-...ven toma mi maaaano, para huir de esta terriiiible oscuridaaaad... Ninoniii. ¿Era así, cierto? Mierda, creo que era así...- la decisión de cambiar de camino era una decisión sin retorno. Probablemente sí hubiera seguido por la izquierda, habría salido del bosque y habría acabado todo este infierno. ¿Pero realmente me la quería jugar para volver al punto de inicio? Para nada. A saber que podía suceder. Dudo mucho que el imbécil del ángel siguiera en su sitio, pero no pienso averiguarlo. Sin embargo, por la derecha, las posibilidades son nuevas e infinitas. O eso espero. Por desgracia, me toca todavía bastante ruta, y es idéntica a la de la izquierda. Por momentos, incluso, parece que me haya equivocado de nuevo y haya vuelto por el mismo camino... Si no fuera por la roca aquella y porque esto es un camino recto, sin duda, me habría perdido 20 veces. -... buah, y la putada es que ya me las he cantado todas... ¿Debería volver a empezar?-
El tiempo sigue pasando. Voy avanzando y comienzo a recitar en mi mente salmos de mi credo. Desde que nací... Bueno, desde que tengo memoria y nombre, he sido enseñado y preparado para seguir el camino de la Herejía de nuestro mesías Horus. Cada mañana se postraban ante mi los feligreses y los pecadores, buscando respuestas para sus miserables vidas. Y yo, como su señor y pastor, junto a mis maestros de ceremonias, les recitaba los diferentes versículos del Lectitio Divinatus, nuestro libro sagrado. Buena época aquella... Que reconfortante será recuperar aquello que me pertenece por decreto divino.
Milagrosamente, como si de un acto puramente divino se tratara, mientras voy recapitulando misas y cantos en mi cabeza, me percato de la luz comienza a filtrarse entre las copas infinitas de los árboles. Sorprendido, miro al cielo, observando como la arboleda comienza a ceder ante un cielo que lucha por darme la bienvenida. -¿Será posible...?- pregunto, saturado de fé. Avanzo lentamente, atento en todas las direcciones. Veo como el camino empieza a ensancharse, como un rastro leve de vida se dibuja por el suelo y como los laterales del sendero dejan correr el aire. Cojo una bocanada de aire fresco y reparador. -Nunca me abandonas, oh, señor. Tus señales me dan fuerzas para continuar.- A lo lejos, sin embargo, comienzan a verse unas columnas de humo ascendentes. Varias, colocadas de forma estratégica, como si fueran artificiales. Entre eso y el suelo con vida, ato cabos rápido. -Vaya... Y veo que todavía tienes sorpresas para mí... SHIHahaHAHaH-
Avanzo veloz, motivado por el descubrimiento de algo novedoso y por la promesa de salir de aquel bosque asfixiante. Aunque la maleza ha bajado en intensidad, el camino más corto sigue siendo el camino recto. Igualmente, a varios metros aún, sin llegar a ver de dónde nacen las columnas de humo, me detengo en seco. Me siento en mitad del camino con las piernas cruzadas y empiezo a maquinar -Oye... ¿Y si es otra civilización? A ver, por cojones he dejado atrás la otra ciudad. Básicamente porque el Den-Den no tira. Así que estamos lejos del rango... Pero aún así. ¿Y si son otra tribu de ángeles hostiles? Todavía estoy completamente reventado, no podría enfrentarme a todo un pueblo de esos... ¿Y si lo mejor es quedarme... y esconderme...?- me rasco la cabeza, cabizbajo, pensativo, acobardado. Entonces, viene a mí cabeza la imagen de mi Gran Maestre, aquel que me acogió y dió mi nombre, el Supremo Sacerdote Zaraki. Recuerdo sus entrenamientos, recuerdo sus enseñanzas, recuerdo las últimas palabras que me dijo:
-Tienes razón, padre. No pienso detenerme ahora.- me levanto y sonrío desafiante. -¡VAMOS ALLÁ, SHIHAHAHAHAH-
El tiempo sigue pasando. Voy avanzando y comienzo a recitar en mi mente salmos de mi credo. Desde que nací... Bueno, desde que tengo memoria y nombre, he sido enseñado y preparado para seguir el camino de la Herejía de nuestro mesías Horus. Cada mañana se postraban ante mi los feligreses y los pecadores, buscando respuestas para sus miserables vidas. Y yo, como su señor y pastor, junto a mis maestros de ceremonias, les recitaba los diferentes versículos del Lectitio Divinatus, nuestro libro sagrado. Buena época aquella... Que reconfortante será recuperar aquello que me pertenece por decreto divino.
Milagrosamente, como si de un acto puramente divino se tratara, mientras voy recapitulando misas y cantos en mi cabeza, me percato de la luz comienza a filtrarse entre las copas infinitas de los árboles. Sorprendido, miro al cielo, observando como la arboleda comienza a ceder ante un cielo que lucha por darme la bienvenida. -¿Será posible...?- pregunto, saturado de fé. Avanzo lentamente, atento en todas las direcciones. Veo como el camino empieza a ensancharse, como un rastro leve de vida se dibuja por el suelo y como los laterales del sendero dejan correr el aire. Cojo una bocanada de aire fresco y reparador. -Nunca me abandonas, oh, señor. Tus señales me dan fuerzas para continuar.- A lo lejos, sin embargo, comienzan a verse unas columnas de humo ascendentes. Varias, colocadas de forma estratégica, como si fueran artificiales. Entre eso y el suelo con vida, ato cabos rápido. -Vaya... Y veo que todavía tienes sorpresas para mí... SHIHahaHAHaH-
Avanzo veloz, motivado por el descubrimiento de algo novedoso y por la promesa de salir de aquel bosque asfixiante. Aunque la maleza ha bajado en intensidad, el camino más corto sigue siendo el camino recto. Igualmente, a varios metros aún, sin llegar a ver de dónde nacen las columnas de humo, me detengo en seco. Me siento en mitad del camino con las piernas cruzadas y empiezo a maquinar -Oye... ¿Y si es otra civilización? A ver, por cojones he dejado atrás la otra ciudad. Básicamente porque el Den-Den no tira. Así que estamos lejos del rango... Pero aún así. ¿Y si son otra tribu de ángeles hostiles? Todavía estoy completamente reventado, no podría enfrentarme a todo un pueblo de esos... ¿Y si lo mejor es quedarme... y esconderme...?- me rasco la cabeza, cabizbajo, pensativo, acobardado. Entonces, viene a mí cabeza la imagen de mi Gran Maestre, aquel que me acogió y dió mi nombre, el Supremo Sacerdote Zaraki. Recuerdo sus entrenamientos, recuerdo sus enseñanzas, recuerdo las últimas palabras que me dijo:
“Todo el que busca el poder, sin excepción, busca la batalla. ¿Luchas para volverte más poderoso? ¿O quieres más poder para poder luchar? ¡La muerte y el dolor son solo un pequeño precio a pagar por el disfrute de la batalla!Nunca admitas la derrota y pidas una muerte rápida. Muere primero, luego admite la derrota. Si eres derrotado pero no mueres, solo significa que tuviste suerte. En esos momentos, piensa solo en sobrevivir. ¡Sobrevive y piensa solo en matar al que no pudo matarte!”
Memorias de Zarek sobre Zaraki
-Tienes razón, padre. No pienso detenerme ahora.- me levanto y sonrío desafiante. -¡VAMOS ALLÁ, SHIHAHAHAHAH-
Comienzo a avanzar despacio, con las manos en los bolsillos del pantalón, sin miedo, con una actitud altiva y determinada. Camino por medio del sendero, todo recto, sin ocultarme ni atenuar mis pisadas. Cuando he avanzado lo suficiente, consigo ver el origen de las columnas de humo o la civilización que las ha generado, quedándome en la frontera entre el camino y lo desconocido frente a mi. Voy sin miedo, con aires de superioridad y orgullo, con el menton alto y el torso inflado y al descubierto. Con un gesto sutil, saco las manos de los bolsillo y me presento en voz alta:
-Buenas y jodidas tardes a todos, Zarek ha llegado, SHIHahaHAHaH-
Visual de Zarek al presentarse
Aclaraciones

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