[EVENTO FASE 2] El mismo infierno (V) - Niebla de Guerra
#31
El miedo que me invadía desapareció, Ñorgo parecio no escucharme porque hizo caso omiso a mis palabras ¿El tambien se habia visto presa de esa presión y miedo?, No lo sé, me conteste, pero lo importante ahora no era eso, lo importante era irnos, asi que al saber que mis músculos ya reaccionaban a las órdenes de mi cerebro, empece a moverme por todo el barco para terminar de prepararlo y poder zarpar. No le quitaba la vista de encima a la pelo morado que todavia parecía interrogar a la chica de los cuernos verdes que seguía sonándome de algun lugar.


La mujer del parche, la cuestionaba, le pregunto por sus padres, pero que hiciera enfasis en su madre y dijo que esperaba que nadie más interfiriera o terminarían como los otros dos, mis ojos de manera instintiva vieron el otro barco a dos personas en aparente estado de derrota, un tipo de pelo verde y otro con un sombrero, Al igual que la chica, el de pelo verde tambien se me hacia conocido de algun lugar, pero una vez más y debido a mi mala memoria no podía recordar de dónde.

Otra cosa en la que pense mientras preparaba el barco para irnos bien a la verga de aquí, es que Gaeru si se pudo mover y yo me quede preso del miedo, ya sabia yo que mi Rana manca con katana era especial, pero no tan especial, ademas le dijo al capitan Mashuka que lo convirtiera en su arma, que le queria ser útil al demonio del humo, me parecio un nombre muy adecuado para el capitan, a lo que este le dijo, que convertiría su sueño en las pesadillas de los demas, yo tampoco podía quedarme atrás, asi que al pasar por al lado del capitan le dije. – Capitan, tengo un deseo enorme de demostrarle lo que soy capaz, ¿puede usted convertirme en la pesadilla de la marina?, confio en que sí.

No espere respuesta por parte de él, sino que me moví por la cubierta mientras le decia a mis compañeros. – Chicos la burbuja esta que se termina de inflar, si ayudamos todos nos vamos más rapido.

Seguía pensando en que nuestro momento en este manglar ya habia llegado a su fin y era super importante salir ya de aquí.

Resumen


Belico


Gastos, Daño y Regeneraciones


Karmas Involucrados


Inventario


Off
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#32
La extraña sensación que me mantenía en mi sitio, poco a poco fue dando paso a la normalidad y se terminó por disipar al completo. No sé de qué coño se había tratado está vez, pero si estaba seguro de que no era causado nuevamente por el panda revolucionario que había venido antes. De hecho, algo me decía que podía deberse a aquella extraña mujer de pelo rosa que había llegado tan repentinamente al barco de al lado y ahora mismo estaba sosteniendo a Natasha de una manera tan amenazante. Seguramente era un poder que soltaba la gente cuando se subía a los barcos ajenos. Tendría que probarlo en otro momento. Si llego a subirme a un barco de otra gente seguro también se paralizarian, Rahahaha.

La mujer había derrotado sin dificultad a dos de los Nalgas Negras y ahora mismo sostenía con fuerza a la semioni mientras le preguntaba por sus padres, haciendo énfasis en su madre "ahhh ya se cómo va esto. Es igual que en la telenovela esa que veía Mira en casa. Sortilegio de amor. Que la muchacha de servicio resultó que era hija del dueño de la casa porque él había tenido un amorío con Guadalupe Lujan, la ama de llaves" pensé seguro de mi suposición. Lo cierto es que en mis tiempos en casa con mi madre adoptiva, siempre fui muy novelero yo, pero ni loco le contaría de eso a los Mushoku. No quería que se rieran de mis aficiones.

En fin, cuando pude moverme, no dude en, sin dejar de escuchar aquel chismorrón que pasaba a dos barcos de distancia, ponerme manos a la obra y ayudar con mis conocimientos de principiante carpintero, al grupo que estaba en la cubierta ayudando a inflar la burbuja del barco. Les ofrecí mi fuerza y ayudé a agilizar las labores como pude. Un par de brazos extra seguro acelerarian el proceso. 

Mientras esto pasaba, ví a Chapul Tepec dedicarse a preparar todo para que el barco zarpara de una puta vez. Aunque el tipo estaba bastante pendiente de las acciones de la ranita y en cuanto le vio ofrecer su espada al servicio de Ashura, no dudó en saltar detrás a pedirle que le volviera una pesadilla de no sé qué de la marina. No sé si estaba actuando como un chupa medias o se estaba tratando de unir a la ranita para protegerle de lo que un entrenamiento con Ashura podría causar en un muchacho tan verde y honorable. Espero fuera lo segundo, porque lo último que necesito ahora es más locos sanguinarios compartiendo camarote. Yo mismo estaba reprimiendo ese lado mío constantemente para no perderme en la oscuridad. En fin, solo el tiempo dirá qué depara el destino para los nuevos reclutas de la banda. Tanto ellos como el pobre Epifanio que yace convaleciente en su cama mientras todos vivimos estos momentos tan tensos. 

Demonio. En cuanto la burbuja esté, termina de dar la orden de largarnos-Gin. Olvida el pastel. Ya lo compraremos en otro sitio. Dije al capitán, esperando no volver a mezclarme en semejante despelote como el que ocurrió justo hoy en Sabaody



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#33
La presión desapareció. Mis ojos seguían nublándose mientras a duras penas me mantenía erguido. La sangre nacía de mis heridas sin control. Pero no éramos capaces de zarpar. La burbuja, para que demonios necesitábamos aquella burbuja...

Las palabras se amontonaban, promesas para el futuro por parte de Quetzalli, rapax me apremiaba para partir. Mi límite apretándome una soga el cuello, que me ardía fruto de la herida que me había propinado el almirante "Más le vale no morir hasta que lo mate" el puto mierdas del Yugu, su espada de color carbón era de las obras de forja más preciosas que había visto. La había tenido en mis manos, mi humo casi la sustrae, y con su maldito poder de mierda, me la había jugado, dejándome una herida que me estaba drenando y me impedía seguir con mi cometido. Bien sé que esa herida me había servido para no seguir liándola, que de no ser por esa herida hubiera tumbado a ese panda y mandado a las raíces de los manglares su patética embarcación con los patéticos comunistas que llevara encima. La existencia de los revolucionarios me provocaba urticaria genital. Acabaría con ellos. Más pronto que tarde.

- Come frutas - Mi voz áspera se refirió a una de mis nuevas incorporaciones Queztalli, parecía más enérgico que los demás, eso o se recuperaba más rápido - Ayuda a Korg - Le señalé con el mentón la parte en la que el pequeño navegante se parecía empezar a mover - Ya hablaremos después de eso de los marines - Cada palabra me hacía perder más sangre - Rapax, que Gaeru te ayude con los preparativos - Me movía por instinto mientras no perdía de vista la puerta del embarqué. Caminé la distancia que me separaba de la rampa de embarqué. Agarré sus cuerdas mientras las enrollaba en mi muñeca con un movimiento circular, la cuerda se aferró a mi muñeca y amparándome del hombre tiré con toda la fuerza que me quedaba con mi brazo izquierdo. La rampa chilló como si fuera un animal doblegado, un grave sonido la acompañó mientras esta misma se combaba y empezaba a unirse con el resto del barco, en unos escasos segundo se acopló perfectamente al mascarón del barco. El Niebla de Guerra ya no tenía mayor conexión con los astilleros que el trecho de mar que lo separaba de las tablas que hacían de embarcadero para el mismo y la pompa, la dichosa pompa, estaba ya casi lista. Resoplé con fuerza, aquello en cualquier otro momento hubiera sido cose y cantar, pero en mi estado todo era el doble de pesado - ¡Korg! - Quise gritar, aunque no sabía cuan fuerte había sido mi berrido - Nos vamos - terminé de pronunciar con una cadencia seca y agotada.


Fue en ese momento cuando mis fuerzas acabaron de desfallecer debida a la barbaridad de sangre que había perdido, seguramente sobre los tablones del niebla había más sangre mía que en mi propio cuerpo, estaba en las últimas, o nos marchábamos ya, o no podría hacer nada para evitar que nos hundieran. Trastabillé levemente y me recompuse agarrándome a mi espada, como su fuera un punto de anclaje entre el mundo y yo. Ben iba a tener mucho trabajo. 


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Bélico



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#34
Las palabras de Ashura fueron como gasolina echada a una hoguera, haciendo que incluso mis ganas de seguir luchando se incrementaran. ¿Qué mis sueños fuesen las pesadillas de los hombres? ¿Quién no quería que los demás sintieran miedo con tan solo verle? Asentí con la cabeza decidido, me alegraba saber que si me quedaba bajo esta bandera me iba a hacer mucho más fuerte y con ello mi sueño de convertirme en el samurai más poderoso de todos también iba a estar mucho más cerca.

Sin que no me pareciera que pasara nada aquella presencia cesó y el resto de mis compañeros parecieron volver a moverse de nuevo. Me reincorporé quejándome un poco por el dolor de mis músculos machacados. Me llamó la atención de que casi nada más pudo moverse Tenoch bajó con nosotros. Y le pidió al capitán que le entrenara también como al parecer iba a hacer conmigo, q lo que este simplemente se limitó responderle que luego hablarían. El demonio parecía más machacado a cada vez que hablaba. Por lo que no quise molestarle más. Solamente me giré a mi amigo enmascarado con una sonrisa burlesca. -Me da que alguien está celoso~gero. -Le dije con un tono burlesco para picarle un poco, sacándole la lengua y guiñándole un ojo.

Sin perder más el tiempo, caminé como pude hacia donde estaba el señor Gin, para ayudarle con lo que quiera que estuviera haciendo. Envainé mi katana y me quedé mirándole mientras trabajaba. -Señor Gin, Señor Gin. ¿En qué te puedo ayudar? ¿La burbuja ya está lista? Que locura lo de la presencia esa, ¿No crees? -Según se iba moviendo yo le seguía sin parar de hablar, emocionado por ir a la siguiente isla, emocionado por dejar de una vez este lugar de árboles resinosos, que viendo el estado de todos. Había sido un infierno para nosotros. -Dime, ¿en qué te puedo echar una única mano? -Fue mi última pregunta esperando órdenes. Al fin los Mushoku empezábamos a prepararlo todo para zarpar a nuestro siguiente destino.

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#35
Leyenda (Guía de color)


Seguía con mis dos ojos puestos en la mujer de pelo rosa, sin respirar ni parpadear cuando de pronto esta desapareció sin más. Inconscientemente me llevé las manos al pecho, pues casi me da un vuelco el corazón. Para mi sorpresa, pude mover los brazos sin ningún problema, y si bien aquella abrumadora presión había desaparecido por completo, no fue así con el miedo que sentía. Busqué con la mirada a aquella imponente mujer en la cubierta del galeón. Cuando por fin pude discernir su posición, a escasos metros del palo mayor de la enorme embarcación, me percaté de que a sus pies se encontraban rendidos dos hombres bastante variopintos: Un vaquero de barba naranja y un pelirrojo nudista. No había llegado a ver qué había sucedido ahí, pero era evidente que aquella mujer había sido la causante de eso, al igual que había sido la causante de lo anterior.

Arrodilló entonces a la enorme mole a la que sujetaba, retomando su peculiar interrogatorio. No sentir que en cualquier momento me iba a morir apachurrado por la mujer de pelo rosa me ayudó a tomar la decisión de aprovechar aquel momento en el que esta parecía distraída para echar un ojo a los alrededores. Además de la rubia gigante que bien podría ser prima de Ashura y los dos que se encontraban en el suelo, pude ver desde mi posición a tres personas más. El primero era un chico de pelo moreno, luego había una mujer de pelo rosa la cual daba mucho menos miedo que la del parche - Será tuerta o simplemente se pone el parche para fardar? - pensé, con cierta curiosidad. Por último, había una mujer, alta, de pelo rubio y muy imponente - ¡La madre que me parió! pero si esa es la mismísima Triana Tempesta ¿Qué hace aquí? - no había la más mínima duda. El pelo rubio, los ojos azules, un lunar bajo el ojo izquierdo, pero sobre todo estaban esas enormes cicatrices tan reconocibles - Es exactamente igual a como se ve en el cartel - saqué de mi bolsillo los dos carteles de recompensa que había guardado con anterioridad. Estos se encontraban algo desmejorados, debido a la explosión que me alcanzó cuando me liberé de las zarpas de aquel marine - Menos mal, parece que están bien IS IS IS IS . Ya pensaba que iba a tener que agenciarme un cartel nuevo - desplegué el cartel, mirándolo levemente - Es verdad, que tenía la misma recompensa que Ashura. No me sorprende para nada. Si ya era impresionante en el cartel, en persona lo es todavía más. Vaya mujer - mientras yo me encontraba admirando a aquella rubia pirata, parecía que el resto habían comenzado por fin a preparar las cosas necesarias para marcharnos - Menos mal, solo les han hecho falta una explosión colosal, quedarse moñecos, que un panda parlante viniera a extorsionarnos, quedarse moñecos otra vez por culpa del mismo panda y quedarse moñecos a raíz de la aparición de una peligrosa pelirrosa para ponerse a hacer los preparativos para irnos a la Isla Gyojin por fin - el tipo del machete ponzoñoso me llamó entonces y dijo que nos marchábamos - No hace falta que me lo digas, ya lo sé. Si yo soy el primero que quiere irse - no había mentira en mis palabras, aunque tras los últimos sucesos la semilla de la duda había comenzado a germinar. No es algo común coincidir no sólo en la misma isla que alguien tan impresionante, si no estar en el mismo astillero, a algo menos de un rifle y medio de distancia. Era posiblemente una oportunidad única para interactuar, una de esas que no se vuelven a presentar si dejas escapar - Pero, su barco también tiene el revestimiento, así que también van a la Isla Gyojin - todavía cabía la posibilidad de otra oportunidad volver a encontrarnos, y la verdad es que el estado de Ashura pasaba de lamentable, por lo que no podíamos quedarnos a esperar a que la otra mujer decidiera irse para saludar antes de marcharnos - ¿Qué cojones haces aquí que no has ido todavía a que te curen? - pregunté, molesto, bajando de un salto para caer junto al oni - Yo me encargo de todo, ahora vete que a este paso la espichas aquí en medio - traté de hacerle entrar en razón - Además, aquí solo estorbas, así que si no te apartas tendré que llevarte a rastras hasta tu camarote


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#36
Eché otro vistazo, sin poder moverme con todo crujiendo a mi alrededor aún, hacia el barco en el que seguía ondeando la bandera que lo identificaba como el hogar de los Alas Negras. La mujer que acababa de aparecer y parecía agarrar a Sasha de pronto desapareció con la jovencísima cornuda y, tras esto, el resto de los antiguos Shogun Gari, yacían tendidos en el suelo. No me hacía ni puta gracia dejar a esa gente tirados a merced de la zumbada aquella, pero prefería salvar mi vida, o lo que quedaba de ella, que lanzarme a morir por ellos. Ciertamente estaba agradecido a Tobías Murray por la ayuda de antes con la Comodoro y me alegraba ver que él también se había librado de ir preso. Pero en verdad, estaban en una tripulación pirata distinta a la mía, y, excepto que tuvieran una alianza directa con Ashura, deberían ser tomados como enemigos directos. De todas formas, seguramente me tendría que enfrentar a ellos en algún momento, y si otro se encargaba de ello, mejor. Es duro, pero la vida nunca consistió en tomar decisiones fáciles. Miré a mi capitán entonces, descubriendo que me podía mover de nuevo con la libertad que me daban mis heridas.
 
Ashura estaba en las últimas. Prácticamente nadaba en sangre. Me dirigí hacia él mientras empezaba a dar órdenes a los demás. No creo que se hubiera olvidado de mí. De hecho creo que sabía perfectamente canto trabajo estaba a punto de darme. Casi prefería que perdiera la consciencia para que no se acordara del dolor que le iba a causar cosiendo esa herida. Llegué a su lado cuando, tras recoger con sus brazos la pasarela que nos conectaba a tierra, decía al pequeño pistolero que era hora de marcharse. Era completamente cierto, pero que hubiera hecho ese último esfuerzo, el cual le había hecho sangrar un poco más, había hecho que mi ira se desatara sin control. – Pero vamos a ver, puto inconsciente. ¿Qué pollas te planteas estando aún aquí de pie? Sabemos que nos tenemos que ir. Pon el puto barco a cargo del enano navegante y deja de dar esta mierda de ejemplo como capitán. Te vas a matar al final. Tira para tu cuarto, que el mío está ocupado con el hombre pájaro, que ya bastante trabajo me dio. Ponte una toalla o algo debajo del cuerpo para no manchar todo de sangre, aunque con toda la que ya perdiste no sé si te quedará algo en el cuerpo. Hasta las bolas de nieve me teneis hoy. Aunque si prefiere su calamidad, te coso aquí, delante de todos, expuesto a infecciones. Pero ya me jodería ue me matase un microbio  despues de haber matado a aquel capitán pelirrojo en Neur. - Lo miraba con furia, pero aquel discurso de madre había sonado calmo y profundo, como un agradable monólogo en un día apacible.

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#37
Una vorágine de ira, impotencia y miedo se arremolinaban en los espíritus de los cuatro individuos que quedaban en pie en el barco que me había colado. Si mi anterior despliegue del Haoshoku no había dejado clara mi clara y obvia superioridad, esperaba que la aplastante y fácil derrota de sus compañeros le hubieran devuelto a la realidad. En tan sólo un chasquido, era capaz de eliminar a todos los que estaban a bordo de los tres navíos o convertirlos en carne de cañón para cualquier prepotente noble que quisiera tener a su disposición un buen séquito de esclavos. Pero, mi interés estaba en la cría de cuernos carmesíes.

Para fortuna de todos los presentes, en esta ocasión nadie se dignó a molestar o interrumpir. Si bien podía notar y percibir movimiento, ajetreo en los otros dos barcos - y algún que otro sentimiento de ansiedad y frustración -, no era algo relevante y que supusiera mi tiempo, y aún menos con lo que la oni de cabellos rubios tenía que decirme. Con la mirada llena de odio, con unas pupilas ardientes como el sol, la chica declaró que su madre era una oni revolucionaria que, en algún momento fue capturada y, en otro distinto, se fugó hacia el Nuevo Mundo. Me quedé perpleja al escuchar que fue en ese momento dónde nació y que, al hombre al que siempre denominó como “padre”, nunca resultó ser su verdadero progenitor. Reí nasalmente y negué con la cabeza cuando se refirió a ese desdichado hombre como su padre. Era fútil y una pérdida de tiempo aparentar ser familia de alguien con el que no compartes lazos sanguíneos. Una soberana estupidez. No obstante, aquel sentimentalismo era bastante revelador, o mejor dicho, ayudaba a esclarecer aún más el misterio detrás de particular y familiar aura. Su madre fue capturada, esta chica nació al fugarse y el padre que conoció en vida no es el biológico. Repetía una y otra vez en mi cabeza para que no se me olvidara ninguno de estos detalles que debía seguir investigando. Estaba segura de que entre los registros de compra y venta de esclavos, podría acabar de dar con la tecla. Fechas, nombres, edades, descripciones físicas… Y lo más importante, saber a ciencia cierta si hubo algún esclavo que se llegó a fugar en Tierra Santa hace aproximadamente 20 años. Sí, una vez corrobore esos datos, con lo que ya sé y lo que me ha dicho la niña, ahí ya podré afirmar rotundamente mi suposición.

Noté en ese momento como mi bolsillo derecho empezaba a vibrar, al mismo tiempo que mi Den Den Mushi empezaba a sonar. Alguien me estaba llamando y, seguramente, por las circunstancias actuales, debía tratarse de Wammy. Si no era capaz de encargarse de la Casa de Subastas él sólo, ¿para qué que quería un sirviente? Hice una mueca, demostrando desagrado, a la par que deshacía el haki de armamento de mi pierna izquierda y apartaba mi diestra de su cuello, dejándola al fin libre, llevando mi mano derecha al bolsillo del pantalón para colgar el caracolófono. Ya contestaría más tarde. Con ello debería entender Wammy que estaba ocupada. En ese momento, fue cuando la oni o semioni me soltó un discurso sentimentaloide y sin lógica aparente referente a los compañeros que acababan de morder el polvo. - ¿Y qué si sus enemigos eran más fuertes? - Pregunté, retóricamente, mientras miraba a mi espalda a los dos debiluchos atumbarrados en el suelo, fijándome en que junto al cuerpo del pelirrojo, había un Den Den Mushi blanco sonando levemente en el suelo. Fruncí el ceño, caminando hasta él.- ¿Y qué si se enfrentaban a mí estando debilitados? - Reiteré, quedando próximo al objeto de comunicación, levantando mi pierna derecha.- A la hora de la batalla… - Añadí, comenzando a descender dicha pierna a gran velocidad, hasta acabar pisoteando el caracol con suma violencia, matando al animal y destrozando el aparato al instante.- Eso que dices no son más que meras excusas. Ganar o perder. Vivir o morir. Sólo existen esos dos resultados. - Sentencié rotundamente, con suma seriedad, meneando mi pie derecho, con la intención de apartarme los restos digitales y orgánicos del Den Den Mushi. Había dejado en su cubierta un charco de sesos y sangre por el animal. Una pena que no tengan sirviente.

Me volví a girar hacia la ahora semioni, mirándola dubitativa y pensando en qué hacer con ella, ¿debería informar primero a padre? ¿Sería mejor llevármela en contra de su voluntad y que me facilitara la investigación para pillar su adn? ¿O mejor matarla aquí mismo junto al resto de su estúpida banda? Honestamente, me divertía y llamaba la atención más la última de ellas. Era la más eficiente y encima podría entretenerme un poco más, además de que habían conseguido sacarme de quicio después de tanto tiempo. Cuatro o cinco moscas menos en el mundo no iban a notarse lo más mínimo. Miles de maneras de realizar el asesinato circularon por mi mente hasta que, nuevamente, el Den Den Mushi volvió a sonar.-  Puto Wammy…. - Susurré, frunciendo el ceño. Mi sirviente se tenía que estar empezando a impacientar. Mas, era cierto que, si estuviera ocurriendo algo de extrema urgencia, no me seguiría llamando. Habría entendido que después de colgarle la primera vez, debía dejar de insistir. Además, teniendo en cuenta que Sabaody estaba bajo un continuo asalto por parte de una gran fuerza mayor… Chasqueé la lengua al interiorizar que la diversión se había acabado.

Con cara de pocos amigos, me puse las manos detrás de mi cabeza, y empecé a caminar lentamente hacia la barandilla que daba hacia la pasarela del muelle. Procedía a abandonar el barco pero, no habían pasado desapercibidas las palabras poco amistosas de la mujer con las tetas casi al aire, y menos aún el tono tan altivo con el que me había hablado. Fue por ello que, quedando ella a mi izquierda, caminé hacia la barandilla hasta que quedamos costado a costado, separándonos un metro de distancia. En ese momento, en ese radio de acción, y sin que le diera a nadie más, hice uso de un poder más intenso de mi Haoshoku Haki, obligando a aquella despampanante mujer a desmayarse.- Que sea la última vez que te diriges de esa forma hacia mí, sucia escoria. - Ordené tras lo cual, me puse encima de su barandilla y, flexionando las piernas, dí un salto y desaparecí inmediatamente de su vista, saliendo del barco hacia la isla y produciendo una leve agitación en su burbuja al traspasarla con gran velocidad. Era hora de poner rumbo otra vez hacia la Hells Paradise.

Estando ya de camino, y habiendo abandonado ya el manglar 0 de Sabaody, me dispuse a volver a llamar a Wammy, agarrando el aparato con mi diestra mientras metía la mano izquierda en el bolsillo de mi pantalón.- A ver que es lo que ocurre… - Esperé a que el caracolófono contestara, escuchando como se descolgaba al otro lado.- Soy yo, Wammy. - Contesté, antes de que dijera nada siquiera.- ¿Qué quieres? - Pregunté directamente.- Es agradable volver a oírle señorita Verus, llamaba para hacerle saber que la situación en la Hells Paradise ya está controlada y listo para abandonar el Archipiélago, señorita Verus. - Respondió con solemnidad y tranquilidad. Había dudado de la capacidad de mi fiel sirviente para nada. Me imagino que me habría insistido tanto para salir de aquí cuanto antes y no perder el género. - Excelente. Nos volvemos entonces a Tierra Santa, Wammy, voy a por ti. - Contesté con la sequedad que me caracterizaba.- He conseguido algo de información que a padre le puede resultar de lo más valiosa. - Sentencié. Era hora de volver a Mary Geoise, de ascender a la tierra dónde residen los dioses después de tanto tiempo en el mundo terrenal.

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#38
Mis fuerzas me habían abandonado. Cuando escuché el nombre de Triana mis heridas chillaron de nuevo como recuerdo del último enfrentamiento que había tenido con ella como mi "compañera". Mis ojos empezaron a emborronarse más, así que con mis últimas fuerzas dirigí y enfoqué mi cuerpo hacia el barco de los comunistas, clavando - o por lo menos intentándolo - mi mirada en él. 

Quise replicar a Korg, decirle que esa tipa por la que se masturbaba no era más que una petulante entaconada y que sus tetas era mucho más grandes en persona que en foto. También quise decirle que iría a mi camarote si pudiera, pero mis piernas ya no respondían ante mi, se habían sublevado ante mi control, de echo, ya ni las sentía. Como respuesta solo pude apretar los dientes mientras sentía como el mundo se desmoronaba. 

Cuando Ben llegó a mi lado, sus palabras entraron el tropel por mis oídos, casi tuve nauseas. Su tono invariable me adormiló mientras que ser reprendido no por uno, si no por dos de mis tripulantes, hacía que mi sangre bombeara con más fuerza, caía desde mi barbilla y desde mi garganta, y mis vendajes manchados de sangre seca de mis enemigos, ahora estaban empapados de mi propia sangre. Yo, que nunca antes había sangrado. 

¿Esa era la imagen que estaba dando? ¿Acaso era débil? Había perdido. Había sido sobrepasado por un ser elemental más capaz que yo incluso. Ya no era el ser invencible que se había convertido en un azote para los mares, ahora, en mi estado era un amasijo de huesos, anémico y sin fuerzas si quiera para subir una compuerta sin parecer un viejo desvalido. Aquella isla, mejor dicho, aquel archipiélago, había echo que mis humeantes pies tocaran el suelo. Me había devuelto al mundo terrenal y a su vez, casi me había arrebatado de él. Ese lugar, lleno de monstruos a cualquier otro lo habría amaestrado, pero a mi... A mi solo me había despertado una voraz hambre por ser más, por ser peor, me había abierto los ojos y me había demostrado que no estaba solo en la cima, de echo, que ni siquiera estaba en la cima, y eso... Eso era un combustible mucho más peligroso que el odio que me movía. 

Mis cabellos cayeron sobre mis hombros, empapados por mi sangre, mis brazos ya no estaban tensos, caían por la fuerza de la gravedad y la punta de mi katana apuntaba hacia el suelo lleno de mi propia sangre. Pero mi cabeza seguía erguida, en dirección hacia mis enemigos, mis prominentes cejas ensombrecían mis oscuros ojos, que poco a poco perdían su utilidad. Lo que antes eran maderas, barcos y personas corriendo, ahora solo eran borrones de colores que se aceleraban, un tono rojo prevalecía sobre aquella imagen de dudosa calidad, ese tono provenía de mi propia sangre, y así fue hasta que poco a poco todo se quedó en blanco, tanto mis ojos como mi visión. Después de eso silencio.  

Allí delante de mis hombres y sin que ninguno supiera porque su capitán había sido derrotado, mirando hacía mis enemigos, aún aferrado a mi espada y sin hincar la rodilla... Me quedé inconsciente. De pies. 

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#39
Leyenda (Guía de color)


Ben llegó para darle a Ashura una turra digna de persona preocupada por un hijo sumamente inconsciente y el demonio humeante hizo lo más sabio que podía hacer en esa situación: No decir absolutamente nada no vaya a ser que se enfade y te castigue sin cartitas brillantes. No me sorprendí lo más mínimo, pues era algo que yo también hubiera hecho, aunque en vez de quedarme mirando al barco de los revolucionarios, posiblemente hubiera mirado al lado contrario a aquel en el que se encontraba Ben.

Lo que sí que me sorprendió más fue que el tipo del machete ponzoñoso no se quejara de lo que le dije. O que no dijera alguna frase suyas de esas que suenan bastante amenazantes pero que en el fondo terminaban no siéndolo tanto. Escuché entonces un crujido que provenía del barco del fondo, aquel en el que se encontraba Triana Tempesta con los que suponía serían sus compañeros. Salté, dispuesto a subirme nuevamente al hombro del tipo más alto de las cercanías, pues desde donde me encontraba no podía ver tan bien. Tan rápido como subí volví a bajar, pues mi cuerpo atravesó su hombro cual bala en une trayectoria perfectamente vertical. Arqueé una ceja, pues aquello era algo que no me esperaba para nada. Me levanté, rascándome la herida de mi palma izquierda. Volví a saltar, agarrándome esta vez a un cabo, pues no quería volver a repetir mi magistral acrobacia. Quedé aproximadamente a la altura del rostro del oni, a un par de metros de distancia - Me da que se ha quedado moñeco. O eso o la ha palmado. Una pena, siempre saludaba. Pero bueno, yo no soy médico así que no tengo ni la más mínima idea de qué le pasa - informé al oso de gabardina, viendo que los ojos del otro hombre estaban perdidos en la nada - Al final vas a tener que coserle aquí porque suerte para llevártelo al camarote - miré al mink, antes de girarme para centrar mi atención en el galeón - Bueno, lo mismo sube de nivel y todo. Ahora va a tener un machete ponzoñoso e infeccioso, poca broma IS IS IS IS - busqué con la mirada a la tipa de pelo rosa. Mis ojos recorrían la cubierta del barco, pero a diferencia de hacía unos instantes esta vez algo me decía que podía estar más tranquilo. En efecto, en aquel navío únicamente parecían estar los dos tipos del suelo, el niño, la pelirrosa que no daba tanto miedo, la de los cuernos y Triana Tempesta. ¿Acaso habían logrado ahuyentar a la otra? - ¿Tenéis todo preparado ya? Creo que es el mejor momento para irnos, antes de que venga alguien más de visita - me dirigí hacia el timón, pues en cuanto zarpáramos iba a tener que ponerme manos a la obra


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#40
Los preparativos para zarpar ya estaban casi terminados, al menos de mi parte, cuando Ashura dió una serie de órdenes, en las que dijo que la ranita viniera conmigo y me echara una mano (la única que le queda supongo). Asentí a las órdenes y le hice señas a la ranita para que me acompañará.

Ven muchacho. Ahora mismo no es el momento de buscar la violencia ni a ser arma de nada -Gin. Toma una soga y empieza a plegar las velas. Dije mientras le daba al chico una de las cuerdas de la vela mayor morada morada para que la plegara, pues no necesitábamos tenerlas abiertas si íbamos a una isla sumergida a diez mil metros bajo el agua. La idea de estar rodeado de agua marina no me gustaba para nada, pero menos me gustaba permanecer en esta mierda de sitio lleno de gente peligrosa y de esas explosiones tan jodidas que sonaban en la distancia.

Tras sus órdenes, Ashura comenzó a desfallecer y tambalearse. Aunque seguía en pie se le veía sumamente débil. Fue entonces que noté la herida en su cuerpo. Alguien había conseguido arremeter y herir al demonio de humo. Iba a ir hacia él, cuando Ben se me adelantó, tanto para echarle una mano como para darle un jarabe de lengua sobre su salud. Parte del discurso entró en el sistema de Ashura, aunque no tardó en perder las pocas fuerzas que seguían en su cuerpo. Sus ojos se nublaron y apagaron, mientras sus manos perdían la fuerza y el agarre de su espada se hizo débil. Pero lo más sorprendente de todo aquello que veía era el hecho de que el cuerpo del capitán seguían en pie. Había quedado inconsciente pero no había caído. Bien... No podíamos dejar que los demás vieran al capitán caer, mucho menos en la cubierta de la nave.

El señor tontatta que decía que Ben le atendiera. Por mi parte yo lancé una mirada al oso doctor qué indicaba lo mismo. Debíamos asegurar la estabilidad de Ashura (qué curiosa se me seguía haciendo su gabardina. A día de hoy no sabía de donde la había sacado).

Todo está listo, Korki-Gin. La burbuja está lista, la rampa levada y las velas listas. Ya puedes sacarnos de aquí, amigo. Dije al valiente pero cobarde, aunque valeroso tontatta cuando esté hubo preguntado por los preparativos para salir lo más pronto posible de este lugar. Sabía que más que heridos, todos estábamos cansados. Queríamos y debíamos salir de aquí, así que ya solo quedaba que nuestro navegante nos llevara a mejores destinos.

Mientras tanto, de tanto en tanto ojeaba al barco de junto al de junto por si algo más ocurría, pero salvó la paliza que habían sufrido algunos de los Nalgas Negras, ya no quedaba rastro alguno de la pelirrosa. Exhale aliviado, con la esperanza de que aquello fuera lo último en nuestra lista de crisis vividas en Sabaody. 

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