[Pasado][Fic - Entrenamiento] La cruz escarlata
#1
Llegar a un sitio nuevo significaba muchas cosas: significaba tener que adaptarse a nuevos horarios, nuevos trabajos y nuevas necesidades. Significaba cruzarse con nuevas personas, algunas gratas y otras que no lo eran tanto. Significaba dejar atrás muchas cosas, porque uno no podía cargar eternamente con algo, menos si era tan pesado como una fuerte carga emocional. Por ello, pensaba desprenderme de algunas cargas ese mismo día, el primero en el que podía gozar de cierta libertad desde que había llegado a Goa. Ya formaba parte de “One Paradise”, una gran empresa encargada de representar a estrellas en auge (actores y actrices, modelos y un largo etcétera del mundo del espectáculo), y eso me convertía en un trabajador a las órdenes de la enorme industria mediática de la fama. Es por eso que, en aquel momento, sentado frente al que sería mi escritorio durante una larga temporada, disfrutaba del silencio. En mis manos sujetaba una serie de postales, de diversos tamaños y motivos, cuya principal protagonista era Caroline, una colosal dama de bucles dorados, labios prominentes y barba inminente. Fue mi mentora durante un breve lapso de mi infancia, pero ante todo fue mi amiga. Desaparecida en extrañas circunstancias, solo dejó tras de si su gigantesca villa, un reguero de caos y esas postales, que me había tomado el permiso de coger. Quería mantener a salvo su recuerdo, pero hasta ese entonces no había tenido fuerzas para ojearlas. Tampoco tenía claro si ahora poseía esa fuerza, más el nudo de la garganta apretaba cada vez menos.

Una tras otra, iba ojeando las imágenes que describían escenas de la vida de Caroline, lugares conocidos y otros totalmente nuevos para mí. Una de ellas la mostraba sonriente frente a su villa en Syrup. Presuponía que ese mismo día había llegado a la isla y se había hecho con el casoplón que pasé un año de mi vida frecuentando. Tras la postal, junto a la fecha, la silueta de unos grandes labios decoraba la esquina inferior derecha, a modo de firma. Escrita con una exquisita caligrafía, se podía leer la frase “Una que se retira de la mala vida”. No pude evitar sonreír, siempre había sido un personaje. El montón de postales era considerable, así que tardé bastante tiempo en revisarlas todas, hasta que finalmente llegué a la última. En ella, Caroline salía muy cerca de cámara, posando felizmente con lo que suponía una amiga. Esta, igual de alta que Caroline pero de pelo negro como el azabache recogido en una alta cola de caballo, pasaba su brazo por encima de los hombros de mi amiga, delatando la gran cercanía entre ambas. Lo que más llamaba mi atención de aquella postal, más que la foto, fue el texto de la cara trasera:

“Te echaré de menos, Luxury, la más grande de Goa”

- ¿Goa? -repetí mentalmente mientras volteaba de nuevo la postal. Ambas protagonistas se hallaban muy cerca del plano, por lo que el sitio en el que se encontraban era difícilmente identificable. La pequeña porción de cielo que se podía entrever lucía un penetrante azul atravesado por un filo hilo de humo negro ascendente. En un lateral, parecía mostrarse una montaña de lo que parecía basura.
 
Hacía poco tiempo que había llegado a Goa, por lo que mi conocimiento sobre la ciudad, y en general sobre la isla, era prácticamente nulo. Esa escasez de recursos fue la que me empujó a la calle aquel tórrido mediodía de verano, una mano invisible que me empujaba hacia el descubrimiento. Tras callejear por la zona en la que me estaba hospedando, llegué a una de las calles principales de Goa, donde imperaba un aglomerado mercadillo ambulante atestado de personas que zumbaban de puesto en puesto en busca de la presa más rentable. El zumbido de las conversaciones y el regateo llenaban el aire, creando una sinfonía de sonidos que reflejaba la diversidad de culturas presentes en la ciudad. Los aromas eran una delicia para los sentidos: las hierbas frescas, las especias intensas y los alimentos cocinados en puestos callejeros desprendían fragancias embriagadoras. Los vendedores de frutas y verduras exhibían sus productos en montones de colores brillantes, como un mosaico de la tierra misma. En el corazón del mercado, una plaza abierta albergaba un teatro improvisado donde malabaristas, acróbatas y titiriteros entretenían a la multitud, mientras los niños corrían y reían, cautivados por las maravillas que se desplegaban ante sus ojos.

- Perdone -me atreví a preguntar a un cercano viandante- ¿Conoce a alguna de estas personas?
- Disculpe, ¿sabe dónde puede haberse hecho esta foto?
- ¿Sabe quiénes son?

La respuesta siempre variaba entre la indiferencia y el desconocimiento, que avivaban mi desaliento. Era muy probable que muchas de esas personas no fuesen de la ciudad, más bien comerciantes que asistían a Goa para vender sus productos de importación, por lo que era normal que no tuviesen ni idea de lo que les estaba preguntando. Decidí entonces preguntar a al dueño regente de algún negocio establecido allí en la ciudad.

- No sabría decirte muy bien -se trataba de una mujer panzuda, cuyas mejillas rechonchas se coloreaban con un saludable rubor, y sus ojos chispeaban con una luz vivaz y traviesa. Una sonrisa amable y cálida se curvaba en sus labios carnosos, irradiando una calidez que abrazaba a todos los que se cruzaban en su camino- Pero por lo que veo en este lado, parece ser el vertedero. Menudo sitio para hacerse una foto, ¿no crees?
 

Desconocía la existencia de un vertedero en la ciudad, por lo que requerí de diversas indicaciones para poder llegar hasta él, al este de la inmensa muralla que rodeaba la ciudad. El vertedero se extendía ante mí como un vasto y sombrío paisaje lunar, donde la luz del sol apenas se atrevía a penetrar entre las montañas de desechos. El aire estaba cargado con un penetrante y desagradable hedor, una sinfonía nauseabunda que asaltaba los sentidos con cada inhalación. Montones de basura se alzaban como colosos caídos, despojos olvidados de la sociedad humana. Entre las pilas de desperdicios, emergían objetos incomprensibles y fragmentos de vidas rotas. Juguetes rotos, muebles desgarrados, yacían en un abrazo de desesperanza, mientras papel desgarrado y plástico quebrado ondeaban como banderas en un campo de batalla olvidado. El viento, traicionero aliado de esta desolación, mecía bolsas de plástico vacías en una danza grotesca y desordenada.

Los pájaros carroñeros revoloteaban en el cielo, marcando su territorio en este reino de decadencia. Sus graznidos ásperos y crueles eran el único sonido que rompía el silencio, un eco de la voracidad implacable con la que la naturaleza se adueñaba de los restos de la civilización. El vertedero, una cicatriz en la tierra, se extendía hasta donde alcanzaba la vista, una afirmación sombría de la sociedad consumista y sus excesos. Era un recordatorio mudo de la necesidad de una reflexión más profunda sobre cómo tratamos nuestros recursos y cómo enfrentamos el legado de nuestra propia creación. En medio de esa desolación, podías sentir la urgencia de un cambio, el eco de un llamado a la responsabilidad y a la redención.

- Esto parece el escenario de una novela distópica -y lo sabía bien, ya que era uno de los temas favoritos a tratar por su padre, el famoso escritor Kudo.

Era la hora de comer y, junto al hecho de que se trataba de un lugar tan poco acogedor, presupuse que era la principal razón de que allí no hubiese nadie. Vagué como alma en pena en busca de algo que pudiese arrojar luz sobre Caroline o el paradero de su amiga, Luxury, más lo único que estaba consiguiendo era oler cada vez peor. Del pequeño bolso que colgaba de mi hombro extraje un pequeño frasco de perfume, una de las primeras cosas que me agencié al recibir mi primer sueldo de modelo, y me rocié con él como si de una ducha se tratase; prefería morir asfixiado por el buen olor.

- Qué lástima de perfume, malgastarlo de esa forma.

El sobresalto hizo que el bote se resbalase de mis manos y fuese a parar a un charco de dudoso origen, pero evidente repulsividad. Al girarme, vi como una enorme dama, cigarrillo en mano, me hablaba desde una pila de escombros, a contraluz. Protegí mis ojos de la luz del sol alzando mi mano derecha, escrutando a mi desconocida emisora, que ahora caminaba hacia mí. Su presencia era tan impresionante como evocadora, y su apariencia transmitía un aura de autenticidad y confianza. A pesar de su edad, la okama irradiaba confianza y juventud. Su postura era firme y orgullosa, y su andar desprendía gracia y seguridad en sí misma. Era un testimonio vivo de la individualidad y la autenticidad, desafiando las convenciones y celebrando su identidad única. Sus ojos, con sus sombras oscuras y el delineado meticuloso, destacaban su mirada, que era una mezcla de sabiduría y agresividad por partes iguales. Llevaba un vestido elegante y sofisticado, con detalles de encaje que le conferían una sensualidad sutil, incluso inocente. Complementaba su look con accesorios cuidadosamente seleccionados, como un collar de perlas que aportaba un toque de elegancia clásica. Habían pasado unos cuantos años, pero estaba completamente convencido de que ella era la persona que acompañaba a Caroline en la fotografía de la postal.

- Soy Luxury, me estabas buscando, ¿no?
 

- Bienvenido a la casa de muñecas.

La habitación de muñecas era un remanso de ensueño, un rincón mágico oculto en lo más profundo de Gray Terminal, tras una puerta sepultada por basura y una escalinata que parecía llevar al centro de la mismísima tierra. Sus paredes estaban pintadas en un tono suave de rosa, como si el amanecer mismo se hubiera filtrado en la estancia, carente de ventanas. En el centro de la habitación, un tocador de madera blanca con adornos tallados se alzaba como un altar a la belleza. Sobre él, se encontraban frascos de perfume en forma de delicadas botellas de cristal, cada una con su propia fragancia misteriosa. Espejos ovalados enmarcados en oro antiguo reflejaban la luz y las sombras de los candelabros, creando un juego de luces que confería un aire de encanto atemporal.

La cama, con su dosel de encaje y cortinas rosadas que se derramaban como cascadas, parecía sacada de un cuento de hadas. Sobre ella, se encontraban almohadones bordados a mano con hilos de seda y muñecas de porcelana con vestidos exquisitos, como guardianes de sueños infantiles. En las estanterías de la habitación, se alineaban filas de muñecas, cada una con su propia personalidad y vestimenta. Desde muñecas de porcelana con miradas serenas hasta ositos de peluche desgastados por el tiempo, todos parecían cobrar vida en el resplandor suave de la habitación. El aroma dulce de las flores frescas en un jarrón de porcelana se entrelazaba con el perfume de los cajones de ropa de muñecas y creaba un ambiente de fragancia y calidez. Era una habitación de muñecas rosa, donde la infancia se fusionaba con la elegancia en un mundo de fantasía y belleza.

- Guau, ¿seguimos en Goa? -lancé aquella pregunta al aire, de forma retórica, ya que aquel sitio parecía una realidad totalmente diferente a la que había conocido en la superficie.
Haciendo caso omiso a mi comentario, Luxury se aproximó a mi y señaló la postal que seguía cargando en la mano- Esa foto me trae recuerdos. ¿Vienes de parte de Caroline para entrenar?
- ¿Entrenar? Yo… -volví a mirar de reojo la fotografía, a Caroline- Solo la estoy buscando, desapareció sin más.
- Entiendo -Luxury se volteó y se sentó de una de las ornamentadas sillas de la estancia- Hace mucho que no se de ella. Conque ha desaparecido… Siento decirte que no sé nada al respecto, pero lo que sí sé -me analizaba con la mirada como si fuese un microscopio y yo una estimulante muestra que dotorear- es que tú tienes nociones básicas del Okama Kenpo. Me lo dice tu postura, tu forma de expresarte.
- Bueno, durante un periodo, Caroline me entrenó.
- Pues permite que yo lo continúe. Si quieres salir a buscarla, vas a necesitar más que esa cara bonita y unas uñas afiladas.
 

- Un calentamiento de ballet es …una delicada danza en sí misma, que prepara a los bailarines para la gracia y la precisión que exige esta forma de arte. Caroline te enseñó bien los fundamentos de este arte, pero solo arañasteis la superficie. Estás aquí para penetrar…
- ¿Qué?
- … a través del profundo conocimiento de la danza.
- Ah, vale.

Iniciamos con movimientos suaves de cabeza, como si estuviera despertando a un mundo de posibilidades. Luego, los brazos se levantan y deslizan con elegancia a través del aire, como alas extendidas. Los pliés siguen, estirando y fortaleciendo mis músculos mientras buscan la perfección en cada gesto. Los estiramientos se suceden, el cuerpo doblándose y estirándose en posiciones delicadas. Las piernas se elevan en arabesques y développés, y los pies se apoyan en las puntas, como si estuvieran flotando sobre el suelo. A medida que el calentamiento avanza, siento cómo mi cuerpo se vuelve más cálido, más ágil. Los músculos se estiran y se despiertan, listos para los desafíos que vendrán. Mi mente se enfoca en la alineación y la postura, la elegancia en cada movimiento se convierte en mi objetivo. La música me guía, una musa que me inspira a moverme con gracia y precisión. Mi concentración es total, mi determinación inquebrantable. Cada paso, cada gesto, es una expresión de mi compromiso con la belleza.

- El ballet es un viaje personal, una danza en la que el cuerpo y el espíritu se encuentran. En ese momento, eres un instrumento afinado y listo para crear belleza.
- Y exactamente, ¿en qué me va a ayudar saber ballet?
- ¡Silencio! Todo forma parte del Okama Kenpo. Debes aprender el arte de moverte grácilmente para después asestar golpes letales; para cocinar, primero hay que encender los fogones. Si entrenas conmigo acabarás muerto…
- ¿Qué?
- … de ganas de saber qué viene después.
- ¿Lo haces aposta?

Según Luxury, la gracia y la elegancia del ballet clásico se transformaban en una forma de combate extraordinaria, un baile de guerra que mezclaba la destreza física con la belleza artística. Aunque la belleza y la gracia eran fundamentales, la fuerza y la agresión también tenían su lugar en este estilo de pelea único. Los movimientos de ballet se fusionaban con técnicas de artes marciales, lo que resultaba en una combinación sorprendente de arte y violencia. Cada combate era una expresión artística del conflicto, donde la belleza y la fuerza se entrelazaban de manera sorprendente. Era un recordatorio de que el arte puede manifestarse de formas inesperadas y que incluso en la lucha más feroz, la gracia y la elegancia pueden tener su lugar.

- Comienza dando vueltas sobre tu pierna dominante, en punta, sin perder el eje, tal y como te voy a mostrar.

Y sin mediar más palabra, fui testigo de una lección magistral por parte de Luxury. Sus movimientos eran una exhibición de técnica y pasión en su máxima expresión. Con cada giro, su cuerpo parecía flotar en el aire, como si desafiara la gravedad misma. Sus fuertes brazos se extendían con gracia, como alas de un ave en pleno vuelo, mientras sus piernas se elevaban en arabesques perfectos. Cada vuelta era un acto de equilibrio y precisión, un giro que desafiaba la percepción de lo posible. A medida que continuaba girando, su rostro reflejaba una concentración intensa y una pasión palpable. Era una interpretación que trascendía las palabras y se comunicaba a través del lenguaje del cuerpo y la música: era una verdadera maestra.
 

Llevaba ya varios días acudiendo al encuentro de Luxury, hecho que había decidido mantener en secreto, al menos por el momento. Una vez finalizada mi jornada de trabajo en “One Paradise”, me escabullía hacia la zona este para encontrarme con la okama en la casa de muñecas. Entrenábamos en la sala de los espejos, un espacio rectangular cuyas paredes estaban totalmente cubiertas por enormes lonchas reflectantes y que permitían observar mi grácil y atractivo cuerpo desde cualquier ángulo imaginable. El suelo de madera estaba cubierto por una suave alfombra rosa pálido, que proporcionaba una base cálida y cómoda para la habitación. Caminar sobre ella era como deslizarse sobre una nube, suave y silencioso. La iluminación era suave y difusa, proveniente de elegantes lámparas de araña que colgaban del techo. Las luces arrojaban destellos dorados sobre los espejos, creando una sensación de brillo mágico en la sala. Era como si el tiempo se detuviera en ese rincón de encanto y feminidad. Frente a mí, un par de maniquíes se disponían en fila, uno tras otro. Lejos de ser maniquíes normales, ambos estaban vestidos con vestidos de patrones florales. Sus caras no poseían rostro, pero si exuberantes peinados que desafiaban a la gravedad.

- Tu cuerrrpo conoce a la perrrfección las bases del ballet -hoy, Luxury vestía un mallot negro apretado que no dejaba espacio para la imaginación. Su pelo, recogido en un moño alto, estiraba sus facciones hasta el punto de desplazar el rabillo del ojo hasta la sien. Sus manos jugueteaban con un palo similar a una fusta- Aún te queda mucho por pulirrr, pero crrreo que podemos pasarrr a algo más prrráctico- desconocía porqué aquel día pronunciaba las “r” de aquella manera.
- Estoy prrreparrrado… ¡digo preparado, preparado!

El entrenamiento consistía en patear los maniquís apostados frente a mí. En el silencio de la habitación, se alzaban como testigos mudos, receptores pasivos de la energía que se avecinaba. Mi postura era firme, con los músculos tensos en anticipación. El maniquí se erige frente a mí, imperturbable, como un actor en el escenario, esperando su papel en esta representación. Mis ojos se fijan en su figura, delineando el objetivo de mi patada. Siento el latir del corazón acelerado, el eco de una fuerza contenida. Llevo mi pierna hacia atrás en un gesto de preparación, como el arco tenso de un arquero antes de soltar la flecha. La respiración se hace más profunda, cada inhalación y exhalación marcando el ritmo del acto por venir. Mis sentidos estaban agudizados, alerta ante la tarea que se avecina. Comencé a dar vueltas, con un arranque lento que acelera en una frenética danza alrededor del primero de los muñecos. Con fuerza, libero la energía acumulada por la inercia y propino una patada a la altura del hombro. Lejos de moverse, imperturbable, el maniquí, a pesar de no tener rostro, me dedicaba una expresión burlona, como si buscase más.

- ¡AHG! -caí por el retroceso del golpe. En el suelo, abracé con mis manos el empeine malerido- ¡Está durísimo!
- Eso dijo ella, digo ejem -tosió para disimular una risa socarrona- No pensarrrías que iba a serrr tan fácil como darrrle una patadita y ya. Estos maniquíes son especiales, poseen una durrrreza extraorrrrdinarrrria. Para poderrr hacerrrles algún rrrasguño, vas a tenerrr que hacerrrlo mejor, Asprrros.

De nuevo, me alcé y recuperé la concentración perdida sobre mi objetivo. Era el momento de la verdad. Mi pierna, tras unos perfectos giros ejecutados con precisión, se desplaza hacia adelante con elegancia, un ballet de músculos y huesos en movimiento. Concentré toda la fuerza en la punta de mi pie para liberarla sobre el cuello de mi inerte víctima, como el choque de dos mundos colisionando. El sonido de la patada resonó en el aire, una sinfonía efímera de poder y fragilidad. El maniquí, antes imperturbable, se sacude ante la fuerza del golpe. Es como si por un breve instante cobrara vida, como un actor que interpreta su papel con entrega, pero rápidamente volvió a su inmovilidad. El eco de la patada se disipó en el aire, y yo quedo en un estado de quietud, con una sensación de logro mezclada con un fuerte dolor en el área del empeine. Unos aplausos me sacaron del trance.

- Muy bien, muy bien. Dejémoslo porrr hoy, no querremos que te parrrtas el pie.
- Vale, pero deja de hablar así.
 

Entrenar todos los días se había convertido en mi estilo de vida, una rutina que abrazo con pasión y determinación. Cada mañana, cuando el sol apenas se asoma en el horizonte, me levanto con una sensación de anticipación. La casa de muñecas era mi segundo hogar, un lugar donde encuentro refugio en medio del bullicio de la vida cotidiana y del ajetreo laboral en la agencia de modelos. Mientras camino hacia allí, la adrenalina fluye, y mi mente se llena de expectativas. Los espejos, los maniquíes y el sudor son mis compañeros de jornada, todos vigilados bajo la atenta mirada de Luxury. Cada repetición me acerca un paso más a mis objetivos. Siento el calor en mis músculos, la satisfacción de cada repetición bien hecha, y la determinación de seguir adelante. El tiempo parecía detenerse allí. Cada ejercicio es una oportunidad para superarme a mí mismo, una ocasión para crecer física y mentalmente. Las gotas de sudor que caen al suelo son una prueba de mi compromiso, una ofrenda al altar de mi propio bienestar.

- Lo que estás aprendiendo es un básico en el Okama Kenpo, la primera vertiente del “Gran azote”, alimentada por las memorias del pasado de los días de verano.
- Que nombre tan poco práctico.
- Tú escucha -me interrumpió mientras hacía aspavientos con la mano- Llevas semanas preparando tu cuerpo para este momento, para una de las pruebas definitivas que determinarán si estás preparado para encarnar el espíritu del Okama Kenpo. Eres joven, pero prometes.

Dicha prueba consistía, de nuevo, en golpear los maniquíes, más había un pequeño detalle diferenciador: se trataba de 4 maniquíes apostados en fila, separados un metro el uno del otro y por entre los que debía pasar grácilmente mientras los golpeaba. Sus cuerpos ahora lucían cruces de cinta adhesiva roja, que delataban los puntos que debía golpear con precisión. Fuera de esa zona, el golpe sería penalizado y la prueba terminaría.

- Cuentas con un máximo de 15 segundos para golpear los 16 puntos de golpeo.

La prueba había comenzado. Con cada giro, mi cuerpo se convertía en una exquisita sinfonía de movimientos elegantes y poderosos. La música clásica llenaba el estudio, envolviéndome en una atmósfera de gracia y desafío. Luxury tendía a amenizar los entrenamientos con ese tipo de sinfonías tan acordes con el ballet; la yuxtaposición de la violencia con la gracilidad de los movimientos era mi perdición. Mis zapatillas de ballet rozan el suelo de manera etérea mientras avanzo hacia los cuatro maniquíes dispuestos en el centro del estudio, como figuras estáticas en un escenario efervescente. Mi corazón late con fuerza, alimentado por la emoción y la determinación. En cada giro, mi mirada se enfoca en un maniquí, y mi pierna se eleva en un arabesque perfectamente ejecutado. La suavidad de mis movimientos contrasta con la fuerza que impongo en cada golpe. El primero de los maniquíes es el destinatario de mis primeros golpes, elegantes y precisos movimientos de mi pie que se asemejan a una caricia en el aire. La fuerza fluye desde mi núcleo, a través de mis piernas y culmina en un toque controlado en el maniquí. La música me guía, y mi cuerpo responde con gracia y fuerza.

En un latido, estoy girando hacia el siguiente maniquí. Mi mente se enfoca, mi cuerpo se ajusta y la danza continúa. Otra patada, otro golpe, y otro maniquí recibe la expresión de mi arte. Cada golpe es una declaración de poder y precisión, una muestra de mi destreza y técnica. Tenía la sensación de estar solo en el mundo, que solo existíamos aquellos maniquíes y yo: ni Luxury, ni Frank, ni mis padres, nadie. La escena parecía detener el tiempo, como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración mientras mis puntapiés atravesaban las cruces escarlatas. El estudio se convierte en un escenario donde la danza y la lucha se fusionan en una coreografía única. Los maniquíes se convierten en mis compañeros de baile, testigos mudos de mi habilidad y dedicación. Con cada giro y golpe, mi conexión con la música y la danza se profundiza, y siento la satisfacción de la ejecución perfecta. Al final del pasaje, mi último giro me lleva de vuelta al centro del estudio, donde los maniquíes permanecen inmutables. La música se desvanece, y mi cuerpo se aquieta. Mi corazón late con una sensación de logro, y el estudio se llena de un silencio reverente; la música ya había terminado. Ha sido un momento en el que la danza y el arte se entrelazaron con la fuerza y la destreza, y cada maniquí lleva la marca de mi pasión y mi perfección. A mi espalda, Luxury se mantenía en silencio, observando mi silueta inmóvil.

- Bravo.

Tras sus palabras, empecé a ser consciente de mi estado físico en aquel momento. El dolor en mi pie magullado se volvía más intenso con cada latido de mi corazón. Cada latido era una punzada de dolor, como un recordatorio constante de mi vulnerabilidad. Mis sentidos se nublaban, y la habitación giraba a mi alrededor. Finalmente, me vi vencido por la fatiga y el dolor. Mis ojos se cerraron por sí solos, y mi cuerpo cayó hacia adelante. Sentí la oscuridad cerrarse a mi alrededor mientras me desmayaba del cansancio, mi mente y mi cuerpo rindiéndose a la necesidad de descanso. Fue un instante de rendición total, donde el agotamiento y el dolor se fusionaron en un sueño profundo y reparador, llevándome lejos de la realidad y hacia el refugio de los sueños. Lo último que fui capaz de recordar fue un fuerte brazo agarrando mi cuerpo, evitando mi caída.
 
 

Después de una intensa sesión de entrenamiento, finalmente regresé a mi habitación, exhausto pero satisfecho. El sudor empapaba mi ropa y sentía el cansancio en cada músculo de mi cuerpo, pero en aquellos momentos no tenía energías ni para ponerme debajo de la ducha. Mi habitación se convirtió en un refugio tranquilo, un oasis de descanso y recuperación ajeno a Luxury y a Frank. Con pasos cansados, me dirigí hacia mi cama, donde una sensación de alivio envolvió mi cuerpo al recostarme. Cerré los ojos un momento, dejando que la sensación de agotamiento se disipara lentamente. El colchón era un lecho de comodidad, como si estuviera abrazando cada parte de mi cuerpo fatigado.

Mi respiración se volvió lenta y profunda mientras me sumergía en un estado de relajación. La habitación estaba iluminada por la luz tenue de una lámpara de mesa, creando un ambiente acogedor y cálido. Las sombras se extendían suavemente por las paredes, como un suave abrazo que me envolvía. A medida que el tiempo pasaba, mi mente comenzó a alejarse de las tensiones del entrenamiento. Mis pensamientos se volvieron más tranquilos y serenos. Recordé los desafíos y logros del día, sabiendo que cada esfuerzo había valido la pena, que cada victoria me hacía más fuerte y me aproximaba a un futuro en el que podía volver a encontrarme con Caroline, a un futuro en el que era grande y famoso, envidiado. Con el tiempo, me encontré a la deriva entre la vigilia y el sueño, en un rincón tranquilo de mi mente. Mi cuerpo se relajó por completo, y mi respiración se volvió regular y serena. Descansé en esa habitación como si fuera un santuario de tranquilidad, sabiendo que el descanso era una parte fundamental de mi entrenamiento, un tiempo para recuperar fuerzas y prepararme para los desafíos del mañana. Me dormí profundamente y soñé, soé con el pasado distante, con una gran casa.

La casa se alzaba majestuosamente, un reflejo de la opulencia de tiempos pasados. Sus paredes de piedra estaban cubiertas de enredaderas, como si la naturaleza misma estuviera tratando de reclamarla. La puerta principal estaba entreabierta, como si me estuviera invitando a adentrarme en ese mundo olvidado. Al cruzar el umbral, me sumergí en un remolino de emociones. El aire tenía un aroma peculiar, una mezcla de humedad y nostalgia. Cada rincón de la casa parecía susurrar recuerdos y risas compartidas con Caroline. Había fotografías antiguas en las paredes, capturando momentos de nuestra amistad, y muebles que aún conservaban el espíritu de las conversaciones que habíamos tenido en torno a ellos. Mientras exploraba la casa, subí una escalera de madera gastada que crujía bajo mis pasos. Las sombras se proyectaban en las paredes, creando una atmósfera melancólica. Al llegar al segundo piso, encontré una puerta que daba a una habitación bañada por la luz de la luna. En esa habitación, el tiempo parecía haberse detenido por completo. El mobiliario era antiguo, pero impecablemente conservado. Una cama con dosel estaba cubierta de sábanas blancas y en el escritorio había cartas y diarios que contaban historias de nuestros días de juventud. Me senté en una silla, con una mezcla de nostalgia y asombro, mientras recordaba momentos y secretos compartidos. Al final del sueño, me encontré frente a un espejo. Al mirarme en él, vi a Caroline, mi amiga del pasado, sonriendo desde el reflejo. Fue como si su presencia aún estuviera viva en cada rincón de esa casa abandonada. Con una sensación de plenitud, me desperté, llevando conmigo la memoria de ese sueño como un tesoro que me conectaba con mi amistad pasada y la belleza de los recuerdos compartidos. Gracias a Luxury me sentía más cerca de ella, aún sin saber si seguía con nosotros en este mundo.
 
 

- Este ha sido el primero de muchos logros, Aspros. Se podría decir que dominas gran parte de los aspectos básicos del Okama Kenpo. Aún hay cosas que puedo enseñarte, pero tiempo al tiempo.
- Luxury, gracias por… gracias por todo esto.
- Ay, entre nosotras tenemos que ayudarnos, ¿no crees? En este mundo gris, hace falta un poco de rosa. No son muchas las cosas que voy a poder seguir enseñándote. Soy maestra, sí, pero desconozco muchas de las técnicas del Okama Kenpo, puesto que han ido evolucionando con el tiempo y siendo perfeccionadas por diversos maestros del mundo.
- ¿Hay más maestros?
- Sí, auténticas leyendas.
[Imagen: rvCfBMF.png]

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¿Mi objetivo? Deslumbrar al mundo,
¿Mi bandera? El glamour querida, ¿Mi teléfono? Ya quisieras.



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