20-03-2024, 06:13 PM
(Última modificación: 20-03-2024, 06:16 PM por Jolyne Jones.)
Me acomodé en las gradas y enseguida oí a Sasha saludándome desde su sitio. Era todo un privilegio que nuestras bandas estuvieran tan cerca, se sentía demasiado familiar. – ¿Qué hay, Sasha? Ya tenía ganas de verte – le dije con una sonrisa, saludando con la mano. – No sé qué es un Pascal, pero ahora con nuestras pintas tú y yo parecemos sacadas del mismo gallinero – respondí. Aunque, claro, Sasha era una auténtica bestia difícil de comparar. Rápidamente sentí la mirada de Aspros sobre a mí, y en sus palabras se dejaba entrever un claro resentimiento por no haber logrado la victoria en su prueba. Me hubiera gustado consolarle recordándole que no tenía nada que a hacer contra la indomable velocidad de Yojimbo, pero antes de que pudiera decir nada, Sasha le contestó pagándole con la misma cabra. - ¿Aspros viejo? Solté una carcajada. Ni en mis más locos pensamientos se me habría ocurrido una afrenta mayor que esa, pero viniendo de Sasha resultaba hasta gracioso. Por supuesto que habíamos hecho un buen trabajo en nuestras pruebas. De hecho, por si quedaba alguna duda, no era la primera vez que podía demostrarle mi habilidad a una mosca.
Garnet subió a las gradas poco antes de que empezara el combate y se sentó junto a Aspros, quien se marchó sin decir nada. El pelirrojo parecía entusiasmado antes de su pelea y me halagó por mi valiosa puntería. Él no había visto mi capacidad para disparar topos en época de cosecha, pero igualmente me puso muy contenta. Se lo agradecí y brevemente le deseé suerte en su combate. Sin embargo, toda esta felicidad se vio interrumpida cuando Triana nos advirtió de que había que tener cuidado con los cazadores. – ¿Cómo? ¿A por mí? – pregunté incrédula mirando a mi alrededor. Con toda su charla estratégica, ella sí que sabía cómo aguarnos la fiesta. – No te preocupes, Triana. ¿No ves que esto ya está hecho? Yojimbo ganará su combate, pediremos el dichoso deseo y saldremos de aquí escabulléndonos entre la gente en menos de lo que canta un gallo. No éramos los únicos de por aquí con recompensas jugosas, pero encontrarme rodeada de tanta gente me había provocado una falsa sensación de seguridad. No podíamos ignorar que también había personas que no comulgaban con nuestro estilo de vida despreocupado. Y ahora, por su culpa, tendría que andarme con ojo y perderme parte del espectáculo.
Poco después, Aspros regresó con dos lazos de pan de los puestos y me ofreció uno. Mi prueba me había dejado hambrienta, así que devoré el hojaldre a la velocidad con la que un halcón engulliría un ratón. Las capas de aquella masa no se llegaron a deshacer del todo y se acabaron agrupando formando una densa pasta entre mis dientes, que intenté despegar con mi lengua acompañado de pequeños chasquidos. Mientras estaba enfocada en esa pequeña tarea, el otro hombre miembro de los Shogun Gari se llegó a presentar como el carpintero y tirador de su banda. Me sorprendió que él y yo tuviéramos tantas cosas en común, pero siendo un tirador me hubiera gustado que participara en la prueba de precisión conmigo. ¿Qué tan buena sería su puntería? Esa pregunta acabó despertando en mí una curiosidad por verle en acción. Mientras tanto, la masa del hojaldre seguía atascada entre mis dientes y no me quedó más remedio que empujarla con mi dedo índice, hasta que finalmente pude comérmela. – ¡Por fin! – dije uniéndome a la conversación. - Encantada Tobías, yo soy Jolyne.
Con tantos movimientos en la arena, era complicado apartar la vista y no perder detalle del combate que esos dos estaban ofreciendo. Ver a Garnet pelear en su forma animal contra una enorme mujer que se podía transformar en un pájaro en llamas era lo más emocionante que había presenciado desde que vi a aquella gaviota llevarse a una rata del pescuezo. Y lo más importante, demostraba lo realmente fuerte que era el pelirrojo. – Mira qué bien, reunión de navegantes – le dije a Aspros cuando se giró levemente hacia mí con el golpe de Sasha. - Pues vaya coincidencia, porque yo también me dedico a la carpintería como él – añadí mientras señalaba a Tobías.
Con los gritos del público, volví a mirar a la arena. Entre tantos golpes y agarres, parecía que la cosa estaba bastante reñida. No obstante, y como era de esperar, mi espíritu iba con el pelirrojo alado. Coloqué mi pie descalzo sobre el asiento de Aspros y empecé a dar pequeños golpes de la emoción mientras le animaba. - ¡Vamos Garnet! Endíñale bien a la pajarraca y acaba con esto – grité con fuerza. Nuestro navegante, que había estado algo disperso mirando hacia las gradas, ahora quería añadir más emoción al combate con una apuesta. No era una fanática de esas prácticas, pero Garnet estaba peleando por el buen nombre del equipo tres, y yo confiaba en que saldría victorioso. – Chist, chist, chist. La duda ofende, amigo mío. Yo apuesto mis zapatos por el tigre – afirmé mientras levantaba mi pie descalzo a la altura de la cara de Aspros para demostrar que estaba dispuesta a perder mi calzado.
Garnet subió a las gradas poco antes de que empezara el combate y se sentó junto a Aspros, quien se marchó sin decir nada. El pelirrojo parecía entusiasmado antes de su pelea y me halagó por mi valiosa puntería. Él no había visto mi capacidad para disparar topos en época de cosecha, pero igualmente me puso muy contenta. Se lo agradecí y brevemente le deseé suerte en su combate. Sin embargo, toda esta felicidad se vio interrumpida cuando Triana nos advirtió de que había que tener cuidado con los cazadores. – ¿Cómo? ¿A por mí? – pregunté incrédula mirando a mi alrededor. Con toda su charla estratégica, ella sí que sabía cómo aguarnos la fiesta. – No te preocupes, Triana. ¿No ves que esto ya está hecho? Yojimbo ganará su combate, pediremos el dichoso deseo y saldremos de aquí escabulléndonos entre la gente en menos de lo que canta un gallo. No éramos los únicos de por aquí con recompensas jugosas, pero encontrarme rodeada de tanta gente me había provocado una falsa sensación de seguridad. No podíamos ignorar que también había personas que no comulgaban con nuestro estilo de vida despreocupado. Y ahora, por su culpa, tendría que andarme con ojo y perderme parte del espectáculo.
Poco después, Aspros regresó con dos lazos de pan de los puestos y me ofreció uno. Mi prueba me había dejado hambrienta, así que devoré el hojaldre a la velocidad con la que un halcón engulliría un ratón. Las capas de aquella masa no se llegaron a deshacer del todo y se acabaron agrupando formando una densa pasta entre mis dientes, que intenté despegar con mi lengua acompañado de pequeños chasquidos. Mientras estaba enfocada en esa pequeña tarea, el otro hombre miembro de los Shogun Gari se llegó a presentar como el carpintero y tirador de su banda. Me sorprendió que él y yo tuviéramos tantas cosas en común, pero siendo un tirador me hubiera gustado que participara en la prueba de precisión conmigo. ¿Qué tan buena sería su puntería? Esa pregunta acabó despertando en mí una curiosidad por verle en acción. Mientras tanto, la masa del hojaldre seguía atascada entre mis dientes y no me quedó más remedio que empujarla con mi dedo índice, hasta que finalmente pude comérmela. – ¡Por fin! – dije uniéndome a la conversación. - Encantada Tobías, yo soy Jolyne.
Con tantos movimientos en la arena, era complicado apartar la vista y no perder detalle del combate que esos dos estaban ofreciendo. Ver a Garnet pelear en su forma animal contra una enorme mujer que se podía transformar en un pájaro en llamas era lo más emocionante que había presenciado desde que vi a aquella gaviota llevarse a una rata del pescuezo. Y lo más importante, demostraba lo realmente fuerte que era el pelirrojo. – Mira qué bien, reunión de navegantes – le dije a Aspros cuando se giró levemente hacia mí con el golpe de Sasha. - Pues vaya coincidencia, porque yo también me dedico a la carpintería como él – añadí mientras señalaba a Tobías.
Con los gritos del público, volví a mirar a la arena. Entre tantos golpes y agarres, parecía que la cosa estaba bastante reñida. No obstante, y como era de esperar, mi espíritu iba con el pelirrojo alado. Coloqué mi pie descalzo sobre el asiento de Aspros y empecé a dar pequeños golpes de la emoción mientras le animaba. - ¡Vamos Garnet! Endíñale bien a la pajarraca y acaba con esto – grité con fuerza. Nuestro navegante, que había estado algo disperso mirando hacia las gradas, ahora quería añadir más emoción al combate con una apuesta. No era una fanática de esas prácticas, pero Garnet estaba peleando por el buen nombre del equipo tres, y yo confiaba en que saldría victorioso. – Chist, chist, chist. La duda ofende, amigo mío. Yo apuesto mis zapatos por el tigre – afirmé mientras levantaba mi pie descalzo a la altura de la cara de Aspros para demostrar que estaba dispuesta a perder mi calzado.
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