21-03-2024, 03:01 PM
[personajeinvalido=907]
Chloe se marchó siguiendo mis indicaciones y mis órdenes, y Viktor parecía decidido a esperar un momento más propicio. Como pacté con ellos semanas atrás, yo no me metería en sus asuntos siempre que ellos no importunasen los míos. Eran adultos suficientemente funcionales y capaces - esto último al menos Viktor - como para poder tomar sus propias decisiones en el tiempo que considerasen oportuno. Por mi parte, como si decidían quedarse a vivir en este pedrusco volador que... — Oe — dije girando la cabeza hacia Viktor — ¿Cómo cojones se sujeta esta isla en el cielo? — le pregunté abiertamente de forma directa, realmente interesado en el tema, con la repentina duda que me acababa de surgir. No tenía ni idea de cómo algo así podría ser posible, pero si estas personas tenían civilizaciones construidas en estos terrenos sería porque el fenómeno que mantenía la roca en el cielo era lo suficientemente estable o duradero en el tiempo como para prevalecer al paso de los años.
Giré mi rostro y observé en silencio la ejecución de toda la parafernalia previa al combate, el enfrentamiento de la ronda de semifinales, e ignoré el ir y devenir de las personas de las gradas, aunque pareciera escuchar mi nombre aquí y allá... o quizá sería una paranoia. Puede que las dos. Pero nada de eso importaba cuando se trataba de una pelea... el fuego de mis venas ardía en el interior de mi corazón bombeando con la potencia de un martillo neumático, hirviendo mi espíritu, deseando ser yo quien pudiera participar y sonriendo como un niño bajo la máscara de mi casco, dando al exterior la imagen impertérrita y estática de una estatua gracias a la inexpresividad de mi rostro. Estaba sentado, con los codos apoyados en las rodillas y reclinado hacia delante, juntando las manos en posición de oración frente al frontal de mi casco, apretando los dedos por la emoción que sentía.
Los participantes llamados a la pelea fueron Cangas Dionis, la Marine cabeza de cabra compañera de Joe que se transformaba en una bola de fuego azul, y Carmen Murdock, sin duda con ese nombre y su apariencia un practicante del culto de los okamas. Ambos, por lo visto al inicio del combate y durante las pruebas anteriores, parecían ser usuarios de frutas del diablo tipo zoan. La Marine era una especie de pájaro en llamas, y el okama un gran tigre pelirrojo. Y en tanga. Además parecía más pendiente de las gradas que de su oponente y esto le jugó una mala pasada, pues el ave ardiente decidió lanzarse a una velocidad considerable pero que aun podía seguir con mis propios ojos y sonreí de nuevo. Si esto era lo más rápido que podía hacer, podría destrozarla. Pero siendo más o menos importante esa velocidad, siendo quien tomó la iniciativa había tenido la ventaja del combate, impactando el golpe contra el okama, quien no tardó en responder siguiéndola e impactando con un gancho ascendente hacia la boca que la derribó y canceló su transformación. Bufé. Era el clásico truco contra usuarios Zoan, confiados de sus capacidades superiores físicamente: Golpearles tan duro que sean incapaces de mantener la concentración.
Así que ya tenía dos datos sobre aquella mujer pájaro: Podía ver sus ataques y reaccionar a ellos, y no tenía la entereza suficiente como para aguantar golpes demoledores. Era fácil de contrarrestar.
Tras aquel primer contacto, Cangas se transformó en la forma híbrida que vimos en la primera prueba y ascendió volando tratando de ganar altura y por consiguiente poner espacio entre ella y su oponente... una jugada inteligente, para recuperarse o para atacar a distancia, pero no le sirvió de mucho ante la agilidad y velocidad de su oponente — Un simple gato rayado contra un ave ígnea celestial — dije, y bufé de nuevo — Hay gente con talento y otros con suerte — sentencié, sin necesidad de que nadie tuviera que escucharme, como hablando conmigo mismo. Carmen Murdock corrió mientras Cangas Dionis se elevaba, pasando por debajo de esta y saltando desde su espalda para golpearla en la pierna, o quizá dando más de un golpe, haciendo que perdiese de nuevo su transformación y cayese hacia el suelo — ¡JA! — grité con alegría incorporándome un poco y haciendo que recuperase la compostura un instante después, chasqueando la lengua. El tigre era rápido de verdad y me costaba seguirle el ritmo. Sólo lo veía al final de sus desplazamientos pero gracias a la distancia de la grada y la calma con la que se apreciaba desde esta posición se podía hacer un mapa mental de su recorrido. Era bueno.
La respuesta de la Marine no se hizo esperar y fue decepcionante. Gritó y se levantó, desafiando a quien le estaba dando una paliza. ¿En qué contexto no paras de recibir guantazos y te crees con la potestad de exigirle a tu oponente que vaya a por ti? ¡Si ya estaba yendo a por ti! Negué con la cabeza, divertido, pensando en que al final no era una casualidad que Joe fuera la cabeza y la cara de aquella tropa... es que el nivel no era muy alto tampoco.
El okama se lanzó hacia ella para darle un combo, que entró de lleno, y cuando hubo terminado la cabeza de cabra se transformó de nuevo en su forma aparentemente híbrida y salió volando de nuevo - un truco que ya le habían chafado una vez y que dudaba que pudiera hacer una segunda - y envolviéndose con sus alas sus llamas parecieron redoblar intensidad y se mostró de nuevo prácticamente recuperada de todo el daño. Abrí los ojos de par en par ¡eso si que era interesante!. Sabía que las frutas Zoan tenían una capacidad de aguante y de regeneración mucho más elevada con los demás, pero esto... esto era una habilidad superior a todo ello. ¿Su fuerte estaba en aguantar? ¿Aguantar sin más, y regenerarse? Era una batalla de desgaste pues...
De nuevo la historia se repetía. El pájaro volaba, el gato saltaba, el gato pegaba. Pero esta vez teniendo una respuesta diferente por parte de la cornuda, quien no perdió su transformación y atacó con furia al tigre quien se protegió cruzando sus brazos frente a él. Cuando aterrizaron al suelo, nueva arremetida brutal del felino y un instante de silencio y calma. La marine había perdido su transformación, jadeaba y observaba el suelo, sangrando, y tomando lo que supuse serían fuerzas de flaquezas gritó que se rendía. Arqueé una ceja viendo aquello. Continuó gritando los nombres de sus compañeros, Joe incluido, diciendo que juraba que nunca más iba a volver a perder, y apoyándose en su propia pierna señaló a su oponente y le dedicó algunas palabras que quizá - dada la distancia y los murmullos - sólo ellos pudieran escuchar, mientras sus palabras resonaban en mi cabeza. Se rendía. ¿Cómo que se rendía? Era un ave celestial de llamas con la capacidad de regenerarse y ¿se rendía ante un gato en tanga? ¡Se rendía! Bufé echando todo el aire de mis pulmones inclinándome ligeramente y como un resorte, volviendo para atrás golpeando mi rodilla rítmicamente mientras estallaba
Reía fuerte y ruidosamente golpeando mi pierna, y señalé en su dirección — ¡El poder de la "justicia"! — dije con alegría y algo de burla socarrona, teniendo en cuenta las deplorables actualices de las pruebas del cretino del pelo largo rojo y la espada enorme, y la mujer de mi equipo, Joe estaba verdaderamente jodido — Se rinde — dije, repitiendo sus palabras, suspirando apagando mi risa — Se rinde dice... — y negué con la cabeza metiendo la siniestra dentro del casco para limpiar las lágrimas de la risa que asomaban por las comisuras de mis ojos — Eso si que ha sido bueno — chasqueé la lengua, sacando la mano del casco recomponiéndome — Un pirata en taparrabos haciendo rendirse a un Marine, normal que tengan que traer tropas consigo para que no los vapuleen como niños jugando con hormigas — añadí con un tono más tranquilo, que sólo Viktor pudiera escuchar — Me parece que nuestros servicios son mucho más necesarios para la... justicia, de lo que ellos mismos se atreven a admitir, ¿eh Vik? — le pregunté de forma retórica a mi compañero, que no sabía si había estado prestando atención al enfrentamiento o no, sin darme cuenta del "apodo" que le había dado demostrando algo de camaradería, quizá dejándome llevar por la pasión del momento y las emociones fuertes. Ahora sólo quedaba esperar ver el resultado de manos del comentarista, el Inminente ese, y que diera paso a la siguiente pelea: La mía.
Chloe se marchó siguiendo mis indicaciones y mis órdenes, y Viktor parecía decidido a esperar un momento más propicio. Como pacté con ellos semanas atrás, yo no me metería en sus asuntos siempre que ellos no importunasen los míos. Eran adultos suficientemente funcionales y capaces - esto último al menos Viktor - como para poder tomar sus propias decisiones en el tiempo que considerasen oportuno. Por mi parte, como si decidían quedarse a vivir en este pedrusco volador que... — Oe — dije girando la cabeza hacia Viktor — ¿Cómo cojones se sujeta esta isla en el cielo? — le pregunté abiertamente de forma directa, realmente interesado en el tema, con la repentina duda que me acababa de surgir. No tenía ni idea de cómo algo así podría ser posible, pero si estas personas tenían civilizaciones construidas en estos terrenos sería porque el fenómeno que mantenía la roca en el cielo era lo suficientemente estable o duradero en el tiempo como para prevalecer al paso de los años.
Giré mi rostro y observé en silencio la ejecución de toda la parafernalia previa al combate, el enfrentamiento de la ronda de semifinales, e ignoré el ir y devenir de las personas de las gradas, aunque pareciera escuchar mi nombre aquí y allá... o quizá sería una paranoia. Puede que las dos. Pero nada de eso importaba cuando se trataba de una pelea... el fuego de mis venas ardía en el interior de mi corazón bombeando con la potencia de un martillo neumático, hirviendo mi espíritu, deseando ser yo quien pudiera participar y sonriendo como un niño bajo la máscara de mi casco, dando al exterior la imagen impertérrita y estática de una estatua gracias a la inexpresividad de mi rostro. Estaba sentado, con los codos apoyados en las rodillas y reclinado hacia delante, juntando las manos en posición de oración frente al frontal de mi casco, apretando los dedos por la emoción que sentía.
Los participantes llamados a la pelea fueron Cangas Dionis, la Marine cabeza de cabra compañera de Joe que se transformaba en una bola de fuego azul, y Carmen Murdock, sin duda con ese nombre y su apariencia un practicante del culto de los okamas. Ambos, por lo visto al inicio del combate y durante las pruebas anteriores, parecían ser usuarios de frutas del diablo tipo zoan. La Marine era una especie de pájaro en llamas, y el okama un gran tigre pelirrojo. Y en tanga. Además parecía más pendiente de las gradas que de su oponente y esto le jugó una mala pasada, pues el ave ardiente decidió lanzarse a una velocidad considerable pero que aun podía seguir con mis propios ojos y sonreí de nuevo. Si esto era lo más rápido que podía hacer, podría destrozarla. Pero siendo más o menos importante esa velocidad, siendo quien tomó la iniciativa había tenido la ventaja del combate, impactando el golpe contra el okama, quien no tardó en responder siguiéndola e impactando con un gancho ascendente hacia la boca que la derribó y canceló su transformación. Bufé. Era el clásico truco contra usuarios Zoan, confiados de sus capacidades superiores físicamente: Golpearles tan duro que sean incapaces de mantener la concentración.
Así que ya tenía dos datos sobre aquella mujer pájaro: Podía ver sus ataques y reaccionar a ellos, y no tenía la entereza suficiente como para aguantar golpes demoledores. Era fácil de contrarrestar.
Tras aquel primer contacto, Cangas se transformó en la forma híbrida que vimos en la primera prueba y ascendió volando tratando de ganar altura y por consiguiente poner espacio entre ella y su oponente... una jugada inteligente, para recuperarse o para atacar a distancia, pero no le sirvió de mucho ante la agilidad y velocidad de su oponente — Un simple gato rayado contra un ave ígnea celestial — dije, y bufé de nuevo — Hay gente con talento y otros con suerte — sentencié, sin necesidad de que nadie tuviera que escucharme, como hablando conmigo mismo. Carmen Murdock corrió mientras Cangas Dionis se elevaba, pasando por debajo de esta y saltando desde su espalda para golpearla en la pierna, o quizá dando más de un golpe, haciendo que perdiese de nuevo su transformación y cayese hacia el suelo — ¡JA! — grité con alegría incorporándome un poco y haciendo que recuperase la compostura un instante después, chasqueando la lengua. El tigre era rápido de verdad y me costaba seguirle el ritmo. Sólo lo veía al final de sus desplazamientos pero gracias a la distancia de la grada y la calma con la que se apreciaba desde esta posición se podía hacer un mapa mental de su recorrido. Era bueno.
La respuesta de la Marine no se hizo esperar y fue decepcionante. Gritó y se levantó, desafiando a quien le estaba dando una paliza. ¿En qué contexto no paras de recibir guantazos y te crees con la potestad de exigirle a tu oponente que vaya a por ti? ¡Si ya estaba yendo a por ti! Negué con la cabeza, divertido, pensando en que al final no era una casualidad que Joe fuera la cabeza y la cara de aquella tropa... es que el nivel no era muy alto tampoco.
El okama se lanzó hacia ella para darle un combo, que entró de lleno, y cuando hubo terminado la cabeza de cabra se transformó de nuevo en su forma aparentemente híbrida y salió volando de nuevo - un truco que ya le habían chafado una vez y que dudaba que pudiera hacer una segunda - y envolviéndose con sus alas sus llamas parecieron redoblar intensidad y se mostró de nuevo prácticamente recuperada de todo el daño. Abrí los ojos de par en par ¡eso si que era interesante!. Sabía que las frutas Zoan tenían una capacidad de aguante y de regeneración mucho más elevada con los demás, pero esto... esto era una habilidad superior a todo ello. ¿Su fuerte estaba en aguantar? ¿Aguantar sin más, y regenerarse? Era una batalla de desgaste pues...
De nuevo la historia se repetía. El pájaro volaba, el gato saltaba, el gato pegaba. Pero esta vez teniendo una respuesta diferente por parte de la cornuda, quien no perdió su transformación y atacó con furia al tigre quien se protegió cruzando sus brazos frente a él. Cuando aterrizaron al suelo, nueva arremetida brutal del felino y un instante de silencio y calma. La marine había perdido su transformación, jadeaba y observaba el suelo, sangrando, y tomando lo que supuse serían fuerzas de flaquezas gritó que se rendía. Arqueé una ceja viendo aquello. Continuó gritando los nombres de sus compañeros, Joe incluido, diciendo que juraba que nunca más iba a volver a perder, y apoyándose en su propia pierna señaló a su oponente y le dedicó algunas palabras que quizá - dada la distancia y los murmullos - sólo ellos pudieran escuchar, mientras sus palabras resonaban en mi cabeza. Se rendía. ¿Cómo que se rendía? Era un ave celestial de llamas con la capacidad de regenerarse y ¿se rendía ante un gato en tanga? ¡Se rendía! Bufé echando todo el aire de mis pulmones inclinándome ligeramente y como un resorte, volviendo para atrás golpeando mi rodilla rítmicamente mientras estallaba
— ¡¡ WRYYYY HA HA HA HA HA !! —
Reía fuerte y ruidosamente golpeando mi pierna, y señalé en su dirección — ¡El poder de la "justicia"! — dije con alegría y algo de burla socarrona, teniendo en cuenta las deplorables actualices de las pruebas del cretino del pelo largo rojo y la espada enorme, y la mujer de mi equipo, Joe estaba verdaderamente jodido — Se rinde — dije, repitiendo sus palabras, suspirando apagando mi risa — Se rinde dice... — y negué con la cabeza metiendo la siniestra dentro del casco para limpiar las lágrimas de la risa que asomaban por las comisuras de mis ojos — Eso si que ha sido bueno — chasqueé la lengua, sacando la mano del casco recomponiéndome — Un pirata en taparrabos haciendo rendirse a un Marine, normal que tengan que traer tropas consigo para que no los vapuleen como niños jugando con hormigas — añadí con un tono más tranquilo, que sólo Viktor pudiera escuchar — Me parece que nuestros servicios son mucho más necesarios para la... justicia, de lo que ellos mismos se atreven a admitir, ¿eh Vik? — le pregunté de forma retórica a mi compañero, que no sabía si había estado prestando atención al enfrentamiento o no, sin darme cuenta del "apodo" que le había dado demostrando algo de camaradería, quizá dejándome llevar por la pasión del momento y las emociones fuertes. Ahora sólo quedaba esperar ver el resultado de manos del comentarista, el Inminente ese, y que diera paso a la siguiente pelea: La mía.
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