18-06-2024, 03:03 PM
Me pareció supermegamono cuando lo empujé contra el suelo y él gritó sorprendido. También me pareció adorable, además de acertado, que dijo que se sentiría sobre una nube si no estuviéramos ya sobre una de ellas. Ay, Skypiea, el paraíso en el cielo. Lo que estaba pasando aquel día habría sido totalmente imposible que me lo hubiese imaginado apenas unos días antes. Joe, según tenía entendido, no estaba nada contento con que nos hubiesen mandado a allí engañados por el Almirante Aoyagi. Podría haber estado de acuerdo con él, al menos en parte, pero ya no. Me alegraba infinitamente cada pequeño suceso que había desencadenado en que en aquel momento me encontrase allí. Y hablando de ello, si no fuese por el incompetente que me dio mal la dirección de la librería que estaba a la vuelta de la esquina, no habría acabado frente al río donde me encontré con el gatito.
Vuelta a la realidad, dejándome de ensoñaciones, las reacciones de Garnet a mis palabras eran, simplemente, demasiado tiernas. Los dos pelirrojos, con las mejillas absolutamente enrojecidas cuando le confesé que me gustaba, seguro que si tuviésemos un espectador indiscreto le pareceríamos dos cerecitas. Pero todas aquellas escenas hermosas, dignas de una novela romántica juvenil, se vieron amenazadas en un abrir y cerrar de ojos. Y la culpable de ello, era yo misma, la preciosa y espectacular marine. Por mucho que doliese, debía sincerarme, aún más, con él. Su silencio mientras explicaba como, antes de conocerlo de verdad, quería capturarlo, me hacía sentir como si tuviese una espina atascada en la garganta. Esperé, con el corazón latiendo desbocado por la incertidumbre y el miedo, mientras él mantenía los ojos cerrados. Finalmente, tras lo que se me hizo una eternidad en ese estado de ansiedad, abrió los ojos y me miró. Pude ver la decepción en su rostro, la tristeza, cuando confesó que ya se le había hecho extraño que alguien como yo se hubiese interesado tanto en él. Me atravesó un pinchazo el corazón, como si me hubiesen clavado una daga en él, al ver su rostro entristecido. De verdad que lo sentía, pero me merecía ese dolor y lo que tuviese que decir. Se llevó una gran decepción al enterarse, sobre todo de que las preguntas no fuesen un juego sexual, me dijo riendo, pero pude notar como su risa demostraba incomodidad. Me estaba matando hacerle daño.
—Lo siento mucho de verdad, Garnet. —me disculpé con los ojos inundándose cuando lo creía imposible.
Suspiró y miró al cielo, añadiendo un pero que me generó esperanzas, aunque fuese por un mísero instante. Clavó su mirada en mí, llevando su izquierda a mi mejilla, reconfortándome al decir que entendía el porqué había actuado así tras lo que le había contado. Apreté los labios, temblorosos, viendo como recuperaba una sonrisa tierna y se sonrojó al decir que mi confesión le hacía ver que mis sentimientos eran reales y que agradecía que se lo hubiese contado. Asentí, llena de júbilo por sus palabras y nos besamos. Aunque fue un contacto breve, hizo que mi corazón bailase de emoción. Después añadió que pese a lo que le había dicho, él creía que algo de nuestra primera cita que fue real. ¿Era así?
—Bu-Bueno, algo hubo… Sí. —reconocí finalmente sonrojada, recordaba como precisamente consiguió sacarme una carcajada sincera al arrodillarse y pedirme que lo pisara.
¿Había sido eso lo que me hizo sentir de forma tan extraña, que realmente había algo de aquella cita real? No me lo había planteado en ningún instante hasta el momento. Aunque las señales habían estado allí, que me habían hecho dudar, las había contenido autoconvenciéndome de que me estaba mintiendo, actuando. Como yo solía hacer… Pero se acabó el fingir con él. Estaba adorable, intentando ponerse serio, pero sonrojándose al decirme que también le gustaba mucho. Mi estómago aleteaba y rugía de forma extraña. Entonces dijo que mi sinceridad, le hacía ver que “algo” podría funcionar. Sentí tal vergüenza en ese momento que escondí la cara tras las manos, abriendo ligeramente los dedos para entrever a través de ellos. ¿Cómo podía hacer que yo, una mujer tan hermosa y confiada, me tambalease y derritiese como un flan ante sus palabras? Entonces sacó un tema complicado a la luz, nuestro futuro. Ninguno de los dos sabíamos a dónde iríamos después de estar en aquella isla, ni siquiera si estaríamos en la misma corriente. Todo eso sumado al escándalo que supondría que una marine y un pirata estuviesen juntos. Desvié la mirada de él un momento, con una idea cobrando forma en mi mente, pero ya lo pensaría después. Me centré en lo que tenía que decir, volviendo a él mi atención y observando como tragaba saliva sonrojándose todavía más si es que aquello era posible, generándome expectación y curiosidad por lo que fuese a decir mi gatito. Me erguí, apoyándome sobre las manos con la cabeza ladeada para mirarlo. Entonces, sorprendiéndome de forma que abrí los ojos por completo, gritó con todas sus fuerzas que quería estar conmigo, en la distancia o la cercanía.
Sentí el color subiendo desde mi barbilla hasta mi frente, acompañado por un calor abrasador que bien podría estar echando humo. Dentro de mi cabeza, el grito de una adolescente perforándome la mente, como si la yo de aquella época en la que mis máximas preocupaciones habrían sido los chicos, emergiera por un instante.
—Y-y-y-y-y-yo… Ta-ta-ta-también quiero, ¿sabes? —expresé con esfuerzo con la voz temblorosa, con la vista a un lado evitando su mirada.
Me llevé una mano al pecho, sobre el corazón. Con solo el tacto podía sentir como retumbaba a toda velocidad bajo mi piel. “A ver, a ver, a ver… Cálmate, no es para tanto. Significa que quiere verte más, ya está. Solo es eso.” me decía a mí misma intentando relajarme. Pero no podía, con él esas vocecitas no tenían poder sobre mí, su sola presencia las acallaba. Me perdí en una nube de algodón, imaginándonos por una playa caminando al atardecer, cogidos de la mano y riendo juntos, con él babeando por mi asombrosa belleza… Con ambas manos, me abofeteé las mejillas, forzándome a volver a la tierra. O a las nubes más bien.
—Esto… —comencé a decir, poniéndome con las rodillas y las manos en el suelo y avanzando hasta tener su cara bajo la mía— ¿Significa que somos… pareja? —pregunté avergonzada, pero mirándolo con la ilusión fluyendo en mi rostro— Me gustaría… Sí. Y sea como sea si… esto… hmmm… —me trababa nerviosa— Si queremos, estoy segura de que podemos con lo que sea.
Pasé mi brazo y pierna por encima de su cuerpo hasta estar sobre él y me senté. Bajé entonces la cabeza para besarlo, fundiéndome con sus labios. Daba igual lo que hiciese, quería más de él. Lentamente y sin despegarme de sus labios, giré sobre mí misma, rodando por el suelo y acompañándolo para que se pusiera encima.
—O… oye. —llamé su atención con la respiración entrecortada observando su cara, su pecho desnudo y su cuerpo sobre el mío, repasando su piel con mis dedos suavemente— Esto hay que celebrarlo, ¿sabes? —me mordí el labio inferior devolviendo la mirada a sus ojos— ¿Te apetece? Y luego me cuentas más sobre ti, si quieres…
Quería conocer cada rincón de su alma, de todas la formas posibles. Quería… a él. No lo entendía bien, pero después de aquel rato, sentía algo nuevo y quería conectar más si es que eso era posible.
Vuelta a la realidad, dejándome de ensoñaciones, las reacciones de Garnet a mis palabras eran, simplemente, demasiado tiernas. Los dos pelirrojos, con las mejillas absolutamente enrojecidas cuando le confesé que me gustaba, seguro que si tuviésemos un espectador indiscreto le pareceríamos dos cerecitas. Pero todas aquellas escenas hermosas, dignas de una novela romántica juvenil, se vieron amenazadas en un abrir y cerrar de ojos. Y la culpable de ello, era yo misma, la preciosa y espectacular marine. Por mucho que doliese, debía sincerarme, aún más, con él. Su silencio mientras explicaba como, antes de conocerlo de verdad, quería capturarlo, me hacía sentir como si tuviese una espina atascada en la garganta. Esperé, con el corazón latiendo desbocado por la incertidumbre y el miedo, mientras él mantenía los ojos cerrados. Finalmente, tras lo que se me hizo una eternidad en ese estado de ansiedad, abrió los ojos y me miró. Pude ver la decepción en su rostro, la tristeza, cuando confesó que ya se le había hecho extraño que alguien como yo se hubiese interesado tanto en él. Me atravesó un pinchazo el corazón, como si me hubiesen clavado una daga en él, al ver su rostro entristecido. De verdad que lo sentía, pero me merecía ese dolor y lo que tuviese que decir. Se llevó una gran decepción al enterarse, sobre todo de que las preguntas no fuesen un juego sexual, me dijo riendo, pero pude notar como su risa demostraba incomodidad. Me estaba matando hacerle daño.
—Lo siento mucho de verdad, Garnet. —me disculpé con los ojos inundándose cuando lo creía imposible.
Suspiró y miró al cielo, añadiendo un pero que me generó esperanzas, aunque fuese por un mísero instante. Clavó su mirada en mí, llevando su izquierda a mi mejilla, reconfortándome al decir que entendía el porqué había actuado así tras lo que le había contado. Apreté los labios, temblorosos, viendo como recuperaba una sonrisa tierna y se sonrojó al decir que mi confesión le hacía ver que mis sentimientos eran reales y que agradecía que se lo hubiese contado. Asentí, llena de júbilo por sus palabras y nos besamos. Aunque fue un contacto breve, hizo que mi corazón bailase de emoción. Después añadió que pese a lo que le había dicho, él creía que algo de nuestra primera cita que fue real. ¿Era así?
—Bu-Bueno, algo hubo… Sí. —reconocí finalmente sonrojada, recordaba como precisamente consiguió sacarme una carcajada sincera al arrodillarse y pedirme que lo pisara.
¿Había sido eso lo que me hizo sentir de forma tan extraña, que realmente había algo de aquella cita real? No me lo había planteado en ningún instante hasta el momento. Aunque las señales habían estado allí, que me habían hecho dudar, las había contenido autoconvenciéndome de que me estaba mintiendo, actuando. Como yo solía hacer… Pero se acabó el fingir con él. Estaba adorable, intentando ponerse serio, pero sonrojándose al decirme que también le gustaba mucho. Mi estómago aleteaba y rugía de forma extraña. Entonces dijo que mi sinceridad, le hacía ver que “algo” podría funcionar. Sentí tal vergüenza en ese momento que escondí la cara tras las manos, abriendo ligeramente los dedos para entrever a través de ellos. ¿Cómo podía hacer que yo, una mujer tan hermosa y confiada, me tambalease y derritiese como un flan ante sus palabras? Entonces sacó un tema complicado a la luz, nuestro futuro. Ninguno de los dos sabíamos a dónde iríamos después de estar en aquella isla, ni siquiera si estaríamos en la misma corriente. Todo eso sumado al escándalo que supondría que una marine y un pirata estuviesen juntos. Desvié la mirada de él un momento, con una idea cobrando forma en mi mente, pero ya lo pensaría después. Me centré en lo que tenía que decir, volviendo a él mi atención y observando como tragaba saliva sonrojándose todavía más si es que aquello era posible, generándome expectación y curiosidad por lo que fuese a decir mi gatito. Me erguí, apoyándome sobre las manos con la cabeza ladeada para mirarlo. Entonces, sorprendiéndome de forma que abrí los ojos por completo, gritó con todas sus fuerzas que quería estar conmigo, en la distancia o la cercanía.
Sentí el color subiendo desde mi barbilla hasta mi frente, acompañado por un calor abrasador que bien podría estar echando humo. Dentro de mi cabeza, el grito de una adolescente perforándome la mente, como si la yo de aquella época en la que mis máximas preocupaciones habrían sido los chicos, emergiera por un instante.
—Y-y-y-y-y-yo… Ta-ta-ta-también quiero, ¿sabes? —expresé con esfuerzo con la voz temblorosa, con la vista a un lado evitando su mirada.
Me llevé una mano al pecho, sobre el corazón. Con solo el tacto podía sentir como retumbaba a toda velocidad bajo mi piel. “A ver, a ver, a ver… Cálmate, no es para tanto. Significa que quiere verte más, ya está. Solo es eso.” me decía a mí misma intentando relajarme. Pero no podía, con él esas vocecitas no tenían poder sobre mí, su sola presencia las acallaba. Me perdí en una nube de algodón, imaginándonos por una playa caminando al atardecer, cogidos de la mano y riendo juntos, con él babeando por mi asombrosa belleza… Con ambas manos, me abofeteé las mejillas, forzándome a volver a la tierra. O a las nubes más bien.
—Esto… —comencé a decir, poniéndome con las rodillas y las manos en el suelo y avanzando hasta tener su cara bajo la mía— ¿Significa que somos… pareja? —pregunté avergonzada, pero mirándolo con la ilusión fluyendo en mi rostro— Me gustaría… Sí. Y sea como sea si… esto… hmmm… —me trababa nerviosa— Si queremos, estoy segura de que podemos con lo que sea.
Pasé mi brazo y pierna por encima de su cuerpo hasta estar sobre él y me senté. Bajé entonces la cabeza para besarlo, fundiéndome con sus labios. Daba igual lo que hiciese, quería más de él. Lentamente y sin despegarme de sus labios, giré sobre mí misma, rodando por el suelo y acompañándolo para que se pusiera encima.
—O… oye. —llamé su atención con la respiración entrecortada observando su cara, su pecho desnudo y su cuerpo sobre el mío, repasando su piel con mis dedos suavemente— Esto hay que celebrarlo, ¿sabes? —me mordí el labio inferior devolviendo la mirada a sus ojos— ¿Te apetece? Y luego me cuentas más sobre ti, si quieres…
Quería conocer cada rincón de su alma, de todas la formas posibles. Quería… a él. No lo entendía bien, pero después de aquel rato, sentía algo nuevo y quería conectar más si es que eso era posible.
