25-01-2025, 11:05 AM
Venimos de aquí||12:00 día 11 de otoño del año 14
Cubierta del Saint Fermín, costas de la isla Chisi.
Cubierta del Saint Fermín, costas de la isla Chisi.
Kisuke llegó a la cubierta con la katana que le había entregado Zorak y su equipo para cuidar las espadas. Aparte de la que le había dado su amigo, tenía prendidas en el cinto tanto a Mangetsu como a Sode no Shirayuki, pero su mente no dejaba de estar buscando una y otra vez a su compañera del alma, Yamigiri. Nunca se había planteado que pudiese extrañar o echar de menos tanto a un objeto, pero es que aquella katana era mucho más que eso.
Más allá de ser una herencia recibida por su padre y custodiada por su madre cuando este falleció, con ella había compartido muchos años de su vida, mejorando sus habilidades, aprendiendo el arte de la espada, haciéndose, en definitiva más poderoso día a día, y, por eso, le había acompañado desde su viaje y le había servido en todas las escaramuzas y batallas que había vivido desde entonces, sin contar, evidentemente, el rescate a Zorak, ya que para aquella "aventura", el cazarrecompensas albino ya se había llevado su preciada Yamigiri con él; ¿con que objetivo?, el antiguo pescador no era capaz de imaginarlo, pero si ya el hecho de que le hubiese aplastado con suma facilidad le había hecho convertirlo en su rival, aquel hurto había supuesto una mayor motivación para él para reencontrarse con aquel tipo y recuperar lo que era suyo.
"Pero ahora es el momento de poner a punto a esta pequeña."
Tratando de centrarse, desenvainó la katana que acababa de recibir y la miró con su ojo crítico. No era ningún artesano, ni herrero, ni nada por el estilo, pero al menos si sabía lo suficiente para tener su equipo en condiciones. Así que lo primero que hizo fue limpiar la hoja de herrumbre y de las manchas de sangre y demás que tenía en la hoja. Realmente estaba en un estado bastante malo, al menos visualmente, pero parecía que el acero estaba bien debajo de aquella capa de mugre.
"Me pregunto de donde coño la habrá sacado Zorak, parece de buena calidad."
Cuando llegó a la parte cercana a la guarda de la katana, al pie de la hoja, vio que empezaba a descubrirse unos caracteres antiguos, que, supuso el espadachín, harían referencia al nombre de aquella espada. Cuando fue capaz de hacer legible aquellas letras, vio que el supuesto nombre de la katana era Onikiba, Colmillo de Ogro, lo cual era extraño porque los Oni solían usar garrotes, kanabos y armas por el estilo y no katanas, lo que le suscitó aún más curiosidad aquella katana. De todas formas, le gustó poder conocer el nombre de aquella espada, puesto que si tenía nombre quería decir que era lo suficientemente buena para tener uno, y siempre es bueno conocer el nombre de la katana que se va a empuñar en la batalla.
"Onikiba... es un buen nombre. Los onis no dejan de ser criaturas muy poderosas."
Con aquel trabajo de limpieza, la hoja quedó restaurada mostrando un lomo grisáceo oscuro, que transicionaba al brillante filo, aunque aún mellado, con una tsuguha flamígera, que daba un aspecto salvaje e indomable a la hoja. Hacía mucho contraste con el patrón regular ondulado de la tsuguha de Sode no Shirayuki, y era algo que le gustaba. Lo siguiente que hizo fue agarrar la piedra de afilar para restaurar el filo de Onikiba, con mimo, con cuidado, tratando de recuperar el filo perfectamente recto que debía tener una hoja como aquella.
"Algún día me gustaría conocer la historia de esta espada. Parece que ha pasado por mucho, la verdad."
Más allá de ser una herencia recibida por su padre y custodiada por su madre cuando este falleció, con ella había compartido muchos años de su vida, mejorando sus habilidades, aprendiendo el arte de la espada, haciéndose, en definitiva más poderoso día a día, y, por eso, le había acompañado desde su viaje y le había servido en todas las escaramuzas y batallas que había vivido desde entonces, sin contar, evidentemente, el rescate a Zorak, ya que para aquella "aventura", el cazarrecompensas albino ya se había llevado su preciada Yamigiri con él; ¿con que objetivo?, el antiguo pescador no era capaz de imaginarlo, pero si ya el hecho de que le hubiese aplastado con suma facilidad le había hecho convertirlo en su rival, aquel hurto había supuesto una mayor motivación para él para reencontrarse con aquel tipo y recuperar lo que era suyo.
"Pero ahora es el momento de poner a punto a esta pequeña."
Tratando de centrarse, desenvainó la katana que acababa de recibir y la miró con su ojo crítico. No era ningún artesano, ni herrero, ni nada por el estilo, pero al menos si sabía lo suficiente para tener su equipo en condiciones. Así que lo primero que hizo fue limpiar la hoja de herrumbre y de las manchas de sangre y demás que tenía en la hoja. Realmente estaba en un estado bastante malo, al menos visualmente, pero parecía que el acero estaba bien debajo de aquella capa de mugre.
"Me pregunto de donde coño la habrá sacado Zorak, parece de buena calidad."
Cuando llegó a la parte cercana a la guarda de la katana, al pie de la hoja, vio que empezaba a descubrirse unos caracteres antiguos, que, supuso el espadachín, harían referencia al nombre de aquella espada. Cuando fue capaz de hacer legible aquellas letras, vio que el supuesto nombre de la katana era Onikiba, Colmillo de Ogro, lo cual era extraño porque los Oni solían usar garrotes, kanabos y armas por el estilo y no katanas, lo que le suscitó aún más curiosidad aquella katana. De todas formas, le gustó poder conocer el nombre de aquella espada, puesto que si tenía nombre quería decir que era lo suficientemente buena para tener uno, y siempre es bueno conocer el nombre de la katana que se va a empuñar en la batalla.
"Onikiba... es un buen nombre. Los onis no dejan de ser criaturas muy poderosas."
Con aquel trabajo de limpieza, la hoja quedó restaurada mostrando un lomo grisáceo oscuro, que transicionaba al brillante filo, aunque aún mellado, con una tsuguha flamígera, que daba un aspecto salvaje e indomable a la hoja. Hacía mucho contraste con el patrón regular ondulado de la tsuguha de Sode no Shirayuki, y era algo que le gustaba. Lo siguiente que hizo fue agarrar la piedra de afilar para restaurar el filo de Onikiba, con mimo, con cuidado, tratando de recuperar el filo perfectamente recto que debía tener una hoja como aquella.
"Algún día me gustaría conocer la historia de esta espada. Parece que ha pasado por mucho, la verdad."
