[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 1)
#31
Atributos Personaje


Tocho Morocho salía caminando y ahora más que antes, estaba segura de que se iba a mejorar. Yuuki soltó un alivio de suspiro y dedicó una mirada de alegría a Wyatt, una alegría que era más bien agridulce, pues el soldado al que había sacado de allí de ese basurero no había soltado nada útil además de sangre de su boca y no había conseguido ayudar realmente a sus amigos. Pero le había dado unas palabras que le pusieron a pensar por un rato. La sala de calderas. Y un pero... ¿Pero qué? Ojalá pudiera tener tiempo de salvar a todos los heridos que habían quedado en el basurero. Igual no sería posible ya, pues ahora algo parecía que sucedía en ese lugar y no se iba a quedar a ver qué era lo que pasaba allí. En lo que a Yuuki ñe concernía, ese basurero podía arder hasta las cenizas y ya no le iba a importar.

Requisó el cuerpo del muerto, en busca de algo más. Pero no encontró nada. Así que simplemente se untó el dedo con la sangre ajena y escribió en un mural. Si el que los encerró la consideró basura antes. Ella se iba a encargar de que no lo volviera a hacer nunca más. Usó tanta sangre como pudo y en el muro se leía bien claro y con un tono carmesí:

SOY YUUKI LA PIRATA. Y YO SOY LIBRE. CIERTAMENTE.

Puso luego la palma de la mano. A decir verdad era un movimiento infantil. Bastante. Pero le ayudaba a lidiar con todo el estrés que tenía encima: de lo contrario iba a terminar disparándole a uno de esos marines y eso sería incumplir el trato que había hecho con ellos de estar en tregua hasta que pudieran rescatar a sus aliados. Y de paso le daba para que el que fuera que la hubiese tirado a la basura, se acordara toda la vida de su error. ¿Cómo se atrevía a ensuciarla y humillarla de esa manera? Muy en su interior, ella clamaba venganza de alguna manera.

Suspiró y caminó de vuelta a la sala de control, solo para ver en vivo y en directo cómo una rubia que se le había hecho familiar era aplastada justo antes de lanzar a Seraphine lejos de ella. Y también pudo ver a Ryota. ¡Era una araña! Estaba peleando en serio...

Otra pantalla mostraba a una mujer alada como ella, pero con capacidad de volar. Era parecida a Alek. Y le habían dado un golpe.

La sala de torturas otra vez estaba sin agua y el sujeto parecido a un pingüino estaba bailando. ¿Pero porqué se había drenado? La mirada de odio de Yuuki de antes volvió a verse. Pero esta ves sostenía la pistola auxiliar en su mano izquierda a la altura de la cara. Estaba transformada. De verdad que estaba a punto de disparar. ¡EL IDIOTA DE SHIN HABÍA HERIDO A TEZCA! ¡LO QUERIA DESCUARTIZAR! Y para empeorar, ¡ESTABA VIENDO A BARALD CAER! La cara se le puso roja. Esta vez no se aguantó, como la vez pasada.

[Imagen: b2pN1Dl.png]

—¡¿SE PUEDE SABER QUIÉN FUE EL SUBNORMAL QUE METIÓ MANO EN LA SALA DONDE ESTÁ EL GRAN TEZCA?!

Avanzó dentro de la habitación con un fuerte aleteo de sus alas, queriendo empujar a los otros de allí y se pegó a la pantalla de la sala Planeta Océano. Gritó con rabia y frustración, quería pelear. Quería golpear a alguien, aunque fuera. Se le había ido cualquier aire de ser hermosa y delicada y se sentía la sed de sangre en ella, una pirata en pleno ser. Miró los controles y luego recordó lo que dijo el soldado aquél antes de morirse. Y una idea cruel se le pasó por la cabeza. Una que la hizo reírse.

—¡JRAH JRAH JRAH JRAH!

Puso su mano sobre el control cuatro de la sala de calderas, girando la válvula mientras miraba a todos los otros. Seguía habiendo odio vivo en ella. Y no dudó en exteriorizarlo.

—No sabemos qué pasa, ¿Verdad? Juguemos, ciertamente. Y ojalá todos y cada uno de los marines allá encerrados no vuelvan a salir nunca. Si no les quedan aliados, podré matarlos a ustedes después, ¿Verdad? —Activó la válvula y esperó a ver qué ocurría, conteniendo ahora la respiración. Deseaba que Ryota y Seraphine pudieran salir bien de ahí.

Parecía estar siendo solo furibunda, pero tenía una hipótesis. Mientras duró activada la palanca de antes, la sala de Planeta océano estaba sin agua. Y como el botón de la cámara tóxica seguía activo y nadie allí estaba padeciendo de alguna afectación por veneno, supuso que era eso lo que mantenía la sala respirable. No tocar ningún botón de la consola de esa sala parecía ser lo óptimo. Hacerlo sería condenar a Runin. Considerando todo lo anterior, a lo mejor lo que el soldado le estaba diciendo antes de morir era que la válvula cuatro de la sala de calderas afectaría a otra sala. Y esperaba, con el corazón, ver a algún marine sufrir como lo estaban haciendo sus amigos.

Combo de pollito frito con papas
[Imagen: o32YH2T.png]

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#32
En cuanto la pelirrosa de mal carácter entró a la sala de mecanismos con nosotros, tesoro, el ambiente cambió de golpe. Se puso histérica, completamente fuera de sí, como si algo la hubiera encendido desde dentro y no precisamente con buen gusto. Sus alas comenzaron a agitarse con fuerza, generando corrientes de aire que chocaban con todo, intentando apartarnos del panel como si fuéramos un estorbo. La miré, primero con sorpresa y luego con firmeza. —Necesitas calmarte, tesoro, porque si empiezas a moverte así sin pensar lo único que vas a lograr es empeorar una situación que ya es lo suficientemente caótica como para añadirle más impulsividad sin sentido —le dije, manteniendo la voz clara, sin gritarle, pero sin ceder, pero no funcionó así que, bueno tampoco iba a quedarme quieto. Mis alas se desplegaron de golpe y comencé a agitarlas también, respondiendo a su presión con la mía, sosteniendo mi posición frente al panel sin apartarme ni un centímetro. No era un enfrentamiento elegante, no, pero era necesario.

—Calma ese temperamento, niña, porque aquí nadie está jugando a ser héroe en solitario y si no lo has notado todavía, hay personas ahí dentro que nos importan a todos, no solo a ti, así que más te vale respirar, pensar y dejar de actuar como si fueras la única que quiere sacarlos de ahí —añadí, mirándola directo, mi corazón seguía acelerado, pero esta vez no por miedo. pero si algo no voy a permitir, tesoro,
es que el pánico arruine lo poco que aún podemos hacer bien.
 
—¿Ves a esa chica de ahí, tesoro? —dije señalando la pantalla donde estaba Sigrid, obligándome a no apartar la mirada esta vez —Esa es mi amiga, mi compañera de división, una persona que daría la vida por cualquiera sin pensarlo dos veces, y ahora mismo está ahí, apenas resistiendo, medio muerta por algo que ni siquiera debería haber pasado —añadí, sintiendo cómo la voz se me tensaba mientras contenía las lágrimas. Tragué saliva, manteniéndome firme, aunque el pecho me ardía.
 
—Son mi familia, ¿entiendes?, mis amigos, las personas por las que yo mismo cruzaría el mar completo sin detenerme ni un segundo, aunque supiera que al final me espera algo peor que esto, porque así funciona para mí, porque así es como yo vivo esto —continué, sin alzar la voz, pero con todo el peso en cada palabra. Respiré hondo, apenas un instante.

—Así que cálmate, tesoro, de verdad, cálmate, porque si dejamos que el pánico nos controle ahora mismo entonces sí que no habrá forma de arreglar nada, y lo único que nos queda es hacer lo que sabemos hacer, aprender de los errores que ya cometimos, pensar con claridad y sacarlos de ahí, uno por uno, con todo lo que tengamos —finalicé, mirándola directo. Posterior a eso, tesoro, cuando la chica finalmente accionó la válvula 4 de la sala de calderas, sentí cómo algo dentro de mí se tensaba otra vez. No era duda exactamente, era ese miedo que sigue ahí, agazapado, recordándome lo que puede pasar si vuelvo a fallar, pero esta vez no iba a retroceder, mis ojos bajaron lentamente hacia los mecanismos, deteniéndose en la palanca número 5 de la sala Planeta Océano. Mi mano se quedó suspendida un segundo en el aire, temblando apenas, como si mi propio cuerpo quisiera preguntarme si estaba seguro y la respuesta no era un sí perfecto.

Respiré hondo y bajé la palanca. El movimiento fue firme, decidido, aunque por dentro todo estuviera temblando. Mis alas se tensaron ligeramente, como si también esperaran una reacción inmediata del sistema, mientras mis ojos subían de nuevo a las pantallas, atentos a cualquier cambio.

Mi Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
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#33
Atributos Personaje


Pirata tenía que ser…

Esas fueron las únicas palabras internas que logra articular cuando escucha la sarta de berreos de la pelirrosa, cual demonio invocado por rito satánico. De más está decir que quiere decir varias cosas en medio de toda esa locura. Dos de sus amigos están en una cámara llena de agua, siendo ellos susceptibles a ella como cualquiera de los que están compartiendo la odisea con ellos. Otra de sus amigas está sola, rodeada de un grupo de piratas y revolucionarios de los que no se fía ni un pelo. Varios compañeros de otras divisiones han sido atacados, una de ellos casi no la cuenta por el accionar de una de las palancas que ellos allí mismos están controlando.

No es la única que tiene que ver a sus amigos ser sometidos en este juego retorcido de mierda. El batir de alas de ambos seres no la ayudan a centrarse. La corriente de viento desatada entre las dos para demostrar su poderío, la risa estrepitosa, las explicaciones en general, TODO eso está a punto de sobrepasarla. Sin embargo, no maldice. No lo hace porque sabe que ella, cuando tenía a su otra mitad a su lado, era la que se encargaba de mantener la tranquilidad cuando Drave era la que arrasaba con el mundo.

Si tan solo Dravenia estuviera allí… Si Ji-won estuviera allí… Hae-won no tendría tantos conflictos internos y podría ser la que mantiene la paz general. Agradece tener a Dimitri, porque si no estuviera, hace mucho tiempo habría mandado a todo el mundo a la puta mierda.

Pero bueno.

Entre los gritos fuertes de la pirata y la intervención divina e inteligente de su compa de facción, Hae-won mantiene la tranquilidad. De más está decir que agradece, desde la profundidad de su corazón poco vivo, que Ami haya dicho esas palabras y pusiera un parate definitivo a la situación.

—Si ya han dejado de batir las alas y causar un vendaval dentro de esta bendita habitación, ¿quieren escuchar lo que se ha averiguado?

Masami le recuerda muchísimo a Ji-won. Demasiado. Eso le duele más de lo que quisiera admitir, pero permanece quieta, observando la sala de controles y evaluando la situación presentada.

—Hmmm… A ver, dejen explicarles la situación —Analizar la máquina tomaría más tiempo del necesario, pero las conjeturas podrían orientar al grupo—: varias de las salas están interconectadas de alguna u otra manera. Tal y como se probó, el agua de la sala que uno de nosotros había logrado desagotar al accionar la palanca correspondiente, fue a parar a otra de las habitaciones, donde otro grupo recibió los estragos. Teniendo en cuenta las conexiones que he revisado, y que seguiré revisando, por supuesto, la cosa pinta que, no importa lo que hagamos, la consola fue creada para que ningún grupo quede cien por ciento ileso. No importa qué pase, si accionamos otras palancas, se activarán mecanismos que pueden llegar a afectar a otro grupo o más de uno. Sin embargo, tú —Señala a la pelirrosa con tranquilidad—… Accionaste esa palanca porque pudiste conseguir algo de información, según deduzco por la seguridad con la que has actuado.

Hae-won ignora la locura. Ignora las plumas que seguramente estén adornando su cabello. Ignora el latido de su sien y vuelve la mirada a las imágenes proyectadas, con el fin de hacer un análisis mental de las cosas que han ocurrido. Tienen al enemigo de uno de los grupos ya sometido, otros han estado empezando a ganar sus batallas, sin embargo… No se han librado de los collares. Toma la determinación de seguir revisando, por si encuentra otro botón que les ayude, porque no existe botón de emergencia y, al parecer, debe haber algo que mantenga habilitado todo el sistema. Algún punto que le permita desconectar todos los dispositivos de una bendita vez, algo tiene que haber.

—Si accionamos palancas o presionamos botones, debemos prepararnos para los escenarios más estrafalarios. Quien haya hecho esto sabía lo que hacía y por eso dejó desprotegido este lugar. No es posible que un punto estratégico como este no tenga algún tipo de... Seguridad...

Esta vez no se permite accionar palanca, sin embargo, espera a la llegada de Dimitri para que pueda ver qué está ocurriendo en la cámara donde Nyra se encuentra.


Disclaimer

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Vitalidad: 533 + 0 = 533
Energia: 386 + 8 = 394
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#34
Atributos Personaje


Puesto a salvo Tocho Morocho, Wyatt suspiró mientras respiraba un poco de aire menos putrefacto, para luego empujar la gran puerta y dar cierre a la sala de basura que llenaba de hediondo olor el resto del pasillo —. Puagh... Gracias, gracias, gracias... — agradeció mientras acomodaba al equino junto a un lado del pasillo. Se guardó el botiquín que Dimitri le había tirado, para aplicárselo ya más en paz una vez supiera que estaban fuera de peligro.

Porque sí, habían salido del campo de guerra vomitiva que era esa sala, pero aún no tenían ni idea de dónde estaban ni cómo salir.

Pero nada más dar un par de pasos y asomarse a la sala de control, las conversaciones y el tono de voz de los presentes reveló que claramente no estarían en paz. El resplandor de unas proyecciones holográficas en dicha sala revelaban diversos campos de batalla, donde se observaban figuras que Wyatt, desde su posición atrás en la formación, no podía distinguir con demasiada claridad.

Pero de delante suyo sintió una brisa sacudirle las ropas y refrescarle las narices —. Bingo... Aire fresco. — suspiró aliviado mientras avanzaba, abriéndose paso desinteresado entre los presentes y apoyándose, exhausto encima del tablero de palancas.

Para su desgracia o fortuna, terminó accionando la clavija número 1 de la Sala de Torturas, desactivándola. Siquiera se dio demasiado susto, pues apenas levantó su mano y se incorporó, haciéndose el tonto con respecto a haberla presionado —. ¿Dices entonces que están jugando a que seamos dios? Porque no está aburrido el juego, pero... ¿Ganamos algo presionando botones a lo tonto? — chasqueó la lengua y se volteó, limpiándose la cara como pudo con la palma derecha.

— Yo creo que sólo estamos haciendo de bufones para estos tipos. Sean quienes sean, querían que hagamos exactamente lo que estamos haciendo. Dudo que realmente podamos hacer demasiado desde esta sala. — comenzó a ojear el entorno, y luego volvió a mirar la puerta —. ¿No hay otro camino? Hay que conseguir una salida cuanto antes, dejemos de jugar al dungeon master. — y así, sin más, se volvió hacia el pasillo, saliendo del lugar y yendo con Tocho Morocho. 

— ¡¿Y si llegamos al final del pasillo?! — y así tomó de su rienda al equino y, lentamente, enfiló hacia el otro lado.

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#35
Atributos Personaje


Un escalofrío me erizó la piel. El silencio antinatural que reinaba en aquel corredor resultaba casi tan abrumador como esa sensación recibida justo antes de atracar El Tempestad. Me retiré un par de pasos. El corazón en la garganta y la pistola fría entre los dedos sudorosos. Nada. No importaba cuánto mirase aquel maldito armatoste de metal. No hallé cerradura, manivela, ni engranaje que pudiera accionarla de modo alguno. Sin posibilidad de intuir lo que se hallaba tras ella.

A un metro de distancia de aquella puerta, alcé la vista hacia las luces rojizas.

«Si existen alarmas, debe haber un modo de accionarla». Algo tenía que poder fallar. Y aunque no estaba seguro de si aquello sería buena idea, no encontraba otra alternativa ante la encrucijada en la que nos encontrábamos: tres marines, un caballo herido y una pirata nada colaborativa. Respecto al rubio aún no sabía que pensar. Era evidente que no estábamos hechos para trabajar en equipo. Al menos, la pelirrosa lo había dejado claro en múltiples ocasiones.

Me quedé mirando la maldita luz roja. Tuve la tentación de cambiar de munición y disparar. Sentí la boca seca. La yema de los dedos me hormigueaba de forma incómoda. Ante mí se habría una oscuridad infinita a la que no quería prestar atención, porque Hae-won seguía en la dichosa sala de control.

«Tiene que haber algo…»

Metí una de las manos en el bolsillo, saqué la llave robada a uno de nuestros enemigos y la acerqué a la puerta con cautela, como si de un click mágico pudiera encontrar cerradura en la que hacerla encajar o algún mecanismo tuviera la posibilidad de acercarse. En realidad, sabía que era un intento fútil. Aquel sistema debía ser, como poco, similar a las cámaras acorazadas de un banco. Un sistema de seguridad inquebrantable. Después del estúpido intento, me puncé el puente de la nariz.

Dediqué todo el tiempo que pude a tratar de hallar conductos de ventilación, cajas de registros, el mecanismo con el que presuntamente funcionaran aquellas alarmas.  Estaba cansado. La adrenalina había pasado a una sensación adormecida. Me di cuenta de que sin Hae-won cerca o aquellas pantallas que mostraban una realidad desoladora, las migrañas parecían incluso más patentes. Esa familiar sensación de rendición, a la que tanto me acostumbré bajo el sometimiento de Pulmones Negros, me atenazaba el cuerpo.

Estuve a punto de caer ante ella. Estuve tentado de apoyar la espalda en la pared, resbalar hasta el suelo, y dejar que los acontecimientos simplemente ocurrieran. Fue el repiqueteo de cascos de caballo sobre el corredor lo que despertó mi mente. Miré en dirección al vertedero. El rubio se acercaba hacia donde me encontraba.

—¿Y el resto? —pregunté, deseando que hubieran hallado algo en la dichosa sala—. ¿Vendrán o van a quedarse pulsando botones eternamente?

Me pasé el dorso de la mano por la frente, para limpiar el sudor. Incluso sin la camisa del uniforme, el calor resultaba sofocante. Todavía llevaba la pistola en la mano, pero esta vez apuntaba hacia el suelo para no intimidar al rubio. Lista, aún así, por si él intentaba algo extraño.

—¿Y tú qué?, ¿de qué conoces a la pelirrosa?, ¿recuerdas algo antes de acabar aquí?

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Vitalidad: 530 + 0 = 530
Energia: 387 + 8 = 395
Espiritu: 240 + 0 = 240
#36
Entre ruidos de estática e interferencias, las seis pantallas continuaban transmitiendo con normalidad cuanto ocurría en aquellas salas. De cuando en cuando, alguna de ellas parpadeaba o se fundía a negro por un instante, pero volvía al cabo de un momento, y la emisión continuaba. Algunos de aquellos peculiares tipos ataviados como Marines habían caído frente a sus adversarios: el hombrecillo que parecía un pingüino de la Sala de Torturas y que los había tenido a todos bailando hasta la locura, el gran gorila que solo había querido mostrarles sus flamantes experimentos y el enorme Buccaneer parecían haber sucumbido en la lucha, no sin haber vendido caro el pellejo y dejando malherido a más de uno en el proceso. Y los presentes en la Sala de Control habían podido contemplar todo aquel espectáculo grotesco.

Sin embargo, aquella pesadilla estaba lejos de terminar. Planeta Océano, la sala del aquella enorme criatura que parecía un cocodrilo se había drenado de pronto, en un nuevo vaivén de los acontecimientos y para sorpresa de todos. La criatura, sin embargo, continuaba luchando con ferocidad. La Sala de Torturas, donde la pingüinesca criatura yacía ahora muerta, había vuelto a la normalidad. Lo mismo había ocurrido con la Cámara Tóxica, donde un enorme Landon Coates descansaba eternamente sobre el hormigón, sin pinchos ni el habitual gas.

Tras la puerta del vertedero, que Wyatt había cerrado, toda la basura había comenzado a hundirse en el suelo, y, bajo la luz naranja, todo empezó a chamuscarse en un gran proceso automático de incineración, hundiéndose en un gran foso de fuego, chispas y el humo más maloliente y tóxico que cualquiera de ellos fuese a oler jamás. En la Sala de Control, entre acusaciones acaloradas y proclamaciones súbitas, las mentes más agudas eran la única esperanza de que cualquiera de ellos lograse salir de allí con vida. Choi hacía bien en considerar que tal vez unir su intelecto al de Dimitri pudiese dar resultados, puesto que, como todo el mundo sabe, dos cabezas piensan mejor que una. Sin embargo, pudo intuir que, en efecto, parte del diseño sádico de aquel lugar había considerado perfectamente que era mejor no incluir ninguna opción de seguridad, haciendo gala de una filosofía en la que todo lo que ocurriese era bienvenido. Empezó a comprender que no había una forma fácil de salir de aquella. Si seguía investigando, tal vez se acercase a comprender la compleja ingeniería sobre la cual se sustentaba aquel sistema.

Al mismo tiempo, en el pasillo, bañado en aquella perenne luz roja, Dimitri, con la única compañía de Wyatt y su equino, intentaba encontrar la clave de aquel lugar. Aquellas instalaciones, fueran lo que fuesen, estaban hechas de forma que absolutamente nada pudiese salir ni entrar sin que sus ocupantes estuviesen al tanto. Ni siquiera parecía haber conductos de ventilación, más que algunas minúsculas rejillas reforzadas aquí y allá, probablemente repletas de filtros en su interior, por las que apenas un ratón hubiera podido moverse. Todo elemento parecido a circuitería eléctrica o electrónica parecía ramificar desde la misma Sala de Control que había abandonado minutos atrás. Mientras acercaba la llave a la puerta metálica, comprendió algo fundamental: aquellas puertas no habían sido hechas para ser abiertas desde fuera, o, al menos, no desde aquel pasillo.

Repentinamente, en el momento en que Yuuki optó por girar la cuarta válcula de la sala de calderas, se pudo oír algún tipo de cortocircuito, y toda la energía de aquellas instalaciones pareció irse. Todas las luces se apagaron, y las pantallas fundieron a negro. Todo, a excepción de las espantosas luces rojas del pasillo. Y luego, al cabo de uno o dos segundos, volvieron a encenderse. Algo dentro dentro de uno de los cajetines eléctricos de la Sala de Control emitió un zumbido antes de volver a quedar en silencio.



Información importante
#37
Atributos Personaje


¿Cómo se iban a poner las cosas en la sala luego de que ella iniciara ese escándalo? Bueno, nada agradables, por supuesto. Yuuki seguía iracunda luego de accionar la válvula de la sala de calderas. Veía a algunos de los enemigos de los demás caer. Incluso pudo ver cómo Runin finalmente terminaba con el ser enmascarado con el que estaba luchando y aunque esto le daba algo de calma, no dejaba de sentir angustia por Tezca y Barald, quienes estaban en una batalla bastante crítica. Necesitaba hacer algo. No podía simplemente quedarse viendo. Por había accionado la palanca antes.

Y por supuesto, estaban los marines echándole sermones. ¿Quiénes se creían? El otro alado le habló y Yuuki miró a las pantallas con la misma angustia de siempre, quedándose en silencio mientras él habló. La de pelo blanco también buscaba algo de lógica con todo lo que ocurría. Y aunque a la birkaniana eso no dejaba de quitarle la preocupación, se apartó dando un par de pasos atrás. Pensó que iban a poder abordar las cosas con más tranquilidad, pero entonces ocurrió aquél bajón de luz. ¿Qué había hecho? En medio de la oscuridad, se paralizó, ¿Y ahora? ¿Y sus amigos? La ansiedad volvía a comérsela viva, pero no tardó mucho. La luz volvería justo en un instante y todo volvía a estar "normal".

Y aunque todo volvía a estar como antes y daba la impresión de normalidad, para Yuuki, nada en ese lugar le daba sensación alguna de seguridad. Incluso se preguntaba a sí misma cuándo llegarían los refuerzos del enemigo. El zumbido del cajetín eléctrico aún vibraba en sus oídos pese a haberse ido y la pirata quería irse de ese lugar ya. Miró de reojo a Choi y a aquel otro alado, Masato; allí estaban ellos, comportándose con una lógica tan fría que no le antagonizaba y la molestaba de sobremanera. Le daban náuseas. Los dos. ¿Cómo podían ser tan distantes mientras los demás sangraban? ¿No había hecho el otro un discurso para pedirle que se calmara?

Y a lo mejor podían llegar a tener razón. Mantener la cabeza fría y buscar una solución sería la mejor idea. Pero ninguno de los que estaba allí era capaz de descifrar nada. Tenían un montón de controles y, aunque sonara estúpido, ella no iba a dejar de apostar por sus amigos. Pues eso es lo que era, una apostadora.

—Voy a mover cada maldita palanca y presionar cada estúpido botón. Si liberamos a Runin, seguro que ella puede ayudarnos. Es super lista. —espetó, aunque su voz sonó más quebrada de lo que pretendía. Tan solo quería sacar a su amiga de allí ahora que estaban las cosas más calmadas para ella.

Sus ojos regresaron frenéticamente a las pantallas, buscando las figuras de Tezca y Barald. Si aquel sistema sádico no tenía opciones de seguridad, como Choi sugería con tanta calma académica, entonces Yuuki se convertiría en el error del sistema. No le importaba cuántas válvulas más tuviera que girar o cuántos sermones tuviera que aguantar de esos dos; no iba a quedarse de brazos cruzados mientras los suyos seguían en un lugar en el que ella no podía llegar a ayudarlos.

Miró los controles de la Cámara tóxica. Ninguno había tocado controles allí para no causarles problemas. Pero ahora que el grandote estaba caído por mano de Runin, Yuuki estiró la mano y presionó el cuarto botón.

—Ciertamente. Que sea la puerta, maldita sea. Que sea la puerta... Apuesto a que esta debe ser la puerta.

Cómo deseaba haber agarrado un Den Den Mushi. Y entonces se le ocurrió una idea justo inmediatamente después de haber presionado el botón. Quizás el apagón les podía jugar a favor.

—¿Servirán los Den Den Mushi? —Miró a los dos marines. Volvía a recuperar el tono amable de antes, aunque no dejaba de verse molesta. Luego gritó para que los otros dos fuera de la sala la oyeran mientras se asomaba por la puerta, pasando junto a los dos marines que estaban con ella, aunque sin empujarlos o hacerlos a un lado esta vez. Seguía odiando esos malditos uniformes, pero iba a tener que seguir aguantándose las ganas, si es que no había hecho claro su odio hacia ellos.

—¡OIGAN! ¡MIREN SI ALGO HA CAMBIADO! ¿SIRVEN LAS COMUNICACIONES?

¿Porqué había tanto proactivo pensador, pero ningún líder diciéndole a los otros qué hacer? Quizás porque ninguno allí tenía madera de líder, a lo mejor. Y tampoco es que Yuuki fuera a obedecer a lo que le dijera ninguno de esos marines. Así que aunque había dirigido su voz a los otros dos, esperaba que quien la escuchara fuera Wyatt.

Combo de pollito frito con papas
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#38
Atributos Personaje


— No tengo idea, pero yo no presionaré ni un botón más. — chasqueó la lengua, molesto, mientras se volteaba a ver a Dimitri que se le sumaba en la caminata e intentaba hacer algo con las grandes puertas acorazadas. Era inútil, claramente, pues poco parecía que podrían hacer desde ese pasillo tan desesperante.

La incomodidad extrema que sintió ahora llevaba rato desaparecida, y ya el mal trago del ferry y el vertedero comenzaba a quedar atrás, pero aún así el destello rojo pegando en su cara era como una alarma en su cabeza, que le hinchaba el nervio óptico de tal manera que le impedía estar de buen humor —. Digo, odio las cosas que escapan de mi control.

— De la vida. Somos compañeros. Sólo recuerdo que estábamos yendo hacia el dichoso parque de diversiones. Ya he visto los folletos por la sala, y supongo que ustedes iban al mismo lugar. — tironeó de la rienda de Tocho Morocho, adelantándose un poco y analizando a Dimitri de arriba a abajo. Se lo veía casi el más sensato del grupo de marines, y desde luego era amable y solidario. Se había desprendido con facilidad de su botiquín para cooperar con la recuperación del caballo, y se lo veía intentar buscar respuestas y ponerse al frente del grupo... Aunque claramente había voces que se imponían más, naturalmente. Yuuki era una de ellas: no pedía ni permiso ni perdón —. No sé exactamente qué interés tiene la marina en ir a un parque. ¿No tienen cosas más importantes que hacer? 

Y de pronto, se des-hizo la luz. Boom. Fundido a negro, murmullos de sus compañeros en la sala de control —. ¿Bingo? —. Y de nueva cuenta, un sonido que hizo volver la iluminación y el alma al cuerpo, al menos al Goldstar.

Pronto se oyó un grito, y la pelirrosa inquirió al dúo del pasillo con una muy buena ocurrencia, que al rubio no se le había ni cruzado por la cabeza. Jamás hubiese recurrido a ello, pero enseguida abrió los ojos como platos y se hizo de su Den-Den Mushi de entre su bolsa, accionándolo y marcándole a su mejor contacto, el más prestigioso y de confianza, quien estaba seguro que no los dejaría tirados jamás. Además, confiaba en que ya tendría todo bajo control, conociéndolo, pese a no haber visto nada de él en pantalla —. ¡Ryota! ¿Me copias? Habla Wyatt. Estamos... No sé dónde mierda estamos, pero queremos salir de aquí. Hemos visto que todos están en problemas y separados. — intentó recibir respuesta, pero no se esperó ni dos segundos.

— ¡¿Me recibes?! ¡O alguien! — levantó la mirada hacia Dimitri y elevó los hombros.

Si no funcionaba, y no recibían respuesta del otro lado, Wyatt tenía una idea, que quizá podría llegar a servir —. ¡OIGAN! ¡USTEDES! — gritó, intentando llamar la atención de los de la sala de control, mientras soltaba a Tocho Morocho y se volteaba a ver en su dirección —. ¡La palanca que accionó Yuuki antes! ¡Apáguenla y enciéndanla de nuevo! ¡Quizá si la electricidad se va de nuevo, se apague el sistema que inhibe las comunicaciones y podamos contactarnos aunque sea durante unos segundos!

Claro, todo aquello sería si no había funcionado de primera mano la idea de comunicarse con Ryota luego de aquel corto-circuito.

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#39
Atributos Personaje


No quiere volver a ver a ninguno de esos seres en su maldita vida. Eso lo tiene más que claro.

Choi no es una de esas personas demostrativas o apasionadas en lo emocional. Lo sería con las personas correctas en los momentos correctos. El forcejeo frío de manos que parecen tirar de sus hilos le obliga a mantenerse de lleno en la consola. Prestar atención a sus compañeros a menos que sea extremadamente necesario puede ser un poco más trabajoso de lo normal, sin embargo, ella prefiere que así sea.

«Voy a mover cada maldita palanca y presionar cada estúpido botón», dice la maldita hipócrita, cuando esa casi más la asesina con la mirada al hacerlo Choi antes de congelar a esa otra persona sin quererlo en la cámara dos. Respira, Hae-won. Respira y mantén la calma. Ya podrás desmoronarte más tarde.

Los marines también son personas, ¿lo sabían? Además, ¿qué mierda importa? Antes de escuchar más tonterías, se dispone a revisar cada uno de los mecanismos activados. La cámara de aspecto frío tiene la manivela número tres activada. La sala donde hay calderas tiene activada la válvula cuatro. La sala de torturas no tiene clavijas activas, pero anteriormente se activó la primera, provocando que el agua de la sala inundada se traspase allí. La sala de energía no tiene interruptores encendidos. El lugar cubierto de agua tiene activada la quinta palanca, y el segundo botón de la cámara restante no se ha tocado.

Ni siquiera mira a su compañero ni a la pirata. Ni siquiera presta atención al entorno cuando decide llevar a lo sumo su concentración, mirando cada imagen. Busca evaluar situaciones que pueden presentarse delicadas. Hay cosas que le parten en pedazos, pero cada vez que pasa el tiempo, más y más, se da cuenta de que su sentido del acostumbramiento a esta presión hace que todo lo que desee hacer sea mostrar eficiencia. Es terca como nadie. Quiere entender esa maldita máquina del infierno.

El apagón momentáneo le permite abrir los ojos. Una especie de ¿cortocircuito? pudo haber mantenido la calma, sí, pero no puede. Escuchar los gritos posteriores activa el factor dudas en su cerebro, la idea de que los sistemas de comunicación se hayan restablecido —cosa que le parece improbable pero que podría llegar a pasar porque ahora mismo todo puede ser posible— danza en el mismo aire.

Vuelve la concentración nuevamente, haciendo un nuevo recuento de la situación en la que se halla, ahora que otro botón se ha activado por mano de la birkaniana. Suspira. Traga saliva y mantiene el trato de no agresión clavado en su piel hasta que salgan todos de esa mierda. Solo tiene una extraña corazonada al tomar con calma al rebuscar entre sus cosas su propio DenDen para tenerlo a mano. Vuelve sus manos a la consola antes de activar la clavija número tres de la sala donde se encuentra Enji. Podrían probar la teoría, porque no sería mala idea, pero eso ya dependería de sus compañeros.

Vuelve su concentración de lleno a la consola para entenderla. Necesita saber qué carajos ocurre con ella y, por los dioses, hallar tal vez una respuesta digna de todo esto sin contratiempos. Lleva su mano al pecho de manera inconsciente al sentir el peso del collar donde su hermana se halla guardada. El tesoro de su corazón no es suficiente para entender los entresijos de la asquerosa vida que le ha tocado, cuyas luces son contadas, pero lo son todo para ella.

Disclaimer

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 533 + 0 = 533
Energia: 394 + 8 = 402
Espiritu: 96 + 0 = 96
#40
Claro que no todo iba a calmarse con unas pocas palabras y un par de plumas volando por aquí y por allá, tesoro, pero al menos el punto estaba claro. Todos lo habíamos entendido. Me quedé frente a las pantallas, atento, siguiendo cada movimiento mientras los chicos aqui hablaban, por cómo reaccionaban, parecía que solo necesitábamos un poco más de tiempo, ellos estaban descifrando el sistema, unos genios y entonces la mas genio de todos, si claro, Yuuki tocó una de las válvulas. —Eh, eh, eh, tesoro —murmuré, mirando alrededor.

La luz se fue, todo quedó a oscuras, salvo por las luces rojas del pasillo. Mis alas se tensaron al instante, mi cuerpo en alerta, intentando captar cualquier sonido, unos segundos después la energía volvió y con ella un ruido extraño, breve e incómodo que desapareció tan rápido como llegó, entonces parpadeé volviendo a las pantallas. —No me gustó eso, tesoro. —dejé escapar en voz baja.

Después del apagón, por algún motivo Yuuki estaba convencida de que la señal se había restablecido, tesoro y aunque quería creerle, no tenía forma de comprobarlo por mí mismo. Mi den den mushi se había quedado en el barco, lejos, completamente inútil en un momento donde cualquier confirmación podía marcar la diferencia entre hacer lo correcto o empeorar todo otra vez, qué ironía tan poco elegante. Me crucé de brazos, mirando las pantallas con atención, intentando encontrar alguna señal que confirmara lo que ella decía, aunque en el fondo sabía que solo estábamos interpretando lo que veíamos. —Ojalá tengas razón, tesoro —murmuré en voz baja, sin apartar la vista porque ahora mismo estamos apostando más de lo que me gusta sin tener todas las cartas en la mano.

No me gustaba eso, no me gustaba nada, tesoro, pero tampoco teníamos el lujo de detenernos. Respiré hondo y me mantuve firme frente a los monitores, obligándome a confiar un poco más aunque fuera incómodo, porque a veces no se trata de tener certezas, sino de decidir avanzar igual, aunque esa sensación de estar actuando a ciegas seguía ahí, clavada en el pecho, pero esta vez no moví ni un solo mecanismo más. Dejé las manos quietas, lejos de palancas e interruptores. Ya había hecho suficiente o demasiado. No tenía un motivo claro para tocar nada otra vez, no sin entender realmente qué estaba pasando. Mis ojos siguieron recorriendo las pantallas, viendo cómo poco a poco los enfrentamientos parecían resolverse, cómo algunos lograban imponerse, resistir y sobrevivir.

Y nosotros seguíamos ahí, tan atrapados como ellos, pero sin un enemigo directo al que golpear, sin algo concreto que enfrentar, solo observando, esperando dependiendo de decisiones que no siempre entendíamos del todo. —Ay, tesoro, esto es peor que pelear —murmuré en voz baja.

Mi Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 290 + 8 = 298
Energia: 288 + 12 = 300
Espiritu: 102 + 0 = 102


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