[FIC- Salto temporal - Proezas] - Rapax Gin
#1
Dia 52 de Primavera , Año 16
Nuevo Mundo, Isla Hachinosu



Luego de aquel curioso evento catastrófico en el que por poco había logrado ayudar al anciano, permitiendo que saliera con vida del curioso incidente con el malandrín adicto a la IA, aquella droga super rara pero claramente dañina, misterioso y dicho sea todo, hermoso Archipiélago Sabaody, y de sumergirnos muchos metros (más de 100 me atrevería a decir) en las profundidades más frías del océano, justo debajo de la Red Line, habíamos llegado a la isla de los gyojins, el pueblo de la ranita con katana pero sin brazo, que curiosamente también resultaba ser un nido de ratas, más específicamente de aquellas ratas de esas que Ashura siempre decía que les gustaba fumar y compartir cosas, aunque casi siempre eran cosas de otros. Los columnistas creo que les decía, y debía de ser una terrible forma de vivir, porque tenía demasiadas ganas de evitar que el chico lunarian se terminara convirtiendo al columnismo. Cosas de gente con cuernos, supongo.

Durante nuestra estadía en la isla estuve moviéndome con el mayor de los sigilos posibles y aunque eso no significara ser poco ruidoso, sí que significaba no ser un imprudente para ir por ahí mostrando la cara por la calle a plena luz del día, al final del día era la persona más hermosa de la banda y ahora que me desplazaba por la pista con mi chaqueta blanca que tan generosamente me regaló el héroe de la marina, era obvio que por mi mero aspecto iba a llamar la atención. Así que por lo mismo me dediqué mayormente a pasar las horas de luz en un sitio tranquilo y alejado de las miradas conspícuas de los mirones, y me dediqué a entrenarme nuevamente, esta vez no entrenando solamente mi cuerpo y mis músculos, sino enfocándome en perfeccionar aquellos aspectos de mis habilidades físicas en las que podría decir que eran mi área de expercicia. No había necesidad para alguien como yo de aprender a mejorar mi puntería, contando con un tirador tan bueno y muy muy activo como lo era Korg en la banda. El chiste de estar en una banda era precisamente compartir la carga y no tratar de que uno solo de nosotros se echara todos los asuntos al hombro y cargara con todo, así que en lo que a mi respectaba, estaba claro que de puntería puntería… no te resultaba ser la mejor opción, es más, seguro que ni siquiera figuraba en las peores tampoco.

Otro aspecto era el manejo de armas. Mis compañeros eran mucho más duchos en esas materias, y aunque en su momento me propuse blandir en mis manos un martillo, lo cierto es que se me da mucho mejor blandir mis manos directamente. Además, entre Ashura, la ranita y el lunarian, estoy convencido de que armas no faltan para cortar a los enemigos que puedan aparecer en el horizonte del futuro por venir.

Es por esto que me decidí así a entrenar mi cuerpo, mis extremidades y mis músculos para obtener el mayor provecho de mi propio cuerpo. Algunos buscaban masterizar el uso de un arma, pero mi cuerpo es mi arma y así lo pienso cuidar. Mi cuerpo es un templo, un templo corrompido por los paganismos de esta banda de desadaptados, pero un templo al fin y al cabo.

Cada mañana no solo ejercitaba mi cuerpo con los ejercicios de costumbre, sino que también buscaba nuevos enfoques de combate, usar nuevas partes de mi cuerpo para planear estrategias, intentaba inventar movimientos que jamás habría pensado de primeras, todo llevado por la necesidad de mejorar. Con el paso del tiempo también de las estaciones, algunas ideas iban floreciendo poco a poco en los jardines de mi mente, como un dulce accidente y pasaban de mi imaginación a la realidad con mis acciones. Muchas de las ideas no llegaban a dar frutos, pero ninguna era desaprovechada. Todo valía. No había ideas estúpidas, solo estúpidos que no tenían idea de lo que sería de mí en el futuro.

Igualmente dedicaba algo de tiempo cada día para entrenar mis hakis, el que me entrenó el maestro Boquijeto ( la verdad no recordaba su nombre, pero cuando Quetzalli hablaba del suyo, sonaba a algo parecido, así que le robé el nombre y me lo apropié para mi maestro también) así como el que me había enseñado el talentoso birkaniano enmascarado, quien de hecho llevaba una nueva máscara producto de mis capacidades de diseño. Se le veía bastante contento, pues con el nuevo estilo de máscara, ahora podía comer y luchar, hasta transformarse con total normalidad sin necesidad de quitarse la reliquia que según me comentó en su momento, le había sido heredada de su padre.

En todo caso, también me dispuse a entrenar arduamente mis hakis, tanto el de armamento como el de observación. Con el de armamento me dediqué a ejercitar cada día el endurecimiento de mi piel (no solo para la ocasional tomada de pelo al humeante capitán, que ahora que era tangible, los jajas no faltaron, sino también entrenando de verdad) poniéndome a prueba contra diferentes materiales, algunos incluso autóctonos de esta zona del mundo y de esta isla, materiales que jamás ni nunca en mi puta perra vida había visto, y eso que de chico transportaba todo tipo de materiales y objetos con Alfred, además de todo lo que había aprendido con las artesanías que trabajaba. Era curioso pero ni modo, mejor que me venía el explorar mi potencial con nuevos obstáculos. Todos terminaban cediendo tarde o temprano y podía sentir cómo mi poder, así como mi dominio en general de aquella habilidad iba creciendo con el tiempo. Ya podía activarlo y endurecer mi cuerpo, cubriéndolo de una capa ennegrecida de blindaje a voluntad y mantenerlo funcionando un tiempo considerablemente útil.

Por otro lado, en lo que respecta al haki de observación, la situación era bastante similar: Me dedicaba unas cuantas horas cada día a meditar y descansar el cuerpo, a la vez que expandía la mente y el espíritu, conociendo no solo las auras de todos aquellos que me rodeaban, sino también de la mía propia, de mi esencia y de mi ser. Había conseguido acceder a un nuevo punto de mi dominio mental tan preciso, que pude nuevamente volver a aquellas costas de mi mente, donde mantuve algunas conversaciones con Mira, quien me ayudó a estar en paz con mi ser, así como explorar un poco más aquel pasado curioso del que había visto alguna vez. Ya podía ver la cara de los que entendía, serían mis padres biológicos: Dos aguerridos y temerarios piratas (Me habría encantado conocerlos). El hombre se llamaba Kairo y la mujer se llamaba Vesta. Ambos tenían unas miradas hermosas y llenas de calidez y amor hacia mí. Había oído sus voces y ahora conocía mi verdadero nombre. Sabía quién era y el apellido de mi familia. El saber mi origen llenó un vacío que nunca había estado tan consciente de haber tenido en mi alma. Llevaba ahora el nombre de Rapax Gin, que me dieron mis padres adoptivos, y mi nombre original, la herencia de mis padres, que lo dieron todo por salvarme de las garras de la muerte.

Mis nuevas habilidades me llenaban de alegría, pues no solo me daban fuerza, sino también perspectiva. Una amplia perspectiva tanto del pasado como del futuro y eso me daba paz, así como tambien me daba la seguridad de que no estaba en la misma situación que antes de llegar. Incluso siempre me comparaba con aquel chico que saliera con Arion en busca de justicia y una sonrisa se dibujaba en mi perfilado rostro al ver todo el arduo camino que había recorrido. Antes era un chico lleno de alegrías e ilusiones, con muchas expectativas del mundo y del porvenir y aunque ahora sabía que en este mundo loco, la vida no solía ser como uno pensaría o los planes como se esperaban, lo cierto era que entenderlo te daba una ventaja ante las incertidumbres que pudieran plantarse al frente.

Estaba contento con todo ese magnífico, impecable y singular progreso, incluso se podría decir que era un prodigio en esto de hacerme más fuerte. Por momentos me llegué incluso a preguntar si tenía algún límite, si algún día pararía esta magnificencia de progreso digno de un elegido de los dioses. Y ojo que no solo mejoré en mis habilidades para la lucha, sino que también fui aprendiendo más y más y mejores técnicas en la costura, llegando a volverme todo un prodigio del punto cruz, del doble punto y del entretejido. Ah si mis ropas se vendieran, en este sitio no habría más nunca necesidad de un robo, pues me haría malditamente millonario y estaría más que forrado en billete. PERO BILLETE HASTA EL TECHO. Le pondría 3 pisos más al barco y motores para que el viaje sea super rápido y llegar a donde sea en un abrir y cerrar de ojos, o en un cerrar y abrir, porque si abres y cierras, luego cuando llegues no vas a ver nada. Hay frases coloquiales que deberían reformularse. Son el tipo de cosas curiosas en las que uno piensa cuando está pegándose una ducha o rascándose los huevos en este mundo tn apagado, muerto y aburrido, porque así se veía todo en el nuevo mundo. No hubo mayores aventura que pudiera destacar, aunque pensé que esta parte del planeta era la más loca y donde la fiesta nunca terminaba y todo era emocionante, por alguna razón, ninguna de esas emociones parecía haber sido lo bastante importante para llamar la atención o captar el interés de Ashura, que estaba como embobado y enfocado en una sola cosa, y eso era llegar a no sé donde.

Lo veía conversar con Korg cada tanto, haciendo señas, señalando horizontes, apuntando rumbos y esas cosas, pero nunca nada muy concreto, dudo que el demonio capitán sepa de navegación como para dirigir al pequeño señor anciano, no tan anciano y de gran corazón. Más bien creo que las cosas eran más Korg haciendo, o tratando de hacer entrar en razón a Ashura porque capaz que le estaba pidiendo alguna tontería imposible de esas que se le meten entre cuerno y cuerno cuando tiene un capricho de los suyos. Claro que me pregunté a dónde quería ir Ashura con tanto afán y premura, pero la verdad es que nunca me dediqué a preguntarle directamente, porque sea donde fuere, era más que seguro que nos iba a llevar a un sitio donde terminaríamos llevándonos unos buenos putazos y arriesgando el pellejo por seguirle y cumplir sus sueños. ¿Qué sueños? ni puta idea, pero así sería.

El ascenso desde la isla gyojin fue de lo más interesante, unos pensarían que es como el descenso pero al revés y no. Puesto que de subida sí se te tapan los oídos y mucho. Es una molestia que dura días y aunque lo divertido fue no escuchar al caballo con alas cantar, sino verle solamente haciendo mímica. La imagen era de lo más chistosa y sin duda alguna la atesoraría en lo más profundo de mis memorias. Vaya, incluso estaba pensando escribir algo de todo este viaje en mi diario, pero cuando este volvió a mis manos gracias al bueno del luchador alado, decidí dejar aquel libro así como estaba. Era un símbolo de un tiempo pasado, no un camino al futuro. Ese estaba bien turbio y mi pobre diario no merecía esos desplantes luego de haberme brindado compañía tantos años en la soledad del blue ese del que vine, que ya ni me acuerdo cual era. Había sido hace demasiado como para recordar todo al detalle y francamente no importaba mucho tampoco. Solamente conservaba las emociones y las memorias de aquello que primaba en mi lista de prioridades y de personas a recordar. Aquellas identidades solo eran cosa mía. Nadie las sabía, las sabría o las había sabido nunca. Que se jodan los chismosos, diría justamente una de esas tantas personas.

¿Será que reflexiono sobre las islas por las que pasamos, o reflexiono sobre el rumor de que Quetzalli se culeó con una yegua en una de las islas? Veamos, creo que el coito de un semihumano convertido en caballo era más interesante, sí.

Pues el rumor no se quién fue el que lo empezó, pero yo me enteré porque un buen día me fui a sentar a comer y Vi con desagradable asombro a Ashura carcajearse mientras daba golpes humeantes a la mesa y tosia escupiendo trozos de comida por todas partes. Le pregunté a Korg qué pasaba, si acaso era que el loco del capitán al fin se había deschavetado y se le había ido la olla por fin. Pero resulta que no, sino que en la isla de la que veníamos saliendo, según contó el pequeño navegador del Niebla de Guerra, alguien había visto a Quetzalli Jr. Intento practicar el viejo mete y saca con una femenina, pero no con una femenina humanoide, sino con una de su parte caballezca. Una yegua. El tipo se quiso empotrar a una puta yegua. Increíble, en serio. No tenía pies ni cabeza, pero si alas aquella historia. Cuando me contaron todo aquello por supuesto yo mismo termine prorrumpiendo en semerendas carcajadas y uniendome al coro de risas estridentes de Ashura y los presentes. El pobre -o no, depende del ángulo de todo- de Quetzalli Jr estaba sentado al otro lado en la mesa con los ojos entre molesto y avergonzado, mientras comía un caldo a través de la nueva máscara que le hice yo mismo. Le quise preguntar por lo cierto de todo aquello, pero entre el respeto y que la risa era tanta que tenía miedo de soltar un terremoto por error y matarnos… de risa literalmente, preferí simplemente reír hasta llorar, cosa que pasó unos 20 minutos luego de que el chico terminara su comida y se fuera lejos del resto.

Los pormenores del acto nunca me llamaron en lo más mínimo la atención, sino los motivos que habrían llevado a mi amigo a aquello. Tal vez fuera la mera curiosidad de ver que pasaba, o quizás lo hubiera hecho como un proceso empírico para descubrir o probar alguna extraña hipótesis. Incluso llegué a barajar la idea de que había sido convencido por alguno de los miembros de la banda o que se pudiera tratar de alguna rara apuesta. Al final me cansé de reflexionar tanto y por tanto tiempo y sencillamente me incliné por la opción más simple y asumir que a mi amigo le dieron ganas de coger y se agarró a una yegua. ¡Ah! Ser joven y sentir el tierno llamado del amor y las hormonas. Que dicha me daba ver qué alguien podía dedicarle tiempo a aquello. Me pregunto si los dueños de aquella yegua se llegaron a enterar de todo aquello… otro misterio que nunca obtendrá respuesta.

Sobre las actividades de los demás tampoco supe mucho salvo los pocos momentos en que nos cruzamos en las áreas comunes como bien detallé antes. Todo fue muy raro. Era raro y aburrido. Me sentía en un barco fantasma de lo muerto que estaba esto y las islas ni hablar. Si paraba el niebla, era a repostar o esperar que los log poses que ni idea cómo ni donde habíamos obtenido, se iban recalibrando y dando el rumbo a la siguiente “aventura” que básicamente consistía en repetir exactamente el mismo proceso una y otra y otra vez hasta ir acercándonos a aquel sitio curioso que Ashura se moría de ganas de visitar.

Los días pasaban y se iban convirtiendo en semanas, meses y así como quien da un parpadeo, todo aquel tiempo se convirtió en dos años que pasaron en eso precisamente: en un abrir y cerrar de ojos. Mis entrenamientos continuaron, todo el tiempo, fuera dentro o fuera del barco, en cubierta o en tierra. Aprovechaba la calma de nuestra travesía para nunca descuidar el asunto, pues como mi viejo Alfred siempre me decía, a los que se descuidan, nadie los cuida. A veces también decía que si comías cosas que no debías se te explotaba el culo, pero esa es otra historia, una que nunca quisiera poner a prueba. Era curioso pensar en Alfred. Lo extrañaba siempre y me intrigaba mucho saber dónde estaba, sin embargo nunca dejaba de tenerlo presente, a veces era Mira mi ancla y a veces era él. No importaba dónde estuviera, llevo conmigo la idea y la esperanza de que ya le haya llegado uno de mis carteles de busca y captura a las manos y sepa que a pesar de lo que ello significa, estoy bien. Nada más me importa. Solo le pido que se mantenga sano y se cuide mucho, para cuando por fin podamos reencontrarnos. Será un momento muy difícil para mí, y tendré que responder por varias cosas… Varias disculpas, pero sea lo que sea que ocurra, lo afrontaré con la misma fortaleza que afronté mi vida todos estos años. Precisamente como él y Mira me han enseñado.

Los lugares que vimos en estos dos años se me hacen poco destacables, puesto que la mayor parte del tiempo me la pasaba metido en mis asuntos y entrenando además de lo bélico, el arte de la costura y el tejido. había hecho un avance enorme en aquello, creo que seguramente si la vida hubiera sido diferente, ahora mismo podría montar mi propia marca de ropa confeccionada por mí mismo, para que la gente se matara a putazos pero sin perder el estilo. Sería la sensación del bloque, sin duda alguna y aunque no le vendería una mierda a los marines ni a los nobles, estoy convencido de que mi negocio prosperaría como ningún otro. Violencia y clase. Incluso pensé en un eslogan y todo: Trajes Rapax Gin: Distancia y Categoría. me imaginaba haciendo la colección de invierno y de otoño, la de verano sería un poco más sencilla, pero igualmente deslumbrante. Ah, lo que habría podido hacer con mi talento de haberlo descubierto mucho antes.

Ya los últimos días fue todo un poco menos misterioso. Me refiero a menos misterioso en el sentido de a dónde íbamos. Cómo no saberlo cuando ya el rumbo es claro. El barco se dirigía a una isla bastante notoria y que destacaba en el horizonte. Era muy linda por lo que podía ver y siendo sinceros, me sorprendía la insistencia de Ashura con ir con todo a aquel lugar. Era bien interesante porque es que si veías la isla de lejos, tenía una enorme montaña en forma de carita feliz, en la que se veía a través d elos catalejos, que alguien había construído en ella, convirtiendo el lugar como en una especie de palacio gigante de carita feliz. Tal vez Ashura estaba cambiando, entre lo risueño que le vi con el tema del caballo cojelón y que quiere venir a Divertilandia, de pronto puede que el demonio haya encontrado algo de ese sentido del humor que tanto le hacía falta, ¿no?

Yo la verdad no tenía idea de lo que planeaba el tipo este, pero me ganaba bastante la curiosidad. ¿Acaso estaría planeando por fin darme un regalo de cumpleaños y me trajo a una isla parque? eso sería una locura. O sea, me gustaría obvio pero no creo que el demonio de humo malhumorado sea capaz de semejante derroche de calidez humana y consideración. No… Alguna cosa rara se traía el capi entre manos. Será que alguna cuenta pendiente tendría con la persona que vivía en la carita feliz y quería vandalizarla, como ese muchachito que vivía en mi aldea que todos odiaban, Bazuco creo que se llamaba. Mocoso delincuente nunca llegó lejos. En fin, o vandalizar la carita feliz, o de pronto romperla y que pareciera una carita triste. Pero eso, que buenas intenciones no era lo que tenía, ¿y cómo lo sé? pues muy facil, porque Ashura nunca tenía buenas intenciones con nada ni nadie. Si no la tenía con nosotros qué carajo iba a tenerla con quien fuera que viviera en aquella isla. Obvio quería matarlos a todos. así era él todo amargado y gruñón, pero bueno así lo queríamos todos. Qué se le iba a hacer.

Así que nada, llegamos un buen día a la isla, y todo fue como debería ser: el barco llegó, se acercó a tierra, bajamos el ancla, luego bajamos la rampa y de último bajamos nosotros. Lo hicimos en el orden de impaciencia. Cuando yo bajé, pues sentí la tierra y era una isla un poco menos boscosa de lo que uno imaginaría desde la distancia, pero eso sí: todo el lugar era como una enorme ciudad construida alrededor de la carita. Entiendo que el término correcto sería ciudadela, pero quién soy yo para ponerme arquitectónico. Total que nada. Llegamos y básicamente aquí estamos y eso es lo que ha pasado en mis últimos dos años de vida. 

En resumen, pues salimos de Sabaody y llegamos para acá. Fin
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