28-06-2024, 11:47 AM
Los invitados se marchaban ya de la fiesta. Una pena, porque ahora venía la mejor parte.
Pude presenciar como aquella pelirroja mujer cogió en brazos a su capitana, la cual estaba totalmente derrotada y sin fuerzas para seguir. Llevé la mirada al suelo, bajo mis pies, y pude contemplar allí mismo como su sangre bañaba el suelo, producto de como anteriormente Maeve la echó por su boca. Me agaché lentamente, flexionando las rodillas para acto seguido pasar mi dedo índice por aquel bello líquido carmesí, bañando mi piel con él.
Me levanté de nuevo, mientras llevaba otra vez la mirada a los invitados, los cuales estaban a punto de escapar de aquel lugar, solo el destino se lo dirá — ¡Capitana Maeve Knox! — Grité, pretendiendo que aquella mujer me escuchase bien — Si alguna vez decide volver, será un placer poder bailar juntos de nuevo, ¿sí? — Realmente eran unos piratas cualquiera con mucha suerte. Pero Maeve ... Algo tenía especial, sentía una atracción y curiosidad que no sabría explicar ahora mismo — ¡Bajad la bandera! — Grité repentinamente, dando la orden muy clara y que fuera rápido. Mientras uno de los subordinados hacía lo que pedí, notaba la sangre aún en mis dedos, recordando lo que le hice a Peteiro.
Una vez la bandera se situó abajo, en un rápido movimiento de brazo, manché la tela con la sangre de la capitana, fundiéndola con el propio color rojo que la bandera portaba, como si fuera una promesa de cara al futuro, lanzando una clara intención de que volver a vernos todos, y quien sabe, a lo mejor se derramaría aún más sangre. A mi mente se me vino aquel hombre que hace tiempo intentó contratar mis servicios para poder borrar del mapa a la capitana Maeve, en aquel momento no me interesó en absoluto, así que simplemente se llevó una negativa por mi parte. Y ahora me encuentro en este punto, en el que por mi mera curiosidad estoy haciendo un trabajo completamente gratis del que no obtendría recompensa alguna.
Con este último acto, el barco zarpó, alejándonos ambos uno del otro. Solo puedo pensar cuando nos volveremos a encontrar, cuanto tiempo pasará, donde será, y qué cosas pasarán. Envainé mi espada y me llevé las manos a mi espalda, dándome media vuelta para entrar a mi camarote y desaparecer por un rato de allí. Necesito descansar.
Pude presenciar como aquella pelirroja mujer cogió en brazos a su capitana, la cual estaba totalmente derrotada y sin fuerzas para seguir. Llevé la mirada al suelo, bajo mis pies, y pude contemplar allí mismo como su sangre bañaba el suelo, producto de como anteriormente Maeve la echó por su boca. Me agaché lentamente, flexionando las rodillas para acto seguido pasar mi dedo índice por aquel bello líquido carmesí, bañando mi piel con él.
Me levanté de nuevo, mientras llevaba otra vez la mirada a los invitados, los cuales estaban a punto de escapar de aquel lugar, solo el destino se lo dirá — ¡Capitana Maeve Knox! — Grité, pretendiendo que aquella mujer me escuchase bien — Si alguna vez decide volver, será un placer poder bailar juntos de nuevo, ¿sí? — Realmente eran unos piratas cualquiera con mucha suerte. Pero Maeve ... Algo tenía especial, sentía una atracción y curiosidad que no sabría explicar ahora mismo — ¡Bajad la bandera! — Grité repentinamente, dando la orden muy clara y que fuera rápido. Mientras uno de los subordinados hacía lo que pedí, notaba la sangre aún en mis dedos, recordando lo que le hice a Peteiro.
Una vez la bandera se situó abajo, en un rápido movimiento de brazo, manché la tela con la sangre de la capitana, fundiéndola con el propio color rojo que la bandera portaba, como si fuera una promesa de cara al futuro, lanzando una clara intención de que volver a vernos todos, y quien sabe, a lo mejor se derramaría aún más sangre. A mi mente se me vino aquel hombre que hace tiempo intentó contratar mis servicios para poder borrar del mapa a la capitana Maeve, en aquel momento no me interesó en absoluto, así que simplemente se llevó una negativa por mi parte. Y ahora me encuentro en este punto, en el que por mi mera curiosidad estoy haciendo un trabajo completamente gratis del que no obtendría recompensa alguna.
Con este último acto, el barco zarpó, alejándonos ambos uno del otro. Solo puedo pensar cuando nos volveremos a encontrar, cuanto tiempo pasará, donde será, y qué cosas pasarán. Envainé mi espada y me llevé las manos a mi espalda, dándome media vuelta para entrar a mi camarote y desaparecer por un rato de allí. Necesito descansar.
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