27-05-2024, 03:03 PM
Sasha miraba preocupada a Garnet, estaba estirado en la cama sudado, llorando y retorciéndose como podía, por el dolor, en la cama. Había llegado el día anterior justo delante de la puerta, en la casa donde se estaban hospedando en Skypiea, en el suelo con una extraña pata dibujada en la tierra. La semioni lo llevó corriendo a la habitación del skypiean y después de que Tobías atendiera sus heridas, ella se quedó a su lado, esperando que su querido hermano mayor se levantara y le dijera a quién debía matar. La rubia se llevó ambas manos a los ojos, agotada, había podido dar algunas cabezadas, pero la preocupación le ganaba y quería permanecer despierta toda la noche por él, esperando para ver si despertaba el músico idiota y pervertido de los Shogun Gari. La chica siguió ascendiendo las manos tirando hacia atrás el flequillo de su pelo y paró cuando el hueco que había entre su pulgar e índice tocó los cuernos. Apenas pensaba ya en ellos, con lo orgullosa que estaba de tenerlos desde que tenía uso de razón. Ver al pelirrojo en ese estado solo hacía que quisiera ser más fuerte, pero ella era pura fuerza bruta y ya había caído desmayada dos veces sin ser tocada, parecía que el mundo se empeñaba en recordarle que le faltaba mucho que aprender por muy fuerte que fuera ya.
Algo pequeño y apestoso impactó contra el regazo de Sasha, era suave y no le había hecho daño. La semioni estaba sentada en el suelo, usando un cojín, para poder restar lo máximo posible la distancia con Garnet. Recogió la prenda del músico con cara de asco, usando solamente los dedos pulgar y corazón, antes de mirarlo de la forma más seria que lo había hecho en su vida. — ¡Eres un gilipollas! — gritó la rubia antes de estamparle la camiseta en la cara con toda su fuerza. — ¡¿Qué buenos días ni que siesta?! Te hemos encontrado en la mierda delante de casa y con un agujero en la barriga — respondía la adolescente nerviosa y muy enfadada, antes de parar y coger aire. — Respira, se ha llevado una buena leche. No puedes matarlo ahora — pero no le sirvió de mucho, teniendo en cuenta que ahora veía las vendas que le había puesto Tobías para curarlo. Solo quería coger su kanabo, que descansaba a su derecha, y hacer comer su mejor Meteor Run. — ¿Qué cojones ha pasado? — preguntó más tranquila, en tono bajo y preocupado, mostrando una cara de pena porque su compitrueno estuviera en esa situación mientras que ellos no sabían nada.
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