29-06-2024, 08:59 PM
El panda recibió con una grata sonrisa que sus alumnos habían decidido volver inmediatamente a la meditación sin descanso alguno de por medio. Ni siquiera se molestaron en responder a su pregunta. Parecía ser que ante un ejercicio de gran dificultad aquellos revolucionarios se ponían las pilas de tal modo que sólo el esfuerzo constante era satisfactorio. Por su parte, el panda se dejó llevar por su propia meditación, lejos de todos los malos pensamientos. Allí, en su pequeño refugio de paz mental, se sentía libre de las tristezas y los agobios del mundo real. El tiempo transcurrió como si los minutos fueran segundos. El cielo ligeramente anaranjado del atardecer se convirtió en un dorado oscuro, señalando que la noche se iba acercando cada vez más. La voz de Kisuke sacó al panda del ensueño de la meditación. Al parecer había progresado con su nuevo planteamiento de la meditación. El panda escuchó atentamente lo que su compañero le estaba contando. La descripción que estaba dando de sus sensaciones se correspondían perfectamente con el despertar del haki de observación. Al menos así como lo había experimentado el panda en su momento. Por su parte, Zorak había logrado el mismo avance. El panda sonrió satisfecho. —Bien. Parece que habéis despertado con éxito el haki. A partir de ahora os resultará más fácil acceder a él. Al menos para mí fue así. Pero que lo hayáis despertado no quiere decir que vuestro dominio del mismo sea siquiera elemental. Debéis profundizar en esta sensación nueva y tratar de explotarla en vuestro beneficio. Por suerte, tengo en mente el ejercicio perfecto para lograrlo. —El panda entonces fue corriendo a un lateral de la sala de entrenamiento donde había convenientemente colocados algunos utensilios propios de un gimnasio para los ejercicios matutinos de los reclutas. Lo que el panda buscaba era, concretamente, un par de aros y un par de pañuelos de tela gruesos (estos últimos ya los había traído él). Volvió a donde estaban los revolucionarios y dejó ambos aros más o menos en el centro de la estancia, separados entre sí por dos metros de distancia. Después, le dio un pañuelo a cada uno. —Cada uno en un aro y cubríos los ojos. Espero que no tengáis un oído excepcional. El ejercicio es simple. Voy a alejarme de vosotros y voy a empezar a moverme. Emplead vuestro haki para encontrarme y señaladme. Seguidme con el dedo hasta que diga basta. No es lo más emocionante, pero es importante saber localizar a alguien en tiempo real. —Dicho esto, el panda procedió a alejarse de los muchachos en dirección a la entrada. Cuando se alejó por lo menos cinco metros, esperó pacientemente a que los revolucionarios se pusieran los pañuelos para comenzar a moverse sin hacer ruido.
En un primer momento, empezó a moverse hacia su derecha, trazando una circunferencia en cuyo centro se encontraban Kisuke y Zorak, pero cuando llevaba unos cuantos metros, cambió repentinamente de dirección y ritmo, moviéndose ligeramente más deprisa, pero lo suficiente como para no montar un estruendo con sus pisadas. Después se quedó quieto unos instantes y procedió a moverse hacia atrás antes de retomar de nuevo su camino hacia la izquierda, trazando de nuevo esta circunferencia solo que esta vez con una amplitud mayor. Cuando consideró que había sido suficiente movimiento lateral, se alejó de nuevo, esta vez llegando a la pared oeste de la sala de entrenamiento. Tratando de no perder de vista lo que hacían sus alumnos, empezó a trepar por la pared con sus enormes zarpas de oso, con las que era capaz de sujetarse con sorprendente facilidad a la pared para trepar por ella al mismo ritmo al que caminaba. Continuó su recorrido por la pared en dirección a la zona opuesta a la entrada de la sala y cuando estuvo situado en el lado contrario a donde había empezado su trayecto (solo que en la pared), empezó a descender de nuevo hasta el suelo y aterrizó con la mayor suavidad posible.
En un primer momento, empezó a moverse hacia su derecha, trazando una circunferencia en cuyo centro se encontraban Kisuke y Zorak, pero cuando llevaba unos cuantos metros, cambió repentinamente de dirección y ritmo, moviéndose ligeramente más deprisa, pero lo suficiente como para no montar un estruendo con sus pisadas. Después se quedó quieto unos instantes y procedió a moverse hacia atrás antes de retomar de nuevo su camino hacia la izquierda, trazando de nuevo esta circunferencia solo que esta vez con una amplitud mayor. Cuando consideró que había sido suficiente movimiento lateral, se alejó de nuevo, esta vez llegando a la pared oeste de la sala de entrenamiento. Tratando de no perder de vista lo que hacían sus alumnos, empezó a trepar por la pared con sus enormes zarpas de oso, con las que era capaz de sujetarse con sorprendente facilidad a la pared para trepar por ella al mismo ritmo al que caminaba. Continuó su recorrido por la pared en dirección a la zona opuesta a la entrada de la sala y cuando estuvo situado en el lado contrario a donde había empezado su trayecto (solo que en la pared), empezó a descender de nuevo hasta el suelo y aterrizó con la mayor suavidad posible.
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