18-05-2024, 04:12 PM
Lo ideal habría sido que la voz del hombre de plateada cabellera hubiera despertado a la mujer que ocupaba la habitación en la que estaba a punto de entrar, pero por desgracia ni su voz ni la pesadilla que también ella estaba teniendo fueron suficiente para despertarla, nunca fue el tipo de persona que dejaba que otros interrumpieran sus descansos, pero en esta ocasión le iba a salir más caro de lo que estaba acostumbrada. En el mundo de los sueños en el que Chloe estaba sumergida en ese momento todo parecía normal al principio, era un día más en su vida, su antigua vida. Paseaba por una pequeña plaza circular en la que se había dispuesto un mercado en el que se vendía principalmente comida fresca, desde puestos con pescados y mariscos hasta otros con frutas, pasando también por los que vendían telas y ropa, una práctica común en la isla que una vez tuvo el placer de llamar hogar, pero, aunque hasta ese momento, el sueño no había sido nada más que un agradable paseo, todo cambió cuando entró en aquella plaza, al atravesarla algo parecía adherir sus pies al suelo, o congelar su cuerpo por completo, quedando en el centro absoluto del circulo, siendo atravesada por las miradas de todas las personas del lugar, que más que figuras humanas ahora parecían para la mujer monstruos sin rostro que se acercaban para devorarla. Indefensa trataba de huir, de moverse, pero era inútil, cuanto más intentaba moverse más duro resultaba, y mientras observaba con impotencia el avance lento, pero imparable, de los monstruos a su alrededor, el cuerpo real de la pelimorada se retorcía en el mullido colchón que habían dispuesto para ella tras la intervención del emperador de las nubes, que había dejado noqueados y derribados a casi todos los asistentes de los juegos.
El sueño traspasó las barreras de la mente y comenzó a angustiar de forma más profunda a la mujer, que, sin llegar a despertar, se movía en la cama; girando sobre sí, agarrando y rizando la sábana que la cubría, tensando su cuerpo, acelerando su respiración, sudando incluso fruto del esfuerzo, tanto físico como emocional, que aquella sensación le provocaba, era como si nadando a la superficie de la playa, cuando estás a punto de quedarte sin aire, algo te agarrase para volver a hundirte más profundo de lo que jamás hubieras podido imaginar. Y esa estampa es la que el espadachín vería una vez dentro de la habitación de su compañera: A la mujer tumbada, con la cara roja y sudada, el mono verde que no le gustaba para nada apenas cubierto por una sábana que tenía casi la forma de una pelota de tanto que la había enroscado y sus labios susurrando, — No... —, una y otra vez, — Basta... —, su voz temblaba, lo que estaba viendo en esa pesadilla no solo la atormentaba, también parecía aterrarla más que cualquier cosa, hasta su gesto era el de una persona con miedo.
El sueño traspasó las barreras de la mente y comenzó a angustiar de forma más profunda a la mujer, que, sin llegar a despertar, se movía en la cama; girando sobre sí, agarrando y rizando la sábana que la cubría, tensando su cuerpo, acelerando su respiración, sudando incluso fruto del esfuerzo, tanto físico como emocional, que aquella sensación le provocaba, era como si nadando a la superficie de la playa, cuando estás a punto de quedarte sin aire, algo te agarrase para volver a hundirte más profundo de lo que jamás hubieras podido imaginar. Y esa estampa es la que el espadachín vería una vez dentro de la habitación de su compañera: A la mujer tumbada, con la cara roja y sudada, el mono verde que no le gustaba para nada apenas cubierto por una sábana que tenía casi la forma de una pelota de tanto que la había enroscado y sus labios susurrando, — No... —, una y otra vez, — Basta... —, su voz temblaba, lo que estaba viendo en esa pesadilla no solo la atormentaba, también parecía aterrarla más que cualquier cosa, hasta su gesto era el de una persona con miedo.
Aclaraciones
