Leyenda
Tras más de media hora de espera, la idea de tirar abajo la puerta del archivo y buscar yo misma los periódicos no sonaba tan descabellada. No sabía qué hacer. Por un lado quería salir de allí, dar un paseo o aprovechar para comprar algo, pero estaba completamente segura de que en el momento en que me fuera aquel desgraciado volvería y seguro que se iría antes de que yo estuviera de vuelta. Por ello, necesitaba alguna forma de entretenerme y amenizar la espera. No fue la primera idea que se me ocurrió, pero tras un breve debate interno me colé detrás de la recepción y comencé a cotillear entre las cosas que había sobre el escritorio. No había nada realmente interesante, por lo que comencé a abrir uno a uno los diferentes cajones. Encontré un pequeño libro que estaba lleno de crucigramas. Me senté en la silla del escritorio. Era extremadamente cómoda - Y luego la "sala de espera" se cae a pedazos - pensé y saqué mi pluma. Comencé a hacer los distintos crucigramas. Levanté las piernas, apoyándolas sobre el escritorio sin ningún cuidado. Me dio tiempo a terminar todos los crucigramas de aquel libro antes de que el hombre apareciera por la puerta portando en la mano una magdalena de color rosa con una ingente cantidad de azúcar y trocitos de chocolate. No me hizo falta pensar mucho para reconocer aquel postre. - Ni me sorprende - murmuré, bajando el libro de crucigramas que sostenía en las manos para mirar por encima de este - Pues sí, la verdad es que hoy es un día too boring, no tengo nada de trabajo. Y eso a un workaholic como yo le sienta fatal, ya sabes... - hablaba por denden mushi el hombre, mientras se quedaba en el umbral, mirando hacia afuera. - Yo que pensaba que esto de ser funcionario iba a ser amazing. Creo que yo también me voy a montar mi propio coffee como tú - no entendía lo que decía la voz al otro lado del caracol, pero era imposible no reconocer aquella irritante voz. Di un golpecito en la mesa con mi mano derecha, llamando de esa forma la atención del joven. Este se giró, asustándose al verme sentada en su sitio. Comenzó a gritar palabras que no entendía, pero se calló tan pronto el libro de crucigramas golpeó el marco de la puerta, a escasos centímetros de su cabeza. - Me trae sin cuidado lo que digas - hablé, incorporándome levemente, sin bajar los pies del escritorio - Me has tenido más de una hora esperando en una sala de mierda llena de polvo y muebles que se caen a pedazos - apreté el puño derecho llena de ira. - Ahora tengo el pelo lleno de mierda y voy a tener que volver a lavármelo - Me levanté y de un salto pasé por encima de la recepción, quedando frente a este - Gigante, con cuernos, pelo rojo... Tú eres la del tablón... - se comenzó a girar con intención de salir por la puerta, la cual cerré de golpe - No, tú no te vas. Tú vas a darme lo que he venido a buscar - le amenacé, apuntándole con la pluma - ¿O acaso quieres llamar a los guardias? - pregunté - Puedes preguntarle a tu amiga qué pasó la otra vez. ¿No crees, Diana? Por cierto, Maeve te manda recuerdos - una sonrisa se dibujó en mi rostro, mientras colgaba antes de darle tiempo a la mujer a responder. - Quiero los dos últimos periódicos. ¡Ya! - volví a amenazarle para que se diera prisa. No tenía tiempo que perder, pues, cuanto más tiempo pasara más probabilidades había de que sucediera alguna complicación más. Me comí aquella llamativa magdalena mientras el hombre buscaba en el archivo. - Oh, bueno, supongo que qué menos que un autógrafo, ¿no? - dije con burla mientras arrancaba mi cartel de se busca del tablón de la pared izquierda. Lo firmé, dejándolo sobre el escritorio antes de coger los dos periódicos y salir de aquel destartalado edificio. Me puse la capucha, cerrando la puerta con un portazo que juraría que había estado cerca de arrancar esta del marco.
Guardé ambos periódicos en la bolsa, pues el tiempo no favorecía lo más mínimo el hecho de leer por la calle.
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