25-04-2024, 06:12 PM
El golpe que el lunarian había dado a Sohem había sido lo suficientemente recio como para hacerlo caer, y eso era un problema, ya es difícil defenderse de un enemigo que se mueve a esas velocidades, ¿Hacerlo tendido en el suelo? Se me hacía más bien una misión imposible, incluso para alguien como él. Tras intentar tranquilizar a Karl explicándole qué había pasado mientras no miraba, o lo que yo creía que había pasado, al menos, devolví mi entera atención al combate, Sohem estaba derribado y, de la nada, escuché unos gritos desde las gradas, la niña enorme que se convertía en un monstruo aún más enorme estaba animándolo, aconsejando que le diera... — ¿con la estufa? — debía hablar del arma en llamas que tenía Sohem, ¿Qué otra cosa, si no? Tampoco es que pudiera recrear mis pensamientos con eso, pues tras hablar con quién tenía a su lado una voz familiar inundó la arena, un canto de ánimo entonado por, ni más ni menos, que el ganador de la anterior ronda, el que había derrotado a Karlglass.
Con cierto nerviosismo miré en diagonal hacia su cara, manteniendo mi cara recta pero moviendo mis ojos para comprobar si se enfadaba o no por escucharlo. Viendo lo explosivo que era su temperamento no me extrañaría que saltase ante la, supongo inintencionada, provocación del capitán pirata, pero por otro lado parecía más calmada cada vez, tal vez la había juzgado mal y no es una persona tan intensa como pudiera parecer. A los coros alentadores que se dirigían a Sohem se sumó una segunda voz, la niña estaba cantando, le hacía los coros al pirata, pero, ¿Por qué? — ¿Tan amigos se han hecho la chica y Sohem en lo que han durado las cuatro pruebas? — pensé en voz alta, extrañada. No era imposible, es fácil engañar a un niño para que crea que es tu amigo, o que eres su amigo, pero si me parecía altamente improbable conociendo lo poco que conocía de Sohem, no ganaría nada con esa "amistad", o tal vez quería traer a esa chica a Magna, por su ropa estaba claro que no era marine, y su cartel de recompensa no estaba en el periódico, así que tampoco era pirata o revolucionaria... ¿Tal vez Sohem la conocía por ser cazarrecompensas también? Imposible saberlo con certeza, eran todo hipótesis con mayor o menor fundamento que brotaban de mi inquieta mente para acallar las voces del excitado dúo de animadoras de mi jefe.
Con cierto nerviosismo miré en diagonal hacia su cara, manteniendo mi cara recta pero moviendo mis ojos para comprobar si se enfadaba o no por escucharlo. Viendo lo explosivo que era su temperamento no me extrañaría que saltase ante la, supongo inintencionada, provocación del capitán pirata, pero por otro lado parecía más calmada cada vez, tal vez la había juzgado mal y no es una persona tan intensa como pudiera parecer. A los coros alentadores que se dirigían a Sohem se sumó una segunda voz, la niña estaba cantando, le hacía los coros al pirata, pero, ¿Por qué? — ¿Tan amigos se han hecho la chica y Sohem en lo que han durado las cuatro pruebas? — pensé en voz alta, extrañada. No era imposible, es fácil engañar a un niño para que crea que es tu amigo, o que eres su amigo, pero si me parecía altamente improbable conociendo lo poco que conocía de Sohem, no ganaría nada con esa "amistad", o tal vez quería traer a esa chica a Magna, por su ropa estaba claro que no era marine, y su cartel de recompensa no estaba en el periódico, así que tampoco era pirata o revolucionaria... ¿Tal vez Sohem la conocía por ser cazarrecompensas también? Imposible saberlo con certeza, eran todo hipótesis con mayor o menor fundamento que brotaban de mi inquieta mente para acallar las voces del excitado dúo de animadoras de mi jefe.
Sohem estaba en el suelo de la arena, el vapor de su cuerpo empezaba a disiparse y convertirse en nada, pero hizo algo, porque el calor, que ya de por sí resultaba insufrible, se volvió infernal, completamente insoportable, si desde las gradas resultaba tan asfixiante no podía -ni quería- imaginar como debía sentirlo el rival del enmascarado, el cual, tras lo que pareció una eternidad, en parte culpa de los coros, hizo el que sería su último movimiento del combate, salió como una bala, a una velocidad que no habría sido capaz de seguir si no hubiera sido porque tal como salió del suelo cayó rendido sobre él, y no en él, tal vez ya no tenía fuerzas ni para intentar huir. El calor del cazador lo había dejado frito... quizá literalmente. Con su rival en el suelo Sohem se puso en pie y lentamente caminó hacia él con su arma aún en llamas, contrariamente a lo que cualquiera pudiera decir en ese momento, sin duda era una estampa que helaba la sangre. Cuando estuvo a más o menos un metro de su oponente alzó la mano, asegurando que iba a caer un dios. Alzó su arma listo para asestar el golpe de gracia, — ¡Si! — celebré, apretando los puños y encogiendo el tórax, al final el deseo del oro se haría realidad, y, aunque no fuera para mi, me acabaría beneficiando a largo plazo este devenir de los acontecimientos.
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