Pralder
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24-12-2024, 08:28 PM
(Última modificación: 24-12-2024, 08:36 PM por Pralder.)
Tras terminar de acotar los detalles del plan propuesto por Charel, decidimos que volver al bosque sería lo mejor para pasar la noche. El cielo estaba despejado y una de las lunas comenzaba a iluminar el camino, lo que nos facilitó encontrar un claro donde poder pasar la noche, no se porque, pero me pareció verles preocupados por encontrarme un hueco para que durmiese cómodo, agradecía la consideración, era un detalle y una señal de que la camaradería estaba surgiendo, pero… “ni siquiera llego a los siete metros, ya les diré que no se tienen que preocupar tanto. Me he quedado muy pequeño para lo que podría llegar a ser...“ comencé a reflexionar, aunque tampoco era algo importante ahora.
Cada uno se recostó en un árbol, Charel con mucha más gracia y agilidad que Casca, el segundo no se quedaba atrás en la agilidad, pero la muchacha había desarrollado unos pasos y técnica fruto de la costumbre. Por mi parte, me recosté sobre unas raices, con Rimera entre mis manos, no pensaba que algo nos fuera a encontrar o emboscar pero no estaba de más prevenir. El tacto de las telas trenzadas en el mango se sintieron reconfortantes, como si la propia hacha quisiera transmitirme tranquilidad para descansar, el desafío vendría mañana.
A la mañana siguiente me desperté con los primeros rayos de sol. El suelo estaba considerablemente frío por la escarcha y se escuchaban los primeros cantos de los pájaros. “Pájaros… pájaros…” pensé quizás verbalizando en voz baja mientras me despertaba.
- Alas… ohh Casca… - Comenté para mi mismo mientras giraba mi cabeza hacia el árbol donde éste había dormido. - ¡No está!
Levantándome de golpe con el hacha en mano me acerqué a la rama, había algo, una nota "Estaré en posición en la posada. Comenzaremos según lo planeado. – C.", eso me dejó más tranquilo. Acto seguido me giré para mirar al árbol donde había dormido Charel, parecía que mis movimientos y las voces la habían despertado y me estaba observando recostada, el pelo rosa algo enmarañado y la mala cara de quien disfruta durmiendo profundamente y en silencio.
- ¡Kehkekeke perdona Charel! No quería montar un alboroto de buena mañana, Casca ha ido a prepararse y me he asustado de primeras al no verlo, está todo bien - Dije disculpándome.
Ella se limitó a responder con gesto afirmativo y echándose hacía atrás se volvió a tumbar boca arriba, con las piernas y los brazos colgando a ambos lados de la rama y su cara mirando a la copa del árbol como buscando la determinación para levantarse pero sin mucho resultado.
- ¡Me voy a dirigir a “El Vigía” a hablar con Rona! ¡Descansa un rato más que áun es pronto! - Le comenté en voz alta mientras abandonaba el claro del bosque.
Andé rápido por los exteriores de Tara hasta llegar al puerto, la brisa marina era agradable y despejaba cualquier resto de sueño que pudiese quedar.
“El Vigía” se alzaba a lo lejos con su tejado triangular y oscuro aclarándose mientras el sol secaba la humedad de sus tejas. Los primeros clientes de la mañana llegando en busca de un desayuno caliente. Si tenía suerte, Rona no habría cambiado su rutina y a esta hora estaría fumando en la parte de atrás.
Rodeé el local y allí estaba, con un porte fuerte como los troncos de su local y acompañada de un cigarro excesivamente ancho.
- ¡Hola Rona cuanto tiempo! ¿Como va todo por aquí? ¡Esos cigarros tuyos cada vez van más cargados keehkekeke! - Saludé mientras me acercaba.
- ¡Pralder! Maldito mestizo gigante… ¡ya decía yo que los peces se habían ido y que el suelo temblaba de más! Si cada vez son más gordos los cigarros es porque cada vez me estresan más Nahahahaha. Cada vez vienen más impresentables a la taberna y no me gusta, esta era de la piratería me está inflando las narices y otras cosas - Comentó con enfado - Y a propósito de los piratas… escuché lo de la taberna, una pena…
Hablé un largo rato con ella y nos pusimos al día de lo vivído en los últimos cuatro meses, sin entrar en detalle sobre el trabajo como caza recompensas casi olvidándome de comentarle sobre Charel.
- ¡Ah! por cierto Rona, hablando de mejores formas de ganarse la vida, conozco una bailarina de primera, una joven muchacha que se está queriendo ganar la vida y necesita darse a conocer, ¡Te prometo que no tiene desperdicio! Podemos ir con un setenta/treinta de las ganancias que consiga con un número durante la cena y luego se podrá quedar a conversar y animar a beber, seguro que haces una buena noche y si no, ¡te compro todo el pescado en mal estado que tengas a precio de fresco, Keehkekeke! - Añadí procurando vendernos lo máximo posible y esperando no tener que dejarme mi parte de las ganancias en pescado podrido.
- ¡Nahahahaha! eso será mucho pescado chaval… Está bien, será una buena cosa para la posada aunque… ¡pareceremos los señoritos pijos de la ciudad con un baile! - Contestó ella en tono desenfadado.
- Eso sí, cuídala - Le pedí en un tono más serio, pensando en Charel y acordándome también de Casca, y en como ahora que tenía dos compañeros y eso implicaba procurar que ambos estuviesen bien.
- ...tranquilo… - Finalizó mirando la linea del mar, mientras daba una última calada. Tras eso me estrechó un dedo a modo de apretón de manos para cerrar el trato.
Me alejé con un sabor algo agridulce mientras preguntaba si algún día podría saber que perdió Rona.
Por otra parte y por suerte, mi parte estaba hecha y ahora solo quedaba volver al bosque y avisar a Charel de que teníamos local para su actuación a la hora de la cena. Bueno… eso y confiar en que Casca estuviera bien ¿Desayunaría o comería siquiera? ¿Como iban a coordinarse sin saber donde se encontraba o como comunicarse con él? Pero bueno, ahora no tenía solución... "ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos", ahora tocaba esperar.
Charlotte Lyra
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C. de Haki
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27-12-2024, 12:09 AM
(Última modificación: 08-01-2025, 10:37 PM por Charlotte Lyra.)
El sueño de Charel fue profundo, soñó con su casa, con su familia, era un sueño reconfortante, del que le costó salir, hasta que oyó a la lejanía los pasos de un semigigante, que hizo temblar el suelo, y con ello el árbol en el que ella descansaba.
Con ojos somnolientos levantó la mitad superior del cuerpo y miró al cielo para saber qué hora sería. Era tremendamente tarde, bajó de un salto del árbol. ¿Por qué le habían dejado dormir tanto? Un momento les había pedido acaso que la despertaran? Bueno siendo justos suponía que si Pralder se levantaba ella al menos se enteraría.
Entonces se dio cuenta de que Pralder venía a lo lejos, y se acercó corriendo a él. Jadeando por el esfuerzo y el sobresalto de despertarse le preguntó:
- Pralder, ¿Por qué no me habéis despertado? ¿Dónde has estado? ¿Y Casca?
Pralder se rió, no sabía si por su repentina prisa o por el desorden en su pelo, la bajada del árbol quizás había sido un poco más accidentada de lo que pretendía.
Le dijo que se tranquilizara, que Casca había madrugado, pero que estaría en su lugar cuando comenzara la función, también le contó su conversación con la dueña de la taberna.
Charel empezó a sudar frío, solo se podía imaginar a sus compañeros y a ella misma nadando en pescado no demasiado fresco, esta noche debería dar todo de sí. No le preocupaba tanto la parte del baile, ni siquiera la de acercarse al pirata, eso se le daba bien, había ensayado y cultivado una amplia experiencia en ambas tareas a lo largo de su vida.
Pero había una parte que sí le preocupaba, para que el plan tuviera éxito debería hacer que el pirata bebiera mucho, pero con una importante limitación, ella no debía beber, y es que el alcohol le hacía efecto demasiado rápido, solo lo había probado una vez, y el resto del día, varios años después seguía siendo un misterio.
La única solución que se le ocurría, era además de ensayar todas las frases educadas para rehusar una bebida, hablar con Rona y que no le sirviera algo demasiado fuerte. De todas formas sería inteligente acercarse a la posada, ver un poco la disposición del salón, así como las posibles vías de escape del pirata, y aún estaba pendiente determinar dónde le esperaría Pralder, ya que Casca parecía tener su lugar claro.
Así que le dijo a Pralder de ir a la posada y que le presentara a su amiga Rona, para así poder tratar con ella esos detalles. Pralder aceptó de buena gana, aún riendo entre dientes por el aspecto de su amiga, algo que Charel arreglaría en el camino a “El Vigía”.
Una vez en la posada Pralder saludó a Rona, y presentó a Charel:
- Que chica más tierna, pero cómo vas a ser tú la bailarina muchacha, los hombres de aquí te van a comer
.
- Por desgracia a eso estoy ya acostumbrada- mintió- Pero hay algo a lo que no me acostumbro. Cuando termino la actuación me suelo quedar por la taberna, y muchos clientes me invitan a copas, pero no se me da bien beber.
- Eso es sin duda un problema, pero no sé que quieres que haga una tabernera honrada como yo.
- Nada deshonesto sin duda, solo que si algún cliente tiene la amabilidad de invitarme a alguna copa con alcohol... bueno podrías servirme algo suave, no alcohólico, y cobrarle la copa que ha pedido. De esa forma no eres deshonesta con el cliente, y solo estás protegiendo a una joven bailarina, pocas cosas me imagino más justas y honestas.
- ¡Nahahahaha! Me caes bien pequeña pilla, sin duda es un trato que me beneficia, ya veo que tienes la astucia necesaria que hacen falta para sobrevivir en este mundo, sólo por eso te haré caso.
- Muchas gracias Rona, es un placer hacer negocios con alguien tan magnánimo
Se estrecharon la mano y Charel y Pralder salieron a la calle, tocaba inspeccionar la zona, el sol ya empezaba a ponerse, en pocas horas tendría que comenzar a bailar y aún no estaba claro dónde debería ponerse Pralder.
Como si su amigo hubiera escuchado sus dudas, Charel escuchó el sonido de una teja deslizándose levemente, miró al tejado de la posada y allí lo vio, era Casca tomando posición, de no ser por su oído fino no habría reparado en él, como les sucedía al resto de viandantes.
Entonces entendió lo que pretendía su amigo, había un tragaluz en el tejado, así la tendría vigilada, a la vez que con su rifle, que Charel acababa de ver por primera vez, podría disparar al pirata si intentaba escapar.
“Pero desde ese ángulo, solo podrá dispararle si huye en dirección al puerto...” Ahí lo tenía, el punto débil del plan, había una dirección que no estaba cubierta, las callejuelas paralelas de la taberna, si no fuera al puerta.
No podía colocar a Pradler ahí eran muchas calles estrechas, no podría cubrirlas todas.
- Tenemos un problema.
Le explicó su línea de pensamiento a Pradler, sin ver ninguna solución, si el pirata escapaba en la dirección no prevista, todo se acababa.
- ¡Keehkekeke! Eso no es ningún problema Charel, conozco un poco este pueblo, esas callejuelas acaban en una pequeña plaza a dos manzanas, si quieres que les impida huir, creo que ese puede ser es el mejor sitio para hacerlo.
Eso era lo que los hacía un equipo, no solo se preocupaban los unos por los otros, aún cuando llevaban poco tiempo juntos, si no que además cada uno cubría las debilidades de los demás, la esperanza inundó el corazón de Charel y abrazó la pierna de Pralder, el plan podría funcionar, y todos podrían cumplir sus objetivos.
Con esa esperanza, cada uno se dirigió a sus puestos, Pralder a la pequeña plaza, Casca ya estaba en su tejado, solo quedaba que ella se cambiara y comenzara su actuación, y así lo hizo, se dirigió al interior de la taberna, donde pudo peinar un poco más su melena rosa, ponerse su traje de bailarina y coger su cinta, dejando su látigo a mano por si le hiciera falta.
Se encaminó al escenario, dispuesta a dar un espectáculo que ninguno de los presentes pudiera olvidar en su vida.
Charlotte Lyra
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C. de Haki
C. de Akuma
El escenario estaba en penumbra, iluminado únicamente por un foco central que bañaba de luz a una joven de 17 años. Su cabello rosado, largo y brillante, recogido parcialmente, enmarcaba un rostro de rasgos delicados y ojos verdes. Había algo en su mirada que atrapaba al público incluso antes de que comenzara la música: una mezcla de confianza y una intensidad hipnótica, tal vez también la necesidad de darlo todo, de conseguir esta misión.
Llevaba puesto un vestido de inspiración oriental que parecía flotar a su alrededor. Confeccionado en un tejido sedoso de tonos esmeralda y dorado, el vestido reflejaba la luz con cada pequeño movimiento. El corpiño abrazaba con delicadeza su figura, adornado con monedas metálicas del mismo verde que sus ojos, que colgaban en cascadas desde el cinturón hasta la parte baja de la falda. Con cada paso, las monedas tintineaban suavemente, sumándose a la atmósfera mágica. Las mangas largas y translúcidas le daban el aire de una criatura etérea, y la falda fluía como un río bajo la tenue iluminación.
Cuando comenzó la música, un ritmo envolvente y misterioso, Charel alzó una cinta de gimnasia rítmica que sostenía en su mano, de un verde brillante con bordes dorados. Desde los primeros movimientos, la cinta se convirtió en una extensión de su cuerpo. Con gracia y precisión, trazaba espirales y figuras en el aire, creando una danza que parecía dibujar historias invisibles.
Al principio, sus movimientos eran lentos, llenos de una delicadeza casi sobrenatural. Con cada paso y cada giro, lograba captar la atención de todos, convirtiendo el escenario en un lienzo viviente donde la cinta pintaba obras efímeras. Conforme la música crecía en intensidad, sus movimientos se volvieron más rápidos y dinámicos. Ejecutaba giros ágiles, saltos elegantes y ondulaciones que parecían desafiar las leyes de la gravedad.
En un punto culminante, giró sobre sí misma con tal velocidad que las monedas de su vestido tintinearon al unísono con un brillo hipnotizante, mientras la cinta dibujaba curvas perfectas en el aire, como si las luces la transformaran en una figura mitológica. El punto culminante llegó con un salto impresionante: su cuerpo pareció quedar suspendido en el aire por un instante que se hizo eterno, mientras la cinta se arqueaba como una ola antes de caer suavemente en su mano.
Hacia el final de la actuación, cuando la música comenzó a decaer, ella redujo la intensidad de sus movimientos. En el centro del escenario, realizó un último giro lento mientras la cinta dibujaba un círculo a su alrededor, rodeándola en una especie de aura mística. Al concluir, se arrodilló, dejando que la cinta cayera delicadamente al suelo y que las monedas emitieran un leve eco metálico que se fundió con el silencio del teatro.
Por un momento, el público contuvo la respiración. Luego, el estallido de aplausos y vítores llenó la sala. Nadie podía apartar la vista de aquella joven, ni olvidar lo que acababan de presenciar: un espectáculo que quedaría grabado para siempre en la memoria de quienes estuvieron allí.
“Definitivamente no vamos a comprar pescado podrido” pensó Charel mientras aún se secaba el sudor de la frente, ahora tocaba la segunda parte: emborrachar al pirata. La primera había salido bien, era necesario que su actuación fuera memorable para que pudiera acercarse a ellos. Guardó sus pertenencias, y se dirigió a la barra, donde estaba Raick, su objetivo.
Sabía lo que tenía que hacer, se acercó a la barra, ocupando un hueco perfecto para su cometido, cerca de los piratas, pero no lo suficiente como para que buscara un acercamiento.
Miró a Rona, y le pidió una “cerveza”, haciendo evidente su guiño de ojo para ella, sin que pudieran verlo los piratas cercanos. Se apoyó en la barra mientras le servían su bebida, que por suerte parece que consistió en algún zumo, dándoles la espalda deliberadamente a los piratas, mientras se abanicaba sutilmente para que se percataran de su presencia.
- Pero bueno, si tenemos aquí a la artista de la noche, ¿Qué hace una bailarina tan guapa como tú en un pueblo perdido de la mano de dios?- dijo Raik
- Poca cosa, intentando ganarse el pan, las ciudades grandes tienen más tabernas, pero siempre hay mucha más… competencia, además aquí se puede charlar con los espectadores y saber qué les ha parecido tu trabajo.
- No ha estado mal, sabías moverte
- Muchas gracias, y vosotros ¿Qué hacéis en un pueblo como este bebiendo en una taberna?
- Bueno en realidad estamos de incógnito, somos gente importante ¿sabes?
- Uh no me digas, cuéntame más tengo tiempo- le guiñó un ojo, y reprimió una arcada, tener que actuar así no era algo de su agrado, ¡¿que no había estado mal en su actuación?! ¿Cómo se atrevía?
Y así Charel les siguió la charla, animándoles a beber, algo que hacía que Rona siempre le sonriera al servir las bebidas. La taberna se fue llenando cada vez más, algunos otros clientes querían acercarse, pero los piratas los mantenían a raya, algo que Charel agradeció, eso y los zumos, ya que los tres sujetos eran difíciles de aguantar.
En cierto punto se despistó, ordenaron bebidas, pero Rona estaba ocupada atendiendo las mesas, parecía que la presencia de una bailarina estaba atrayendo a casi todo el pueblo, tanto que el hijo de Rona tuvo que echar una mano a su madre.
Pero él no conocía el trato, y Charel se dio cuenta de todo esto… justo cuando dejaba el vaso de licor potente a la mitad. Ya nada podía hacer, esto marcaría sin duda una espiral descendente a la mala suerte del plan y solo llegó a pensar un “mierda” antes de que sus recuerdos se tornaran borrosos.
Casca Belles
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Aunque no había sido una elección, la falta de sueño habría sido una terrible. Las primeras horas en aquel tejado no fueron agradables. Incluso si la estructura de piedra aún conservase parte del calor del día, las tejas que la cubrían ya lo habían perdido hace mucho y ese frío me calaba en las piernas y cadera. Miré al cielo, donde el sol ya se alzaba por encima de un cuarto de su recorrido sobre el horizonte. No quedaba demasiado, sólo un poco más.
Miré a un lado, donde ya había apagado una decena de colillas, no era considerado ensuciar así el tejado de un desconocido, pero francamente, no creía que nadie fuese a comprobarlo pronto, y la lluvia arrastraría la ceniza cualquier día de estos. Pensándolo, sería peor iniciar un tiroteo dentro de la taberna, ¿Verdad? - No se puede hacer nada... CascaCasca, una de cal y otra de arena -, reí, en solitario, con la sospecha de que de todos modos nadie entendería esa broma.
La gente comenzaba a llenar el local. La posadera, una señora cuya figura no envidiaría el diámetro del mástil de un destructor de la marina, y con el mismo mal vicio que yo, había salido con una pizarra de buen tamaño. En ella, a modo de reclamo, rezaba la información de un evento que se llevaría a cabo hoy en la taberna. Eso había atraído, entre otros, a nuestro hombre y sus compañeros.
Cita:¡El vigía trae hoy a una de las señoritas más talentosas y hermosas que el Reino de Ilisia ha tenido la oportunidad de observar en la última década!
¡Entra y reserva una mesa, que se acaban!
*Las copas suben un 50% todo el día, si levantas el culo de la silla, desaparece! Las quejas las podéis mandar a casa de vuestras madres.
Había sacado la última línea por contexto, desde mi posición apenas podía apreciar la letra pequeña con la vista que había entrenado desde pequeño, aunque algo dentro de mí tenía la certeza de que delante no sería mucho más sencillo. Claramente esa mujer era una buena empresaria, muchos caerían en desorbitadas facturas esa noche, sin derecho para quejarse por ello.
El lado positivo era que el plan se estaba ejecutando conforme había sido diseñado, aunque no sabía bien como ni cuando habían podido coordinar el evento, necesariamente alguno de mis compañeros se tenía que haber despertado pronto. - Si tengo que adivinar... Diría que Pralder da más el tipo, CascaCascascas... No se puede hacer nada, siempre tiene demasiada energía... -.
Entonces aparecieron los protagonistas, Pralder y Charel, caminando juntos hacia la taberna. " Compañeros... Se sigue haciendo una palabra difícil", pensé cuando les vi conversando. Charel con visible irritación, no la conocía desde hace mucho, pero no tenía la presencia de alguien que aprecie madrugar. Pralder como siempre rebosante de energía, como si su mera existencia fuese un radiador gigante.
Al ajustar mi posición una de las tejas se deslizó tejado abajo, frenando apenas a centímetros del borde, cosa que agradecí profundamente con un suspiro profundo. Nadie pareció reparar en el sonido, nadie excepto Charel, cuyos ojos se encontraban con los míos. Ya sabía donde estaba, así que aproveché para señalar al interior del edificio a través del tragaluz y al puerto, tras eso levanté un pulgar. Después, asentí hacia la parte trasera de la taberna que llevaba al interior del pueblo, balanceé la mano en señal de desaprobación y señalé a Pralder, que por algún motivo se había puesto a saludarme con una de sus gigantes manos, sólo para llevarse un codazo de Charel en la pierna. " Al menos uno de los dos no piensa con los músculos..." Pralder se movió hacia la plaza tras "El vigía", Charel entró para su parte del plan. Todas las posiciones estaban cubiertas, el espectáculo debía comenzar.
Charel se movía con una gracia que no había demostrado la mañana anterior, francamente me había sorprendido. ¿Estaba más motivada ahora que la recompensa estaba en la línea? Por lo menos daba esa impresión. El espectáculo duró un buen rato, al menos una hora, empecé a preocuparme de que no tuviese energía para la siguiente fase del plan, pero parecía que no habría necesidad de eso... Al menos hasta que se sentó a la barra con nuestro objetivo.
- ¿Está bebiendo? Charel, eres una irresponsable... ¿No habías dicho que tenías 17 años? - Dije que la protegería, pero no sería fácil si ella misma se ponía en peligro. - No se puede hacer nada... -.
Su cabeza cayó sobre la barra, y nuestro objetivo comenzó a acercarse a ella. Me era completamente imposible distinguir las palabras desde mi posición, pero sabía que las intenciones de ese hombre no eran buenas. Sujetando el Long-Range Choice, apunté al hombre, preparado para disparar al menor indicio de problemas, aunque el plan se fuese al traste.
El hombre se acercaba, mi dedo presionaba cada vez más el gatillo. La bala estaba a escasos instantes de cruzar el cañón hacia mi objetivo cuando... Un golpe en la barra lo apartó súbitamente de Charel. Había sido la misma mujer ancha que había puesto la pizarra fuera, probablemente la dueña del establecimiento. - ¡Si empezáis a acosar a mis bailarinas dejarán de venir y eso no es bueno para el negocio! -, gritó tan alto que hasta yo pude distinguirlo claramente.
El golpe había grabado sobre la barra de madera maciza la forma del puño de la posadera y los piratas habían retrocedido instintivamente, al menos por un momento. Tras ese breve shock, ignoraron a Charel y arremetieron contra la mujer que les había desafiado. No pude distinguir la interacción, pero era fácil imaginar que no les había hecho gracia la situación dado que dos de ellos ya tenían las manos en las empuñaduras de sus espadas.
La situación no fue a más debido a la entrada de dos marines en ese momento. Apenas eran soldados del menor nivel y no podrían hacer demasiado contra el grupo pirata, pero las complicaciones comenzarían para ellos si iniciaban un combate allí. También sería un problema para nosotros, ya que la marina podría atribuirse el mérito de la recompensa. El plan se estaba desmoronando cada vez más. Sobre todo teniendo en cuenta el wanted que llevaban en la mano.
- ¡Piratas en la plaza! ¡Por favor, que alguien nos ayude! - Grité a través del tragaluz, escondiéndome casi inmediatamente después. Con un poco de suerte los marines se irían a comprobarlo y los piratas irían en sentido contrario, hacia el puerto.
Pralder
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Me dirigí a la plaza a pocas calles de “el Vigía” tras dejar allí a Charel con una sensación extraña entre seguridad y preocupación. Hasta ahora en los trabajos no debía preocuparme más que por mi bienestar y el buen estado de Rimera y las escasas piezas de armadura que utilizaba, pero ahora tenía compañeros.
La palabra compañeros era la que me daba seguridad, ellos podían cubrir mis debilidades, mi incapacidad de actuar sigilosamente y en especial, mi nula capacidad de elaborar planes con algo más que buenas intenciones. Casca descartaba especialmente en este aspecto ya que parecía estar elaborando siempre un plan B y un C para tenerlos en la recámara. Por su parte Charel aunque parecía actuar tímida o algo más callada tampoco se quedaba atrás, tenía un don de gentes innegable y parecía capaz de venderle zancos a un piernas largas.
Sin embargo, pensándolo fríamente, acaba de dejar a una muchacha de diecisiete años bailando en un bar, con una tripulación pirata buscada de la cual no sabían el número de integrantes, y aunque Casca estuviera preparado en el tejado, sería difícil para él utilizar su rifle si le obligaban a luchar corta distancia o apuntar con local lleno de gente.
Pero llegados a este punto poco se podía hacer, me concentré en apartar de mi mente las preocupaciones como había aprendido durante los entrenamientos. Había aceptado el plan y solo quedaba confiar en mis compañeros. Sólo los conocía desde hace un par de días y estaba claro que, aunque pudiesen parecer frágiles, los dos sabían sobrevivir y apañárselas por su cuenta.
A los pocos minutos llegué a la plaza, estaba levemente iluminada con cuatro faroles alrededor de una plataforma de piedra coronada con la estatua de un hombre pescando. Me senté en el bordillo de la losa de piedra con Rimera en las manos, mirando en dirección a la calle que acababa de dejar. Si los piratas de Raick escapaban por aquí cumpliría con mi parte.
Así pasó cerca de una hora. El frío de la noche y la humedad comenzaban a calar poco a poco las escasas capas de abrigo que llevaba, pero por lo menos todo estaba tranquilo. A lo lejos, por encima del murmullo del pueblo podía escuchar una música lejana en dirección a “el Vigia”.
- Imagino que Charel debe estar terminando su baile. Una pena no poder verlo, se le veía determinada a dar un gran espectáculo. ¡Keehkekeke seguro que Rona nos acaba pidiendo que volvamos! - Dije en voz alta por romper el silencio mientras intentaba mantener equilibrada a Rimera en mis manos. Aún se hacía pesada y el objetivo de poder manejarla con una sola mano dadas sus dimensiones estaba lejos, pero cada vez la conseguía manejar con más facilidad.
La noche avanzó un poco más y decidí combatir el frío y el aburrimiento con algunos ejercicios. “¡Nada como unas sentadillas y unos golpes al aire para mantenerse caliente!” pensé sin saber los problemas que estos gestos me iban a traer.
Dos marines atravesaron corriendo con las armas desenfundadas por la calle que había atravesado hace un par de horas. Entraron a la plaza parándose en seco al encontrarme de pie con Rimera en las manos en posición combativa.
- QUIETO PIRATA, ¡SUELTA EL HACHA! - Gritó uno de ellos apuntándome con el rifle.
Varios vecinos curiosos se asomaron desde sus ventanas al escuchar las voces.
- No soy un pirata - Contesté de vuelta bajando el arma, aunque en cierto modo sabía por sus caras que no la conversación no iba a terminar ahí - ¡soy un tabern… un cazarrecompensas! Estoy buscando a…
Un disparo resonó en la plaza. El marine que me apuntaba acababa de apretar el gatillo y la bala había pasado a un metro escaso de mi cara. Los vecinos que antes se habían asomado cerraron rápido las ventanas.
- ¡VAS A VENIR CON NOSOTROS! ¡De rodillas y suelta el hacha! - Gritaron nuevamente acercándose despacio hasta estar a un par de metros. “Hoy no es el mejor día para cruzarme con dos marines que no atienden a razones” pensé mientras buscaba las palabras que me pudieran sacar de este malentendido.
Me puse de rodillas y solté a Rimera esperando ver en sus caras una expresión más tranquila y receptiva, pero vi todo lo contrario, un orgullo vacío junto a una leve sonrisa torcida. “Maldita sea… estos dos van a querer llevarme esposado solo para poder decir que han detenido a alguien”
La racha de malos acontecimientos no se detuvo ahí. Una explosión lejana seguida de un fogonazo. La visión fugaz de Casca con sus alas grises desplegadas siendo iluminadas desde abajo por llamas naranjas saltando de un tejado a otro mientras disparaba a alguien en el suelo. Mis pupilas se encogieron. Algo ido mal para Casca y Charel. Tenía que salir de aquí y llegar hasta ellos.
Los dos marines se despistaron unos instantes ante el sonido de la explosión, lo justo y necesario para permitirme coger a Rimera del suelo. El filo arrancó chispas del suelo de piedra mientras hacía un ataque de barrido para placar a los dos marines con el canto del hacha. El ataque impactó de lleno en el primero, que voló varios metros hacia atrás chocando contra una pared, pero rozó al segundo que saltó hacia atrás dispuesto a disparar nuevamente. Recobrando la guardia que tantas veces había ensayado, me levanté y salté hacia el marine, mi puño apuntando a su cabeza con intención de noquearlo. Nos alcanzamos a la vez. La cara del marine chocó con ruido sordo contra el suelo y yo ahora tenía una bala alojada en el muslo.
Aguantándome el dolor, eché a correr hacia donde había visto saltar a Casca.
Casca Belles
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Repasé vertiginosamente los planes tal y como se habían ido sucediendo en mi cabeza, habían ido fallando uno tras otro y llegados a este punto tocaba improvisar. Tú, lector, en algún momento te darías cuenta, pero odio improvisar.
Plan A: Atraer a los tres piratas al bar, emborracharles tras el espectáculo y apresarles tranquilamente.
Demasiado básico, jamás habría funcionado, pero nos haríamos una mejor idea de a qué nos enfrentábamos y el carácter de nuestros objetivos. De todos modos, la probabilidad de éxito sólo es cero si no lo intentas. Lo que debí anticipar era el terrible aguante al alcohol de Charel... Aunque yo no soy nadie para hablar, claro.
Plan B: Acabar con uno de ellos antes de que estuviesen alerta, mermado el número de refuerzos enemigos tendríamos la igualdad numérica hasta que el ruido atrajese a Pralder, donde tendríamos ventaja.
Este plan era una buena baza, Charel y yo podríamos haber lidiado con el cabecilla y uno de sus matones, mantener las cosas igualadas. Entonces Pralder, con su imponente tamaño y hacha habría provocado un efecto cascada en la moral de los piratas, todo debido al desequilibrio que su mera presencia dejaba patente. No es que esperase una rendición inmediata, claro, pero la capacidad de lucha mermaría y tendríamos la ventaja. Ahora quedaba descartado, debido a la presencia inesperada de la marina y los gritos de alerta que yo mismo había proferido para evitar un problema mayor. Charel también estaba fuera de combate, de todos modos, la ventaja numérica no existía.
— Plan D, No se puede hacer nada... ¿No? — Susurré, destrucción tendría que ser. Era consciente de haberme saltado una letra. — Cascascasca, no llegaremos a eso, como mucho Espadas será suficiente.
Tres balas preparadas. Una en la recámara, las otras dos en mi boca, un poco más de fuerza de la debida y saldría por los aires. Al final del día me preguntaría quién era el verdadero monstruo, pero en ese momento mi presa y mi compañera eran todo lo que importaban. Apunté al escenario, el lugar perfecto, vacío y en el extremo opuesto a la entrada. El disparo fue suave y, en una fracción de segundo, la primera bala explosiva lo había hecho estallar en llamas.
Un breve momento de shock, nadie esperaba algo así tan de repente. Mientras los piratas se ponían en pie, olvidándose de la chica sobre la barra, introduje la segunda bala en el cargador.
La mujer menudo y sus empleados se habían agachado en una esquina. Los ojos de esa señora mostraban ira, sus puños cerrados la responsabilidad de proteger a los suyos. La inmensa muchedumbre que había acogido "El vigía" ahora corría hacia la puerta, derribando mesas, sillas e incluso personas en su marcha hacia la única entrada, que sería mi cuello de botella perfecto. Charel había sido una de esas personas en caer, ahora en posición fetal en el suelo. Eso estaba bien, sería más fácil resistir lo que vendría después.
La segunda bala, viajaba hacia la nuca de uno de los subordinados de Raik, que examinaba el lugar de la explosión con las manos en la empuñadura de su espada. "No me des la espalda, es de mala educación", recuerdo haber pensado al tiempo que caía sobre una mesa, bañándola del mismo rojo que los ojos de su cazador.
Por último, la tercera bala entro en el cargador con precisión. El cerrojo hizo su característico "sssh-clack" al mismo tiempo que el gatillo era presionado. El objetivo fijaba la barra, bajo la cuál habían estado sacando licor toda la mañana, los barriles estaban allí. Sólo hacía falta una chispa. Alguien saldría de allí con algunas quemaduras preocupantes, pero sobrevivirían.
Un parpadeo y un impacto. Una chispa y una explosión atroz. Vi a Charel salir disparada a una esquina del establecimiento y las ventanas estallar en miles de pedazos. "¡Mierda, la presión!" Todo el calor había subido directamente al tragaluz en el que me encontraba y me había obligado a saltar por reflejo, justo antes de que la diferencia de presión reventase la zona en la que me encontraba, dejándome en el aire al descubierto.
"¡¿Dónde?!" — Pensé — "¿Dónde están?"
Charlotte Lyra
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
- Nehadlk poporito el muello
“Todos me miraban extrañados, si lo había dicho muy claro, ¿por qué me miraban así?, todo da vueltas, debería ponerme a girar yo también para contrarrestar”
Y así fue como empecé a dar vueltas sobre mi misma en la dirección contraria a la que me parecía que giraba el mundo a mi alrededor. Paré cuando noté que todos los zumos que había tomado iban a salir por mi boca. Me tumbé sobre la barra, y un gran sueño me invadió. Notaba como la gente de a mi alrededor me hablaba, pero yo simplemente no entendía lo que decían.
“Debería irme a dormir. Espera, estoy borracha no debería hacer caso de lo que digo”
Entonces noté un calor súbito en la sala, que automáticamente identifiqué con lo más obvio: alguien me había teletransportado a una cama calentita y era el momento de dormir.
- Aritugo gusiato masutu, tarable cntido
Le di las gracias al extraño que me había llevado a un lugar seguro, me dispuse a dormir en el suelo en protección fetal. Dormí, por lo menos 3 días seguidos, entonces los gritos de la gente y el alboroto me despertaron.
“Malditos vecinos, otra vez de fiesta”
- Jo uta, jed d mar nto sclo, keri mimir- maldije entre dientes.
Entonces sentí un gran empujón que me envió directamente contra una pared, como si hubiera habido una explosión, aunque no me había quedado claro si en la habitación en mi cabeza.
Tenía que ser en la habitación, porque el dolor de mi cuerpo era real, y eso sirvió en gran medida para espabilarme, ese calor que antes había identificado era fuego, y lo que olía era una sentencia de muerte si me quedaba ahí.
Lástima que, aunque la mente se aclare, el cuerpo no tiene por qué funcionar de la misma manera, intenté ponerme en pie, pero todo lo que me salió fue un triste gateo que hasta los recién nacidos hubieran podido mejorar.
“¿Si quiera había andado para adelante? ¿Qué era adelante? ¿Qué era atrás? ¿Por qué moviéndome lateralmente no podría ir en cualquiera de las 24 direcciones posibles de los cuerpos físicos? Quizás… el fuego Charel, céntrate”
Tenía que salir, necesitaba aire. Entonces unos fuertes brazos tiraron de mí, y empezaron a sacarme de la taberna, probablemente si mi visión hubiera estado más clara, o mi mente más despejada habría reconocido a Rona echándome una mano una vez más.
Me sacaron de “El Vigía” y solo pude seguir arrastrándome hasta un callejón cercano, para expulsar por mi boca probablemente todo lo que había comido en una semana. Solo tenía fe en que eso me devolviera mi capacidad de hablar.
Quizás si hubiera vomitado un poco más, mi vista habría vuelto en sí, quizás si no hubiera estado preocupada por recordar como se andaba, como se hablaba o identificar si estaba bien, algo imposible, ya que apenas podía identificar cuales eran mis pensamientos de los de la voz interior que solo decía “miaumiaumiaumiaumiaumiaumiaumiau”
Quizás si solo hubiera podido alzar un poco la mirada, habría visto a nuestro objetivo, huyendo junto a uno solo de sus subordinados, fundiéndose en la noche, y aprovechando la gente se mezclaba con la misma para desaparecer.
Quizás si hubiera estado sobria, habría sentido la impotencia de saber que habían fracasado estrepitosamente, o habría salido corriendo detrás del sujeto para intentarlo una vez más.
Quizás habría visto a mis compañeros acercándose y eso le habría dado el empujón que necesitaba.
Muchas cosas habrían podido salir bien esa noche, pero quizás simplemente no era lo que tenía que pasar.
Pralder
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
58
70
40
12
17
27
23
33
5
0
Deshice el camino que había hecho desde el Vigía hasta la plaza corriendo todo lo rápido que pude, sin preocuparme de si rompía alguna maceta, banco o caja. A cada esfuerzo que hacía con la pierna izquierda iba dejando las calles salpicadas con gotas de sangre como si de un camino de migas se tratase.
Las llamas estaban creciendo y su calor se empezó a notar aún en la distancia. Cada vez destacaban más por encima de los tejados y comenzaron a llamar la atención de los vecinos del pueblo que no tardan en llenar el ambiente con una cacofonía de gritos y miedo y alarma.
Aceleré más el paso ignorando el dolor. Tenía la sensación de estar tardando una eternidad, como si cuanta más urgencia tuviese por llegar hasta el Vigía más se alejase.
Torcí la última esquina. Mis escasas esperanzas de desaparecieron de un plumazo. El Vigía ardía… y parecía querer hacer honor a su nombre con sus llamas, que se alzaban decenas de metros, iluminando al mar como si lo oteara en busca de nuevas amenazas para sus inquilinos.
A pocos metros de los pies de ese gigante ígneo, estaban los clientes habituales del local intentando apagar las llamas en vano. Revisé la multitud en busca de Charel y de Rona rezando para que estuviesen bien, y a los pocos segundos pude distinguir su silueta. Rona estaba de pie a un lado, llorando mientras contemplaba con impotencia como su casa y el trabajo de una vida se desvanecían. Sujetaba entre sus anchos brazos a una Charel semiconsciente que se meneaba lánguida como si fuera una muñeca de trapo.
Vi en Rona la misma expresión de desesperación que pusieron mis padres. Sentimientos de culpabilidad, preocupación y rabia llenaron mi cabeza. En busca de pagar las deudas de la reconstrucción de mi taberna, había propiciado indirectamente la destrucción de otra. Concluí dos cosas: que ayudaría en la reconstrucción en cuanto esto terminase y que no podría perdonar al pirata causante de las explosiones.
[Nota: Esto último lo dejo a propósito por si lo queremos “explotar” en algún momento a modo drama de grupo]
Charel claramente no se encontraba bien, algo se había ido de las manos y estaba fuera de combate, pero por lo menos estaba a salvo, Rona no dejaría que le pasara nada, otro motivo más para sentirme en deuda con ella.
Siguiente preocupación: Casca. No tenía ni idea de hacia dónde había ido ni si le habrían herido. Miré en dirección opuesta al incendio, buscando hacia el puerto alguna pista… pero nada, todo estaba oscuro.
Casi como si fuera una respuesta a mis pensamientos, una llamarada repentina iluminó en dirección al puerto. “Si se dice que los barcos que bien cuidados tienen un Klabautermann, no sé cómo se llamarán los espíritus de las tabernas que reciben amor, pero el Vígia tiene uno”.
Sin ninguna otra pista que seguir, volví a correr, esta vez en dirección al puerto, revisando constantemente sobre los tejados en busca de cualquier rastro de un disparo o unas alas plateadas.
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