12-05-2024, 12:14 PM
OST DE LA ESCENA
No le quitaba ojo a la tipa de cabello castaño. Su forma de gestionar a las personas en cubierta me hacía pensar que, tal vez, nuestros destinos dependiesen de sus próximos movimientos. De su boca también salían órdenes destinadas a la organización de las provisiones recién llegadas al galeón. Entonces, se nos quedó mirando a Eaa y a mí. No me sorprendió, solíamos causar tal efecto, pero sí despertó mi curiosidad. ¿Nos habría reconocido? Se puso a rebuscar entre sus papeles y luego nos sonrió. ¿Amabilidad genuina o esperaba nuestra llegada? Esto último no sería de extrañar, dadas nuestras invitaciones. Luego, centró su atención en alguien más, cambiando su expresión de forma inmediata. A continuación, pronunció nuestros nombres tras darnos la bienvenida, así como otro más, Rapax Gin. Miré a ambos lados hasta que me di cuenta de que se trataba del tipo con rostro peculiar y con el pelo y la barba blancos. Que estaban encantados de que aceptásemos su invitación. Sí, supongo que lo habíamos hecho si nos habíamos tomado la molestia de acudir allí. Larian, que fue como se presentó, se me quedó mirando e indicó que su capitán estaba muy interesado en nosotros. Vaya, eso sí me lo creía más. ¿Interés sincero o interés cargado de oscuras intenciones? Lógicamente, si no me fiaba ni de mi sombra, tampoco podía hacerlo con un capitán pirata al que no conocía y que nos había invitado a un sospechoso banquete. Dicho capitán nos estaba esperando para comer, indicó.
Cuánta deferencia, pensé en tono de burla pero sin verbalizarlo. Estaba dispuesta a calcular bien mis movimientos allí.
No le quitaba ojo a la tipa de cabello castaño. Su forma de gestionar a las personas en cubierta me hacía pensar que, tal vez, nuestros destinos dependiesen de sus próximos movimientos. De su boca también salían órdenes destinadas a la organización de las provisiones recién llegadas al galeón. Entonces, se nos quedó mirando a Eaa y a mí. No me sorprendió, solíamos causar tal efecto, pero sí despertó mi curiosidad. ¿Nos habría reconocido? Se puso a rebuscar entre sus papeles y luego nos sonrió. ¿Amabilidad genuina o esperaba nuestra llegada? Esto último no sería de extrañar, dadas nuestras invitaciones. Luego, centró su atención en alguien más, cambiando su expresión de forma inmediata. A continuación, pronunció nuestros nombres tras darnos la bienvenida, así como otro más, Rapax Gin. Miré a ambos lados hasta que me di cuenta de que se trataba del tipo con rostro peculiar y con el pelo y la barba blancos. Que estaban encantados de que aceptásemos su invitación. Sí, supongo que lo habíamos hecho si nos habíamos tomado la molestia de acudir allí. Larian, que fue como se presentó, se me quedó mirando e indicó que su capitán estaba muy interesado en nosotros. Vaya, eso sí me lo creía más. ¿Interés sincero o interés cargado de oscuras intenciones? Lógicamente, si no me fiaba ni de mi sombra, tampoco podía hacerlo con un capitán pirata al que no conocía y que nos había invitado a un sospechoso banquete. Dicho capitán nos estaba esperando para comer, indicó.
Cuánta deferencia, pensé en tono de burla pero sin verbalizarlo. Estaba dispuesta a calcular bien mis movimientos allí.
Larian comenzó a caminar y tanto Eaa como yo la seguimos. También el tal Rapax Gin. Por lo que parecía, también había recibido la invitación. ¿Quién era ese chico y por qué resultaba de interés? Nos desplazamos hasta el castillo de proa y, una vez allí, nos detuvimos ante la puerta. Que fuésemos educadas y elegantes con el capitán. Tuve que reprimir la risa. Por supuesto que yo podía ser muy educada y muy elegante, la cuestión era ¿sería ese capitán digno de mis esfuerzos? No le dediqué ni una sola palabra a la chica de ojos miel, tan solo me quedé mirándola unos segundos más de lo que se consideraría aceptable.
No me fiaba de ella. No me fiaba de nadie.
Y mucho menos me fiaba de la negrura que tanto me atraía y que se podía ver desde el momento en el que Larian abrió la puerta.
A diferencia de mí, Eaa se había mostrado de lo más parlanchina. Era evidente que había ignorado por completo mis palabras de ir con pies de plomo, pues le había faltado tiempo para dar información sobre ella misma, por poca que fuese, como que era cocinera, como que sabía preparar mi plato favorito (aunque no lo mencionó como tal), como que le gustaría ayudar con el banquete. Datos que por sí mismos no eran muy reveladores pero que la hacían verse, a mi juicio, confiada. Deseé que aquello no hubiese creado una fisura que le hiciera ver a esa gente que podía hacer con nosotros lo que les viniese en gana. Sin duda, y a pesar de nuestras semejanzas, Eaa y yo éramos jodidamente distintas.
Entonces, volvió a ocurrir. Eaa, tras partirse de risa, volvió a hacer referencia a que yo le gustaba a alguien. En concreto, a Larian. En mi cabeza apareció la imagen de la aborrecible Diana de Murkhold, que dio por hecho mierdas que no podían interesarme menos. Entonces, la semioni me golpeó con el codo. La diferencia de altura y de envergadura hizo que me desplazase un metro por el contacto. No entendía por qué siempre se me atribuían ese tipo de cosas. ¿Que yo le gustaba a alguien? Bien por esa persona, me importaba una mierda. Que se aliviase en la intimidad pensando en mí si eso la hacía feliz. Pero, en aquel justo momento, ese tipo de bromas —esperaba que fuese una broma— me pareció muy fuera de lugar. Igual que la mención al dichosísimo panda con relación a mis ojos. Así que no pude evitar dedicarle a Eaa una mirada nada agradable. Nos estaban invitando a un pasillo más negro que la noche más cerrada en un lugar del que yo recelaba incluso antes de llegar, y a ella no se le ocurría otra cosa que hacer ese tipo de comentarios. Con Larian delante. Y no solo eso, sino que, una vez más, la pelirroja se tomó las libertades de hablar por mí: "no eres el tipo de la capitana". Creía haberle dejado claro con anterioridad que no hiciese ese tipo de cosas.
—No creo que estemos aquí para hablar de mis gustos, ¿verdad? —comenté tan afilada como una cuchilla de hielo.
Entonces, me acordé de que el chico peculiar también nos acompañaba, lo cual me hizo sentir aún más incómoda. Incómoda porque si yo no hablaba de mis cosas, no veía por qué nadie más habría de hacerlo, y más en presencia de absolutos desconocidos. Definitivamente, tendría que tratar el tema muy seriamente con la semioni.
El hecho de el mencionado Rapax Gin le soltase a Larian el comentario referido al banquete y al capitán con aquel tono cortante, me hizo dibujar una minúscula sonrisa casi contra mi voluntad. Me gustó saber que no era la única con la artillería preparada en aquella situación.
Comenzamos a andar hacia la negrura. Hace mucho tiempo que sé que la oscuridad tiene una fuerte influencia en mí, una atracción difícilmente comparable a casi cualquier otra cosa, así que en aquel caso me debatía entre la expectación que me creaba adentrarme allí y la fuerte sensación de que en cualquier momento caeríamos en una trampa, nos emboscarían o algo similar. Así que avanzaba en tensión, con los sentidos puestos en cualquier cosa inusual que pudiera percibir y consciente de la presencia de mi precioso látigo enrollado en mi cintura. De hecho, coloqué la mano derecha sobre este, sintiendo la suave textura del cuero negro y carmesí mientras avanzábamos a ciegas. El corazón me latía con violencia por pura anticipación.
Entonces, el chico habló. Que si sabíamos de qué iba todo aquello. También desconfiaba de que aquella gente fuese quien decía ser. Me gustó conocer su opinión, tan cercana a la mía.
—No me fío de una mierda de esta gente ni de sus intenciones. Nuestra carta también decía lo mismo, y aunque no conozco a los Alas Negras, me cuesta creer que lo sean a juzgar por la bandera.
Entonces, pensé que tal vez este tipo fuese uno de ellos, que estuviera diciendo lo que yo quería oír para exponer mi opinión y tal vez mis intenciones. Pensé que debía tener cuidado con lo que decía, por si acaso nos estaban poniendo a prueba a Eaa y a mí. Era consciente de que la paranoia crecía cada vez más y me aislaba de mi alrededor al causarme una alarma tras otra, pero no estaba dispuesta a permitir que nuestra entrada al Grand Line fuese nuestra última aventura, y tampoco que hicieran con nosotras lo que les viniese en gana. Pero toda conversación que sea digna de ser llamada así es bidireccional, ¿verdad?, tal vez pudiese aprovecharme de ello y obtener información del tal Gin.
—¿Y tú qué has hecho para llamar la atención de estos piratas? —le pregunté en la completa oscuridad—. Si son quienes dicen ser, ¿vienes a unirte a ellos como su subordinado?
Fui muy directa, pero debía serlo. No estaba allí para hacer amigos. Aunque sí me tentaba volver a repetirle a Eaa que prestase atención, que tuviera cuidado, que antes había sido muy descuidada, pero intuía que me iba a hacer el mismo caso que antes, así que decidí quedarme callada. Por eso y porque no quería hacerlo delante del tipo. Tampoco es que fuese el momento para reproches. Lo único que debíamos hacer era avanzar por aquel corredor plagado de oscuridad hasta llegar a un destino que nos permitiese ver lo que teníamos delante y con la esperanza de que nada nos ocurriese mientras tanto.
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