsivo, pero...por alguna razón, sin quererlo ni beberlo, siempre terminaba metido en trillones de asuntos que le complicaban la existencia a más no poder. Lo peor no era las circunstancias en las que se encontraba corriendo por su vida detrás de decenas de vacas y toros dispuestos a acabar con los dos blancos rojos que corrían completamente enloquecidos, sino, algo mucho peor: Jensen Valentine.

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-¿¡QUÉ COJONES HACES!? ¡SIGUE CORRIENDO!-
El pelirrojo no sabía qué deliradas mentales podían estar pasando por la cabeza del vampiresco ser. No sabía si era que tenía delirios de grandeza o era un sociópata absoluto, pero viéndolo dar una mortal hacia atrás, el tiempo, repentinamente, parecía haberse ralentizado mientras aquella maniobra grácil hacía ver la situación aún más estúpida y descolocada posible. Todo pareció adquirir otro ritmo, incluso, la propia voz de Owen que se escuchaba mucho más grave, estirada y mostrando como todo alrededor de ambos dos parecía haber cambiado de ritmo a una cuarta parte del tiempo original.

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-Ni-en-mis-peores-porros-vi-un-delirio-así.-
Y así fue como el tiempo volvió a su cauce habitual. El barullo, bullicio, gente empezando a alertarse y entrar en pánico debido a los cruentos animales que perseguían sin ton ni son a ambos blancos rojos...¿Ambos? Solo uno: Jensen había sido fuertemente golpeado por el toro que había intentado montar, enganchado en el cuerno de uno y arrastrado como un harapo sin darle siquiera pie a poder maniobrar de alguna manera. Los animales estaban totalmente esquizofrénicos al igual que la situación que rozaba un ridículo tan grande que, si sobrevivían, sería una anécdota increíble para ligar: "¿Sabías que una vez me persiguieron dos docenas de toros, también la marina, volaban tiros en todas direcciones y los animales disparaban sus cuernos también?" habría que adornarla un poco, claro está, pero lo importante era sobrevivir a semejante absurdo -¡JENSEN, LA PUTA MADRE, TODO LO QUE TENÍAS QUE HACER ERA SEGUIR CORRIENDO!- Las piernas del pelirrojo se estaban empezando a acalambrar al igual que su rostro, con los ojos apretados, intentaban esforzarse lo suficiente para poder centrarse en no detener su marcha. Pese a todo esto, su ex-compañero de celda parecía estar haciendo todo lo posible para poder soltar su capa del fuerte agarre del animal y vio como pudo zafarse de aquella estampida incansable -¡Bien! ¡Se salió! ¡PERO ESTOS TIPOS ME SIGUEN PERSIGUIENDO!-.

Los toros tenían una fijación enorme por Owen. La marina que había estado persiguiéndoles se había detenido instantáneamente vieron al vampiresco joven liberarse de la situación. Era el momento perfecto para que el muchacho diga adiós y trate de salvar su propio culo. Los mercados, ¡PRASH!, los negocios, ¡SASH!, casas, ¡BUM-TRASH!, los edificios que entraban en contacto con aquel pasillo podrían recordar a una festividad en otro universo, de parte de una tierra peninsular, pero no con solamente dos personas, sino, con un poblado completo, ¿Quién aceptaría voluntariamente semejante locura? -En cuanto pueda me zafaré en el primer callejón que pueda.- el camino era completamente a la intemperie, con mercaderes y casas en las que el humo y la locura de la gente hacían acto de presencia debido a los inmensos destrozos provocados por el fervor animal. El muchacho ladrón volteó hacia atrás con una sonrisa desafiante -¡JENSEN, TE LIBRA- creyendo que Jensen finalmente habría podido escapar...pero su sonrisa se disipó casi instantáneamente al ver cómo el loco sujeto caía lentamente hacia el suelo luego de sufrir un fuerte culatazo de un uniformado blanco. El corazón del chico se apretujó instantáneamente -...- y pese a que su instinto de supervivencia le pedía a gritos que siga corriendo para abandonar la situación en algún callejoncito, su...persona, y la ayuda prestada para escapar por aquella conveniente ventana justo minutos atrás, debía ser devuelta -...joder, maldita moralidad estúpida y asquerosa. Necesito ser más rastrero.-.

Owen alzó su brazo izquierdo y, viendo de lado hacia atrás, veía como el rostro de los bovinos ascendía siguiendo el dorso de su palma -Bien.- lo bajó, y lo miraban a él. Hizo lo mismo con la derecha, ocurrió lo mismo -...Listo, se van a cagar.- identificó un patrón: Las vacas seguían cada movimiento que él hacía. Eso le dio una idea rápida y tenaz.

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-¡CHÚPENME LA POLLA, MANGA DE TARADOS!-

Tan bienhablado como solamente él puede ser, cuando Jensen, los marines y el viejo traicionero se dieron cuenta, hacia ellos venía directamente un Owen totalmente embravecido, con los ojos desorbitados, gritón y pendenciero exactamente en sentido contrario en el que estaban ellos. Lo conforme con eso, tenía su abrigo rojo en la mano al cual los bovinos tenían los ojos completamente fijados en él, pudiendo sentir el vibrar intensísimo de la estampida que parecía no conocer ningún tipo de límites ni en cuanto a destrozos ni en cuanto a bullicio. El muchacho pelirrojo sabía que aún así saliese de esta estaría entre ceja y ceja en esa isla un buen tiempo no solamente por las fuerzas de autoridad, sino, por la propia gente -Tal vez esto me cueste el poder entrar a jugar a la rule un buen tiempo...pero...qué cojones.-.

Los miembros de la marina, completamente exasperados -¡TOMEN, BOBOS!- se quedaron completamente en shock cuando vieron aquel giro de ciento ochenta grados que se tornaron todas las circunstancias y, viendo como aquella prenda era lanzada con fuerzas sobre ellos, se depositaba encima de los mismos mientras que Owen, ágilmente, tomaba del agujero perforado de su capa al vampiresco sujeto y lo llevaba sin cesar de correr en dirección lateral a un estrecho pero tenuemente iluminado callejón en forma de "L" -...agh...agh...- los jadeos del muchacho de cabellos rojo teñido se hacían muy presentes; La adrenalina le había ayudado a poder salvarse de semejante situación endemoniada, pero sentía como su corazón estaba a punto de escapársele por la garganta. -...Agh...GRRRRRRRRR!- haciendo fuerza hacia adelante, completamente sudado y con una expresión envuelta en el absoluto sufrimiento, arrastró un poco más hacia adelante a Jensen para, sin ningún tipo de fuerzas, ¡PLAF!, caer de rodillas y posteriormente de cara al suelo, escuchándose el sonido seco del pavimento contra su rostro -...joder...lo logré...no entiendo...ni cómo...estoy vi...vo...joder...- el pecho se inflaba y desinflaba con tantísima fuerza que su consciencia, progresivamente, comenzó a apagarse.
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#9
Jensen veía estrellas. El culatazo del fusil de la marina en su bello rostro le había hecho perder el equilibrio. Apenas y estaba vivo luego de ser tacleado por el toro salvaje y ahora sería arrestado y posiblemente ejecutado después de todos los destrozos que había cometido involuntariamente.
 
-Tenemos a uno de los alborotadores capitán – dijo por un den den mushi el marine que lo tenía de rodillas y entonces paso lo impensable.
 
Los pasos furiosos de la estampida hacían que el piso se sintiera como si estuviera terremoteando, Jensen observo sin poder moverse como el chico con el que había escapado de la celda aparecía y lo tomaba de la capucha arrastrándolo. Pudo observar como algo rojo (el abrigo de Owen) volaba sobre los marines que eran embestidos y pisoteados por los toros que parecían saltar sobre ellos y más específicamente sobre el abrigo rojo.
 
Owen lo llevo hasta un callejón antes de caer de rodillas primero y luego de cara, su respiración mostraba que estaba en las ultimas, pero se habían salvado.
 
-Gracias por rescatarme, otros no se hubieran devuelto – dijo Jensen arrastrándose hasta quedar al lado de Owen, sin poder ponerse de pie debido al enorme desgaste físico que había sufrido en las ultimas horas, lucho por mantenerse despierto pero el cansancio era más fuerte. –Solo un minuto… - dijo antes de quedarse dormido, tirado en el piso.
 
Cuando el de negros cabellos despertó ya era de noche, miro a todos lados, pero no se veía señal de la marina. Miro a su compañero quien yacía inconsciente y con mucho esfuerzo se lo echo al hombro y camino hasta el mejor hostal de la isla.
 
-Denme su suite más lujosa – dijo en la recepción, la mujer que atendía lo miro con ojos como platos al verlo todo desordenado, pisoteado y con el pelirrojo en brazos, parecía querer llamar a la marina, pero sus ojos fueron hasta Cerbero, decidiendo que no valía la pena morir por dar aviso.
 
Jensen llevo a Owen hasta la cama donde lo deposito gentilmente antes de salir nuevamente a la recepción con pistola en mano. –Si algo le pasa a mi amigo volveré por ti y por toda tu familia – amenazo. La mujer asintió asustada y vio como el de la capucha roja salía, perdiéndose en la oscuridad de la noche.
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#10
Cuando Owen quiso percatarse de la situación, la inconsciencia se había apoderado de él. Fue tal el agotamiento de estar corriendo sin siquiera parar además de la adrenalina del momento que, tan solo por unos instantes, había perdido total y completamente el sentido.

Cuando quiso percatarse, pestañeando con mucha rapidez mientras los ojos empezaban a quitarse el borroneo matutino, se irguió a una velocidad criminal mientras estaba el brazo hacia adelante.

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-¡TÚ ERES EL CORNUD-! 

Pero nada pertenecía a la soberbia excitación que había sufrido minutos atrás. Con su brazo estirado hacia el frente y pegando una vociferada que alertó incluso al personal del lugar en donde se encontraba, se detuvo en seco -...eh?- al notar que yacía en una cama de una comodidad excelsa, una donde él había perdido total y completamente la noción de lo que se sentía dormir en un lugar tan mullido y suave. Incluso, era tan esponjosa que Owen sentía como se hundía de más, casi incómodo -¡¿Se encuentra bien?!- casi de un portazo, ¡TOMB!, la puerta de aquel lugar algo oscurecido se vio fuertemente iluminado por la luz del pasillo. Esta misma iluminó con mucha más fuerza la habitación en la que se encontraba, una con acabados negros y dorados que resaltaban lujo por absolutamente cada rincón, una que el pelirrojo, en sus dieciocho años de vida, jamás se podría haber permitido. ¿Acaso...? -¿Qué...- un gesto muy típico del muchacho era que, ante el agobio, se frotaba la palma sobre el rostro, incluso, estirándolo en múltiples direcciones, buscando recuperar el sentido por completo -...dónde estamos?- la luz que ingresaba por el pasillo solo provocaba una sombra sobre lo que parecía ser una mujer uniformada, una que se notaba fuertemente temerosa con el joven, como si tuviese mucho cuidado con él -¿S-s-se encuentra bien?- rubia, ojos grandes y oscuros, piel algo morena, parecía evidentemente una ciudadana típica de la Isla del Karate -Creo que sí. Siento las piernas muy acalambradas,- la mirada del muchacho se veía confusa, vacía, casi como si todavía estuviese intentando "agarrar señal" y formar las piezas en su cabeza que lo derivaron a estar en un lugar de semejante calibre. ¿Acaso se embriagó tan fuerte y robó algo valiosísimo que le permitió una noche completa en una "Suite Deluxe"? -Pero estoy de lujo, eso no me cabe duda.- su sonrisa, cómplice, agradable, frunciendo muy ligeramente el ceño, buscaba tranquilizar a la muchacha que parecía bastante más grande que él pero se la veía sumamente asustada y preocupada.

-M-m-menos mal...un tipo con capa roja lo trajo a usted y...bueno...-
[Imagen: 6dd8ba7f9d3849399ac3a03c22cc086a.jpg]
-¡! ¿¡Con capa roja!?-

La expresión del joven de cabellos teñidos automáticamente pasó de desgano a sorpresa absoluta. Todo aquello que había pasado...¿Había pasado de verdad? ¿Realmente habían estado siendo perseguidos por media decena de individuos alrededor de la Isla? Todo lo acontecido voló a su cabeza como si se tratase de un video reproducido en "x5" hasta hacerlo pestañear múltiples veces con la sorpresa -¡Dime!- Owen, siendo tan extraño como solo lo es él, casi pega un brinco en la cama para aproximarse a la muchacha -¡¡!!- que, instantáneamente, buscó protegerse con ambas manos mientras cerraba los ojos con mucha fuerza, la expresión de un perro que está a punto de ser golpeado -¿Se veía como un vampiro de las pelis y los cuentos de terror y tenía un arma mecánicamente imposible de tres cañones?- el tono del muchacho, si bien sonaba enérgico, podía escuchársele curioso e inofensivo -S...Sí, eso creo.- mientras la chica abría uno de sus ojos, lenta y progresivamente bajaba la guardia pese a parecer lista para volver a alzarla -Me dijo que te cuidase o sino...vendría a por mi y...y...toda mi fami...lia...- y la muchacha, con su voz quebrada, empezó a llorar desconsolada debido a lo evidentemente asustada que estaba, ¡PAF! -Arsh...te pasas Jensen, coño de su madre.- se escuchó el sonido de la piel de la frente del chico de grandes colmillos impactando con su palma, no pudiendo creer que aquel sujeto sea tan bruto y visceral.

-Prometo que mi amigo no va a hacerte nada a ti ni a nadie, ¿Vale?- se acomodó para quedarse sentado en la cama, con una camiseta negra al haber perdido su característico abrigo rojo en aquella estampida de vacas -...De verdad?- la chica, buscaba consuelo en el pelirrojo que, en cuanto quiso replicar, utilizó sus grandiosos dotes para la mentira para calmarla -Se pone loquito porque tiene sueño nada más, tu no te preocupes. Aunque...a decir verdad, no dudaría ni en lo más mínimo que la reviente a ella y a toda su dinastía si hiciese falta. Se pasa con la Cáspita del Diablo.-

Era momento de aprovechar la situación; Una suite de lujo, veinticuatro horas, gozo absoluto. Owen no dudaría en dormir como un condenado gracias al tremendo sueño pesado que tiene, comer del buffet hasta el punto de ser obligado a parar y, por sobre todas las cosas, volver a cruzarse con aquel sujeto que, por alguna extraña razón...sentía que compartirían un vínculo muchísimo más fuerte que ser solamente compañeros de celda.
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