23-06-2024, 04:57 AM
Sasha iba refunfuñando cosas inteligibles con sus mofletes inflados y sus labios sobresaliendo. Odiaba perder a sus amigos pero había descubierto que dolía prácticamente igual ver como sus caminos se separaban, como había sido el caso con Kuraku. El lunarian se iba a quedar en Skypiea para combatir la desigualdad - cosas de adultos según la semioni - y le costaba entenderlo, porque si le gustaba estar con ellos podía seguir su aventura con los Shogun Gari. La rubia iba con su habitual chaqueta negra y su camiseta básica blanca bajo esta, llevaba ambas manos en los bolsillos de la prenda que la abrigaba el tren superior de su cuerpo, ya que estaban a las puertas de la noche. La adolescente no podía evitar dar exagerados movimientos con las piernas - como si le diera patadas a un balón imaginario - ante la impotencia de la situación. Cada vez eran menos en su tripulación pirata y temía que en cualquier momento Tobías y Garnet decidieran hacer lo mismo, abandonarla.
Sin que la joven se diera cuenta, llegaron hasta una casa enorme de madera con troncos. Por fin en todo el trayecto había levantado la cabeza y solo para encontrarse con dibujos raros, eso solo significaba una cosa, era el sitio perfecto para ellos. No tardaron en entrar, haciendo que Sasha se quedara mirando todo su alrededor, parecía bastante animado y eso le mejoró ligeramente el humor mientras se dirigía a la barra. — Quiero un batido de chocolate con una caña que tenga muchos giros — dijo de forma segura, porque si iban a intentar pasar buen rato, pues, tenía que ser en condiciones. La bebida no tardó en llegar, tanto la cerveza de Garnet como su batido con una pajita de color azul que daba loopings vertiginosos antes de que el consumidor pueda degustar su bebida. La semioni bebió el batido con una sonrisa en su rostro mientras movía los pies de la felicidad en su asiento, aquello ya era otra cosa. El skypiean se quejó por la música que tocaba la banda y la sonrisa de la semioni se intensificó, cambiando su semblante al típico de sus travesuras. — No tienes huevos a subir y tocar algo — le retó la rubia una vez separó sus labios de la caña sabiendo la poca mecha que tenía el músico.
De repente, una gran cantidad de gente entró al lugar haciendo que la joven se girase hacia la puerta - todavía quedándose sentada en su sitio - pero cogiendo su batido de chocolate con ambas manos y lo iba bebiendo con lentitud para no perderse lo que estaba pasando. Aquel sitio de comida era muy popular o se iba a organizar una buena pelea y cualquiera de las dos opciones era bien recibida por la chica mitad oni. El pelirrojo se había puesto muy nervioso, así que Sasha llevó su mano derecha hacia la cabeza de Garnet palpándola un par de veces esperando que así se tranquilizara. Parecía que iba a ser una pelea por el intercambio de palabras, pero al escuchar el nombre de Yojimbo, la rubia escupió parte de su batido en la camisa de Garnet. — ¡Es Yamamura! ¡Y seguro que también están Triana, Jolyne y Aspros! — gritó emocionada la semioni antes de levantarse para ir a verles. El lunarian había dicho que el mono les iba a invitar a todos los que habían llegado con ellos y eso le dio mucha envidia a la joven, pero enseguida lo olvidó al darle otro sorbo a su achocolatada bebida mientras se encogía los hombros.
El músico de los Shogun Gari no tardó en ponerse a hablar con Yojimbo, parecía que se habían hecho grandes amigos al compartir equipo en los juegos y eso alegraba a la adolescente, sobre todo por lo mal que lo pasó Garnet con la muerte de Nekah. Sasha volvió a dirigir sus labios a la pajita para seguir bebiendo, pero paró en seco cuando escuchó la voz de Triana y vio como miraba a su alrededor. — ¡Triana! — gritó emocionada al ver a su compañera de equipo, y que efectivamente, había ido con Yojimbo. La semioni fue corriendo hasta quedar delante de la mujer - a dos metros - arrollando al pobre Garnet por el camino. — ¿Todavía estáis en la isla? ¡Nosotros hemos venido a beber! — hablaba de forma rápida la adolescente - por lo contenta que estaba de verles - antes de enseñarle su jarra, a la que apenas le quedan dos dedos de batido de chocolate en ella. La noche prometía mucho ahora que habían llegado los Alas Negras.
