Hace 53 minutos
(Última modificación: Hace 49 minutos por Vixen Ventress.)
El silencio de después siempre olía distinto. Vixen lo sabía por experiencia propia. Se quedó un momento plantada en medio del campo de escombros que había dejado de ser un comedor, con una zanahoria a medio roer entre los dedos, escuchando cómo una botella solitaria rodaba por el suelo hasta chocar contra la pata de una silla muerta. Vixen escuchó la historia del camarero con las orejas completamente quietas, lo cual, en su caso particular, era toda una declaración. Una madre enferma. Un tratamiento caro. Un préstamo. Y luego la letra pequeña: pagar poco a poco, sin problemas, palabra de caballeros... hasta que la palabra se pudre y aparecen diez tipos a cobrarte con intereses.
— Qué mundo de mierda, ¿eh? —masqué para mi, sin dirigirme a nadie en concreto.
No era lástima lo que le apretaba la garganta. Vixen no fabricaba lástima ni para venderla. Era esa otra cosa, esa que le ardía baja en el pecho cada vez que el mundo le recordaba su regla de oro no escrita: los grandes no prestan dinero, prestan cuerdas. Y luego te cobran la caída.
Pero hubo un detalle de todo aquel discurso que sí le encendió una chispa distinta, una chispa de las buenas. El "Jefe". Aiden no hablaba del babuino que ella había estampado contra el pilar. Hablaba de alguien más arriba. Alguien con suficiente gente de sobra como para mandar diez a una taberna de barrio y ni siquiera venir a mirar. La mano de Vixen buscó el bolsillo y encontró el caracol frío del Den Den Mushi. Lo apretó un segundo, pensativa, con una media sonrisa que no le salió graciosa. Salía hambrienta.
—Kishishi... pues mira tú —susurré—. El postre viene con mapa incluido.
Pero primero, las cosas en orden. Porque el olor a estofado empezaba a salir de la cocina, y Vixen tenía una regla personal que solo incumplía los días de marea alta: no se come en un estercolero. Sobre todo cuando el estercolero lleva tu firma en la mitad de los destrozos.
—A ver —anuncié, levantándome del taburete y soltándome el cuello con un crujido—. Antes de que vuelvas con esa olla, jefe, te devuelvo un poco de tu taberna. No toda, ojo, que no hago milagros. Hago lo que puedo.
Y se puso a ello.
Lo primero fue la zona de mesas. Vixen enderezó una que estaba volcada con una sola mano, la sostuvo en el aire mientras con la otra recogía las sillas caídas de alrededor y las apilaba contra la pared, cuatro en columna, con una precisión de mozo de almacén que no le pegaba nada a su cara de sonrisa torcida. Después, el cristal. No había escoba que sobreviviera a la noche, así que la Humink resolvió el problema a su manera: cogió la bandeja de un taburete roto y, con un par de movimientos secos, empezó a arrastrar los vidrios de la barra hasta formar montones ordenados, mientras el camarero trabajaba en la cocina.
—Sí, sí, me inmagino lo que pensáis —dije a los pocos clientes que quedaban—. La coneja recoge. Hacedle una foto, va, que luego no repito.
Dos de los cobradores seguían tirados en medio del pasillo, hechos unos fardos. Vixen los agarró a uno por el cuello de la chaqueta y por el cinturón, los arrastró sin ningún miramiento hasta la puerta y los dejó apilados en la calle, uno junto al otro, con un cuidado que no era tal, sino pura logística.
Volvió adentro, miró el agujero del suelo que la justiciera había dejado junto a la entrada, y lo tapó con la mesa más entera que encontró, encajándola encima como quien pone un parche a un barco que hace agua. Listo.
—De nada, casquito —le grité a Fumi, señalando el parche con el pulgar.
Cuando el camarero regresó con los dos estofados, la taberna seguía siendo un desastre, sí. Pero era un desastre *ordenado*. Cristales en montones, sillas apiladas, basura humana en la acera, mesas donde debían estar las mesas. Vixen se dejó caer en su taburete con un suspiro de trabajo terminado, las mangas arremangadas y una astilla clavada en la palma que ni había notado. La primera cucharada le arrancó un gruñido grave de pura felicidad animal, con los ojos cerrados y las orejas caídas hacia atrás de gusto. La segunda ya fue con ritmo. La tercera, con la cara enterrada en el cuenco.
—Pinga, Aiden —admitió entre cucharada y cucharada, sin levantar la vista—. Cocinas como los dioses.
A mitad del segundo cuenco, se limpió la boca con el dorso de la mano, se levantó y caminó hasta la barra. Golpeó la madera dos veces con el nudillo, seca, como quien llama a una puerta. —Jefe, tenga. El monedero de cuero cayó con un golpe gordo, de esos que suenan a dinero serio. Detrás, el reloj de latón. Y al final, rodando en círculos hasta detenerse junto a la mancha de sangre del mostrador, el anillo de piedra falsa.
—Tuyo. Todo. —Me crucé de brazos antes de que pudiera abrir la boca—. Y corta el "no puedo aceptarlo", que me da urticaria. No es caridad, es aritmética: el estofado, las mesas, el suelo y las botellas salen a esto y pico. Yo rompo, yo pago. Es la única ley que cumplo en este mundo de mierda, así que no me la taches.
Hice una pausa, y por un segundo, solo uno, dejé la burla en el suelo, junto a los cristales. —Y lo que sobre... —añadí, más bajo, encogiéndome de hombros—. Mándaselo a tu madre. Dile que una desconocida con orejas dice que se ponga buena.
Le dio dos palmadas en la barra, cerrando el asunto a su manera, sin dejar hueco a los agradecimientos, que le daban más vergüenza que un puñetazo. Se guardó la petaca y el caracol, eso sí. Lo del caracol no era negociable: eso no era dinero, era una promesa.
Con el cuenco vacío y el estómago en paz, por fin se giró hacia la muchacha del casco. Estaba por allí, en medio del desastre medio ordenado, con su visor y su estampa de heroína de cartel. Vixen se quedó mirándola un buen rato, con la paciencia tranquila de quien ya ha decidido algo, y al final se acercó, se apoyó en el taburete roto de siempre y dejó que su sombra la cubriera entera, de arriba abajo.
—Centella —dije, saboreando el nombre despacio—. Ya lo pronuncio bien y todo. Aprendo rápido cuando el profesorado es de mi gusto. —Le alargué la petaca abierta, sosteniéndola en el aire entre las dos, con una sonrisa de lado—. Un trago, justiciera. Lo has ganado. Y no, no es veneno, que si te morías me quedaba sin plan para mañana.

Me acerqué un poco más hacia su oído, lo justo para que solo me oyera ella.
—Te cuento un secreto, nena: ese "Jefe" del que hablaba el de los guantes no se va a quedar contento cuando se entere de que sus diez muchachos acaban de dormir en la acera. Va a mandar más. Y a mí, mira qué casualidad, me ha caído un caracol con su número en el bolsillo. —Di unos golpecitos al bolsillo, sin sacarlo—. Yo pienso ir a presentarle mis respetos. Cobrarle el estofado con intereses, por decirlo fino. Y he pensado que las collejas absolutas y las patadas de conejo hacen buena pareja. Cinco y cinco la primera noche. Yo, en tu lugar, tendría picor.
Le guiñó un ojo, se enderezó y se alejó hacia la entrada sin esperar respuesta, porque las mejores preguntas son las que se dejan colgadas en el aire, curándose como heridas. Vixen se detuvo un momento junto a la puerta y echó un último vistazo al local. La Sombra del Ancla, herida pero en pie. Había sido una noche de lo más interesante, y no negaría que se llevaba unas cuantas caras bonitas para el recuerdo. Aunque, pensándolo bien, lo que de verdad necesitaba ahora mismo era un buen baño caliente para quitarse el olor a taberna y alcohol, y caer rendida en una cama blanda durante horas.

Y salí a la noche
La calle olía a mar, a farolas fundiéndose y a borrachos cantando mal. La luna estaba alta y limpia, y el caracol dormía en mi puño, pesando poco para lo mucho que prometía. Mordí una zanahoria, me subí el cuello del traje y eché a andar hacia los tejados con las manos en los bolsillos y la cola meneándose, tranquila, satisfecha, sin ninguna prisa.
—Vamos a ver si el pez gordo grita bonito por teléfono... —murmuré a la noche, con media sonrisa—. Kishishi. Esta noche ha estado de puta madre. Y la oscuridad del puerto me tragó entera, como si también ella supiera que aquello no había sido un final.
Había sido solo el primer plato.
Bolsillo Táctico
![[Imagen: HC5Abkg.png]](https://imgur.com/HC5Abkg.png)
