20-03-2024, 06:20 PM
OST DE LA ESCENA
Todavía esperaba al lado del puesto del jamón cocido. Le estaba dando unos segundos más de cortesía a Zorak, que en aquel momento todavía lo conocía como Z, para ver si se dignaba a aparecer y poder comprar mi bocadillo sin estar pendiente de si me encontraba o no. La verdad, no dudaba de que fuese a ser así, dadas sus habilidades.
De pronto, noté un agarre en el brazo izquierdo, y no solo eso, sino que me estaba obligando a andar hacia delante.
No necesité girarme para saber que era él, lo reconocí al instante por la voz.
Simplemente no di crédito con lo que escuché a continuación.
Que si me exponía mucho, que si mi golpe era obvio, que si Lionel ataría cabos rápido porque básicamente yo era una descuidada, que si había muchos guardias, que si nos teníamos que ir...
Y una mierda.
Me paré en seco, zafándome de su agarre con un movimiento brusco justo cuando él decidió soltarme. Ahora estábamos al lado de un puesto de jabones artesanos. Olía muy bien. Sin embargo, no podía prestarle la atención merecida porque un engreído de cabello rojo me estaba estropeando el momento. Me giré hacia él, que se había posicionado a mi lado.
—¿Quién coño te crees que eres para soltarme esta mierda? —Mis ojos desprendían furia y miraban directamente a los suyos—. ¿Me hablas a mí de llamar la atención? ¿Quién es el que se ha puesto a hacer ilusionismo en medio de la puta calle, eh? ¿Eso no es llamar la atención? —Estaba alzando la voz más de lo que me estaba dando cuenta—. ¡Y no te atrevas a tocarme otra vez!
En ese momento me percaté de que quizá no era el mejor lugar para destacar entre la gente, ya que hacía menos de una semana habíamos protagonizado un altercado bastante destacable en una taberna de la ciudad. El hecho de tener ya varios pares de ojos mirándonos fue un indicador bastante claro. Y, por supuesto, contando que nosotros no pasábamos desapercibidos precisamente por nuestro aspecto, así como tampoco por las heridas suturadas que llevábamos en la cara.
—Tal vez te hayas olvidado de que no te he pedido ayuda en ningún momento, llevo haciendo esto desde seguramente antes de que tú comenzaras con ello, así que no me jodas. —Me había acercado más a él para poder hablarle sin gritar, apenas nos separaba un palmo.
Si no hubiese estado tan furiosa en ese momento, habría podido percatarme de que me había quedado más cerca de él de lo que había sido mi intención. Y de que mi inquietud repentina tal vez no obedecía del todo a la discusión que acababa de iniciar.
—¡Sí, son ellos! ¡Son los que me destrozaron la taberna! —escuchamos de pronto al otro lado de la calle, que ahora estaba vetada a los carros y otros medios de transporte con motivo del mercado.
De inmediato, giré la cabeza en aquella dirección. Y, entre el gentío, reconocí a aquel hombre alterado como el que me había servido la cerveza en El Dragón Rojo. A su alrededor, un puñado de guardias. Más de los que podía contar entre todos aquellos lugareños.
—¡Será cabrón! ¿Éramos dos frente a ni se sabe y nos señala a nosotros? —me ofendí.
Al segundo siguiente, la tropa de uniformados comenzó a intentar abrirse paso entre el cúmulo de personas mientras cruzaba en nuestra dirección. No podía decirse que estuviésemos en nuestras mejores condiciones después de la pelea de hacía cuatro días, así que, aunque el entorno me favorecía si quería cambiar a mi forma animal o híbrida, no creía poder tener éxito visto el número que quería aproximarse a nosotros. Sin pensármelo, agarré a Zorak por la muñeca izquierda y comencé a correr, tirando de él.
Todavía esperaba al lado del puesto del jamón cocido. Le estaba dando unos segundos más de cortesía a Zorak, que en aquel momento todavía lo conocía como Z, para ver si se dignaba a aparecer y poder comprar mi bocadillo sin estar pendiente de si me encontraba o no. La verdad, no dudaba de que fuese a ser así, dadas sus habilidades.
De pronto, noté un agarre en el brazo izquierdo, y no solo eso, sino que me estaba obligando a andar hacia delante.
No necesité girarme para saber que era él, lo reconocí al instante por la voz.
Simplemente no di crédito con lo que escuché a continuación.
Que si me exponía mucho, que si mi golpe era obvio, que si Lionel ataría cabos rápido porque básicamente yo era una descuidada, que si había muchos guardias, que si nos teníamos que ir...
Y una mierda.
Me paré en seco, zafándome de su agarre con un movimiento brusco justo cuando él decidió soltarme. Ahora estábamos al lado de un puesto de jabones artesanos. Olía muy bien. Sin embargo, no podía prestarle la atención merecida porque un engreído de cabello rojo me estaba estropeando el momento. Me giré hacia él, que se había posicionado a mi lado.
—¿Quién coño te crees que eres para soltarme esta mierda? —Mis ojos desprendían furia y miraban directamente a los suyos—. ¿Me hablas a mí de llamar la atención? ¿Quién es el que se ha puesto a hacer ilusionismo en medio de la puta calle, eh? ¿Eso no es llamar la atención? —Estaba alzando la voz más de lo que me estaba dando cuenta—. ¡Y no te atrevas a tocarme otra vez!
En ese momento me percaté de que quizá no era el mejor lugar para destacar entre la gente, ya que hacía menos de una semana habíamos protagonizado un altercado bastante destacable en una taberna de la ciudad. El hecho de tener ya varios pares de ojos mirándonos fue un indicador bastante claro. Y, por supuesto, contando que nosotros no pasábamos desapercibidos precisamente por nuestro aspecto, así como tampoco por las heridas suturadas que llevábamos en la cara.
—Tal vez te hayas olvidado de que no te he pedido ayuda en ningún momento, llevo haciendo esto desde seguramente antes de que tú comenzaras con ello, así que no me jodas. —Me había acercado más a él para poder hablarle sin gritar, apenas nos separaba un palmo.
Si no hubiese estado tan furiosa en ese momento, habría podido percatarme de que me había quedado más cerca de él de lo que había sido mi intención. Y de que mi inquietud repentina tal vez no obedecía del todo a la discusión que acababa de iniciar.
—¡Sí, son ellos! ¡Son los que me destrozaron la taberna! —escuchamos de pronto al otro lado de la calle, que ahora estaba vetada a los carros y otros medios de transporte con motivo del mercado.
De inmediato, giré la cabeza en aquella dirección. Y, entre el gentío, reconocí a aquel hombre alterado como el que me había servido la cerveza en El Dragón Rojo. A su alrededor, un puñado de guardias. Más de los que podía contar entre todos aquellos lugareños.
—¡Será cabrón! ¿Éramos dos frente a ni se sabe y nos señala a nosotros? —me ofendí.
Al segundo siguiente, la tropa de uniformados comenzó a intentar abrirse paso entre el cúmulo de personas mientras cruzaba en nuestra dirección. No podía decirse que estuviésemos en nuestras mejores condiciones después de la pelea de hacía cuatro días, así que, aunque el entorno me favorecía si quería cambiar a mi forma animal o híbrida, no creía poder tener éxito visto el número que quería aproximarse a nosotros. Sin pensármelo, agarré a Zorak por la muñeca izquierda y comencé a correr, tirando de él.
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