21-06-2024, 01:26 AM
(Última modificación: 21-06-2024, 01:27 AM por Max D. Bambú.)
Día 61 de Invierno, Año 12
9:00 am
9:00 am
Poco más de un mes había pasado tras la llegada del panda a aquella base revolucionaria. Sus primeros dos días de descanso tras su despedida con Kisuke y Zorak le habían sentado increíblemente bien. Para cuando se le llamó a su primer entreno matutino, el panda estaba en plena forma. No había ejercicio que no pudiera superar casi sin esfuerzo ni contrincante que no pudiera someter con su increíble fuerza de oso. Poco a poco empezó a quedar patente que el rango de soldado le quedaba pequeño, mas no había nada que hacer al respecto hasta que pudiera solicitarse un ascenso y el mismo se concediese. El panda, de todas formas, no tenía prisa por ascender en el ejército. Asumía todas las responsabilidades que podía y tenía el privilegio de no tener que quedarse atrás en las misiones para dirigir a ningún escuadrón. El panda podía ir con la avanzadilla y estar en primera línea, donde toda la acción transcurría. En el supuesto caso de que una batalla se presentase el panda podría cargar de frente contra el peligro y asegurarse de que otras personas de gran importancia para el Ejército pudieran continuar con sus operaciones sin preocuparse de que los enemigos los alcanzasen. Tal era la mentalidad del panda al respecto y muy difícil resultaba hacerle cambiar de opinión.
Durante aquel mes el panda se había encontrado más veces con Kisuke y con Zorak. Los trataba con el debido respeto y siempre teniendo en cuenta sus rangos superiores. Se cuadraba ante ellos cuando pasaban y se fijaba en ellos cuando los veía entrenar de lejos, tal vez con la esperanza de aprender algo de ellos. Pero el panda tenía una habilidad que ellos aparentemente no poseían: el haki. La primera vez que habló del tema con Kisuke no tenía ni idea de lo que era y el panda se había ofrecido a ayudarles a aprenderlo, alegando que su utilidad era tal que todos en el Ejército Revolucionario deberían tratar de dominarlo. El panda, como neófito en el arte espiritual del haki, no poseía conocimientos excelsos del mismo. Era un aprendiz todavía, vamos. Sin embargo conocía los fundamentos tanto del Busoshoku como del Kenbunshoku a la perfección y era éste último el que tenía intención de enseñarle a sus camaradas primero. Tenía muy claro por qué. Con sus poderes el Kenbunshoku era tan útil que eclipsaba ligeramente al Busoshoku y sus menos aparentes utilidades. De modo que el día 60 de invierno pasó una nota por debajo de la puerta de los aposentos de cada uno de los otros revolucionarios para hacerles saber que al día siguiente podrían comenzar con el entrenamiento, si es que estaban dispuestos a ello.
Ese día el panda se encontraba en la sala de entrenamiento número tres, completamente desierta en aquel momento, meditando en silencio. A lo largo del último mes había podido analizar muchas auras en la base revolucionaria y se había quedado con las de sus compañeros. En aquel momento el panda se encontraba completamente concentrado, esperando la llegada de sus pupilos
Durante aquel mes el panda se había encontrado más veces con Kisuke y con Zorak. Los trataba con el debido respeto y siempre teniendo en cuenta sus rangos superiores. Se cuadraba ante ellos cuando pasaban y se fijaba en ellos cuando los veía entrenar de lejos, tal vez con la esperanza de aprender algo de ellos. Pero el panda tenía una habilidad que ellos aparentemente no poseían: el haki. La primera vez que habló del tema con Kisuke no tenía ni idea de lo que era y el panda se había ofrecido a ayudarles a aprenderlo, alegando que su utilidad era tal que todos en el Ejército Revolucionario deberían tratar de dominarlo. El panda, como neófito en el arte espiritual del haki, no poseía conocimientos excelsos del mismo. Era un aprendiz todavía, vamos. Sin embargo conocía los fundamentos tanto del Busoshoku como del Kenbunshoku a la perfección y era éste último el que tenía intención de enseñarle a sus camaradas primero. Tenía muy claro por qué. Con sus poderes el Kenbunshoku era tan útil que eclipsaba ligeramente al Busoshoku y sus menos aparentes utilidades. De modo que el día 60 de invierno pasó una nota por debajo de la puerta de los aposentos de cada uno de los otros revolucionarios para hacerles saber que al día siguiente podrían comenzar con el entrenamiento, si es que estaban dispuestos a ello.
Ese día el panda se encontraba en la sala de entrenamiento número tres, completamente desierta en aquel momento, meditando en silencio. A lo largo del último mes había podido analizar muchas auras en la base revolucionaria y se había quedado con las de sus compañeros. En aquel momento el panda se encontraba completamente concentrado, esperando la llegada de sus pupilos
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