[Pasado] [+18] - Danza de hielo y fuego
#11
OST DE LA ESCENA

     No he tenido un sueño profundo desde hace más tiempo del que puedo recordar. No cuentan aquellos casos en los que me quedo inconsciente. Pero yo, a diferencia del chico pelirrojo, no había caído en tales tinieblas en aquella ocasión. 
     Volando como pude, y cada vez podía menos en aquellas circunstancias, la noche anterior había entrado en una casa abandonada de Ciudad Akarui. Sí, en lugares como aquel también se daban aquella clase de cosas, aunque fuesen menos vistosas, por suerte para nosotros. Había entrado por un hueco enorme que las tejas caídas habían dejado en la construcción. Mi aterrizaje no había tenido nada de vistoso, pero al menos no fue accidentado, teniendo en cuenta mi dolor y que cargaba con un peso que no acostumbraba.
     Como casa que era, por muy desamparada que estuviese, mantenía todo aquello que en su día sus antiguos dueños utilizaron para vivir. Entre ellas, camas. Pero necesitaba algo más. Por fortuna, en aquel lugar quedaban más cosas que simple mobiliario. Busqué productos con los que poder tratar las heridas. No tengo ni idea de medicina, pero no intentar curarlas podía acarrear consecuencias fatales, y no habíamos escapado de allí para eso.
     Al final, encontré alcohol. No el que yo quería, pero había valido. Un par de botellas de whiskey. En una de las habitaciones, ropa y utensilios de costura, entre otras herramientas que no me servían de nada. Me dediqué a convertir camisetas en jirones. Después, me había llevado todo a la habitación donde había dejado al muchacho tumbado en la cama. Esperando que el remedio no fuese peor que la enfermedad, había comenzado con la ardua tarea de tratar de cerrar sus heridas después de desvestirlo de cintura para arriba.
     Mojé la aguja elegida en whiskey, el hilo también. Cuando empapé los cortes con el mismo alcohol, el chico se retorció, pero no llegó a despertarse. Respiré hondo. Introduje una aguja en su carne, dando puntadas e intentando no hacer ningún estropicio. Primero me encargué del estómago, que era la que peor pinta tenía. Me resultó jodidamente difícil, porque me temblaban las manos del agotamiento, de mi propio e incesante dolor en el rostro y de no saber muy bien lo que estaba haciendo. Cuando terminé, envolví su abdomen con una de la vendas improvisadas a partir de las camisetas. Luego repetí operación con su hombro izquierdo, en concreto, con la zona de la escápula. Tuve que alzarlo de nuevo para colocarle bien el vendaje.
     Y luego la cara. El hijo de puta del pelo morado también había cortado la suya. Le había hecho lo mismo que a mí, pero en el lado contrario, en el derecho. Sujeté su pálido rostro y, con un temblor aún mayor de mis dedos, cosí con el mayor cuidado que pude. Me resultó más complicado, pues su estructura mandibular era diferente. Aunque, bueno, no es como si yo hubiese cosido caras en algún momento de mi vida. Una vez más, él había fruncido el ceño por el dolor, pero tampoco fue suficiente para rescatarlo de los oscuros mundos de la inconsciencia. No quise vendarle ahí, pues al despertar se creería amordazado. Ese no es un buen despertar para nadie.
     Después, me situé delante de un espejo destartalado e hice lo mismo con el whiskey, la aguja, el hilo y la herida de mi cara. Mi determinación fue mayor. Al fin y al cabo, era mi cuerpo. Y aunque no tengo reparo alguno en herir a otra gente, debo querer hacerlo; de otro modo, es infligir dolor gratuito. En mi caso, suturarme la cara me dolía como mil demonios, y de hecho tuve que detenerme un par de veces para que mi visión no zozobrara. Al final, lo conseguí.
     Lo siguiente que hice fue desplomarme en un rincón, sintiendo cómo el cansancio se apoderaba de cada una de mis fibras. Aún con la botella de whisky en la mano, bebí un trago largo. Me ayudaría a calmar el dolor, a conciliar el sueño. Aunque el sueño se apoderó de mí sin más alicientes apenas segundos después.
     Como decía al principio, mi sueño es ligero, lo que hizo que, cuando el chico gritó algo que no entendí, mis ojos se abrieran de par en par, sobresaltada. Mi pulso se había acelerado, preparado por si tenía que crear una respuesta de ataque o de huida. 
     Lo vi incorporado en la cama durante unos instantes y luego se dejo caer hacia atrás con muecas de dolor. Parecía que no me había visto a pesar de estar mirando a su alrededor. Parecía desorientado. Al fin y al cabo, lo último que debía de recordar, si es que su memoria no le jugaba una mala pasada, era encontrarse en El Dragón Rojo. 
     Me apoyé en la madera sucia del suelo para poder levantarme. La herida cosida de mi rostro palpitó con fuerza. Las piernas me ardían, tal había sido mi esfuerzo cargando con él mientras volaba en forma híbrida.
     —No te muevas tanto, se te saltarán los puntos —le dije mientras caminaba hacia la cama.
     Teniendo en cuenta que era la primera vez que cosía a alguien, la probabilidad de no haberlo hecho muy bien era alta.
     Cuando me situé cerca pero a una distancia prudencial, me quedé mirando su rostro: piel clara, ojos de un azul intenso y un cabello rojo y peinado hacia arriba, aunque ahora más alborotado. Observé su boca, recordando lo que era capaz de hacer con ella a los enemigos que se pusieran por delante. De hecho, la sangre de los matones todavía rodeaban esta, manchaban su cuello y, en general, su ropa. Aunque, en realidad, no sabía cuál era la sangre de aquellos imbéciles y la suya propia, igual que en mi caso, que también estaba bastante sucia por la misma razón.
     En realidad, ni siquiera sabía por qué estaba allí, por qué me había quedado en lugar de haberme marchado a la habitación por la que había pagado. No es que yo sea una hermana de la caridad precisamente, pero... irme sin más, dejándolo ahí herido y solo cuando había intercedido por mí, me parecía inapropiado. Igual de inapropiado que si esos miserables hubiesen hallado mi alojamiento y me esperasen por allí para capturarme definitivamente.
     —Diste buena pelea.
     Le dije eso como podría haberle hablado del calor que hacía. Las interacciones sociales se me dan bien a veces, y esta no era una de ellas, con un chico con el que había compartido violentas escenas aun sin saber quién era. Uno a quien había decidido rescatar en lugar de huir por mi cuenta, y con quien había preferido quedarme por cortesía en lugar de buscarme la vida en otro sitio. Cosas impropias de mí, pero hechas, al fin y al cabo. ¿Cómo se habla con alguien así?
     Mis ojos recorrieron las vendas caseras de su abdomen, donde la sangre había calado ligeramente.


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RE: [Pasado] [+18] - Danza de hielo y fuego - por Maeve Knox - 10-03-2024, 02:45 PM

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