¿Dónde estas Barto? P.R.
#11
El den den mushi bebé desapareció de sus manos tan rápido como llegó y es que parecía que su iguana favorita había despertado del letargo en el que estaba y decidía unirse a la bola de pedidos que estaban haciendo, eso cortesía de Merlot.
 
—Oe, espera…Recuerda pedir algo para Miyori, no podemos dejar que nuestra navegante se muera de hambre y quedemos varados en este basu…
 
“…más vale que estén buenas o dejare tuerto al repartidor.”
 
—¿Eh?
 
El médico parpadeó un par de veces, confundido por la repentina agresividad de su capitana… ¿Quién en su sano juicio amenazaba a un repartidor que todavía no entregaba la comida? ¿Acaso no sabía que podría envenenarla en venganza? O, peor aún, podría ponerle laxantes. El estómago se le revolvió de solo pensarlo.
 
—¡Oe, Maki! Mejor retráctate, no vamos a dejar tuerto a nadie que nos traiga comida —. Se acercó a la peliverde, quien aún tenía al animalito en sus manos. —Al menos no hasta que la tengamos en nuestras manos ¿sabes? Un par de ojos no nos vendrían mal si están en buen estado —. Le susurró solo a su capitana antes de escuchar una voz del otro lado que parecía haber perdido por completo la paciencia.
 
El médico se acercó un poco más al caracolito y lo observó con extrañeza… ¿A qué se refería? ¿Qué tenía que ver Barto con los repartidores de quesadillas? —Oye…espera…tu… ¿Conoces a Barto? Él está en una pieza, sí…no tienes que preocuparte —. Alcanzó a decir en un tono que rayó la curiosidad y algo de preocupación… ¿Por qué? Simplemente tuvo un mal presentimiento, de hecho, la voz del otro lado consiguió que la amenaza le pusiera la piel de gallina y tragara saliva. Miró mal a Maki por eso y le dio un zape en toda la cabeza.
 
—Eso pasa por amenazar al repartidor —. Entonces el pelirrosa se irguió cuando notó a Merlot acercándose para tomar de nuevo la palabra, algo que hizo que el hombre se colocara a un lado de Barto. Miró hacia arriba para intentar ver su rostro, pero, como la diferencia de altura era demasiada, terminó saltando encima de una caja de provisiones que al menos lo hizo crecer un metro más, lo que no era suficiente para alcanzar a Barto, pero era mejor que nada.
 
—¿Si los conoces? ¿O cómo es que saben tu nombre? —De fondo la conversación de Merlot continuó y pronto, la voz más amable, con la que él había hablado, volvió a tomar el mando…Parecía que ese si tenía ideas de servicio al cliente, incluso se tomó la molestia de verificar el pedido.
 
Por un momento, el médico olvidó la amenaza, así como las preguntas que le hizo a su nuevo compañero y se centró en el caracolito, al cual le gritó desde su lugar para que quien estuviera al otro lado pudiera escuchar.
 
—Señor Gerte… ¡Lo olvidaba! Añada unas…eh…20 quesadillas más, que sean de pollo, no podemos dejar a nuestra navegante sin comer y…Eh… ¿No piensas pedir nada, Barto? —Volvió a mirar al buccaneer, esta vez con curiosidad. —Aunque si lo conocen, supongo que su pedido puede venir con descuento ¿No?
 
Hubo un segundo de silencio antes de que le respondieran cualquier cosa, un segundo en que su semi sirena favorita aprovechó para decir algo importante…algo muy importante.
 
“Por cierto, no es mi Piruleta, es de EL MACHO, y ellos son sus amigos los Sandwicheros”
 
—¿Ami…amigos? —Ahora sí que terminó por darle la pálida al médico. No solo tragó saliva si no que su piel adquirió un tono tres veces más blanco, de repente, era más un vampiro que un humano, sus ojos se abrieron de par en par y sintió su cabeza dar vueltas al punto de que tuvo que sostenerse del brazo de Barto para no caer a la cubierta desde la caja desde donde hablaba. —L…los amigos de Barto no son…no son…sand…
 
Su mente quedó en blanco y a su boca le faltó saliva, de hecho, quedó tan seca que no fue capaz de articular más palabras. Era cierto que tenía una pésima memoria, pero cuando alguien lograba hacerse un espacio dentro de su atolondrada mente, algunas que otras cosas dichas por la persona se quedaban guardadas en algún tipo de “archivo” que su cerebro lograba desbloquear cuando era importante y este era el caso.
 
No podía saber con exactitud lo que habló con el buccaneer cuando lo cuidó luego de que quedara inconsciente después del exorcismo, pero recordaba bien que le aclaró que sus amigos no eran sandwicheros, eran piratas, unos…shi…shi algo…sea lo que sea sonaba importante y peligroso, sí…sobre todo peligroso, además, algo recordaba que había dicho sobre su capitán… ¿Cómo lo llamó? ¿La tormenta? ¿El tornado? ¿El volcán? Mientras se mordía la lengua, sin darse cuenta de que lo hacía, intentaba recordar más, pero su cerebro le bloqueó la salida a más información y la frustración lo llevó a darse un golpe en la cabeza con su propia mano.
 
—¡Maldita sea! —En ese momento se dio cuenta que estaba clavando sus uñas en la piel del otro hombre. Se habría disculpado, por cortesía, pero solo atinó a mirar hacia arriba para hablarle a su nuevo y quizá temporal compañero. —¡Oe, Barto! ¿Es verdad? ¿Ese den den bebé es tuyo y ellos son tus…nakamas? —Su voz perdió la fuerza cuando pronunció esa palabra. —Los mismos que dijiste que eran los piratas más poderosos que conocías ¿no? —Un sudor frío recorrió su frente… ¿A quién carajos había amenazado Maki? Y, además…¿Eso quería decir que no recibirían ninguna quesadilla?



Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
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