03-07-2024, 01:27 PM
El glorioso ascenso a la superficie del panda fue recibido con el muy leve sonido que hacen los martillos de goma al impactar contra cualquier cosa. La cosa fue en este caso el hombro derecho del panda, que se encontró con el martillo de Zorak nada más salir del subsuelo. Se lo esperaba, la verdad. Zorak había demostrado una aptitud mayor que Kisuke a la hora de dominar el Kenbunshoku y su rápido avance se hizo sin sorpresa alguna por parte del panda. Kisuke, en cambio, se quedó un poco corto en la distancia. Debía de haber perdido la concentración durante demasiado tiempo por el uso de la fruta del panda. Sin embargo se había quedado cerca. El mero hecho de que aquellos dos revolucionarios hubieran podido avanzar tanto en el dominio del haki en tan poco tiempo era evidencia de un potencial mucho mayor que el del panda. —Te quedaste algo corto, Kisuke, pero muy cerca. Zorak muy bien, aunque te aconsejo que guardes cuidado, la idea era esperar a que saliera estando cerca y luego golpearme. Al extender tu brazo directamente sobre mi posición te arriesgas a que salga del suelo de una manera imprevista. Si hubiera salido atacando me hubiera llevado tu brazo por delante. —Las corrección era directa y sincera, sin rodeos. Si bien Zorak había encontrado al panda sí que es cierto que se había vendido un poco de más. —Pero un éxito al fin y al cabo. —Kisuke mencionó algo de una apuesta. Al parecer creía que Don Bambú había consumido una fruta del diablo del tipo paramecia mientras que Zorak apostaba que se trataba de una zoan. —Me temo que es Kisuke el que está en lo cierto. He consumido la Oshi Oshi no mi, una paramecia que me permite manipular el suelo como si fuera arcilla. —Como desmostración de lo que acababa de decir, aunque no creyó que hiciera falta, echó su mano al suelo, lo agarró y tiró de él, estirándolo como si fuera alguna clase de chicle de piedra. —Puedo viajar por el subsuelo y generar ondas cuando lo golpeo, pero eso ya lo habéis visto. —Soltó el trozo de suelo que había agarrado y éste volvió a su forma original rápidamente. —Y a no ser que no quiera, el suelo vuelve a su forma original al cabo de un rato, generalmente cuando dejo de estar manipulándolo, pero bueno, mis poderes no son tan relevantes ahora mismo. —Concluyó el panda. El entrenamiento estaba llegando a su fin, pero todavía podía poner a prueba un poco más a sus alumnos.
—Repitamos el ejercicio, esta vez me sumergiré más profundo en el suelo de tal modo que tendréis que extender vuestra percepción bien lejos para encontrarme. Mismo desarrollo que el anterior. —Y tras aquella explicación, el panda se alejó un metro de Zorak y volvió a golpear el suelo bajo sus pies, formando un túnel y provocando que el suelo oscilase violentamente como si de una marea embravecida se tratase. El panda saltó sin dilación por el túnel, hundiéndose cada vez más en el subsuelo hasta alcanzar una profundidad de veinte metros. Con un manotazo en dirección sureste creó un túnel de ocho metros de longitud y comenzó a caminar en esta dirección sin excesiva prisa, de nuevo dándole tiempo a sus alumnos para encontrarle. Una vez consideró que había esperado lo suficiente (un par de minutos), flexionó sus piernas, tensó sus músculos y saltó empujando el techo por encima suyo como si de una taladradora se tratase. Esta vez emergió del suelo con el puño en alto y en posición de ataque. Si Zorak volvía a venderse ligeramente como en el primer intento se llevaría un pequeño escarmiento. —¡Motto Chikara! —Anunció el panda según llegaba a la superficie.
—Repitamos el ejercicio, esta vez me sumergiré más profundo en el suelo de tal modo que tendréis que extender vuestra percepción bien lejos para encontrarme. Mismo desarrollo que el anterior. —Y tras aquella explicación, el panda se alejó un metro de Zorak y volvió a golpear el suelo bajo sus pies, formando un túnel y provocando que el suelo oscilase violentamente como si de una marea embravecida se tratase. El panda saltó sin dilación por el túnel, hundiéndose cada vez más en el subsuelo hasta alcanzar una profundidad de veinte metros. Con un manotazo en dirección sureste creó un túnel de ocho metros de longitud y comenzó a caminar en esta dirección sin excesiva prisa, de nuevo dándole tiempo a sus alumnos para encontrarle. Una vez consideró que había esperado lo suficiente (un par de minutos), flexionó sus piernas, tensó sus músculos y saltó empujando el techo por encima suyo como si de una taladradora se tratase. Esta vez emergió del suelo con el puño en alto y en posición de ataque. Si Zorak volvía a venderse ligeramente como en el primer intento se llevaría un pequeño escarmiento. —¡Motto Chikara! —Anunció el panda según llegaba a la superficie.
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