[Presente absoluto] ¿Es este el lugar?
#11
¿Como escapar a lo que estaba pasando? ante la clara psicopatía de Irina se abrió un agujero, pero la guinda fue cuando Alzeid mostró un comportamiento mucho más perturbador que el de Volkov. Irina se centró en el durante un par de segundos, mirándolo extrañado. Era una mirada de confusión, ¿qué era ese hombre? se comportaba muy diferente al resto de varones que tuvo la desgracia de conocer. Rápido apartó la vista, pues el civil empezó a cantar. Resumiendo, habló de que el pirata que estaban buscando se movía por el puerto, escondiéndose en locales que logró comprar, es decir que eran de su propiedad y se movía como pez en el agua por ellos cuando traía la mercancía.— Mancillar una tierra como Ohara. — Le liberó de la prisión que suponía su tacón. Miró a Alzeid a los ojos. — Casi parece que me importa esta isla. — Sonrió. Tenebris salió volando. 

Las amenazas de su mascota Daryl también ayudaron a la libertad de la verdad. Nadie quería meterse con un tiarrón así. - ¿Quiere impresionarlo? - Pensó Irina, que creía que el hombre manco estaba luciéndose un poco para darle una buena impresión a Alzeid. - ¿Es así? - Daryl se había convertido rápido en la persona, quitando a su propio padre, con el que más tiempo pasó Irina en toda su vida. Y aun así, la fémina seguía dudando de él y de lo importante que ella podía ser en su vida. Irina no iba con dobles intenciones, aunque por su aspecto y carácter pudiera parecer que navegaba muy bien en ese ambiguo mundo, ella era sincera, honesta, todo lo que provenía de ella, por duro que fuera estaba bien cargado de energía verdadera. La relación con Daryl era perfecta porque él se dejaba llevar e Irina podía pensar, todo el rato, que dominaba la situación y a las piezas.

— Claro que puede ayudarnos, agente Alzeid. — Seguía con su sonrisa estática, al igual que su tono de voz. Dos de los tres civiles escaparon, el que se quedó de rodillas contra la pared era al que Irina clavó el tacón. El pobre miraba, casi con lágrimas en los ojos. — Tenemos suerte que en esta isla no se vea mucha gente, sería incómodo realizar la tortura en público. Jeje. — Comenzó a caminar con la esperanza de que la seguirían. — Estamos en la búsqueda de un criminal que se hace llamar  Glatus "piel azul", creemos que está en Ohara. Ellos nos han confirmado que efectivamente, aquí tiene propiedades, así que en algún momento vendrá. — Hizo una pequeña pausa. — Eso cambia la misión. Ahora solo debemos instalarnos cerca de un lugar próximo a los locales del individuo y esperar. ¿Verdad Daryl? — Cuando acababa de hablar, sonreír tétricamente. —  Por cierto. — Se colocó entre Daryl y Alzeid. — ¿Qué querías decir con que nuestras almas resuenan? — Le miró fijamente. — Lo que la gente suele ver en mis ojos es algo muy diferente a lo que tú has visto. —  Cuanto más centraba la vista en alguien, las pupilas de Irina daban la sensación de ir variando en tamaño, aumentando la estética de sus ojos.


karmas
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#12
Daryl e Irina. Esos eran los nombres de las personas que trabajaban, como Alzeid, para el Cipher Pol. Parecían personas interesantes a los ojos de Alzeid, aunque todavía tenía que conocerlas mucho más a fondo para poder confirmar esta posibilidad. – Es un placer conoceros. – Contestó con una sonrisa, mientras mantenía agarrado a aquel civil con su mano izquierda. Irina no parecía una persona muy habladora, quizá porque necesitase tener algún vínculo previo, o quizá porque era igual que Alzeid si éste no tuviese una fachada las veinticuatro horas del día. Pero la situación se estaba poniendo, por fin, muy interesante.  – Nos lo vamos a pasar muy bien a partir de ahora todos juntos. – Continuó con su respuesta, acercando su cara al rostro del hombre que tenía sujeto. – ¿Verdad? – Sonrió. El civil parecía ciertamente asustado y no estaba oponiendo ninguna resistencia, como era de esperar. ¿Quién querría hacerlo en una situación así? Pero no nos engañemos. A Alzeid no le gustaba este sentimiento de superioridad y no lo buscaba. Lo que él buscaba trascendía más allá de lo meramente corporal. Quería conocer cómo eran las personas y, para eso, era necesario abrirlas. Lanzó hacia la pared al civil y con la mano derecha desenfundó su katana, realizando un tajo vertical que partiría en dos mitades la sudadera de su objetivo, dejando su torso completamente expuestos. – Veamos qué podemos encontrar por aquí... – Lamió el filo de la espada justo antes de volver a enfundarla. Y, rápidamente, se agachó para situarse a la misma altura que el civil, colocando su cara contra su pecho, concretamente su oreja izquierda. – Tu alma me dice... que algo guardas, ¿verdad? ¿Qué sabes? – Preguntaba de forma incesante mientras levantaba la cabeza hasta situarla a la misma altura que la del joven. A veces usaba la excusa de que las almas hablaban para validar sus acciones, aunque en realidad él sí que escuchaba una voz. Pero era suya. Era como una reacción que auto-generaba después de leer el contexto.
 
Pero en medio de este interrogatorio, un par de compañeros huyeron del lugar. Crear un alboroto no sería la mejor idea, ¿pero quién le iba a decir algo al Cipher Pol? De cualquier manera, Irina pareció haber obtenido la información que necesitaban para su misión, dejando libre a la persona presa que tenía bajo su tacón. Alzeid hizo lo mismo. Se separó del civil y con su mano derecha le indicó el camino. – Parece que ya tenemos lo que queremos. Aunque tu alma todavía me está llamando, así que duerme con un ojo abierto. – Le guiñó un ojo, mientras el joven huía despavorido de la zona. Su alma era naranja, una de las peores cosas que podía suceder. Y, por fin, Irina comenzó a dirigirse a Alzeid de forma directa. Aparentemente, se mostraba colaborativa, igual que Daryl, con recibir la ayuda del maníaco e incluso le explicó con detalle la misión en la que se encontraban. – Parece mucho más interesante vuestra misión que la que me encomendaron a mí. Así que será un placer poder colaborar. – Tenía una gran sonrisa en el rostro, estaba contento por este nuevo encuentro. – Quizá si encontramos a ese tal Glatus podré ver si tiene algún tipo de vínculo con una supuesta revuelta que unos eruditos quieren hacer con el gobierno mundial. – Bostezó. – Qué aburrido me parece. ¿Por qué se iban a juntar un par de ancianos a organizar una ofensiva contra el gobierno cuando les quedarán cinco años de vida? – De encontrarlos, seguramente esos cinco años se volverían segundos. – Un señor me ha dejado una casa cerca de una expedición que está ubicada en el árbol central. Si os apetece, os puedo invitar a esa mansión. – En realidad, había engatusado al señor para que le dejase su hogar de forma temporal. Cuando cayó en las redes de Alzeid, ya era demasiado tarde.
 
Pero a Irina también pareció interesarle algo de lo que Alzeid había dicho. Que sus almas resuenan... – Ciertamente, así lo creo. Me encantan las almas y creo que los cuerpos son sólo vasijas que las encierran. Cuando hay grietas... las almas gritan, piden ayuda... o sonríen. La tuya y la mía sonríen, encerradas en una penumbra. A veces parece incluso que danzan, como cuando lanzaste ese taconazo. – Comenzó a danzar, dando vueltas sobre sí mismo. Se estaba excitando. Vio en Irina a alguien que podría compartir sus gustos macabros y eso le gustaba. Daryl parecía más reservado, pero acabaría sucumbiendo. – Y ahora tu alma quiere encontrar a Glatus y jugar con él. Está emocionada. – Se volvió a lamer la herida del dedo índice. – Y... las almas no tienen género. – Le guiñó un ojo. En realidad, él se refería a sí mismo como un hombre pero por una cuestión social. Si pensaba sobre ello, no encajaba en los cánones establecidos para su género, por lo que seguramente se clasificara como una persona no binaria. – Las almas de aquellos civiles estaban pidiendo ayuda. Quería salir de esos cuerpos y no las hemos ayudado. Eso significa que no durarán mucho tiempo con vida, ya que las almas siempre buscan una grieta por la que salir cuando no están cómodas. – Sentenció. Por supuesto, Alzeid no “veía” las almas. Pero sí que, como si padeciese sinestesia, asociaba colores a las personas tan pronto las veía. Aquellas con colores alegres eran las almas que buscaban escapar. La de Irina y la suya eran completamente negras. – Eso o... alguien les da la mano para que salgan de allí. Eso hago yo. Salvo almas. – Sonrió de forma macabra.
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#13
La presencia de los tres agentes del gobierno fue lo suficientemente intimidante como para los civiles comenzaran a cantar como pajaritos. Irina dejó marchar a su víctima, así que Daryl hizo lo mismo, devolviendo la espada a su espalda, dejándoles vía libre para que echaran a correr. Cosa que no tardaron nada en hacer. Al parecer, el hombre que buscaban se escondía por el puerto, dentro de locales que había comprado y haciendo llegar allí la mercancía. Era bastante más de lo que Daryl se esperaba conseguir esa jornada, tenían una pista bastante sólida sobre la que trabajar. Alzeid tardó un poco más en soltar a su presa... le había rajado la sudadera con su katana y apretado su oreja contra el pecho del pescador, como si intentara escuchar el latido de su corazón. Daryl instintívamente dio un paso hacia atrás. Le incomodaba las licencias que Alzeid se tomaba con el contacto físico constantemente. No sabía las intenciones del agente detrás de ello, ni sus motivaciones, pero prefería claramente quedarse al margen de lo que sea que fuera eso. Incluso sintió una gota de sudor frío deslizarse por su sien. Sin embargo, poco después le dejo marchar también. Daryl giró su rostro un poco, observando como el civil corría despavorido con su recuperada libertad. Pero rápidamente volvió a centrar su atención hacia sus compañeros.

Irina comenzó a caminar, tranquila y despacio mientras compartía los detalles de la misión con Alzeid. Daryl la siguió mientras aprovechaba el momento para respirar hondo. No podía dejar que se notase su nerviosismo. Era leve, solo se había manifestado en una sudoración breve, pero no podía permitir que sus manías traspasasen la barrera de lo físico. Escuchó su nombre, en forma de interrogación. Irina le había preguntado algo pero no se había enterado de nada de lo que había dicho. — Sí, sí. — Dijo sin más. Pero aquello fue una llamada de atención. Finalmente organizó su mente y volvió a centrarse en la conversación, buscando agarrarse al hilo de lo que estaban hablando y seguirles la corriente.

La cosa es que al parecer Alzeid también estaba allí en una misión, pero Daryl se enteró de cual, lo que si captó fue su repentina invitación a una mansión, que al parecer le había dejado un pueblerino. Solo que la invitación pareció pasar un poco de largo, porque enseguida se pusieron los dos a hablar no se qué de unas almas, que si bailaban, que si hablaban... Aquella conversación tan esotérica era como un somnífero para él. Los temas místicos no le llamaban en absoluto. Debajo de todas esas palabras, sacó la conclusión de que eso de que las almas querían salir de sus cuerpos y él las ayudaba, era nada más que una excusa que se ponía a sí mismo para justificar hacerle daño a los demás. Sí, Daryl había pasado por algo parecido. Seguía pasándole muchas veces, de hecho. — Si queréis ir los dos a la mansión, a relajaros y a hablar de almas de colores, adelante. Yo voy al puerto a acabar con ese tío. — Si por algo era apreciado dentro del Cipher Pol, era por ser eficiente. Y había trabajado muchos años en solitario, no le importaba hacerlo una vez más.
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#14
Alzeid era especial, quizás demasiado. Su conversación, la forma en que se movía, sus intenciones, no parecía agente del gobierno, aunque Irina y en ocasiones Daryl, tampoco. Uno debía buscar la línea exacta en la que poder manifestar su personalidad, de tener alguna, sin rebasarla, de lo contrario la criminalidad llamaría a la puerta. Irina no movió ni un solo centímetro su rostro, seguía sonriente, aunque se iba apagando esa expresión. — Yo no creo en las almas. Me fío más de la sangre y la verdad. — Respondió, honesta, como siempre. — No podría confirmar si lo que me dices es verdad o no, hay veces que uno siente una conexión especial con alguien, Daryl la sintió conmigo. Puedo entender ese punto de vista, agente Alzeid. — Siguieron caminando. Poco a poco se iban alejando de la ciudad, tomando, por efecto, el sendero hacia el puerto. Irina no daba puntada sin hilo. — Me temo que rechazaremos la invitación, pero después de completar esta misión, aceptaremos con gusto. los dos. — Siempre hablaba por Daryl, daba igual el contexto o que su compañero dijera otra cosa.

[align=justify]A juego con el cuervo que cayó en picado para colocarse de nuevo en su hombro derecho, Irina comenzó a caminar a un paso más acelerado hacia el destino indicado. — No seré yo quien juzgue tus métodos, pero no mate a ningún civil en mi presencia, agente Alzeid. O tendré que detenerlo, muy a mi pesar. — Extendió su tétrica sonrisa, enfocando directamente a los ojos de su desequilibrado compañero. Entre locos uno podía entenderse, entre psicópatas pocos comunes, quizás no tanto. — Por cierto, no tomes muy en serio a Daryl, a veces cree que sabe lo que dice, pero no es así. —  Miró a su "amigo". — Yo no hablo de almas de colores. — Si las miradas mataran. — Los hombres tienden a intentar rebasar su estupidez a menudo, debes comprender lo que se siente. — Dijo a Alzeid. Si bien era un poco andrógeno, no era muy disparatado afirmar que parecía un varón, por lo tanto entendería bien como se siente lo de ser un ente despreciable solo por nacer con determinado lineamiento.
 
— Si mi información es correcta, hay un barco de carga que llegará en diez minutos al puerto. Debemos estar allí para entonces. —  Confirmó. —  Vamos. —  Empezó a correr.

karmas
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#15
Pareciera que la actitud de Alzeid estuviese causando problemas en aquel entorno. O eso percibía. A sus ojos, Daryl se mostraba ciertamente preocupado y distante por su actitud, aunque no sabía discernir cuál era el motivo detrás de esto. ¿Acaso su compañera no compartía la misma psicopatía que Alzeid? ¿O era otra cosa lo que le molestaba? Tampoco parecía importarle la conversación que mantenían, ignorándola por completo o asintiendo sin estar escuchando realmente. "Sí, sí" era siempre una respuesta muy comodín y su actitud de 'pasotismo' no ayudaba a creer lo contrario. Pero lo que más llamó la atención de Alzeid era el escepticismo y el nihilismo con el que trataban ambos las almas. Uno ignorándolas y otra expresando abiertamente su no creencia. - No, no. ¡Pero cómo puede ser esto! - Expresó mientras se puso ambas manos en la cabeza. - ¡Las almas...! - Mantenía un tono de voz normal, invariable, aunque sus expresiones pudiesen indicar lo contrario. - Alma, del latín anima, aer... Respirar, vida... ¡Todo está unido! - Comenzaba un discurso que nadie querría aguantar. - Son lo que nos motivan. Con lo que hablamos. Las almas conectan entre sí sin nosotros darnos cuenta. Es como cuando estás perdida, en medio de la noche, y ves una luz... vas hacia ella. ¡Vas! Porque quieres ver qué hay allí. - Estaba excitándose. - No lo decides tú. Es un impulso. Es tu alma. Ahora mismo tu alma... quiere completar la misión. Y eso vas a hacer... - Se adelantó unos pasos más del grupo. - ¿Verdad? - Preguntó, con una sonrisa en su rostro. - Mi alma me dice... - Miró a Daryl. - Que yo también tengo que acabar esta misión. Si no... me romperá por dentro. - Se mordió el labio, para después darse la vuelta y continuar con el paso. Sangró un poco después de la mordida, pero le pasó el dedo y lo lamió un par de segundos. 
 
Pero no sólo eso le había llamado la atención. Varias cosas lo habían hecho, pero se había excitado demasiado hablando sobre las almas. Era algo que no podía evitar por mucho que quisiera. Entre todo eso, Irina también pareció haberle dado un mensaje que bien podría ser entendido como amenaza. - No se confunda, señora agente. - Lo de agente no le había gustado. Al fin y al cabo, él nunca se había sentido como tal. Era Cipher Pol casi por obligación de su familia... aunque ésta ya no exista. Puso las manos cruzadas detrás de su cabeza, como sujetándola. Continuó caminando, sin parar. - Nunca he matado a nadie. No se me ocurriría hacerlo. Las almas son demasiado importantes para mí, como sabe. - Expresó sonriendo. Claramente, no era verdad. ¿Pero quién dijo que había que decirla? Aunque, siendo honestos, el acto de 'matar' tal y como es entendido socialmente no es el mismo que emplea Alzeid. Para él 'matar' supone destruir el alma de una persona, y considera que él no tiene tal poder. Que sólo las puede liberar. Destrozar el cuerpo de una persona hasta que deje de respirar no es matar. Para él, eso es liberar un alma que pide auxilio a gritos. - Pero tampoco entiendo lo de los hombres. - Bostezó, abriendo ambos brazos. - Afortunadamente no soy uno de ellos. - Dio la vuelta y le guiñó un ojo a Irina.  
 
En ese momento, ella había balbuceado algo, pero Alzeid no fue capaz de distinguirlo. ¿Algo sobre un barco, podría ser? El caso es que Irina comenzó a correr. - Correr con esos tacones... Yo no podría. - Estaba un poco impactado y, para cuando se dio cuenta, Irina se había separado demasiado. - ¡Espera...! - Exclamó, pero sin elevar la voz. Comenzó a correr tanto como pudo, con una sonrisa bastante tenebrosa en su rostro. - Esta persona... ¿estará pensando en ir a cazar? - La emoción no cabía en él.
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#16
A veces le daban ganas de replicar cuando Irina hablaba por él. Primero, que si él había sentido una conexión especial con ella o no se qué tontería. Siempre estaba diciendo cosas así. Aunque tenía parte de razón, pues a ella le permitía cosas que no permitía a ninguna otra persona... a veces lo pensaba, no entendía muy bien por qué le ocurría eso. Quizás era porque ya se había acostumbrado a ella, o quizás era por la honestidad de la muchacha. Era en parte un rasgo reconfortante que Irina tenía, a pesar de no estar muy bien de la cabeza, sabías que no era una persona mentirosa ni con intenciones ocultas. Además respetaba sus límites físicos, y eso Daryl era algo que apreciaba mucho. Aunque debía de tratarse de algo mutuo, ¿no? Sino Irina, conociéndola, ya habría rechazado de sobra seguir siendo su compañera. En fin. También aceptó la invitación a la mansión en su nombre. Pero había dicho que lo harían al terminar la misión. La verdad es que eso era lo único que a Daryl le importaba, si después Irina quería ir a degustar los placeres de los ricos, le era indiferente.

Apretaron el paso. Menos mal, porque un paso de Daryl era como cinco pasos de Irina y Alzeid, así que iba bastante más lento que los otros dos, pues abarcaba más espacio. Mientras andaban, Alzeid enfatizaba en sus sentimientos por las almas. Parecía que la indiferencia de ambos había hecho mella en la filosofía del hombre pálido. La verdad es que... quién sabe, igual tenía parte de razón, igual alma y cuerpo actuaban por separado, igual el alma era lo que te impulsaba a seguir tu deseos... ¿el alma era la voluntad? Daryl no solía pensar en cosas tan profundas, simplemente de escuchar aquellas teorias sentía que se le iba a derretir el cerebro. — Completaremos la misión, así todas nuestras almas estarán contentas. — Había cierto tono de sarcasmo en su voz, pero siempre era tan serio que costaba un poco distinguirlo.

Las siguientes palabras de Irina le sorprendieron un poco, lo que hizo que la mirase de reojo, a su derecha. Instaba a Alzeid a reprimir sus ansias más asesinas y crudas con una sutil amenaza, ¿desde cuando a la pelirroja le importaban tanto los civiles? Era cierto que a veces, con aquellas personalidad, la línea de trabajar para el gobierno y volverte un criminal era muy fina y borrosa. Pero no se esperaba que le diese tanta importancia. Entonces sus miradas se cruzaron, aquellos extrañísimos ojos amarillos se le clavaron con dureza, no le había gustado lo que había dicho Daryl... quizás si no hubiese recibido esa mirada ya más de una, dos y tres veces, se incomodaría, pero ya estaba algo acostumbrado. Otra vez salió con el discurso de que los hombres son lo peor, no se qué. — Menos mal que todas las mujeres no son igual de pesadas que tú. — Realmente a Daryl le importaba bien poco la opinión que a Irina le merecieran los hombres. En parte, el moreno coincidía con ella, pues todos sus monstruos siempre habían sido hombres. Pero la verdad es que era un poco pesada, esa Irina. Entonces salió corriendo.

Alzeid empezó a correr también. Según la información de su compañera, aún contaban con diez minutos de tiempo antes de que llegara el barco de mercancía. El pueblo era pequeño, seguro que podían llegar a tiempo sin necesidad de aquella carrera. No le gustaba mucho correr, pero bueno, imitó a sus compañeros y comenzó a seguirles hacia el puerto.
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#17
Día setenta y nueve. Nueve de la mañana. Hace un sol intenso.

Han pasado dos días desde que Irina y Daryl se juntaran con Alzeid. Una vez llegados al puerto, terminaron por alquilar un par de habitaciones que Irina pagó de su propio bolsillo, era su misión, bueno y la de Daryl también, aunque la del hombretón siempre era la que tenía Irina, inseparables. Por otro lado estaba el nuevo agente, qué menos que pagarle una habitación. Para que el querido lector no se vuelva loco, Daryl durmió en el suelo, mientras que Irina lo hizo en la cama con la mayoría de lujos a su alcance, que iba de una manta calentita y poco más. Por la conversación que tuvieron la noche anterior, Irina propuso que se vieran en el local de debajo del hostal, donde había un bar que abría a una temprana hora.

Allí estaba Irina, vestida con una holgada camisa blanquecina, pantalón muy corto, también blanco, sandalias azules y una pamela increíblemente excéntrica, pero que podría encajar con la de cualquier turista. Tenían que pasar desapercibidos. Estaba tomándose un té con aroma a nueces. En la mesa dos platos con tostadas recién sacadas de la plancha, aguacate, aceite de oliva y un toque de sangre fresca. Sí, sangre. ¿Que de donde la sacaba? era una gran pregunta. La Volkov solía llevar pequeños frascos con diversos tipos de sangre para aderezar sus comidas.  Juntaba el líquido carmesí con diversas especias para poder tragar la sangre en público sin llamar la atención de algún curioso.


Mordisco.  — La de adolescentes es la mejor. —  Susurró para sí misma.
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#18
Personaje



Al amanecer, Ikirami dejó la calidez de su habitación en la posada de Engan y bajó las escaleras crujientes hacia el local que prometía un desayuno capaz de saciar el hambre acumulado de una noche inquieta. Vestida con un atuendo casual totalmente negro, con su cabello rojo recogido y la camisa negra levemente desabotonada dejando entrever sus dos buenas cualidades, lo justo para dar un aire de relajada confianza. Llevaba consigo una bolsa en la que llevaba su libreta, placa identificativa y un catalejo.

El local era un hervidero de aromas matutinos y el murmullo de los primeros comensales. Ikirami eligió una mesa apartada, con vista a la entrada, y pronto le sirvieron un plato humeante de congee. Era un plato sencillo pero reconfortante, hecho de arroz muy cocido con caldo. Sacó su bote de sriracha, que la esperaba listo para despertar sus sentidos con esa explosión de picante que tanto le gustaba.

Mientras agitaba el bote de sriracha sobre su desayuno, no pudo evitar notar a la mujer de una de las mesas. Vestida de blanco, con una pamela que parecía competir con el sol matutino en extravagancia. Lo que más le llamaba la atención, sin embargo, eran sus ojos: el iris amarillo brillante con un patrón circular que no se parecía a nada que Ikirami hubiera visto antes.

Ikirami observó con disimulo cómo la mujer también sazonaba su comida con una salsa roja, pero no con sriracha. "¿Será también fan del picante?", pensó mientras intentaba ver qué tipo de salsa era, pero no le encajaba con ninguna que conociera, y ella era toda una experta en salsas picantes. Tampoco era algo con base de tomate, la consistencia era más como... ¿sangre? Curioso, pero era algo que, por alguna razón desconocida, no le repugnaba a Ikirami, sino que le intrigaba.

A pesar de la curiosidad que le despertaba la enigmática mujer, Ikirami no estaba en Ohara para entrometerse en los asuntos de extraños, por muy llamativos que fueran. Siguió comiendo su congee, permitiendo que el picante de su sriracha la mantuviera centrada, aunque de reojo seguía captando cada gesto de la mujer, preguntándose cuál sería su historia y si sus caminos se cruzarían más allá de este encuentro en un local al amanecer.

Invasión


Karmas
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#19
Todas las propuestas de Alzeid cayeron en saco roto, ya que ninguna fue aceptada. Pero daba igual, porque estaba siendo extremadamente feliz con aquella situación. Llevaba un par de días perdido en Ohara, solo, utilizando la compañía de civiles del pueblo de Ohara, y encontrar a otros miembros del Cipher Pol tan atractivos como este dúo le había subido el ánimo (y alguna otra emoción). Fue consciente cuando comenzaron a correr, esa imagen de tres personas apurando su paso para comenzar una cacería era algo que le estaba fascinando. Aunque finalmente todo quedó en nada, porque ese día nada había sucedido. Ningún barco pareció llegar al puerto y mucho menos el que el grupo estaba esperando. Pero Irina tuvo una muy buena iniciativa: alquilar una habitación para Alzeid cerca del puerto. Aunque separados. - Aw, con lo bien que podríamos dormir las tres... juntitas, juntitas. Nuestras almas rozándose... ¡de emoción! - No le había gustado que lo separasen, pero era lo que había. Tarde o temprano, acabarían sucumbiendo a sus encantos y a sus manías. Por lo de ahora, tanto Irina como Daryl se habían despedido, proponiendo quedar a la mañana siguiente para continuar con la misión. Pero Alzeid no quería ir a dormir. - Perfecto, nos veremos mañana entonces para desayunar juntos, queridos compañeros. - Tenía una gran sonrisa en el rostro. Alzó la mano para despedirse y desapareció de su lado. La noche era demasiado joven para él, así que se coló en alguna que otra taberna para tomar un par de zumos. - ¿No te apetece un chupito, bonita? - Un hombre, joven y bastante corpulento, aunque con un pelo de color rosa bastante pasado de moda, se acercó a Alzeid. Supuso que su género era femenino, pero no le importó. Alzeid continuó con lo que aquel sujeto había comenzado. - Si tú me invitas, me tomo dos. - Para cuando respondió, el joven ya había pedido un par de chupitos. Lo que vino después sólo lo saben ellos. La cuestión es que Alzeid no durmió en la habitación que habían alquilado para él, sino que había pasado la noche con aquel joven y con sus compañeros de piso, que se quedaron enamorados de la katana de Alzeid. Tuvo el instinto de comprobar a qué sabían sus almas, pero vio un outfit colgado en la puerta del armario que le llamó la atención. - ¿Y esto? - Preguntó interesado, mientras lo toqueteaba. - Es de mi novia. Puedes llevártelo, porque la voy a dejar después de lo de hoy. - A Alzeid le había dado igual, porque para cuando aquel chico había acabado de hablar, Alzeid ya lo tenía puesto y ya había guardado su ropa en una mochila negra que había robado de la habitación. Le quedaba verdaderamente genial. Agarró su katana y abandonó aquel lugar, no sin antes decir... - Sois unos afortunados. Vuestras almas me han conocido y siguen aquí. - Guiño un ojo y se fue. - ¿Me podría quedar mejor? - Esta situación era rara porque, por primera vez, el día no había acabado con ninguna muerte. Pero es que Alzeid estaba enormemente satisfecho y contento con su nueva vestimenta, que realzaba todavía más su androginia,a así que ignoró por completo las vidas de aquellos seres que dejaba atrás. Y comenzó a caminar hacia el bar en el que había quedado. 
 
 
Abrió la puerta del bar y allí estaba Irina. La verdad es que le pegaba eso de ser la más madrugadora y responsable, a pesar de tener una apariencia de maníaca. - Buenos días, querida compañera. - Dijo con cierta sorna para después sentarse frente a ella, recogiendo la parte inferior del vestido con cuidado para no pisarlo. - ¿Te gusta mi outfit para continuar con la cacería? - Alzó la mano para pedir un zumo de naranja, un café solo y una pieza de fruta. - ¿Qué estás comiendo? ¿Es eso... alma? - En una clara alusión por la sustancia roja que cubría las tostadas. Sabía que Irina le entendería. - Tienes buen gusto, Irina. Mañana me pedirá unas. - Sonrió mientras se mordía el labio y se separó de la mesa, pues le estaban sirviendo lo que había ordenado. Aprovechó para ajustar bien sus coletas y colocarlas encima de su hombro derecho. Aquel vestido sacaba a relucir toda su belleza y dejaba a la luz todas las cicatrices que recorrían y cubrían su cuerpo. De arriba, abajo. - ¿No está Daryl? - Mencionó, con cierto tono de coqueteo mientras se colocaba en el asiento. Parecía otra persona. Pero así era él, no tenía términos medio. O un lunático de las almas o una belleza imparable. 
 
El lugar parecía tranquilo. No había mucha gente. Un par de hombres todavía ebrios en la barra, un joven desayunando con cientos de papeles en la mesa y una muchacha, sola, bastante interesante. Y, como podéis observar... Alzeid se había olvidado por completo de su misión.
 
Karmas
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#20
Tocaba hacer trabajo de campo. Con la información en la mano de que lo que debían buscar se encontraba en el puerto, solo debían instalarse cerca y esperar a que Glatus hiciera algún movimiento en falso, algo que delatara su ubicación final. Entonces, el trío de agentes del CP se abalanzarían sobre él como hienas a la carne fresca. Optaron por hospedarse en un hostal para pasar el tiempo cómodamente. Irina alquiló dos habitaciones, en aquel mismo momento, Daryl arqueó una ceja, ¿cómo que dos? ¿Qué estaba tramando esa pequeña maníaca?

Pues sí, Daryl tuvo sus motivos para sospechar, porque Irina había hecho ese movimiento a propósito para que ambos acabaran en la misma habitación. Lo malo es que la habitación solo constaba de una cama. Lo malo, también, es que Daryl no soportaba en contacto físico, por lo que ninguno de los dos querían dormir juntos. El caso es que al final la cama se la quedó Irina. ¿Y Daryl? Pues él prácticamente ni durmió. La mayor parte de la noche se la pasó en un bar que quedaba al lado, matando las horas a base de jarras bien frías de cerveza. Notó como Alzeid también se pasó por allí, y cómo salió acompañado de otro hombre. Aquello le deprimió un poco, así que continuó bebiendo hasta que a las cinco de la mañana se volvió a la habitación del hostal.

Ahí estaba Irina, durmiendo plácidamente en su ancha cama y con sus suaves mantas. Daryl la miró. Casi parecía un angelito, inofensiva. Su mera visión le calmó un poco por dentro, sintió como si la tranquilidad que ella sentía en ese momento se traspasara a su propio cuerpo solo con observarla. Dejó la espada apoyada contra una de las paredes, se quitó las botas y... se acercó un poco a ella. Se inclinó en el suelo frente a la pelirroja, que dormía de lado, justo hacia el lado externo de la cama, por lo que si por lo que sea, se despertaba y abría los ojos, lo primero que vería sería a él. Pero eso no ocurrió. Daryl se quedó frente a ella unos minutos, antes de extender su mano hacia su rostro dormido. Muy lentamente, como si se moviera a cámara lenta, aproximó sus dedos en dirección a la mejilla sonrojada de la agente... ¿y si la tocara? Pero simplemente ante esa idea, empezó a ponerse tremendamente nervioso. Una gota de sudor recorrió su frente, vio como sus dedos habían empezado a temblar notablemente y su respiración comenzó a agitarse. "Has bebido demasiado", pensó para sus adentros. No, no estaba preparado. Se deshizo de la idea rápidamente, volvió a alejarse de ella, apoyando su espalda contra la pared más cercana a la puerta. Se envolvió en su propia capa para abrigarse, e inclinando su cabeza contra la esquina de la habitación, pudo dormir unas pocas horas.

A la mañana siguiente...

Se despertó y estaba solo en la habitación. El sol le daba en la cara, así que no pudo obviarlo mucho tiempo más, obligándole a ponerse en pie. Por un momento pensó en echarse él en la cama, aprovechando que estaba vacía, pero ahí había estado Irina... no se encontraba lo suficientemente cómodo como para echarse encima. Recogió sus cosas, se dio una ducha y bajó las escaleras del hostal hasta la zona común, donde habían quedado anteriormente para desayunar.

Sus ojos localizaron rápidamente a Irina y Alzeid, eran tan llamativos que era imposible no diferenciarlos al primer vistazo. Recorrió el resto del local con la mirada, por mera curiosidad. Era todo muy normal, aunque la presencia de otra pelirroja llamó su atención. Era muy guapa, mucho más guapa de lo que era común encontrarse en aquella isla, y que estuviera completamente sola era también algo extraño. Miró a Irina, luego a la pelirroja solitaria, luego a Irina de nuevo... se parecían un poco. Que tontería, seguro que aquella mujer era normal, no una psicópata como su compañera. Le pidió un café solo a la camarera y fue a sentarse con su grupo, haciéndose con la única silla que quedaba vacía. — ¿Qué tal? — Mencionó al sentarse, como un saludo. El café no tardó en llegarle, la verdad es que le hacía falta, porque había dormido como la mierda. Y se sintió terriblemente corriente al ver cómo vestían sus dos compañeras. Irina completamente de blanco, y Alzeid de negro; la primera, con unos pantalones cortos como nunca le había visto ponerse antes y una llamativa pamela, y el segundo con un vestido muy femenino y favorecedor. — ¿Hay un desfile de moda o algo hoy, qué hacéis vistiendo así? — Sonrió un poco, le hacía algo de gracia ver que se habían arreglado tanto, mientras él vestía de negro, como siempre, con su capa negra de siempre. Le dio un sorbo al café caliente, era reconfortante.
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