[EVENTO FASE 2] El mismo infierno - Manglar 13 - Saint Fermín
#1
[Imagen: 7LyhSvn.png]

Post inicial

En el manglar número trece, el número que tantos asociaban a la mala suerte, el Saint Fermín, la Carabela de los Kuro no Bögyü - o Toros Negros como se los conocía más comúnmente - recogía sus velas. Con un triunvirato sin un aparente líder, el trío que lo navegaba llegaba a un nuevo conflicto. Zorak 'Infierno Carmesí' Ideale, un Mariscal de la Armada Revolucionaria, con una recompensa de cuatrocientos setenta y seis millones de berries por su cabeza, Max D. Bambú "El Panda", un Capitán de la Armada Revolucionaria, con cuatrocientos cuarenta y cuatro millones, y Kisuke 'Kurai Ryoshi' Kageyama otro Capitán de la Armada Revolucionaria, con trescientos quince millones de berries de recompensa.
Juntos lograban acumular la nada desdeñable cantidad de mil doscientos treinta y cinco millones de berries, y estaban catalogados como un peligro de nivel cinco entre los códigos de la marina.



Todos y cada uno de los presentes, los protagonistas de sus propias historias y extras en la historia de los demás, se amontonaban en aquel simbólico lugar para representar el acto final de una función que daría paso a un número teatral sin parangón y que sacudiría los cimientos de la misma historia. Ellos y ellas, dispuestos a grabar su nombre a fuego en la historia, y volverse leyendas.

Ninguno sabía que acababan de llegar al mismo infierno.



Toros Negros

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#2
Sin duda alguna aquello tenía que ser el Archipiélago Sabaody. Por fin, tras tanto tiempo intentando llegar a aquel lugar, lo habían logrado. Kisuke lanzó el humo del cigarro que se estaba fumando mientras manejaba el timón de la embarcación, viendo a lo lejos, las imponentes siluetas de los Manglares Gigantes que componían aquel conjunto de, llamémoslo islas, a falta de un nombre mejor. El pobre capitán de el Ejército Revolucionario se había sorprendido al ver que su log pose indicaba hacia el fondo del mar, pero las corrientes marinas siguiendo esa dirección en su componente horizontal, les habían llevado hasta aquel lugar, por lo que dedujo que aquel conjunto de Manglares Gigantes, no tenían campo magnético propio como si lo tenían las demás islas del Grand Line. De hecho, estaba seguro que aquel era el lugar indicado puesto que la aguja de su log pose señalaba casi de manera vertical hacia abajo.

"Bueno, por fin lo hemos conseguido, estamos en Sabaody."

Sin duda la cantidad de penurias y aventuras que habían vivido hasta conseguir llegar aquí, daban para una novela surrealista, sin lugar a dudas, pero Kisuke estaba satisfecho. En esta ocasión, los daños que había sufrido su embarcación, el Saint Fermín, eran leves, y, en todo caso, mucho menores a los que sufrió en anteriores travesías marinas, los cuales, no habían sido capaces de reparar, por lo que el antiguo pescador estaba satisfecho de comprobar que sus habilidades como navegante y timonel, se habían incrementado significativamente. Al menos en eso podía estar tranquilo aunque debían repararlo en aquel lugar de cualquier modo, pero sus habilidades de combate, ya eran otro cantar y solo lo que sucediese en aquel lugar o en los siguientes que visitasen dictarían sentencia al respecto. Se llevó la mano por instinto hacia las katanas que llevaba prendidas al cinto, Sode no Shirayuki y la katana que le había entregado Zorak y que había restaurado, a la que habían llamado, por lo que pudo ver en el símbolo que tenía en la base de la hoja,  Onikiba, colmillo de ogro. Mangetsu quedó a buen recaudo en el baúl del barco.

El barco se aproximaba lentamente hacia uno de los manglares, que tenía en el árbol que lo componía un enorme número 13, con lo que se dispuso a hacer la maniobra para poder atracar en una zona resguardada que no se viese a simple vista desde el mar. No estaba seguro de cuantos manglares se componía aquel extraño archipiélago pero al menos sabía que podrían localizar fácilmente donde habían dejado el barco gracias a aquellas indicaciones gigantes pintadas sobre los árboles gigants. Se dispuso a dar las órdenes pertinentes a sus compañeros para que pudiesen hacer el movimiento de atraque con el menor de los problemas y desembarcar cuanto antes.

-Vamos cabrones, moved vuestros putos culos y arriad las velas, Bambú, a mi señal, echa el ancla y tú Muñones, coloca la pasarela para desembarcar... kuhahaha.

Con una diestra maniobra logró ubicar el barco entre dos raíces, dejando la más cercana en el lado en el que se encontraba el lugar de la borda donde colocaban la pasarela de embarque, por lo que le hizo una señal a Don Bambú para que echase el ancla. Aquel sitio, no obstante, era un punto clave en la ruta del Grand Line y tendrían que ser cautos y precavidos en todo momento. Seguramente se encontrarían con muchos piratas y, casi sin ninguna duda, con marines y cazarrecompensas, puesto que aquel archipiélago era un punto de paso obligado en la navegación por el Grand Line. Una vez atracado el barco, se metió en el camarote, y se atavió con un largo manto con capucha.

-Quizá sea buena idea ponernos esto. Nuestras recompensas subieron y seguramente nos reconocerán así que mejor tratar de pasar desapercibidos en la medida de lo posible, ¿no?

Tras esto, se encaminó por la pasarela de estribor y desembarcó en la isla. El suelo era mullido y extrañamente húmedo por el ligero chapoteo que sintió al contactar con el mismo con sus pesadas botas. Se echó la capucha y miró con curiosidad alrededor, viendo innumerables burbujas que emergían misteriosamente del suelo y se elevaban hacia las copas de los árboles del manglar. Agudizó su vista para ver si veía a alguien pero no vio a nadie en las proximidades, aunque no tenía dudas de que más pronto que tarde se toparían con alguien.

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Daños del barco

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#3
El vaivén de las olas movía la silla del camarote donde me encontraba sentado, mis pies sobre la mesa, la cual coronaba el cartel de se busca de la mujer más preciosa que ha nacido en este mundo, Maeve Knox, yo por mí parte me hallaba limpiando la pistola que había adquirido en isla Chisi, una pequeña rutina que había hecho mía con gusto pues me relajaba mientras el barco surcaba el fiero mar llamado Gran Line.

Deslizaba el paño por el blanquecino material del que estaba hecha el arma de fuego, casi como si estuviera acariciando a la misma Maeve, pues Knox era el nombre que le había otorgado al arma gracias a su color, lo tenía todo preparado, los diferentes tipos de munición en cada uno de los varios bolsillos que tenía mi cinturón, los guantes y punteras obtenidos del mismo lugar que Knox, de un color verde que asemejaba a la misma jungla colocados en mis extremidades, el den den mushi negro en mi muñeca izquierda y el tabaco abandonando su lugar en mi bolsillo derecho para que uno de tantos que habia en la cajetilla fuera a morir a mis labios.

Aún me encontraba dando la primera calada cuando la voz de Kisuke llamo a cubierta, parecía que por fin tocaríamos tierra firme, agarre el mechón de pelo de mi amada y lo guardé en mi bolsillo izquierdo, luego me incorpore agarrando la bolsa de cuero donde guardaba algunas de mis pertenencias y me la coloque sobre el hombro, mientras besaba mi dedo índice de la mano izquierda y lo llevaba a los labios del cartel de se busca de mi amada Maeve, tras lo cual salí raudo a cubierta para seguir las órdenes del navegante.

Agarre la plancha de madera que Kisuke había mencionado y esperé hasta que Panda lanzo el ancla para posicionar la tabla que unió la cubierta con la raíz del inmenso árbol donde Kisuke había decidido anclar el barco, baje por la tabla mientras colocaba la capucha sobre mi cabeza para pasar desapercibido lo más posible como había sugerido Kisuke y guarde a Knox en la parte derecha de mi cintura.

"Parece que por fin llegamos, estad atentos según la información de Nilats esto tiene que estar plagado de marines."

Dije mientras activaba el den den mushi de color negro que portaba en mi muñeca izquierda, si alguien se comunicaba sin una linea segura podríamos interceptar la llamada y tener algo de información extra,  justo a lo que habíamos venido a la isla, una isla que a simple vista me sorprendió, parecía estar formada de árboles en su totalidad, por lo menos hasta donde alcanzaba mi vista, estos marcados con números siendo el nuestro el número 13, lo que más llamaba mi atención eran las burbujas que parecían nacer desde el suelo, las cuales subían hasta la copa de los árboles, era cuanto menos hipnótico, volví a hablar dirigiéndome a mis dos amigos y compañeros.

"Recordad, la misión que nos asigno Nilats es sacar información de porque la Marina está reuniendo sus fuerzas aquí, intentad pasar desapercibidos y no llamar demasiado la atención."

Sería problemático llamar la atención más de lo que deberíamos en una isla fuertemente plagada de marines, más cuando nuestro objetivo era simplemente conseguir información táctica para el glorioso ejército revolucionario.

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#4
Me sorprendió por la mañana la sirena de un barco, no solían pasar por la isla en la que vivía si no era para intentar buscar algo en las ruinas o reponer suministros valiéndose de la extensa vegetación que cubría casi toda la isla en su totalidad. El caso de este enorme barco que me despertó parecía ser la segunda opción, había trabajadores bajando con cajas de madera vacías y que volvían al barco con estas llenas de frutas de los árboles cercanos a la costa, — ¿Podría este ser mi billete de salida por fin? Si consigo subirme al barco podría empezar mi aventura oink mismo. — mientras pensaba en todo lo que podía pasar en mi aventura, ver paisajes que solo había soñado hasta el momento, conocer todo tipo de gente y culturas, tal vez encontrar el amor… — ¡Céntrate, oink! — me dije a mí mismo. — Lo primero es encontrar una forma de subir a ese barco, la bodega parece grande, pero no sé si podré entrar sin que me descubran… Cualquier otro lugar me dejará demasiado expuesto, tengo que entrar por la bodega oink o si — repté como pude hasta la costa y me sumergí en el mar mientras los obreros seguían con su camino de ida y vuelta hacia los árboles, cargándose con frutas que dejaban en la amplia bodega del gran barco, me mantuve oculto hasta que terminaron de cargar y todos comenzaron a subir de nuevo al navío, momento que aproveché para nadar hasta la entrada a la bodega, que estaba abierta hacia el exterior para facilitar la recarga de suministros, y subí a ella, haciendo mucho ruido en el proceso pues me llevé por delante varias cajas que cayeron. — ¿Has oído eso? — una voz inocente y temblorosa, al poco — Seguro que alguien ha dejado las cajas donde no debía y al cerrar la compuerta  se han caído, atajo de inútiles… — respondió una voz áspera, mientras la bodega se cerraba del mismo modo que una boca, dejándome a oscuras entre las frutas recién cogidas, intenté moverme lo mínimo indispensable para encontrar una posición cómoda en la que aguantar todo el viaje, pero con cada milímetro que mi cuerpo se movía un nuevo estruendo aparecía, si no eran cajas cayendo era el barco sonando por mi peso, volví a escuchar las voces de la tripulación, que debían estar en una habitación justo encima de la bodega, — ¿De verdad no lo oís? En la bodega debe haber algo que ha entrado mientras carga- — fue cortado — Pero chico, ¿A ti te pagan por ser detective o te pagan por cargar cajas? Nuestro trabajo ya está hecho, así que ahora nos toca disfrutar de este crucero, si tienes un problema con la bodega bajas tu. — debía ser el mandamás por la forma de hablar con la gente, lo siguiente que escuché fueron risas, unas cuantas voces hablando a la vez, demasiado bajas para ser escuchadas desde mi posición, la puerta abriéndose para que saliera el coro inaudible que reinaba en la sala, estaba… ¿A salvo? De momento eso parecía, pero tenía un viaje por delante hacia lo desconocido, por primera vez en mi vida había dejado mi isla natal, el lugar en el que tenía los mejores recuerdos de mi vida, pero también los peores, acaricié mi pendiente y un mal flashback me hizo roncar la nariz, pero esta vez nadie pareció escucharme, suspiré aliviado, pero un escalofrío me recorrió el cuerpo, de verdad estaba sucediendo, mi aventura empezaba hoy.
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El viaje se alargó más de lo que podría haber esperado, por suerte conseguí pasar desapercibido, aún no sé cómo demonios lo he conseguido, pero empiezo a escuchar la sirena del barco y agitación, muchas pisadas en cubierta, algo pasaba, ¿Por fin nos acercamos al final del viaje? A pesar de la emoción debía mantenerme sereno, no moverme demasiado antes de que abrieran la puerta de la bodega y pudiera salir, comenzaba a escuchar a la gente hablar, no oía lo que decían pero sí podía oír claramente como todos en cubierta estaban hablando de algo, en cuanto el barco se detuvo y solo quedó el meneo del mar meciendo el navío la bodega comenzó a abrir la puerta como si una ballena abriera la boca para comer, y en cuanto la apertura fue suficiente rodé sobre mí mismo para salir y caer al mar, esperaba encontrar poca profundidad, pero el mar en ese punto era bastante hondo, nadé para alejarme del barco y emerger en otro punto. Cuando salí del agua pude apreciar por completo el paisaje del lugar, era maravilloso, precioso. El lugar estaba lleno de unos árboles gigantescos, más gigantes incluso que yo, cuyas raíces parecían formar pequeñas islas interconectadas, eso explicaba el extraño tacto del suelo, pero no explicaba por qué de este brotaban burbujas que ascendían hasta lo más alto de estos árboles, era, desde luego, uno de esos paisajes de ensueño que esperaba encontrar durante mi aventura, pero no esperé que fuera a llegar tan pronto.

Paseé por las pequeñas islas bastante despreocupado, me di cuenta de que estaban numerados los árboles, aunque seguían un patrón un poco extraño, yo salí del agua cerca del árbol con el número 52, de ahí pasé al árbol 20 y después al número 12 y ahora estaba cerca del árbol con el número 13, — Qué lío de lugar, oink… — no iba a ningún lugar concreto, no conocía nada de lo que había en este sitio, pero aún así me sentía completamente perdido. Me cambió la cara al ver un barco con un enorme toro negro en la parte de delante, ¿Serían minks gigantes como yo? Solo había una forma de saberlo, acercarse. Mientras lo hacía vi bajar a dos personas con capucha del barco, ya con eso podía saber que no iban a ser minks gigantes como yo, pero podían seguir siendo minks como Cithria.

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#5
Un mes más tarde desde la conversación que mantuvieron los revolucionarios en lo relativo al estado del barco, el navío seguía con las velas rotas. Esto se debía a que Don Bambú había sido completamente incapaz de contactar con Nozama, ya fuera porque las comunicaciones estaban fallando a un nivel general o porque sencillamente sus habilidades para manejar mecanismos de comunicación habían sido evidenciadas como deficientes. El tiempo pasó sin que le barco pudiera ser reparado, ya que no había materiales disponibles en Chisi para repararlo y no tenían medios para asaltar a los cazadores que una vez los asaltaron a ellos. Para más inri, poco después de haber repartido el dinero, llegó la esperada entrega de un nuevo ejemplar del periódico mundial de Intha. Don Bambú no sabía muy bien cómo, pero aquellos cerdos mentirosos habían logrado introducir algo de verdad en aquella ponzoña de mentiras que solían ser sus periódicos. Habían publicado el verdadero nombre de Don Bambú: Maximiliano D. Panda. Todavía estaba pendiente entre los revolucionarios una conversación como era debida al respecto, ya que Don Bambú no se sentía cómodo con la idea de que pensaran que les había estado ocultando su verdadera identidad todo este tiempo. Lo cierto es que el panda sólo pretendía desligarse de su pasado todo lo posible. Su difunto padre, un maldito perro del estado, se convertiría en un obstáculo quizás demasiado grande para su ascenso en el Ejército Revolucionario.

En cualquier caso, el trío revolucionario zarpó de Isla Chisi rumbo a la última de las islas de la corriente antes del Archipiélago Sabaody. Sin saber muy bien cómo, sin embargo, terminaron llegando a Sabaody casi sin darse cuenta, como si el destino los hubiera encaminado en otra dirección completamente diferente. En cuanto el archipiélago estuvo a la vista con sus enormérrimos e imponentes manglares que se alzaban hasta los cielos, Don Bambú se puso alerta. Estaba en conocimiento de todo el mundo que la isla estaba llena hasta los topes de miembros de la Marina, los archienemigos de la Revolución. No obstante, el Ejército podría quizás pasar desapercibido en aquel enorme archipiélago el suficiente tiempo como para poder llevar a cabo su misión. Cuando Kisuke se preparó para darle la señal al panda, éste ya tenía sus enormes manos sobre la palanca que liberaba el ancla del barco de su presa. No le hizo falta que Kisuke terminase de dar la orden para soltarla y dejar que el barco se detuviese con un renqueante estrépito. El navío había sufrido daños a lo largo del viaje, pero confiaba en tener tiempo y recursos para repararlo una vez la situación en aquel archipiélago del demonio se calmase. Kisuke, por supuesto, abogaba por la discreción en aquel lugar plagado de marines. —Comparto tu idea, Kisuke. —Algo había cambiado en el último mes, aunque casi no habían tenido tiempo de celebrarlo. ¡Habían ascendido al panda! A partir de ese momento, ostentaba el rango de capitán de la Revolución, y como Kisuke tenía el mismo rango que él, aunque siempre le trataba con el debido respeto, ya no se le atragantaba tanto su nombre como el de Zorak, que estaba por encima de los dos. El momento de desembarcar se acercaba, de modo que Don Bambú recogió su bandolera con todas sus pertenencias de valor del suelo de la cubierta (tendía a dejar sus cosas por ahí tiradas sin el menor orden). También se apropió de la misma capa que había empleado en su viaje a Skypiea y que brevemente le había ayudado a ocultar su identidad, aunque lo cierto es que midiendo casi cuatro metros y siendo un puñetero panda lo iba a tener más difícil que nadie. Además valía muchísimo dinero, con lo cual la complejidad de la situación se disparaba. Una vez estuvo listo, bajó de un salto hacia tierra firme y aterrizó al lado de Kisuke, chapoteando por la fuerza de su aterrizaje y embarrándose visiblemente las botas. —Vaya. No me esperaba esta... humedad. —Dijo con una cierta sensación de desagrado recorriendo sus tobillos.

Zorak, por su parte, les recordó que la misión era prioritaria y que debían tenerla en mente en todo momento. Ante esto, Don Bambú asintió solemnemente e hizo su primer movimiento. Activó su Kenbunshoku en un radio de 150 metros a la redonda, el máximo rango al que era capaz de percibir cosas. —He activado mi haki de observación, camaradas, os avisaré en cuanto alguna presencia de gran poder se nos aproxime. —Anunció el panda a sus camaradas. —Hablando de presencias... Hay alguien cerca, pero es muy débil. Y ahora que lo veo, honestamente, no lo parece. —Y en efecto, una presencia no demasiado fuerte se había materializado a un par de decenas de metros del trío revolucionario. Sabía que era débil porque la comparaba con sus camaradas, pero de no estar usando el haki en ese mismo momento no habría hecho aquella valoración. Era un cerdo. Un puto cerdo de doce metros de alto. Ante la perspectiva de la desgracia, Don Bambú no pudo sino echarse a reír. —HONHONHON. Este es un mal día para las misiones de infiltración, mariscal. —



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#6
El trío de la Revolución desembarcaba dejando su navío anclado en el puerto del manglar trece. Esa zona era una zona de conflicto abierta, reinada por bandas y problemas del bajo mundo... algo extremadamente alejado de la jurisdicción de la marina, por lo que estarían seguros de miradas indiscretas si trataban de no levantar sospechas y mantenían un perfil bajo. Perfil que por otra parte les resultaría difícil de camuflar con un tipo como el nuevo individuo con el que intercambiaban palabras: aquel puerco gigante. El gran mink cochino con cuerpo exageradamente grande no era precisamente el adalid de los discretos, ni en tamaño, rareza, apariencia, ni forma de comportarse, y podría ser sin duda un impedimento para la comitiva revolucionaria en su idea de pasar desapercibidos en esta isla.

No obstante, más adelante entre las gentes, había de todo. Diversos tamaños y formas, gente realmente con malas pulgas y muy interesados - algunos - en mantener el mismo anonimato que ellos mismos. Bambú pudo sentir que estarían próximos a ellos un par de centenas de personas, cuyos niveles de poder rondaban lo común y lo mundano, a excepción de unos veinte o treinta con un poder más significativo, y tres individuos más que tendrían aproximadamente las mismas capacidades que ellos mismos. Uno de ellos, una de esas presencias, provenía de un hombre encapuchado con una tela azul oscura que se ajustaba la capucha con una mano robótica, en conjunto con un brazo de metal. No se le podía ver el rostro ni nada más que esa densa capa y su brazo robótico, pero el Mink Panda tuvo que sentir en su espinazo la sensación que se tiene cuando un mal recuerdo viene a visitarte: Era una presencia extremadamente familiar para él. Y algo dentro de su corazón prácticamente le obligaba a dejar todo cuanto estaba haciendo y seguir aquel rastro. Sin saber bien por qué. Sin saber bien quién era.

Sus compañeros tendrían que decidir si acompañar a su compañero o dejarlo a su suerte, y también que hacer con el nuevo - y gigantesco - miembro en la ecuación. Quizá el pelirrojo al ser el rango más alto de los presentes tuviera alguna idea para con el cerdo, o algún plan para lidiar con esa extraña y enorme presencia que se acercaba hacia su barco. Quizá Bambú se adentrase en solitario sin saber lo que le depararía el destino, en aquella zona en la que era tan poco recomendable perderse, o quizá la dupla de capitanes pudieran pasar más desapercibidos entre la muchedumbre siguiendo aquel rastro, que si los acompañaba tal mole, de la que aun no podían fiarse. Quizá pretendía robarles el barco. Quizá, y sólo quizá, el destino ya se estaba moviendo para aquellos cuatro caballeros, y ellos, no tenían ni idea de lo que estaba a punto de acontecer.



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Apariencia del encapuchado
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#7
A medida que me seguía acercando al barco con mascarón de toro negro pude ver a una tercera figura, también encapuchada, debían ser de algún culto o algo así, si noté que esta tercera persona en entrar en juego era bastante más alta que el resto, aún insuficiente para llegar a ser de mi altura, pero era algo más prometedor. — ¡Hola! — comencé por saludar, tenía que presentarme si quería hacer nuevos amigos, — Me ha gustado mucho vuestro barco, oink, se parece a un vecino que tenía cuando era niño. ¿Sois minks también o solo os gustan los toros? — andarse con rodeos no serviría de nada, lo que quería saber es si eran de fiar, que fueran o no minks era algo secundario, pero en un lugar tan enorme y concurrido lo mejor que podía hacer alguien de unas dimensiones como las mías era buscar gente a la que acompañar para pasar desapercibido, o todo lo desapercibido que podía pasar.

Entonces me fijé en que una de las tres personas encapuchadas se disgregaba del resto, avanzando hacia una muchedumbre que no estaba demasiado lejos de nosotros, ¿Iría por algo de comer? Ahora que lo pensaba detenidamente no había comido nada en todo el viaje. — Eh, ¿Vas a por algo de comer? — me acerqué al más alto de los tres, que caminaba por su cuenta como llamado por el canto de una enigmática sirena y andé a su lado, — La verdad es que estoy perdido, no tengo a ningún conocido aquí, ¿Os puedo acompañar a comer? Tengo dinero, no es muchoink, pero es honesto. — era robado de la gente que huía de su isla al verlo y no se paraba a recoger sus pertenencias, no era robo, estaba dándole un uso que sus legítimos dueños no le iban a dar, simplemente estaba volviendo a meter en circulación un dinero que de otra manera estaría perdido, algún rey debería darme un premio por mi labor.

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#8
Kisuke abrió mucho los ojos y no daba crédito a la criatura que se acercaba a ellos dirigiéndose con una familiaridad que no era propia de un desconocido, lo cual le resultaba desconcertante y le hizo desconfiar de aquel enorme puerco. Instintivamente, llevó su mano derecha a la empuñadura de Sode no Shirayuki, dispuesto a hacer torreznos con aquel cerdo de proporciones bíblicas. Las continuas emboscadas que habían sufrido a lo largo de todo su viaje habían hecho que el germen de la desconfianza se instalase en el antiguo pescador y le hiciese ser más precavido de lo que era cuando vivía en Ballywood. Para variar, sacó su mal genio ante el desconocido.

-Eh, eh, tranquilo Mister Panceta. No nos conocemos de nada así que no creo que esas familiaridades sean apropiadas.

En ese momento, ocurrió algo que desconcertó aún más si cabe a Kisuke. Don Bambú se separó de ellos sin mediar palabra y se encaminó a seguir a un tipo que iba también bien cubierto con una capa azul con capucha. No tenían idea de que estaba pasando pero, a su criterio, no era buena idea separarse sin reconocer antes un poco el terreno por lo que se giró a Zorak ignorando al gran gorrino y le dijo:

-No deberíamos separarnos, ¿seguimos a Panda?

El marrano por su parte seguía haciendo preguntas, que Kisuke ignoró completamente, como si eran minks también y cosas por el estilo, pero para el antiguo pescador lo más importante era hacer una batida para ver como estaba el panorama y luego ya tomar acciones más concretas. No quería que de nuevo les pillasen con el culo al aire, ya que estaban en el punto de confluencia de mitad del Grand Line. Todos los que se aventuraban a hacer la gran ruta marítima, tenían que pasar si o si por aquel punto, por lo que las probabilidades de encontrarse a gente poderosa y peligrosa, se incrementaban exponencialmente. Y encima estaba aquel enorme cerdo que se les había pegado nada más bajar. Por lo que fuese, ese tipo se había acercado a Panda mientras caminaba en silencio preguntándole si iba a por algo de comer y ofreciéndose a pagar él la comida; aquello era surrealista, era demasiado sospechoso, pero a la vez tan inocente, que Kisuke no sabía como responder y sacó a relucir de nuevo su mal talante.

-A ver Porky... no se si no me he explicado bien. Deja de dar el cante, lo cual lo tienes difícil, y sigue tu camino, no tenemos ganas de comer cochinillo hoy, pero me están empezando a entrar ganas.

Dijo esto lanzándole una mirada peligrosa y dejó entrever la empuñadura de sus katanas, sujeta una de ellas con su mano derecha, a través de la abertura de su capa, a modo de amenaza. No quería que los descubriesen, al menos, no tan pronto, por aquel tipo extraño que se acercaba a ellos de aquella manera tan impropia y sospechosa. Pese a ello siguió caminando detrás de Panda a ver a donde quería ir persiguiendo a aquel tipo.

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#9
El cerdo gigante, que la verdad no aparentaba tener muchas luces, se acercó al trío revolucionario sin tapujos. Don Bambú, que podía percibir en el aura del mink que estaba tranquilo y no tenía intenciones de atacar, se mostró bastante tranquilo ante esta situación. La tapadera se estaba yendo al garete, por supuesto, pero qué se le iba a hacer. Los revolucionarios tenían una cruz y en esta ocasión se había manifestado en forma de marrano gigante. Kisuke, por otro lado, estaba alterado. Podía entenderle perfectamente, porque lo único que les había llovido encima desde que salieron de la base revolucionaria fue mierda a raudales. Don Bambú le puso una mano amigable en el hombro. —No tiene malas intenciones. No sé si dice la verdad, claro, pero por lo menos no es hostil. Quizás podamos darle una parte de nuestras provisiones... —Reconsideró sus palabras al volverse de nuevo hacia el gran mink. —...la gran mayoría de nuestras provisiones y nos dejará en paz. —Su idea, desde su punto de vista, tenía sentido. Si el cerdo se iba a otro lado satisfecho los revolucionarios tendrían margen de maniobra para diluirse entre la muchedumbre y pasar desapercibidos. Y hablando de la muchedumbre, había algo interesante en ella.

Al margen del cerdo gigante, Don Bambú pudo percibir toda clase de presencias en aquel manglar. Únicamente un par de centenar de personas en su rango de percepción, claro, algunas de ellas con espíritus extremadamente débiles propios de las personas normales y otros algo más fuertes. Había, sin embargo, tres presencias notorias con poderes muy similares a los de los revolucionarios. Al inspeccionar sus auras, se dio cuenta de que una de ellas le resultaba muy familiar. Una sensación de hormigueo recorrió su cuerpo desde su sien, pasando por su columna, hasta sus pies. De repente, se sentía más frío que de costumbre, como si algo le hubiera sentado mal. ¿De qué conocía aquella presencia? Así a lo lejos pudo percibir que se trataba de un encapuchado con una especie de brazo robótico. No podía ver su rostro ni identificarlo más allá de que su aura le resultaba conocida. Tenía que averiguar de quién se trataba a toda costa. Por unos instantes, la misión quedó relegada a un segundo plano. Sus compañeros revolucionarios podían seguirle si querían, claro, pero Don Bambú iba a acercarse a aquel encapuchado sí o sí. Incluso el cerdo de doce metros que bien podría atraer la atención del resto de manglares sin problema le resultó harto insignificante. Panda comenzó a caminar hacia el encapuchado poco a poco, recortando toda la distancia que pudiera haber entre los dos. No podía dejar de mirarle ni por un segundo, y aunque iba acompañado de otras dos figuras iguales en poder, no pudo evitar pasarlas por alto. Cuanto más se acercaba el panda a su objetivo, por algún motivo, más consciente era de dónde tenía su cartera. Él que era tan poco cuidadoso con aquellas cosas sintió repentinamente la necesidad de poner su mano sobre ella y comprobar que seguía en su sitio. Allí estaba, claro, nadie se la había quitado. Cuando estuvo a menos de diez metros de aquel encapuchado cometió la imprudencia de quitarse él mismo la capucha, aunque la verdad tampoco es que ocultase mucho. —¿Quién... —El panda se detuvo a 5 metros del sujeto. Tenía la boca entreabierta debido a la expectación que le producía el encuentro. A través de la oscuridad de su silueta creyó entrever alguna facción en extremo familiar. — ...eres? —Tragó saliva al finalizar la pregunta.

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#10
El suelo parecía retumbar a mi espalda cuando Panda comentaba que no estábamos solos, giré mi cabeza para ver al gigante que se acercaba a nosotros mientras me quedaba en shock por el tamaño del mismo, el cual hacia ver a Hylda la Oni como si fuera una niña pequeña, era colosalmente grande aunque tenía cara de cerdo, por su forma de comunicarse no parecía una amenaza, mas bien parecía alguien corto de luces y bastante inocentón, el tamaño del mink podría ser una verdadera molestia para la misión no había duda de ello, sin embargo también podría llegar a ser de ayuda para precisamente llamar la atención por nosotros, era hora de ver si era tan manipulable como parecía.

"Hola amigo! En efecto somos todos minks"

Dije tras dar un salto y posarme en su hombro derecho.

"Yo me llamó Timón, soy un mink zorro. Ese fortachón de las espadas se llama Pumba, es un mink gorila calvo y el Mink Panda se llama... Simba."

Panda por alguna razón que desconozco comenzó a moverse hacia un pequeño grupo de personas, pero por suerte el cerdo gigante comenzó a seguirlo conmigo montado sobre su hombro, que cojones le pasaba a Panda? Bueno al estar el grandullón siguiéndole por lo menos no tenía que preocuparme en seguirle yo, así que podía seguir con mi pequeño estratagema de ganarme al gigante para poder usarlo de distracción si las cosas se salían de control.

"Verás venimos a darle una sorpresa de cumpleaños a unos amigos, si quieres podrías ayudarnos y a cambio podrás quedarte en la fiesta y comer tarta, que te parece? BATOTOTO"

Panda se detuvo por fin, el gorrino gigante con cerebro de mosquito y yo nos quedemos a unos buenos veinte metros de Max, aún se me hacía raro pensar en Panda con ese nombre, cuestión de acostumbrarse supongo, al parecer era una persona encapuchada la que había llamado la atención de mi compañero, lleve el dedo índice de la mano derecha hacia el mechón de pelo de mi frente y jugueteaba con el mientras observaba la escena, no parecía que Panda hubiera reconocido a un enemigo, quizás algún espía? Acaso era el mismo espía que Max desenmascaró en Baltigo? No... No era posible, hasta donde sabía le había caído todo el peso de la ley tras un consejo de guerra y se estaba pudriendo en una de las celdas del calabozo de Baltigo, pero entonces... Quién podría ser esa persona para que Panda actuase de esa manera?

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