13-06-2024, 11:47 PM
En efecto, Ikirami no pareció haber entendido a que se refería Garnet cuando decía que, todo lo que había sucedido en ese claro, era una locura. En ocasiones, entender la jerga tan callejera y desfasada del músico era una ardua tarea. El propio skypiean lo sabía, así que no quiso darle demasiadas vueltas. Ahora mismo era lo de menos, aún menos cuando estaban expresando sus opiniones sobre cómo había ido ese acto lleno de pasión, lujuria y deseo que habían tenido hace escasos momentos y es que, cuando el pelirrojo le dijo como le había maravillado de principio a fin, resaltando ciertos momentos "+18", Ikirami sacaba a relucir una sonrisa que, junto a su sutil gesto de inclinar su cabeza hacia la mano con la que el skypiean acariciaba su mejilla, hicieron latir con intensidad el corazón del pirata. La deslumbrante mujer añadió otro de los muchos pasionales momentos que se dieron durante el acto sexual, bromeando con que, si la bestia sobre la que se acostaban ahora mismo aún vivía, tras aquello seguramente la terminaran de rematar.
Al concluir Garnet con que, en resumidas cuentas, hacer el amor con semejante diosa había sido algo mágico, pudo apreciar como, Ikirami, se mordía su labio para, seguidamente, apoyándose sobre el músico con más intensidad, llegando casi a rodear con su brazo el torso del skypiean y, mirarle con ternura y asentirle en silencio. Al observar los comportamientos de la marine, en la cabeza del músico empezó a llevarse una especie de acertijo que consistía en adivinar, a pesar de tener a una mujer con una belleza de esas proporciones, completamente desnuda, y sobre él - aún más sabiendo lo salido que está el muy cabezón -, ¿cómo era posible que, más allá de concentrarse en la libertad de su cuerpo sin ropa y ataduras, no pudiera despegar su mirada de esos sutiles y adorables gestos que, hasta hace momentos, veía inconcebibles en la marine? ¿Acaso...? No, aún era demasiado pronto para eso.
Luego, cuando le preguntó, con cierta preocupación, si le había hecho algún tipo daño durante su "ida de perola", Ikirami lo negó rotundamente, alzando su barbilla hacia atrás y, continuando en que le había gustado, incluso más de lo que, en un principio, habría podido pensar. Al escuchar la respuesta de la pelirroja, el músico sintió como podía respirar aliviado al saber que realmente ella también había disfrutado como él de aquel íntimo momento. Encima de todo, tras ese comentario, suspiró y, de manera que a Garnet le volvió a parecer adorable, escondió su cara en el pecho del músico.- ¡¿Cómo puede pasar de estar tan caliente a ser tan jodidamente adorable?!- De verdad que no se podía creer que esa Ikirami fuera la misma Ikirami que la que había conocido días atrás y la misma Ikirami que se había encontrado de primeras en la entrada al bosque.
Seguidamente, al Garnet empezar a hablarle sobre su difunta Aurora, si hubiera mantenido su mirada fija en la marine, podría haber visto como su expresión se tornaba a una que reflejaba una ligera molestia. Cuando acabó de explicar cuál era su situación con su fallecida churri, volvió a mirar hacia la pelirroja, viendo como tenía una ceja arqueada y una sonrisa perpleja dibujada en su bello rostro para, a continuación respirar aliviada y decir, en tono sarcástico y entre risas, que no había hecho nada raro, aparte de empotrarla transformado en una bestia semi-humana. El comentario -el cuál hizo que Garnet casi se echara a reír a carcajadas- eliminó por completo la preocupación que azotaba su corazón. No sólo no había hecho nada raro, sino que, Ikirami, parecía haberse tomado con la mayor de las naturalidades haber hecho el amor con una mujer que tenía pene, lo cual, a priori, hablaba muy bien de la teniente de la marina. Todo esto que pasaba por la mente de Garnet se desvaneció cuando, nuevamente, otro gesto por parte de la marine que hizo bombear con más intensidad el órgano latiente de Garnet y es que, al pasar su mano hacia la oreja de la mujer, esta la agarró con suavidad y, acercándola hasta su boca, depositó en ella un beso inundado en ternura, haciendo que la cara de Garnet se volviera casi del mismo tono que su pelo. Si no fuera suficiente con eso, tras incorporarse usando sus dos brazos, se sentó sobre él, acercándose a su cara y mirándole con detenimiento. En esos instantes, el pirata, decidió perderse en esos rojizos luceros que la marine tenía como ojos, sintiendo como, en ese intercambio de miradas, se empezaba a prender una chispa que iba más allá de una simple tensión sexual. Justo entonces, la mujer susurró - mientras retiraba su pelo hacia un lado con su siniestra y se apoyaba sobre el jaguar con su diestra - que esperaba que su primera vez, tanto sus perfectos y exuberantes atributos femeninos resultaran satisfactorios. Al hacer mención a esto Ikirami, ahora sí que sí, el pelirrojo no pudo contener la tentación de recorrer su mirada, desde su angelical cara, hasta ese cuerpo creado por un ser divino, empapado en humedad y sudor, que relucía con los pocos haces de luz que se llegaban a colar entre las copas de los árboles. Y esos mogambos, ¡ay! ¡Qué decir de esos mogambos! - Puejeje, me tienen y me tienes majara perdido.- Dijo, sin ningún tipo de vergüenza, con sus ojos trastocados en corazones y con la lengua fuera. Acto seguido, agitó su cabeza hacia sus lados, y volvió a posar sus ojos sobre los de Ikirami.- Ha sido satisfactorio que te cagas, ¿es o no es?- Aclaró, de nuevo, con una sonrisa en su cara.
Mientras la marine recorría tanto su mirada como su dedo índice, las distintas facciones de la cara de Garnet, el pelirrojo, volvió a posar su mano derecha esta vez en la pierna izquierda de Ikirami, recorriendo con suavidad y perdiéndose en cada célula que conformaba el tejido epitelial de su pulcra piel, al mismo tiempo que no podía apartar su vista de ella.- El menda podría estar así todo el tiempo... Sí... Esto es vida, ¿es o no es?- Pensaba reflexivo sobre lo mágico que estaba siendo ese momento tan privado, dónde, después de haberla penetrado "chochinamente", ahora sentía que estaba empezando a penetrar su alma, en el buen sentido. Pero entonces, algo extraño sucedió.
Tras afirmar algo, que Garnet no entendió muy a qué se refería, y quedándose con una expresión llena de confusión, Ikirami comenzó a decir una frase que no llegó a acabar pues, a medio camino, sus ojos, que se apartaron de los del pirata, se abrieron como platos, que junto a una expresión que denotaba miedo y terror, hizo que el músico se pusiera en alerta. Lo primero que hizo, instintivamente, fue inclinar su espalda hacia delante y mirar hacia atrás.- ¿¡Un intruso?! ¿¡El leopardo!?- No había nada, por supuesto, volviendo a girar su cuello en dirección a Ikirami, quién se había levantado, rápidamente y se estaba dirigiendo hacia el tronco dónde había estado sentada anteriormente.- ¿Ikirami? ¿H-ha pasado algo?- Preguntaba preocupado, con varias gotas de sudor descendiendo de su frente, levantándose, de golpe de un salto. Pudo ver como la marine, dándole la espalda al pirata y con sus manos llevadas a la cara, se sentaba en dicho tronco, mientras murmuraba algo incomprensible para Garnet. Sin comprender para nada que estaba ocurriendo en la mente de Ikirami, el músico se acercó, lentamente hacia ella llegando a observar, cuando estaba lo suficientemente cerca a unos dos metros, como la marine se abrazaba así misma, clavando sus uñas en sus brazos, de tal manera, que hasta su sangre escapaba de su torrente sanguíneo. Pero fue cuando la vio llorar que sintió como su corazón se encogía, invadiéndole una gran tristeza que, acompañado de un repentino pinchazo en la cabeza -haciendo que Garnet se llevara su diestra a la cabeza-, pudo sentir, de manera paranormal y extrasensorial, un gran dolor que era completamente ajeno a él.- ¿P-pero... pero qué?- No era la primera vez, en ese mismo día, que tenía una sensación como aquella. Desde que despertó de su inconsciencia, en dos ocasiones más e inexplicablemente, había podido percibir o sentir sentimientos que iban más allá de los suyos.
Dos segundos después, cuando cesó aquel pinchazo de su cabeza, Garnet respiró profundamente, y miró a su alrededor. Casi sin pensarlo, y como si fuera más que un impulso que otra cosa, fue en camino hacia dónde había dejado su Fallen Sound, agarrándolo con firmeza del mástil con su izquierda y, seguidamente, estando de camino, cogió también la camisa del uniforme de la marine que se encontraba desperdigada por el suelo, agarrándola con su diestra. Completamente serio, tragó saliva, y se dirigió, nuevamente, hacia donde estaba Ikirami. Una vez situada justo a su espalda, primero, dejó reposar su laúd en el suelo, apoyándolo en el tronco para luego, con ambas manos, situar la camisa justo por encima de los hombros de la pelirroja. Luego, casi de manera inconsciente, agarró el laúd, se sentó a su derecha sin brusquedad y, como si se dejara llevar por los sentimientos de Ikirami, comenzó a tocar una melodía que, al contrario que la que le había ofrecido con anterioridad, esta poseía unas tonadas más melancólicas y tristes, al igual que el mismo rostro de Garnet al presenciar en el estado en el que se encontraba la pelirroja.
Tras tocar una decena de segundos, Garnet paró de frotar sus dedos por las cuerdas de su instrumento, volviendo a depositar a Fallen Sound en el suelo.- Tch pero que haces, cacho tolai... Como si eso fuera a servir de algo...- Pensaba el pirata, con cierta confusión, al no saber exactamente por qué, había decidido actuar de esa manera. Ciertamente, estaba completamente preocupado por Ikirami, sobre todo cuando, al girar su cabeza hacia ella, la veía ahora más de cerca. Le resultaba desgarrador verla de esa manera, haciendo que la tristeza en el músico aumentara. ¿Debía abrazarla? ¿Acariciarla? ¿Decirle que todo iba a ir bien? ¿O en cambio era mejor dejarla a solas? Había muchas opciones pero ninguna le parecía realmente buena idea. Tras mucho pensarlo, y sin tenerlo realmente claro, Garnet cogió aire.- Ikirami... El menda está aquí, y lo tienes para lo que haga falta, ¿es o no es?- Le dijo con suavidad, para, después, rodearla por la espalda con su brazo izquierdo, hasta que su mano se puso, con delicadeza, sobre el hombro izquierdo de la marine.- Si quieres soltar todo lo que te está comiendo la cabeza, aquí estoy, ¿es o no es?- Le susurró, a la par que comenzaba a acariciarle el hombro, expectante por ver cuál era la reacción que tendría su pequeña y rota diosa pelirroja.
Al concluir Garnet con que, en resumidas cuentas, hacer el amor con semejante diosa había sido algo mágico, pudo apreciar como, Ikirami, se mordía su labio para, seguidamente, apoyándose sobre el músico con más intensidad, llegando casi a rodear con su brazo el torso del skypiean y, mirarle con ternura y asentirle en silencio. Al observar los comportamientos de la marine, en la cabeza del músico empezó a llevarse una especie de acertijo que consistía en adivinar, a pesar de tener a una mujer con una belleza de esas proporciones, completamente desnuda, y sobre él - aún más sabiendo lo salido que está el muy cabezón -, ¿cómo era posible que, más allá de concentrarse en la libertad de su cuerpo sin ropa y ataduras, no pudiera despegar su mirada de esos sutiles y adorables gestos que, hasta hace momentos, veía inconcebibles en la marine? ¿Acaso...? No, aún era demasiado pronto para eso.
Luego, cuando le preguntó, con cierta preocupación, si le había hecho algún tipo daño durante su "ida de perola", Ikirami lo negó rotundamente, alzando su barbilla hacia atrás y, continuando en que le había gustado, incluso más de lo que, en un principio, habría podido pensar. Al escuchar la respuesta de la pelirroja, el músico sintió como podía respirar aliviado al saber que realmente ella también había disfrutado como él de aquel íntimo momento. Encima de todo, tras ese comentario, suspiró y, de manera que a Garnet le volvió a parecer adorable, escondió su cara en el pecho del músico.- ¡¿Cómo puede pasar de estar tan caliente a ser tan jodidamente adorable?!- De verdad que no se podía creer que esa Ikirami fuera la misma Ikirami que la que había conocido días atrás y la misma Ikirami que se había encontrado de primeras en la entrada al bosque.
Seguidamente, al Garnet empezar a hablarle sobre su difunta Aurora, si hubiera mantenido su mirada fija en la marine, podría haber visto como su expresión se tornaba a una que reflejaba una ligera molestia. Cuando acabó de explicar cuál era su situación con su fallecida churri, volvió a mirar hacia la pelirroja, viendo como tenía una ceja arqueada y una sonrisa perpleja dibujada en su bello rostro para, a continuación respirar aliviada y decir, en tono sarcástico y entre risas, que no había hecho nada raro, aparte de empotrarla transformado en una bestia semi-humana. El comentario -el cuál hizo que Garnet casi se echara a reír a carcajadas- eliminó por completo la preocupación que azotaba su corazón. No sólo no había hecho nada raro, sino que, Ikirami, parecía haberse tomado con la mayor de las naturalidades haber hecho el amor con una mujer que tenía pene, lo cual, a priori, hablaba muy bien de la teniente de la marina. Todo esto que pasaba por la mente de Garnet se desvaneció cuando, nuevamente, otro gesto por parte de la marine que hizo bombear con más intensidad el órgano latiente de Garnet y es que, al pasar su mano hacia la oreja de la mujer, esta la agarró con suavidad y, acercándola hasta su boca, depositó en ella un beso inundado en ternura, haciendo que la cara de Garnet se volviera casi del mismo tono que su pelo. Si no fuera suficiente con eso, tras incorporarse usando sus dos brazos, se sentó sobre él, acercándose a su cara y mirándole con detenimiento. En esos instantes, el pirata, decidió perderse en esos rojizos luceros que la marine tenía como ojos, sintiendo como, en ese intercambio de miradas, se empezaba a prender una chispa que iba más allá de una simple tensión sexual. Justo entonces, la mujer susurró - mientras retiraba su pelo hacia un lado con su siniestra y se apoyaba sobre el jaguar con su diestra - que esperaba que su primera vez, tanto sus perfectos y exuberantes atributos femeninos resultaran satisfactorios. Al hacer mención a esto Ikirami, ahora sí que sí, el pelirrojo no pudo contener la tentación de recorrer su mirada, desde su angelical cara, hasta ese cuerpo creado por un ser divino, empapado en humedad y sudor, que relucía con los pocos haces de luz que se llegaban a colar entre las copas de los árboles. Y esos mogambos, ¡ay! ¡Qué decir de esos mogambos! - Puejeje, me tienen y me tienes majara perdido.- Dijo, sin ningún tipo de vergüenza, con sus ojos trastocados en corazones y con la lengua fuera. Acto seguido, agitó su cabeza hacia sus lados, y volvió a posar sus ojos sobre los de Ikirami.- Ha sido satisfactorio que te cagas, ¿es o no es?- Aclaró, de nuevo, con una sonrisa en su cara.
Mientras la marine recorría tanto su mirada como su dedo índice, las distintas facciones de la cara de Garnet, el pelirrojo, volvió a posar su mano derecha esta vez en la pierna izquierda de Ikirami, recorriendo con suavidad y perdiéndose en cada célula que conformaba el tejido epitelial de su pulcra piel, al mismo tiempo que no podía apartar su vista de ella.- El menda podría estar así todo el tiempo... Sí... Esto es vida, ¿es o no es?- Pensaba reflexivo sobre lo mágico que estaba siendo ese momento tan privado, dónde, después de haberla penetrado "chochinamente", ahora sentía que estaba empezando a penetrar su alma, en el buen sentido. Pero entonces, algo extraño sucedió.
Tras afirmar algo, que Garnet no entendió muy a qué se refería, y quedándose con una expresión llena de confusión, Ikirami comenzó a decir una frase que no llegó a acabar pues, a medio camino, sus ojos, que se apartaron de los del pirata, se abrieron como platos, que junto a una expresión que denotaba miedo y terror, hizo que el músico se pusiera en alerta. Lo primero que hizo, instintivamente, fue inclinar su espalda hacia delante y mirar hacia atrás.- ¿¡Un intruso?! ¿¡El leopardo!?- No había nada, por supuesto, volviendo a girar su cuello en dirección a Ikirami, quién se había levantado, rápidamente y se estaba dirigiendo hacia el tronco dónde había estado sentada anteriormente.- ¿Ikirami? ¿H-ha pasado algo?- Preguntaba preocupado, con varias gotas de sudor descendiendo de su frente, levantándose, de golpe de un salto. Pudo ver como la marine, dándole la espalda al pirata y con sus manos llevadas a la cara, se sentaba en dicho tronco, mientras murmuraba algo incomprensible para Garnet. Sin comprender para nada que estaba ocurriendo en la mente de Ikirami, el músico se acercó, lentamente hacia ella llegando a observar, cuando estaba lo suficientemente cerca a unos dos metros, como la marine se abrazaba así misma, clavando sus uñas en sus brazos, de tal manera, que hasta su sangre escapaba de su torrente sanguíneo. Pero fue cuando la vio llorar que sintió como su corazón se encogía, invadiéndole una gran tristeza que, acompañado de un repentino pinchazo en la cabeza -haciendo que Garnet se llevara su diestra a la cabeza-, pudo sentir, de manera paranormal y extrasensorial, un gran dolor que era completamente ajeno a él.- ¿P-pero... pero qué?- No era la primera vez, en ese mismo día, que tenía una sensación como aquella. Desde que despertó de su inconsciencia, en dos ocasiones más e inexplicablemente, había podido percibir o sentir sentimientos que iban más allá de los suyos.
Dos segundos después, cuando cesó aquel pinchazo de su cabeza, Garnet respiró profundamente, y miró a su alrededor. Casi sin pensarlo, y como si fuera más que un impulso que otra cosa, fue en camino hacia dónde había dejado su Fallen Sound, agarrándolo con firmeza del mástil con su izquierda y, seguidamente, estando de camino, cogió también la camisa del uniforme de la marine que se encontraba desperdigada por el suelo, agarrándola con su diestra. Completamente serio, tragó saliva, y se dirigió, nuevamente, hacia donde estaba Ikirami. Una vez situada justo a su espalda, primero, dejó reposar su laúd en el suelo, apoyándolo en el tronco para luego, con ambas manos, situar la camisa justo por encima de los hombros de la pelirroja. Luego, casi de manera inconsciente, agarró el laúd, se sentó a su derecha sin brusquedad y, como si se dejara llevar por los sentimientos de Ikirami, comenzó a tocar una melodía que, al contrario que la que le había ofrecido con anterioridad, esta poseía unas tonadas más melancólicas y tristes, al igual que el mismo rostro de Garnet al presenciar en el estado en el que se encontraba la pelirroja.
ACLARACION OFF-ROL
Tras tocar una decena de segundos, Garnet paró de frotar sus dedos por las cuerdas de su instrumento, volviendo a depositar a Fallen Sound en el suelo.- Tch pero que haces, cacho tolai... Como si eso fuera a servir de algo...- Pensaba el pirata, con cierta confusión, al no saber exactamente por qué, había decidido actuar de esa manera. Ciertamente, estaba completamente preocupado por Ikirami, sobre todo cuando, al girar su cabeza hacia ella, la veía ahora más de cerca. Le resultaba desgarrador verla de esa manera, haciendo que la tristeza en el músico aumentara. ¿Debía abrazarla? ¿Acariciarla? ¿Decirle que todo iba a ir bien? ¿O en cambio era mejor dejarla a solas? Había muchas opciones pero ninguna le parecía realmente buena idea. Tras mucho pensarlo, y sin tenerlo realmente claro, Garnet cogió aire.- Ikirami... El menda está aquí, y lo tienes para lo que haga falta, ¿es o no es?- Le dijo con suavidad, para, después, rodearla por la espalda con su brazo izquierdo, hasta que su mano se puso, con delicadeza, sobre el hombro izquierdo de la marine.- Si quieres soltar todo lo que te está comiendo la cabeza, aquí estoy, ¿es o no es?- Le susurró, a la par que comenzaba a acariciarle el hombro, expectante por ver cuál era la reacción que tendría su pequeña y rota diosa pelirroja.
PEQUEÑA ACLARACIÓN
KARMAS
INVENTARIO
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
