PA: La vacuna y la enfermedad | Aventura T2: Aria Aster
#11
Nuestra aventurera estaba salvando por los pelos. Su agilidad tomó por sorpresa a el ogro ya que no es lo normal que alguien que se centrara en disparar pudiera moverse con suficiente agilidad. La cara del líder pasó a estar muy sorprendida y a su vez enojada. Luchar contra una mujer no era problema, pero que le rechazara a él, a el líder, al último hombre verde en pie. Su orgullo quedó herido, terrible, su semblante cambió al de alguien agresivo. 

La gatillo alegre puso el cañón sobre él y tras el fuerte ruido de la detonación. El hombre se quedó con una mirada sostenida. Tras haber sido disparado por aquella mujer. Aquel calor en su abdomen que duró un instante y luego sintió como el calor salía de su cuerpo.

Impactado, herido, ya no solo emocionalmente, ahora físicamente, sus palabras dejaron un hueco en su corazón, sus detonaciones casi dejan un hueco sobre sus intestinos. Cuando se ees rechazo por el amor de su vida no queda de otra más que rendirse. 

Pero las detonacio no solo hirieron al líder de la banda enfermedad. Fueron muchos disparos los que ella dió. Eso atrajo a otras personas. Personas  fuertes, musculosos, que llevan kimonos de artes marciales. 

—wai wai wait. Y esos dihparo. Eto que e’— Una voz grabe, pero con un notorio ascento caribeño como de alguien que viene de batería. — Aquí ehte poco e muelto. — Todo un grupo de artistas marciales hicieron presente en la zona. Acompañados de un niño pequeño que hace poco había sido salvado por nuestra protagonista. 

—Es ese señor. Es Ase de la banda enfermedad. El nos estaba atacando, pero la señorita de pelo azul me salvó. — Dijo el niño, mientras señalaba a su evidente agresor. Los hombres comenzaron a hacer posturas de Kung Fu, Karate, Taekwondo, era evidente que iban a atacar al hombre verde. 

En ese momento Ase sintió el verdadero terror. Sin su banda, sin su mujer, sin futuro no le quedó que lanzarse al vacío una vez que ellos llegaron. Esperando la muerte. Muerte que no llego pues no era un techo tan alto y lo que hizo fue entregarse a que esos hombres musculosos le dieron a una tremenda paliza. 

El pequeño niño vio a su salvadora y subió hasta donde estaba ella. No fue algo sencillo, en absoluto, hizo todo su esfuerzo para llegar hasta ella.  — Gracias onee-san. Me salvaste la vida. Después de que me rescate fui por ayuda, me daba miedo que te pasará algo.— El muchacho fue muy agradecido con ella. Tanto es que hasta el dió un abrazo casi con lágrimas en los ojos y con mocos saliendo de su nariz.

— Yii-io tenía mucho miedo que le pasará algo a la one-san. Gracias por salvarnos a todos. — Sr abrazo más fuerte de ella sabiendo que todo lo malo ya había pasado y que ahora todo volvería a la senda de la paz.

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#12
Aria no dejó de apuntar al criminal, estaba preparada para cualquier otro ataque. Sin embargo, tras sus palabras, el ogro pareció completamente abatido. Su confusión no hizo más que crecer cuando unas personas, fuertes y vestidas con kimonos, llegaron para aparentemente apaciguar la situación. No esperaba que sus palabras le dolieran al ogro, y tampoco esperaba que realmente llegara ayuda. Miró directamente al bandido una vez más. — Te lo dije. — Dijo con falsa confianza. Para su sorpresa, el farol con el que había intentado ahuyentar a los bandidos había terminado cumpliéndose. No dejó de apuntar al ogro por el momento, pues aun estaba un poco preocupada por lo que pudiera hacer. Aún podía reaccionar de forma agresiva. A veces los animales son más peligrosos cuando están acorralados. Le recordó la situación a aquella vez que tuvo que enfrentarse a un lobo…

Sin embargo, la respuesta del ogro fue tirarse del tejado. Resultó un poco penoso, pues todo lo que consiguió fue dejarse en bandeja de plata para la autoridad. — Qué idiota indecente. — Pensó con la pistola aún cerca de sí misma. La culpa estaba volviendo poco a poco, también el cansancio, y el olor de la sangre no lo mejoraba. Sintió sus propios hombros tensos, pero no se permitió bajarlos. Pese a que todo había pasado, aún se sentía en peligro. La culpa no ayudaba. Había matado a muchas personas, ¿verdad? Sintió un escalofrío por el pensamiento y acercó un poco más la pistola a su pecho. La seguridad que Luna, en un momento de adrenalina, le había otorgado se había desvanecido casi por completo y ahora se había quedado sola junto a sus temores. Pero no podía derrumbarse, no en ese momento ni en ese lugar.

Entonces, notó al niño que iba junto a los tipos fuertes, era el niño al que había salvado y la razón por la que ella se había visto involucrada en primer lugar. Fijó su atención por completo en él, pues no quería seguir dandole vueltas por el momento. El niño subió al tejado y se abrazó a ella. Aria bajó tanto la pistola como su guardia al instante, finalmente sintió sus hombros hundirse y la culpa remitió un poco. Ayudaba pensar que no había simplemente “matado a personas”, sino “salvado a inocentes”. Guardó su pistola y devolvió el abrazo al niño. — Todo se ha solucionado gracias a ti. — Dijo con una sonrisa mientras acariciaba la espalda del niño en un intento de calmarlo. No se sentiría cómoda aceptando las gracias del niño, pues estas estarían mezcladas con la sangre que había derramado. Eran criminales, pero seguían siendo personas a las que seguramente alguien querría y echaría de menos. Como ella había tenido a Reen y a Luna. Y todo lo que había podido hacer había sido matarlas. Se mantuvo sentada al borde del tejado, con el niño sentado sobre su regazo, tranquilizándolo a él y a sí misma mientras veía a los artistas marciales apalizar al ogro. Se aseguró de que el niño estuviera de espaldas a tales actos de violencia, aunque estaba segura de que lo que había presenciado ese día lo superaría fácilmente.

Una vez la autoridad se llevó al bandido con ellos, Aria bajó del tejado con el niño en brazos. Había terminado quedándose dormido. Sin duda alguna había sido demasiado para un niño tan pequeño. Buscó con la mirada a su madre, aunque fue ella la primera en acercarse con una mirada de preocupación y agradecimiento. Aria le entregó al niño a la madre, y pese a que la invitaron a comer, tuvo que declinar la oferta. — Debo irme, gracias.

Encontró el lugar en el que había ocultado sus cosas y las recuperó. Había decidido no pensar demasiado en lo que había pasado. Aún se sentía culpable, pero tendría que aceptar lo que había pasado y aprender de sus errores para ser mejor en el futuro. No podía rendirse, no todavía. — ¿Estoy haciéndolo bien? — Murmuró alzando la mirada al cielo. Sabía que no obtendría respuesta, ni de Reen ni de Luna. ¿Estarían decepcionados de ella? Temía esa posibilidad. Esta vez, se permitió sacar el reloj de Reen que guardaba en su bolsillo y darle una mirada antes de tener que guardarlo. Era tarde, debía irse.

Escuchó a su espalda unos pasos acercándose a ella. Se dio la vuelta un poco asustada, pero se calmó un poco al ver que eran los luchadores. Tal vez querían interrogarla y todo eso que hacía la autoridad cuando sucedían crímenes. Sin embargo, tenía un lugar al que ir, y ya había perdido más tiempo del que disponía como para perderlo en una investigación, o en un juicio, o lo que fuera que tuvieran en Kárate. Había encontrado una pista de Reen y la seguiría hacía donde la llevara. — ¡Lo siento, tengo prisa! — Se despidió con una sonrisa y se fue corriendo.

Tendría que descansar en el viaje a la siguiente isla.




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