Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto
#11
El mar siempre fue de hogar, pero ahora, dentro de monstruo férreo de luces encandilantes no pudo evitar sentirse en los brazos de una extraña incomodidad. Demasiado perfecto, artificial. El hedor a desinfectante y perfume barato, no al típico salitre. Entendía que no tenía opción. La decisión fue suya y aunque le pesara, debía admitir que Hyak tenía la boca llena de razón; era mejor llegar al puerto sobre un barco ajeno que hundirse en su propio orgullo infame.
—No me relajo porque no puedo —murmuró, sin mirar al hombre de largos cabellos rosas que estaba su lado — Cuando un capitán baja la guardia, el mar lo traga. No importa si navega un galeón o un juguete turístico. —

El viento seguía agitando su abrigo, por instantes, sentía que el peso de ser capitán se le aferraba virtuosamente en los pechos, pero más que elevarlo podía ser una condena de hundirse. Observó a su opuesto recostarse con despreocupación. Qué irónico era todo; ese hombre parecía no temerle a nada, pero, al mismo tiempo, temerle a todo. Su memoria quizá era un laberinto… pero su lengua, su lengua era afilada como la más peligrosa espada.
—Dos naufragios y aún sigues respirando — Menciono esta vez entre admiración y notorio cansancio — Tal vez deberías ser tú el capitán… tienes más bolas que yo —.

El silencio le invadió por segundos, miro como el sol se reflejó. Aquel brillo lo cegó ligeramente, pero jamás aparto la vista. El dolor, de vez en cuando, era necesario. Mantenía a los náufragos despiertos. — Merlot tiene contactos. Pero los contactos no siempre suelen ser gratuitos, podría ser una trampa o una deuda con disfraz de oportunidad—
frunció el ceño — Entonces nos volveremos a hundir.— 

Hyak dio la idea de comer, de descansar, de no llamar la atención. Soltó una carcajada de ironía, quizás la mayor hazaña de esa noche es que él, un pirata pasara desapercibido como un turista . Cuando se alejó, él lo siguió con la mirada. Viéndolo tropezar cómicamente con María Merlot y luego encarar al fumador de mirar oscuro y hebras negras como el más absoluto ébano.

—No hay descanso para los que hemos robado al mar — Susurró para sí mismo. No como desprecio, era una realidad, un hecho. 

Caminó despacio hacia su tripulación, su silueta se perdía rápidamente por las luces del llamativo navío, demasiado perfecto para su gusto. — Maria, no volverá a suceder esto… lo prometo — Si el destino quería probar su suerte otra vez,  él no iba a huir. Ya había perdido un barco, una tripulación y parte de su alma. Pero seguía siendo capitán. Y mientras el mar existiera, él nunca dejaría de buscar una nueva forma de surcarlo.

—Vamos, Hyak—dijo al alcanzarlo, con una media sonrisa cansada— Te mostraré dónde sirven comida de verdad— 
#12
Día 19 de Otoño.
Año 16.
Flashback, un día antes.

MM tenía esa chispa rara, esa mezcla de imaginación desbordante y entusiasmo infantil que hacía difícil no reírse. Estábamos frente al barco, con el mar tranquilo y el fuego iluminándonos los rostros. Ella hablaba sin parar, agitando las manos, tejiendo historias imposibles sobre el Reino de Samba. Yo la miraba con una ceja levantada y esa cara de “esta chica tiene demasiada imaginación”. —No recuerdo haber visto pepinos por ahí.— Le dije, reprimiendo una risa. —Pero si de verdad te hace ilusión, podemos comprar algunos cuando lleguemos.— Ella siguió, y antes de que pudiera detenerla, ya estaba hablándome de cómo seguro yo había estado en la luna. Me eché a reír, negando con la cabeza. —No, MM… todavía no llegué tan alto.— Esa chica me adulaba demasiado, y aunque me hacía gracia, también me daba un poco de ternura verla imaginarme como un héroe de sus cuentos.

Día 20 de Otoño.
Año 16.
Actualidad.

El crucero se deslizaba sereno sobre el mar, el viento traía ese olor a sal mezclado con perfume caro, y yo… bueno, yo ya me había ganado a media tripulación del barco después de mi gloriosa participación en el hula hula. Todavía tenía algunas flores del collar enganchadas en el pelo, y mis caderas crujían como si hubiesen bailado una guerra, pero valió la pena. Fue divertido. Sin embargo, la diversión me dio hambre, y el rugido que salió de mi estómago fue tan fuerte que un par de turistas pensaron que se avecinaba una tormenta.

Así que, sin pensarlo demasiado, seguí el olor del paraíso hasta el buffet. El cielo en forma de mesas interminables. Platos humeantes, bandejas repletas, montañas de frutas, carnes doradas, pasteles que parecían obras de arte. Lo mejor de todo es que, gracias a mi pasaje VIP, podía comer lo que quisiera sin pagar un solo berry extra. Mala suerte para los dueños del crucero, pero excelentes noticias para mí. Tomé una bandeja. Luego otra. Luego tres más. Y así, poco a poco, fui construyendo mi pequeño altar de gula.

Perdí la noción del tiempo, y para cuando quise darme cuenta, había colonizado una mesa entera. Estaba rodeado por platos vacíos, tazas, copas y migas que parecían la evidencia de una batalla ganada con esfuerzo. Me eché hacia atrás en la silla, suspirando satisfecho, y desabroché el botón del pantalón para darle algo de aire a mi estómago, que ya se sentía como un barril lleno. Si la felicidad tuviera forma, ese momento la representaría perfectamente.

Alrededor, sin embargo, el ambiente no era tan feliz. Escuchaba murmullos, quejas, pasos rápidos. Algunos pasajeros se quejaban con los cocineros del buffet por la falta de comida. “¿Cómo que ya no hay langosta?”, “¡Llevamos diez minutos esperando carne!”, “¡Esto es inaceptable!”. Los cocineros, pálidos y sudando, solo atinaban a disculparse. Yo, entre tanto, seguía cortando un pastel de tres pisos que había encontrado, ajeno al pequeño motín que se formaba.

Hasta que una de las empleadas señaló discretamente hacia mi dirección. Varias cabezas se giraron. Y ahí estaba yo, sentado con el pantalón abierto, un trozo de pastel en una mano y una pata de jamón en la otra, con una mesa que parecía un monumento al exceso. Levanté la vista y sonreí. —¿Qué? ¿Esto es libre, no?— Pregunté con la boca llena, encogiéndome de hombros. Total, si algo me había enseñado la vida en el mar, era que cuando hay comida, se come. Y vaya si lo estaba haciendo.
#13
Resultado del viaje:


Zona: South Blue

- Viaje desde la Isla Karate a Reino de Samba.


Barco: Barco crucero

- Coste: 12.000 berries por espacio ocupado.


Espacios ocupados: 12

María Merlot = 1
Odeth = 3
Hyakinthos = 1
Jin = 1
Ashveil = 1
Thrym = 5

Costo del viaje: 144.000 - 28.800 (20% descuento de Comerciante de María Merlot) = 115.200 berries (pagado por María Merlot)





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