26-06-2024, 02:10 AM
Escuché el intento de la semioni por defender a la mujer que tenía detrás con una gran sonrisa, estaba funcionando, que predecibles y fáciles de provocar eran los piratas. Además de oír aquella patética orden de Maeve, ya era bastante tarde y sus otros dos peones piratas no podían hacer mucho contra mí en esa situación. Pero la mejor parte de todas era poder deleitarme viendo como la sangre caía por su esternón manchando la ropa de la capitana del Brillante Infortunio. — Será un dulce placer hacerlo — respondí a su ofrecimiento de bailar. En un burdo intento desesperado por atacarme lanzó de nuevo su látigo contra mí, pero esta vez no estaba el horrendo ser para distraerme, por lo que blandí mi impecable espada desviando así su ataque mientras daba un paso hacia ella en el acto. Volví a levantar mi Bloody Kiss hacia Maeve asestando dos estocadas limpias en el pecho, cerca de su corazón. Patéticos. Aquella pelea solo demostraba que mis últimos subordinados eran unos auténticos patanes inútiles, por suerte Larian no estaría más para contratar a tal cantidad de inservibles seres.
Eaa le decía a Rapax Gin que protegiera a Maeve en vez de a ella. Dramáticos. No podían ni morir callados sin hacer un show, mi aburrimiento empezó a hacerse presente con la situación y culminó cuando escuché al hombre decir - de forma extremadamente chabacana - que me iba a ganar. Me giré hacia él con un suspiro de cansancio y cuando caía hacia mí por el salto, volví a usar mi espada para desviar su golpe y así hacerle caer junto con Maeve y Eaa. Di cinco pasos hacia atrás - sin dejar de ver a aquel extraño grupo - quedando a cinco metros de los tres piratas. — Sois solo un trío de piratas con suerte en la vida. Habéis ganado a mis subordinados por puro azar, pero con estos no será igual — silbé con fuerza haciendo que el eco llegara lejos del galeón, a aquellos siete navíos que nos habían estado siguiendo. Dos grupos de hombres y mujeres que rondaban los treinta y cuarenta años se pusieron tras de mí. Se dividían en dos grupos - uno de cincuenta personas a mi derecha y otro de cuarenta a mi izquierda - listos para cuando diera la orden. — ¡Que os divirtáis piratas del Brillante Infortunio! — grité son sorna antes de dirigirme a los recién llegados por mi llamada. — Desatad el cabo de su navío, nuestros invitados se quedan — añadí sonriendo mientras ambos grupos empezaban a caminar hacia los piratas y uno de ellos se dirigía a su barco que estaba a diez metros de donde nos encontrábamos, a mi izquierda - a la derecha de los tres piratas invitados - solo sujeto por un cabo a mi hermoso barco. No estaba dispuesto a seguir con aquel lamentable espectáculo de drama sin sentido, ya había dado el golpe que me pidió el Patrón, si quería algo más dependería de como la dejaran mis subordinados y cuanto más estaba por pagar.
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