27-05-2024, 05:49 AM
Moví mi muñeca izquierda dando pequeños círculos para que aquel preciado líquido mantuviera su textura, aquel rojo tan apetitoso solo hacía que quisiera beberlo todo al instante, pero no era ordinario y vulgar. La ocasión ameritaba que mantuviera aquella bebida el máximo tiempo posible para disfrutar del banquete que me esperaba con mis invitados. Aquellos que no habían parado de ocasionar ruido y destrozos en el piso superior, unos novatos que después de caer en mi trampa no sabían pelear con elegancia, tenían que sacudir mi preciado galeón, el White Fang, un navío que había mandado construir con todo lujo de detalles, lo mínimo que merecía alguien como yo. Le estaba haciendo un favor al mundo capturando a piratas, ya que los inútiles de los marines no pueden con ellos, necesitan ponerles un precio para ver si otro puede hacer su trabajo, y así se lo demostraba yo, disfrazando mi pequeño vicio a ojos de todos. No pueden juzgarme cuando los estoy liberando de una amenaza para el mundo.
Me relamí los labios cuando mi vista se posó sobre mi copa de cristal y no pude evitar darle un sorbo acabando con su contenido. Delicioso. Un manjar que pocos pueden degustar sin ser juzgados. Un fuerte golpe en el piso superior me hizo suspirar negando la cabeza de forma lenta, mi paciencia se estaba agotando, Larian me había llamado a través del Den Den Mushi diciéndome que habían llegado tres piratas con wanteds que dejaban bastante que desear, pero no desaprovecharía la oportunidad de tener carne fresca a bordo. Sonreí de lado elevando las comisuras derechas de los labios ante mis palabras, solo esperaba que valieran la pena para verlos yo mismo. Un fuerte estruendo me hizo mirar hacia la puerta y el silencio se hizo presente, si nadie me estaba dando la señal solo significaba que todos los bastos subordinados que contrató la extravagante mujer que trabajaba para mí desde hace años habían fracasado. Alargué la mano de vuelta al Den Den Mushi - no sin antes dejar la copa en la mesa - y di la señal para zarpar, pero eso no era lo único que tenían que hacer, los invitados habían venido para algo. Con pasos suaves gracias a mis hermosos zapatos de marca llegué a la puerta y giré el pomo.
Lo que me encontré nada más abrirla no me sorprendió en lo más mínimo, era algo que esperaba después del silencio. Me quedé en el marco de la puerta con la espalda recta y el mentón ligeramente elevado, miré en general la estancia, la cual no me gustaba nada que estuviera así de iluminada, Larian tenía razón en decir que carecían de cerebro. Vi como efectivamente como los subordinados habían sido derrotados solo por la semioni, que se encontraba de pie, sujetando con su mano izquierda a uno de mis hombres por la cabeza. Eaa, pirata de la tripulación del Brillante Infortunio, cuya capitana es Maeve Knox, a quien no veía en la sala. También podía ver a Rapax Gin junto a las escaleras para subir a cubierta y, a sus pies, el que parecía el cadáver de Larian. Al final aquella mujer no había servido para nada, solo para contratar a gente inútil y que no entendía el concepto de la educación. Un zumbido llamó mi atención y sin mover la cabeza dirigí la vista hacia arriba, viendo como el único ser no inútil del barco hacía bien su trabajo. Un buitre se encontraba en las bigas del techo y solo pude mostrar una sonrisa que podía encandilar a cualquier mujer u hombre que se propusiera. En alta mar no había buitres y de ser uno normal no estaría tan tranquilo ahí arriba.
Cuando el pequeño insecto volvió a su lugar en el marco de la puerta, llevé ambas manos detrás de mi espalda, procurando no darle un golpe a mi fiel espada que se encontraba en mi cadera izquierda. — Me complace ver como se han divertido con mis empleados. Pero considero que la puerta no tenía ninguna culpa — pronuncié mientras me movía hacia la derecha, poniéndome delante del primer candil que tenía cerca y lo abrí dejando ir un ligero hilo de aire que hizo apagar la luz antes de que lo volviera a cerrar. — Sé que todos tienen muchas preguntas, pero esto solo ha sido un mero calentamiento para abrir el apetito y demostrar a la alianza que no estamos perdiendo el tiempo con ustedes — proseguí antes de pararme a apagar los siguientes dos candiles de la misma manera que el primero y deshacer el camino pasando por delante de la puerta hacia la dirección contraria. Sabía que mi pequeña y fiel compañera estaría vigilando a los tres piratas por lo que me podía permitir no mirarles. Se podía considerar mala educación si no fuera por todo lo que tengo que arreglar ahora mismo, contratiempos que habían causado esos invitados. — Mi nombre es Hunter Wolf, y como pueden ver no soy el capitán de los Alas Negras. Él se encuentra ahora mismo muy ocupado en las islas más aventajadas de la Grand Line. Por lo que me ha pedido que recoja a los futuros miembros de nuestra alianza — hablé con un tono calmado y seguro llevando mi mano derecha al abdomen y haciendo una muy leve reverencia cuando dije mi nombre. Parecían un grupo de descerebrados que solo querían pelear y si así lo querían yo mismo les daría pelea pero no ahí. — Por favor, acompáñenme fuera. Si me queda algún hombre o mujer eficiente habrán preparado nuestro banquete en la cubierta. Responderé a todas sus preguntas tanto si quieren o no formar parte de nuestra alianza — volví a contestar una vez apagué todas las luces de los candiles siendo el agujero de la puerta el único lugar por donde entraba la luz.
Con pasos cortos, sin prisa, me dirigí a las escaleras ignorando por completo el cuerpo de Larian y subí encontrando, efectivamente, delante de mí una inmensa mesa alargada en vertical a mi izquierda llena de todo tipo de comida. La mesa, contaba con un extenso mantel blanco que llegaba hasta el suelo, medía doce metros de largo por tres de ancho. En la mesa se podía ver todo tipo de comidas: bistecs de ternera, pollos enteros, lasaña, pescado, arroz con curri, entre un sin fin más de platos. La bebida tampoco escaseaba: tres grandes y frías jarras de cerveza estaban delante de cada silla, las cuales estaban separadas tres metros unas de otras a la izquierda de la mesa. Todo perfecto, incluso estaban los postres ya preparados, diferentes tartas de chocolate o queso, pero también se encontraba mi preferida entre todas ellas, la Red Velvet. Miré hacia mi derecha viendo una mesa individual con dos bandejas de cúpula plateada encima de esta, no se podía ver el interior, pero yo sabía perfectamente lo que había. — Tomen asiento, la comida está servida — finalicé haciendo un gesto con la mano derecha horizontal, de dentro para fuera hacia la gran mesa mientras me giraba hacia la puerta para ver a mis invitados. Mi pequeña secuaz voladora se había quedado atrás como bien sabía, vigilando a los piratas a mi espalda. Avancé hasta la mesa individual y puse mi mano derecha en el respaldo de la silla y la alejé suavemente sentándome en mi sitio, esperando que los invitados hicieran lo mismo.
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