11-03-2024, 02:10 PM
Cuando Sasha estuvo con nosotros de nuevo, llegó sonriendo y extendiendo la mano para que se la chocásemos, recibiendo en mi respuesta un movimiento alzando el brazo para apoyar mi puño contra su palma, como forma de seguirle el juego con el saludo. Pero seguía pensando en lo que acababa de pasar, y en las palabras que Pilimari nos había regalado... era una fruta Logia, de las más codiciadas y perseguidas... y de las más destructivas. Obviamente en nuestro equipo el apartado del fuego estaba cubierto conmigo, y una fruta así no sólo me dejaría en evidencia en dicho campo si no que también nos frenaría en la diversidad de poderes y habilidades disponibles en nuestros contratos. Pero por otra parte, precisamente por eso, podría ser una buena jugada. Podría dedicarme a descansar, a la gestión, y a perseguir sólo lo que me apeteciese y cómo me apeteciese mientras la persona que tuviera esa fruta, en nuestro gremio, se encargase de los trabajos que podrían haber ido a parar en mi.
Si... Me preguntaba si el poder de Viktor sería suficiente como para contrarrestar esa lava, o si yo mismo podría soportar aquel calor y esa forma de daño... pero si las respuestas eran negativas, todo se podía afrontar con una estrategia. Estaba seguro de que juntos podríamos hacer lo suficiente como para poder, al menos, poner contra las cuerdas a ese lunarian y hacernos con su poder. Siempre y cuando consiguiéramos pillarle sólo y sin refuerzos en los que invertir esfuerzos.
Quizá fuese una buena fruta para Chloe, y empezase a ser de algo de utilidad más allá que revisar papeles y tomar notas.
Entonces salí de mi ensoñación con el grito y las palabras de Sasha, a mi lado, quien reflejaba molestia con palabras burdas — ¡Oe niña! — dije dándola un codazo suave sin mirarla — Vigila esa puta boca, no seas mal hablada — le reprendí instintiva y fraternalmente, sin darme cuenta de que yo mismo no era el mejor ejemplo a seguir — Lo que importa es que has ganado, no que te reconozcan esa victoria. No te olvides — finalicé, tratando de darle una pequeña lección de mérito. Entonces El Indigente dio paso a la última prueba, declarando quienes serían los participantes y cómo se desarrollaría todo, resaltando que era el turno de Pilimari.
El primero en salir a la prueba, fue Viktor, quien me hizo arquear la ceja. ¿Desde cuando sabía disparar ese?. Y la voz de Sasha acompañó mi incredulidad, preguntando que qué hacía Viktor ahí — Es mi subordinado — dije sonriendo, aunque él odiaría que me refiriera a él de esa forma — Lo recluté en la isla Toko para formar parte de mi nuevo Gremio — finalicé, viendo a Viktor hacer una exhibición deplorable de puntería, determinando claramente que sería el perdedor de la prueba... Seguramente estaba guardando sus habilidades para no mostrarlas inútilmente y salir con ventaja de este lugar. Desde luego, tonto no era.
Seguido de él, salió una chica con el pelo rosa y la ropa sucia, con unos andares dejados y cansados. Su actitud era poco refinada, grotesca y en algunos puntos se llegaba hasta a dejar entrever una escueta sombra de falta de modales. Tenía un par de alas pequeñas y blancas, como muchos otros en el lugar, y dos moñitos que me recordaban a mi infancia. La muchacha empezó poco a poco a transformarse como hizo minutos antes Sasha. Adoptó un cuerpo más grande, algo más robusto, y más... verde. Brotó una cola que se enrolló en espiral sobre si misma, unas patas palmeadas y extrañas, unas protuberancias en los ojos que los separaban y los hacían tan extraños como exóticos, independientes uno del otro, abultados y con unos enormes párpados que los cubrían casi por completo. Aquella forma tan bizarra y desagradable coincidencia de la naturaleza, con su rudeza desconsiderada, me impactó directamente en el estómago mientras Sasha me gritaba que la mirase — Lo veo niña — dije abriendo la boca de par en par — Es... — dije, dudando. Pero no muchos pasos después gritó que esa mosca era suya y disparó desde su pistola para destruirla desde una distancia brutal, hecho lo cual, se giró y se dirigió de vuelta a su zona volviendo a transformarse en su forma humana, pudiendo ver su rostro — Es... — volví a decir, dudando de mi mismo. Tenía los ojos marrones del color de las tierra de sembrar, el pelo rosa como los melocotones tiernos y lo llevaba despeinado, con un mechón alborotado como flequillo, mostrando aquella fiereza descontrolada. Sus pequeñas alas blancas parecían las de una magistral ave de corral, y cubría sus pechos con una tela de algodón blanca, algo manchada y sucia combinándola con unos pantalones de color azul marino. Desde luego su estado no era el más impoluto ya que se podían apreciar jirones en la ropa, pero la vestía con dignidad y honor. Se sujetaba el pantalón con un trozo de tela blanco más raído incluso, como si los cinturones o las correas no fueran con ella, como gritándole al mundo que no iban a poder doblegarla, y en los pies usaba unas sandalias de madera que dejaban a la vista sus dedos, manchados por el caminar incansable de aquellas piernas — Es preciosa — dije en tono tembloroso y bajo, completamente hipnotizado mientras la escuchaba decir, que ya que habían sembrao' ahora tocaba recoger. Qué palabras más sabias y qué astuto juego verbal. Sacudí la cabeza y carraspeé la voz, mientras notaba que el calor de mi cuerpo empezaba a aumentar y mi rostro alcanzaba el color del lunarian de antes. Era realmente un ángel del campo, una princesa del pueblo, una reina de la naturaleza. Una diosa de lo terrenal.
Tragué saliva y volví a mirar las pruebas, viendo a Chloe volver de realizar la suya, sin saber qué puntaje había hecho y viendo como Pilimari salía a realizar su disparo, resultando en una actuación más escueta que la de Viktor, asegurándose un último puesto y haciendo que negase con la cabeza... pero era obvio que ninguno tenía nada que hacer contra las habilidades de aquella mujer lagarto... aquel ser fuera de lo normal.
Si... Me preguntaba si el poder de Viktor sería suficiente como para contrarrestar esa lava, o si yo mismo podría soportar aquel calor y esa forma de daño... pero si las respuestas eran negativas, todo se podía afrontar con una estrategia. Estaba seguro de que juntos podríamos hacer lo suficiente como para poder, al menos, poner contra las cuerdas a ese lunarian y hacernos con su poder. Siempre y cuando consiguiéramos pillarle sólo y sin refuerzos en los que invertir esfuerzos.
Quizá fuese una buena fruta para Chloe, y empezase a ser de algo de utilidad más allá que revisar papeles y tomar notas.
Entonces salí de mi ensoñación con el grito y las palabras de Sasha, a mi lado, quien reflejaba molestia con palabras burdas — ¡Oe niña! — dije dándola un codazo suave sin mirarla — Vigila esa puta boca, no seas mal hablada — le reprendí instintiva y fraternalmente, sin darme cuenta de que yo mismo no era el mejor ejemplo a seguir — Lo que importa es que has ganado, no que te reconozcan esa victoria. No te olvides — finalicé, tratando de darle una pequeña lección de mérito. Entonces El Indigente dio paso a la última prueba, declarando quienes serían los participantes y cómo se desarrollaría todo, resaltando que era el turno de Pilimari.
El primero en salir a la prueba, fue Viktor, quien me hizo arquear la ceja. ¿Desde cuando sabía disparar ese?. Y la voz de Sasha acompañó mi incredulidad, preguntando que qué hacía Viktor ahí — Es mi subordinado — dije sonriendo, aunque él odiaría que me refiriera a él de esa forma — Lo recluté en la isla Toko para formar parte de mi nuevo Gremio — finalicé, viendo a Viktor hacer una exhibición deplorable de puntería, determinando claramente que sería el perdedor de la prueba... Seguramente estaba guardando sus habilidades para no mostrarlas inútilmente y salir con ventaja de este lugar. Desde luego, tonto no era.
Seguido de él, salió una chica con el pelo rosa y la ropa sucia, con unos andares dejados y cansados. Su actitud era poco refinada, grotesca y en algunos puntos se llegaba hasta a dejar entrever una escueta sombra de falta de modales. Tenía un par de alas pequeñas y blancas, como muchos otros en el lugar, y dos moñitos que me recordaban a mi infancia. La muchacha empezó poco a poco a transformarse como hizo minutos antes Sasha. Adoptó un cuerpo más grande, algo más robusto, y más... verde. Brotó una cola que se enrolló en espiral sobre si misma, unas patas palmeadas y extrañas, unas protuberancias en los ojos que los separaban y los hacían tan extraños como exóticos, independientes uno del otro, abultados y con unos enormes párpados que los cubrían casi por completo. Aquella forma tan bizarra y desagradable coincidencia de la naturaleza, con su rudeza desconsiderada, me impactó directamente en el estómago mientras Sasha me gritaba que la mirase — Lo veo niña — dije abriendo la boca de par en par — Es... — dije, dudando. Pero no muchos pasos después gritó que esa mosca era suya y disparó desde su pistola para destruirla desde una distancia brutal, hecho lo cual, se giró y se dirigió de vuelta a su zona volviendo a transformarse en su forma humana, pudiendo ver su rostro — Es... — volví a decir, dudando de mi mismo. Tenía los ojos marrones del color de las tierra de sembrar, el pelo rosa como los melocotones tiernos y lo llevaba despeinado, con un mechón alborotado como flequillo, mostrando aquella fiereza descontrolada. Sus pequeñas alas blancas parecían las de una magistral ave de corral, y cubría sus pechos con una tela de algodón blanca, algo manchada y sucia combinándola con unos pantalones de color azul marino. Desde luego su estado no era el más impoluto ya que se podían apreciar jirones en la ropa, pero la vestía con dignidad y honor. Se sujetaba el pantalón con un trozo de tela blanco más raído incluso, como si los cinturones o las correas no fueran con ella, como gritándole al mundo que no iban a poder doblegarla, y en los pies usaba unas sandalias de madera que dejaban a la vista sus dedos, manchados por el caminar incansable de aquellas piernas — Es preciosa — dije en tono tembloroso y bajo, completamente hipnotizado mientras la escuchaba decir, que ya que habían sembrao' ahora tocaba recoger. Qué palabras más sabias y qué astuto juego verbal. Sacudí la cabeza y carraspeé la voz, mientras notaba que el calor de mi cuerpo empezaba a aumentar y mi rostro alcanzaba el color del lunarian de antes. Era realmente un ángel del campo, una princesa del pueblo, una reina de la naturaleza. Una diosa de lo terrenal.
Tragué saliva y volví a mirar las pruebas, viendo a Chloe volver de realizar la suya, sin saber qué puntaje había hecho y viendo como Pilimari salía a realizar su disparo, resultando en una actuación más escueta que la de Viktor, asegurándose un último puesto y haciendo que negase con la cabeza... pero era obvio que ninguno tenía nada que hacer contra las habilidades de aquella mujer lagarto... aquel ser fuera de lo normal.
resumen
inventario

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