[Pasado] La civilización oculta
#1
Día 70 de primavera, año 14. 13:45 P.M
En algún lugar del bosque Utsukushi.

Diez días habían pasado desde que mis compañeros llegasen para asaltar el barco de la marina que quería llevarme a Impel Down, tras haber descansado y haberme alimentado bien durante varios días, así como curar las heridas de mis compañeros, estábamos comenzando a quedarnos sin provisiones y como había pasado tanto tiempo en cautiverio me ofrecí a ir yo mismo a buscarlos, prometiendo no meterme en mas problemas me adentré en el bosque en búsqueda de alguna presa o de alguna de las frutas que Peony nos había comentado que eran comestibles, aún me sorprendía que el mismo Peony hubiera sido el que puso sobre aviso a Kisuke y Panda sobre mi situación, le había juzgado mal cuando nos conocimos, aunque no sabía como pagarle por lo que hizo le regalé uno de mis cuadernos a modo de disculpa por robarle el suyo y perderlo, aunque al tipo se le veía visiblemente contento con tener un nuevo cuaderno donde apuntar sus cosas.

Mis pasos por la jungla me llevaron inconscientemente hacia el claro donde se encontraba la tumba gigante que había visto al poco de llegar a la isla, seguía tan imponente como la vez pasada y el claro parecía tan cuidado como siempre, me encaminé hacia la tumba lentamente, no sabía el porque pero la vez pasada también me ocurrió, este lugar me daba una extraña paz interior, quizás pudiera descansar un rato y meditar junto al gigantesco obelisco, cuando llegue junto al mismo pude apreciar como las flores que descansaban bajo el mismo ya no eran las moradas que vi la última vez, estás en cambio eran de un blanco puro parecido a la nieve virgen, acaso alguien vivía en la selva después de todo? Junte mis manos como si buscase hacer una plegaría, está vez no traía nada para mostrar respeto al tal Krum que reposaba en el claro, así que esta era la única manera que conocía para mostrar ese respeto, incline mi torso y mi cabeza en señal de respeto y me senté apoyado en la fría piedra.

"Así que has vuelto, pequeño."

La voz me sobresaltó y miré a ambos lados en busca de la persona que había hablado, era una voz femenina aunque bastante potente, pero no vi a nadie a mi alrededor, cosa que me dejó confundido.

"Arriba chico."

Levante la cabeza mientras seguía apoyado en la inmensa tumba, fue cuando vi un rostro gigantesco del que nacían dos grandes cuernos rojos, de la cabeza caía un largo pelo rosado y sus ojos, tan verdes como la selva misma, se posaban sobre los míos, en cierta manera se parecía a Eaa, pero muchísimo más grande que ella y eso que Eaa era alta de cojones.

"Quien eres?"

Dije aún con la duda pintada en mi voz.

"Soy Hylda, la actual líder de la tribu Sardana. Y tú eres Zorak, verdad? Casi no te reconozco sin esa mascara que llevas en tu cartel de se busca."

Cometo con una sonrisa amable en el rostro mientras se movía hacia mi. Había comentado sobre mi cartel de se busca, acaso era otra cazadora de recompensas? Pero lo que comentó a continuación calmó mis dudas.

"Te vi la última vez que viniste aquí, sabes? Me puse realmente furiosa al verte examinando las flores que puse en la tumba de mi marido"

Señaló el obelisco.

"Pero luego te vi mostrarle respeto dándole de beber antes de beber tú, ese es un acto honorable y que se debe respetar, fue por eso que intervine cuando se te quisieron llevar esos esclavos del gobierno."

Se sentó frente a mi mientras rebuscaba en su mochila de cuero, sacando de ella un gran trozo de carne que depósito entre los dos.

"Intervenir? A qué te refieres?"

Pregunté mientras la gigantesca mujer sacaba un cuchillo y comenzaba a cortar la carne en un tamaño adecuado para mí propio tamaño.

"Bueno, con un barco en llamás es difícil zarpar, no crees? Además tengo cierto rencor por la gente que es afin al gobierno, temas familiares."

Me acerco el trozo de carne y se llevó el resto a la boca, que cojones estaba pasando aquí? No entendía nada.
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#2
Pasamos el rato charlando amigablemente, la mujer Oni me contó sobre su rifirrafe con el gobierno mundial y como por culpa del mismo su hermana se vio perseguía por este junto con su marido, me habló de Krum el Oni que descansaba en la tumba, este era su marido y el padre de sus dos hijos, un chico llamado Brojn y una chica llamada Aurora. Yo por mí parte le hablé de Jerry, Powder, Oxxy y Maeve, pues ella misma me dijo que había estado vigilando a nuestro grupo desde la llegada a la isla y era consciente de quién eran Kisuke y Panda.

Tras la amigable comida que compartimos me invitó a ir a su aldea, una aldea oculta en lo más profundo del bosque, donde un grupo de Onís vivía en comunión con la naturaleza y fuera de las garras del gobierno mundial, me ofreció su mano para que me subiera en ella y me depósito sobre su hombro derecho, para acto seguido comenzar a caminar bosque a dentro.

"Mi hijo volvió hace un año a la isla, pero algo le ocurrió fuera de Chisi, se marchó en busca de su hermana, pues le condecimos la fruta del diablo que pertenecía a su padre, cosa que no se tomó del todo bien."

Al parecer y por lo que me había contado sus hijos no se llevaban del todo bien, no lograba entender el porqué ya que mis hermanos y yo, aún sin compartir lazos de sangre siempre nos habíamos llevado bien.

"Cuando volvió pensé que cumpliría su amenaza de traerla a casa para retarla a un "Mak'gora" es un duelo sagrado a muerte que no se puede rechazar entre los de nuestra tribu, pero llegó triste y no ha querido hablar del tema, me preocupa la verdad. Me alivia que haya dejado de lado el querer hacer algo tan horroroso con su hermana pequeña, pero ya no es el Brjon que conocía "

A la mujer se la notaba profundamente preocupada por el tema, pero cambio su rostro al entrar a la aldea. Los Onís de la misma al verla se arrodillaron mostrando respeto a su líder, fácilmente eran un grupo de unos veinte Onís y un mestizo, pude reconocer la condición del mismo por su semejanza en altura con Eaa, que distaba mucho de sus pares, la mujer me depósito en el suelo mientras el resto me miraba de forma extraña y luego miraban a la matriarca con cara confundida, yo por mí parte me quedé de piedra al ver las gigantescas construcciones que formaban la aldea y sobre todo como estas estaban integradas en la naturaleza sin destrozarla, era sencillamente espectacular.
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#3
Hylda tras presentarme ante su tribu me llevo a su casa, ella decía que era una pequeña cabaña pero en comparación a mí tamaño era un lugar gigantesco, preparo café y extrañamente tenía algunos útiles de tamaño humano en su casa, incluso una pequeña cama decorada con objetos demasiado cursis para mí, no quise preguntar sobre ello y simplemente deduje que debía de tratarse de una cuna, de cuando sus hijos eran pequeños, aunque tampoco había visto ningún Oni bebé, así que no podía estar seguro de que tamaño podría ser un bebe de aquella raza. En el salón por su parte había un gran cuadro con la imagen del que me comentó era el mismo Krum, una melena y un rostro salvajes se mostraban en este, el Oni portaba un gran Kanabo que era idéntico al que reposaba bajo el cuadro, de un color negro como el azabache y el mango recubierto de cuero blanco con plumas que parecían de águila.

Resultó que al igual que yo, Hylda era médico aunque ella no lo llamaba así, ella insistía en llamarse "curandera" y se ofreció a enseñarme las propiedades que podía traer el mezclar con precisión las plantas medicinales, eran trucos que no había leído en ningún libro de medicina y eso que había devorado la biblioteca de Baltigo en su totalidad en cuanto a libros de medicina se refería. Según contó la matriarca de la tribu, haciendo uso de esas propiedades era capaz de crear medicinas de combate, básicamente y resumiendo mucho podía mitigar la fatiga de los combatientes con píldoras creadas a partir de esos conocimientos, la idea de pareció inaudita, aunque muy útil. Sabía que Panda se sobre exigía con el uso de lo que el llamaba "electro" quizás si aprendía a hacer esas píldoras pudiera aliviar la carga de pelear en ese estado de mi compañero, así que acepté gustoso el ofrecimiento de la Oni a enseñarme.

Tras comentarle que tendría que volver al barco ya que había salido a por provisiones la pelirrosa me instó a coger lo que necesitase para alimentar a mis amigos, así como a llevarme lo que considerase de la peculiar colección de objetos que su hija había amasado durante su juventud saqueando los barcos hundidos de la costa, según parecía tenía mucho material de tamaño humano que por el tamaño de los Onís no les servía de mucho. Rebusque entre las cosas de la hija de Hylda, aunque me advirtió que no me llevase nada de lo que estuviera relacionado con la música, ya que esas pertenencias eran el tesoro de su hija pequeña.

Tras un rato rebuscando encontré varias cosas que podían servirnos bien, un den den mushi negro, los cuales tenían la peculiaridad de poder interceptar llamadas según me contó Nilats sensei, habían tres den den mushi blancos, una katana que parecía de buena calidad aunque estaba muy sucia, una pistola con varios sets de balas que estaba en un estado parecido al de la katana, unos guantes y unas botas de combate a juego, ambos de color negro que me vendrían muy bien y la misma Hylda me entregó algunos botiquines de tamaño grande, pero de tamaño humano. Me despedí de ella prometiendo que mañana al amanecer volvería a su poblado para comenzar con mis lecciones para aprender a ser un curandero, lo único que me pidió a cambio fue llevar un mensaje a su hija si me encontraba con ella, describiendo a la misma como una muchacha rubia con mucha energía, acepté de buen grado y me encamine hacia el barco, mañana tocaría estudiar de lo lindo.

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#4
Volví al día siguiente como fue prometido, seguir el camino hacia donde se asentaba la civilización perdida de la tribu Sardana no era para nada sencillo si no se media lo que median ellos, grandes acantilados cortaban el paso, pero por suerte contaba con un buena agilidad para poder sortearlos, tras más de una hora y media de camino, muchísimo más que el ínfimo cuarto de hora que tardemos en llegar cuando Hylda me llevaba en su hombro, por fin pude ver el sendero que llevaba a la villa, rodeado de flores de distintos colores, las cuales prefería no tocar.

Lentamente me adentré por el camino, el cual se rompía a tan solo 50 metros en dos direcciones, según Hylda el de la izquierda llevaba a una trampa de arenas movedizas y el derecho al poblado, razón por la que la piedra que estaba justo a la mitad de la partición del camino apuntase a la trampa, no quería imaginarme cuánta gente habría debajo de esas arenas movedizas, lo que tenía seguro es que yo no sería una persona más en las profundidades de esa arena del diablo.

Seguí el camino hacia la aldea, a cada metro el bosque alrededor del camino se volvía más espeso y frondoso, no tarde mucho en sentirme observado, la misma sensación que tuve al venir con Hylda, el putísimo bosque parecía tener ojos, ojos que te miraban fijamente y te juzgaban a cada paso que dabas, como si esperasen el momento en el que hicieras algo indebido al bosque para saltarte a la yugular como si se un felino depredador se tratase.

Pude ver a Hylda sentada con las piernas cruzadas en la entrada de la villa oculta, cuanto más la veía más creía que si Kisuke la conociera sería capaz de quedarse a vivir aquí con alguna excusa como protegerles de todo mal o algo por el estilo, era una mujer madura y fuerte, muy fuerte de hecho. Justo el tipo de mujer que atrae a mi mejor amigo, avance sonriendo por imagen mental de Kisuke intentando ligarse a esa montaña de músculos de pelo rosado, sin duda sería una escena digna de presenciar.

Llegué hasta ella mientras me encendía un cigarro y jugueteaba con el mechón de pelo que caía sobre mi frente, dando un aire de despreocupación a la mujer Oni.

"Buenos días Hylda, me ha costado horrores llegar hasta aquí BATOTOTO"

Hylda me sonrió y me saludo de vuelta, comentando que si el paseo hasta aquí me había parecido duro el que me esperaba hasta llegar al corazón del bosque, lugar donde me iba a enseñar los secretos de las plantas y frutas de la isla, me parecería el mismísimo infierno, me ofreció su mano nuevamente para subirme a su hombro, me subí y me llevo hacia su hombro derecho, tras lo cual nos encaminemos, o más bien ella conmigo acuestas, hacia el corazón del bosque de isla Chisi.
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