12-06-2024, 03:38 AM
Pensaba en lo cómodo que iba a ser aquello encima del cuerpo del jaguar, sintiendo el suave pelaje bajo nuestros cuerpos desnudos. Acaricié a la bestia regodeándome en el placer que nos esperaba cuando esta comenzó a moverse justo debajo de nosotros. Mi sorpresa fue, que no se trataba de ese felino. Era el minino que se estaba transformando en tigre, acabando con un rugido que reverberó por todo el claro, incluso ahuyentando a una bandada de pájaros que salió volando por encima de las copas de los árboles. Ya había presenciado aquella forma suya en los juegos, pero al tenerlo ahora delante y tan cerca de mí, pude sentir la feroz aura que emanaba de él. Desprendía una energía salvaje que hizo que me excitase todavía más, acompañada de un suave ronroneo que me encendía como un volcán en erupción. Su cuerpo, ahora transformado y cubierto por un pelaje atigrado, me doblaba en tamaño y aquello no hacía más que encenderme todavía más, si es que era posible. Por un largo rato, había olvidado por completo que Garnet había consumido una Zoan, tenerlo debajo de mí en aquella forma me hizo preguntarme muchas cosas, aun teniendo la mayor parte de mi mente en otros asuntos. Toda la vida aprendiendo sobre Akumas y jamás había leído nada sobre relaciones íntimas con uno en forma híbrida. Si no estaba suficientemente tentada ya, aquello solo hizo que crearme un deseo todavía mayor por sus carnes. Sonreí con malicia, comprendiendo a su vez que una de las capacidades de ese tipo de frutas era la regeneración. Eso significaba… que no debía contenerme. Los instintos primitivos que habitaban mi interior me generaban unas ansias por su cuerpo tales que sentía la necesidad de morderle, arañarle y apresarle con fuerza. La idea de ejercer control sobre él, transformado en tan enorme y magnífica fiera, era algo que me provocaba y seducía sobremanera.
Mi felino personal se disculpó, alegando que no podía aguantar más y me agarró de la cintura con delicadeza, levantándome como si mi peso no fuese obstáculo para sus músculos. Con suavidad, me dejó sobre el animal en el suelo. Me mordí el labio con el corazón latiendo a mil por hora y asentí con la cabeza para después retirarme el pelo hacia atrás. Él prescindió de la poca ropa que le quedaba, exponiendo todo su cuerpo felino ante mí, el cual admiré como la obra maestra que era. Veía en sus gestos como parecía estar luchando contra la bestia que llevaba dentro, incluso me advirtió de que le avisase si se pasaba en algún momento, pero yo no tenía ni un ápice de miedo. Teniendo conocimiento de sus capacidades, pensaba dar rienda suelta a mis más oscuros deseos con su cuerpo. Se reclinó sobre mí, destrozando mi camisa ensangrentada y revelando mis senos perfectos y exuberantes, cubiertos todavía por el sujetador, aunque por poco tiempo. Recorrió con su lengua mi escote pronunciado hasta llegar a mi cuello, con su contacto provocándome que liberase un gemido de placer absoluto. Intenté serenarme un último instante.
—Hah, hah, hah… Hermoso y lindo gatito… —susurré entre gemidos— No te contengas, pues yo no pienso hacerlo, ¿sabes? —conseguí decirle perdiéndome en el placer desabrochando al fin mi sujetador y procediendo a quitarme el resto de la ropa.
Una vez despojada de todo cuanto llevaba, me puse en pie sobre el jaguar ante él para llegar mejor a su altura, con la brisa meciendo mi pelo a un lado, y agarré con la mano derecha su cuello aplicando presión, pero sin hacer demasiado daño.
—Si en algún momento me paso demasiado contigo, avísame, minino… —le advertí con una mirada lujuriosa, humedeciendo mis labios y acercándome a su boca— ¿Es o no es?
En aquella íntima apertura en la selva, ambos dimos rienda suelta a nuestra lujuria, experimentando el uno con el cuerpo del otro y disfrutando de cada segundo, perdiendo la noción del tiempo y del espacio. Los limites entre el cuerpo de uno y del otro se habían desdibujado durante lo que fue una experiencia de placer absoluto, al menos para mí. Tras la intensa actividad, cada centímetro de mi cuerpo expuesto resplandecía al reflejar la luz que se colaba entre las hojas de los árboles, cubierta por el sudor fruto de nuestra pasión desenfrenada. Garnet me rodeaba con sus fuertes brazos mientras yo reposaba sobre el jaguar pegada a él, con el antebrazo derecho apoyado en la frente intentando serenar mi respiración. Entonces, rompió el silencio que había en el claro, hasta el momento únicamente interrumpido por los árboles meciéndose a nuestro alrededor. Dijo que aquello había sido una locura, mientras me acariciaba el brazo izquierdo con dulzura. ¿Lo había sido? Probablemente, fuese así, pero sentía una extraña paz en mi interior, como si me hubiese librado de un gran peso que llevaba encima desde siempre oprimiéndome el pecho y que ahora se había esfumado.
—Locura… Shshshsh. —reí suavemente girando sobre mí misma y apoyando la cabeza sobre la mano izquierda para quedar mirando al hombre que tenía delante— Sí, se podría decir que sí, ¿sabes?
Con los dedos índice y corazón de mi mano derecha, fui recorriendo con delicadeza su abdomen hasta el pecho emulando a una persona caminando sobre él. Tenía la mirada perdida, pues una pregunta me acechaba en el fondo de la mente, una que extrañamente me daba miedo formular en voz alta.
—Gatito… —lo llamé con un hilo de voz— ¿Qué… qué tal ha estado? —pregunté finalmente con la voz entrecortada.
Mi cara estaba enrojecida por el ejercicio intenso que acababa de realizar, pero al hacer la pregunta sentí como la sangre que recorría mi cuerpo se acumulaba en las mejillas, intensificando el color. Ahora que habíamos acabado con el acto, reposando desnuda a su lado, me sentía vulnerable, algo que no era para nada común en mí. En efecto, me preocupaba haber cometido realmente una locura de la que pudiese arrepentirme. No se trataba únicamente de las facciones y consecuencias que pudiese conllevar. Le había regalado a un hombre que apenas conocía un momento muy íntimo, revelando un lado de mí que no tenía la intención de mostrar a nadie hasta el momento. Cientos, miles de hombres habrían renunciado a todo por tan solo un instante de mi tiempo como los muchos que había compartido con él en ese día. ¿Me había dejado llevar demasiado? ¿Tendría que haberle puesto freno antes? ¿Había sido todo un error enorme que me acompañaría a saber durante cuanto tiempo, atacándome el remordimiento cuando menos lo esperase? Necesitaba respuestas, información, para prepararme mentalmente a lo que fuese que estuviese por venir. Alcé la vista finalmente hacia él, aguardando su contestación a la pregunta. Quería saber, como mínimo por ahora, que era lo que pensaba él.
Mi felino personal se disculpó, alegando que no podía aguantar más y me agarró de la cintura con delicadeza, levantándome como si mi peso no fuese obstáculo para sus músculos. Con suavidad, me dejó sobre el animal en el suelo. Me mordí el labio con el corazón latiendo a mil por hora y asentí con la cabeza para después retirarme el pelo hacia atrás. Él prescindió de la poca ropa que le quedaba, exponiendo todo su cuerpo felino ante mí, el cual admiré como la obra maestra que era. Veía en sus gestos como parecía estar luchando contra la bestia que llevaba dentro, incluso me advirtió de que le avisase si se pasaba en algún momento, pero yo no tenía ni un ápice de miedo. Teniendo conocimiento de sus capacidades, pensaba dar rienda suelta a mis más oscuros deseos con su cuerpo. Se reclinó sobre mí, destrozando mi camisa ensangrentada y revelando mis senos perfectos y exuberantes, cubiertos todavía por el sujetador, aunque por poco tiempo. Recorrió con su lengua mi escote pronunciado hasta llegar a mi cuello, con su contacto provocándome que liberase un gemido de placer absoluto. Intenté serenarme un último instante.
—Hah, hah, hah… Hermoso y lindo gatito… —susurré entre gemidos— No te contengas, pues yo no pienso hacerlo, ¿sabes? —conseguí decirle perdiéndome en el placer desabrochando al fin mi sujetador y procediendo a quitarme el resto de la ropa.
Una vez despojada de todo cuanto llevaba, me puse en pie sobre el jaguar ante él para llegar mejor a su altura, con la brisa meciendo mi pelo a un lado, y agarré con la mano derecha su cuello aplicando presión, pero sin hacer demasiado daño.
—Si en algún momento me paso demasiado contigo, avísame, minino… —le advertí con una mirada lujuriosa, humedeciendo mis labios y acercándome a su boca— ¿Es o no es?
En aquella íntima apertura en la selva, ambos dimos rienda suelta a nuestra lujuria, experimentando el uno con el cuerpo del otro y disfrutando de cada segundo, perdiendo la noción del tiempo y del espacio. Los limites entre el cuerpo de uno y del otro se habían desdibujado durante lo que fue una experiencia de placer absoluto, al menos para mí. Tras la intensa actividad, cada centímetro de mi cuerpo expuesto resplandecía al reflejar la luz que se colaba entre las hojas de los árboles, cubierta por el sudor fruto de nuestra pasión desenfrenada. Garnet me rodeaba con sus fuertes brazos mientras yo reposaba sobre el jaguar pegada a él, con el antebrazo derecho apoyado en la frente intentando serenar mi respiración. Entonces, rompió el silencio que había en el claro, hasta el momento únicamente interrumpido por los árboles meciéndose a nuestro alrededor. Dijo que aquello había sido una locura, mientras me acariciaba el brazo izquierdo con dulzura. ¿Lo había sido? Probablemente, fuese así, pero sentía una extraña paz en mi interior, como si me hubiese librado de un gran peso que llevaba encima desde siempre oprimiéndome el pecho y que ahora se había esfumado.
—Locura… Shshshsh. —reí suavemente girando sobre mí misma y apoyando la cabeza sobre la mano izquierda para quedar mirando al hombre que tenía delante— Sí, se podría decir que sí, ¿sabes?
Con los dedos índice y corazón de mi mano derecha, fui recorriendo con delicadeza su abdomen hasta el pecho emulando a una persona caminando sobre él. Tenía la mirada perdida, pues una pregunta me acechaba en el fondo de la mente, una que extrañamente me daba miedo formular en voz alta.
—Gatito… —lo llamé con un hilo de voz— ¿Qué… qué tal ha estado? —pregunté finalmente con la voz entrecortada.
Mi cara estaba enrojecida por el ejercicio intenso que acababa de realizar, pero al hacer la pregunta sentí como la sangre que recorría mi cuerpo se acumulaba en las mejillas, intensificando el color. Ahora que habíamos acabado con el acto, reposando desnuda a su lado, me sentía vulnerable, algo que no era para nada común en mí. En efecto, me preocupaba haber cometido realmente una locura de la que pudiese arrepentirme. No se trataba únicamente de las facciones y consecuencias que pudiese conllevar. Le había regalado a un hombre que apenas conocía un momento muy íntimo, revelando un lado de mí que no tenía la intención de mostrar a nadie hasta el momento. Cientos, miles de hombres habrían renunciado a todo por tan solo un instante de mi tiempo como los muchos que había compartido con él en ese día. ¿Me había dejado llevar demasiado? ¿Tendría que haberle puesto freno antes? ¿Había sido todo un error enorme que me acompañaría a saber durante cuanto tiempo, atacándome el remordimiento cuando menos lo esperase? Necesitaba respuestas, información, para prepararme mentalmente a lo que fuese que estuviese por venir. Alcé la vista finalmente hacia él, aguardando su contestación a la pregunta. Quería saber, como mínimo por ahora, que era lo que pensaba él.
Karmas
