[Aventura T3 Autonarrada] - Con tristeza y esperanza al Grand Line
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Día 22 del año 11, Otoño - 2:00 p.m.
West Blue - Isla Toroa - Ciudad Murkhold

Amanecía un día más en la lluviosa y misteriosa Toroa que tanto tiempo había acogido a Kevin. Había transcurrido un día desde la batalla que tuvieron Gideon y Kevin contra los bandidos Lirtom, liderados por el buscado John Ndhalf. Pese a haber sido un dura contienda, los cazarrecompensas pudieron llevarse la victoria, el agradecimiento de la guardia real y, más importante, el precio que tenían los malhechores por su cabeza, dinero con el cuál estaba más cerca el objetivo que tenía el trío de partir hacia el Grand Line. Aquel día, Kevin se levantó con el cuerpo completamente destrozado y lleno de contusiones, cardenales y magulladuras por los golpes que recibió por parte del jefe de los bandidos. Tal era su nivel de cansancio, que el oficinista, que usualmente se despertaba con los primeros haces de luz rompiendo el alba, esta vez siguió durmiendo hasta pasado el mediodía. Aquello demostraba cuán fuerte debía hacerse el hombre trajeado... Si un villano del West Blue les había puesto en ese aprieto, ¿qué les depararía frente a los monstruos que acechaban en el peligroso "paraíso"? Debía pulir, o mejor dicho, desarrollar sus inexpertas capacidades de combate si de verdad quería seguir trabajando junto a Siri y Gideon sin perder ni su vida ni la de sus compañeras.

Sin embargo, físicamente se encontraba demasiado débil, mover cualquier parte de su cuerpo le provocaba un agónico dolor en el mismo, ¿qué debía hacer entonces? No se podía permitir el lujo de descansar y perder el tiempo, al fin y al cabo, el tiempo es oro... Cada segundo que se quedaba de brazos cruzados, era un segundo perdido y malgastado. Entonces pensó en la reflexión que hizo hace tiempo cuando Siri estaba enferma. Ni sus amigas ni él contaban con conocimientos en medicina por lo que, si de verdad se iban a embarcar en un viaje de alta mar que podía durar días, era de extrema importancia contar con algún médico o, al menos, con alguien con conocimientos básicos a bordo. Quizás no podía pelear ahora mismo ni entrenar, pero si que podía aprender lo esencial de la medicina. El conocimiento es un arma poderosa, y eso Kevin lo sabía de sobra. Determinado a ser de utilidad cuando Siri, Gideon o el pequeño Omi enfermaran en alta mar, sin posibilidad de que un doctor les atendiera, Kevin se vistió con su traje de color gris, su camisa blanca y se ató su corbata de rayas naranjas y blancas. Agarró el asa de su maletín y, tras despedirse de sus compañeras de habitación, salió, cojeando y deseando seguir postrado en la cama, de la posada hacia la biblioteca de Ciudad Murkhold para nutrir su cerebro.

La lluvia torrencial típica de Toroa arrecía sobre la ciudad, haciendo que Kevin usara su propio maletín para resguardarse del chaparrón mientras se dirigía hacia la biblioteca.- En-encima de estar hecho polvo hace un día de perros... E-espero que no se mojen mis documentos...- Pensaba negativamente el joven Fojobs al mismo tiempo que jadeaba del dolor con cada paso que daba. 10 minutos después, y empapado hasta las trancas, consiguió llegar a la biblioteca, un local de dos plantas, cuyo interior estaba construido con madera. Como si de una mansión abandonada se tratara, el lugar mantenía cierto aire lúgubre, notándose la antigüedad del local por el crujir de la madera, la poca iluminación con la que contaba, y, las dos cosas que más aterraban a Kevin, la humedad que se respiraba en el ambiente, y la de telarañas que adornaban cada rincón de la biblioteca.- ¿¿¿T-telerañas??? Cómo vea una araña creo que me puedo morir aquí mismo...- Pensaba asustado mientras observaba los hilos arácnidos que se mecían por encima de las estanterías. Como había mencionado, a Kevin también le asustaba, pero en menor medida la humedad ya que era probable que gracias a la misma, todos los libros que se encontraran allí estuvieran en mal estado. Cogió un libro de prueba para comprobar su calidad y, aunque era legible, se notaba con creces que no había sido lo suficientemente bien cuidado.- ¿C-cómo pueden tratar tan mal a estos libros?- Se preguntaba así mismo, en voz baja.

A su alrededor pudo ver como había dispuestas varias mesas de madera redondas en la zona con un pequeño farol, cada una, que iluminaba el área. A excepción de la bibliotecaria, una señora de avanzada edad, que vestía un camisón de pijama y unas gafas algo horteras, Kevin pudo contar como había otras dos personas aparte de él leyendo en la biblioteca. El hombre trajeado se acercó a la señora, la cual, por cierto, estaba durmiendo como si en su casa estuviera.- Di-disculpe...- Intentó llamar la atención de la bibliotecaria sin ningún éxito.- Se-señora, pe-perdone...- Hizo un segundo intento, alzando un pelín más la voz, pero en vano. Kevin no quería gritar ni molestar a la señora que había decidido no ejercer su trabajo correctamente, así que, en vez de preguntarle acerca de la ubicación de los libros de medicina, decidió buscarlos por su cuenta. Tras examinar cada rincón de la planta baja, subió por las escaleras centrales que llevaban a la planta superior, con más estanterías dispuestas. Evitando lo máximo posible centrar su mirada en las telarañas del lugar, acabó encontrando el libro que estaba buscando, aunque que cubierto de polvo. Al sostenerlo en sus manos, sopló con cuidado para quitar la suciedad del libro, mostrando el título "Conocimientos Básicos de Medicina".- ¡T-te tengo!- Exclamaba a sus adentros el hombre trajeado con una sonrisa dibujada en su cara. Con su método de aprendizaje ya encontrado, bajó a la planta inferior y se sentó en una de las mesas solitarias iluminadas, débilmente, por el farol que tenía en el centro. Era hora de rebanarse los sesos, salvar y saber curar las enfermedades que azotaran a sus amigas.



Día 78 del año 11, Invierno - 10:23 a.m.
West Blue - Isla Toroa - Ciudad Murkhold

Varios días transcurrieron desde que Kevin comenzó sus estudios en medicina básica. Había conceptos y teorías aún se le resistían al pluriempleado, pero aún así los avances que había presentado, aún más teniendo en cuenta que había partido con conocimiento nulo en la materia, eran reseñables. Sin embargo, un trágico y dramático giro de los acontecimientos se dio hace tres días, con la repentina desaparición de su amiga y co-creadora de los PirateBusters, Siri. Al principio, es decir, el primer día, no le dieron demasiada importancia. No era raro que la cazadora saliera a dar un paseo por la ciudad y llenarla de su característica alegría. No obstante, la ansiedad comenzó a apoderarse de ellos cuando, al segundo día, tras buscar y buscar en cada rincón de la isla, no tuvieron noticias aparentes del paradero de la artista pelirrosa. No sabían que debían hacer, estaban devastados, destrozados, ¿cómo habían podido dejar que se fuera sin decirles nada? Gideon llegó a un punto en el que se vio superada por la situación y decidió meterse en la cama, no salir de allí, mientras rompía a llorar, ¿habían perdido a su amiga sin que hubieran podido hacer nada? No sabía como, pero Kevin debía sacar las pocas fuerzas que tenía para seguir buscando, más aún ahora que su amiga Gideon se encontraba indispuesta emocional y psicológicamente.

Kevin fue a cada rincón, que ya habían recorrido días anteriores, de la isla nuevamente, con la esperanza de que encontrar algo, aunque fuera alguna ligera pista sobre la situación de Siri. Pero nada, seguía sin obtener respuestas. El corazón le iba a mil y sentía que podía potar en cualquier momento de todas las punzadas que estaba sintiendo en su pecho y estómago. Derrotado y vencido, se encaminaba de nuevo a la posada, hasta que, por fortuna, al pasar por una panadería, escuchó una conversación que captó por completo la atención de Kevin.- ¿Escuchaste lo de aquel grupo de impresentables de cazarrecompensas?- Preguntaba un señor con un prominente bigote a una joven fornida y atlética.- Sí... Es un milagro que se hayan dignado a largarse de aquí al fin....- Declaró la chica algo pensativa. Ante este intercambio de palabras, a Kevin se le encendió la bombilla y se dirigió, corriendo, hacia esa pareja.- ¡Di-disculpen!- Hizo una llamada de atención a los dos individuos que se giraron bruscamente del susto.- ¿E-es posible que hablarais sobre una chica con coleta y pelirrosa?- Preguntó completamente serio Kevin al bigotudo y a la señorito. El señor se cruzó de brazos, y la mujer se llevó su mano derecha a la cabeza.- En efecto... Imposible olvidar a alguien... Como ella... ¿Quién pregunta por ella?- Dijo arqueando una ceja ante la pregunta que formulaba. Kevin, presa de los nervios, fue a agarrarle de los hombros. Nunca antes, pero nunca, había estado tan alterado, y eso ya era decir.- ¡E-ES MI AMIGA! ¿QU-QUÉ SABÉIS DE ELLA? ¿CU-CUÁNDO HABLASTEIS CON ELLA? NECESITO SABER.- Alzaba la voz Kevin, con una mezcla de pánico y esperanza... Esos dos tipos parecían saber algo de Siri, y debían decírselo a cualquier costo. La mujer, que miraba al joven con preocupación, se llevó su dedo índice a su frente, al mismo tiempo que cerraba sus ojos.- La vimos hace tres días sí... Estuvo preguntando por un grupo de cazadores problemáticos de la zona, parecía que quería ir a por ellos.- Rememoró la joven, a lo que seguidamente abrió los ojos.- Corre el rumor de que dichos cazadores abandonaron la isla ese mismo día y partieron rumbo al Grand Line...- Añadió la chica mientras se cruzaba de brazos. Kevin con esa poca información de la que disponía, intentó atar cabos sobre lo sucedido. Aquellos cazadores por los que preguntaba, seguramente, debían ser aquellos que poseían la fruta que tanto ansiaba la pintora. Entonces, si se habían largado al Grand Line, ¿era posible que Siri les hubiera seguido? ¿O acaso se coló en su barco? ¿Y si la habían raptado y la llevaban con ellos? Miles de pensamientos, a cada cuál peor que el anterior invadieron a Kevin. La única certeza que tenía Kevin era que estando en Toroa estaban perdiendo el tiempo, si debían buscar, debía ser más allá de Toroa, y más allá del West Blue. Gideon y Kevin debían partir hacia el Paraíso, el Grand Line.



Día 8 del año 12, Primavera - 6:37 p.m.
Red Line - Cabos Gemelos

Nada más conocer la gran posibilidad que existía de que Siri hubiera partido al Grand Line sin ellos, Kevin compró el barco más asequible que podía garantizarles llegar sanos y salvos al Paraíso, avisó corriendo a Gideon y le pidió que preparara todo lo necesario para llevarse al gran viaje que les deparaba. Parecía increíble pero, después de tantísimo tiempo en esa enigmática y lúgubre isla, al fin la abandonarían, dejando atrás todo aquellos que habían vivido, y a todas las personas que habían conocido, pero llevando sus recuerdos con ellos. El tiempo que estuvo de marinero años atrás parecían haber servido a la perfección para maniobrar con cuidado y seguridad el barco con el que navegarían. Una goleta pequeña que contaba con una bodega, donde dormirían Gideon y Kevin, bajo cubierta. Propulsados por el viento y guiados por su brújula, encauzaron su barco hacia la Red Line, lugar por el cuál darían con el punto de acceso al Grand Line: La imponente Reverse Mountain.

Días y días en alta mar transcurrieron, unos más tranquilos que otros, donde los dos cazadores se las tenían que apañar entre ellos dos para mantener el barco a flote y mantenerlo en condiciones, además de cuidarse a ellos, manteniendo una dieta equilibrada, saludable y con cuidado de que no se echaran a perder una gran cantidad de alimentos. Con este viaje, Kevin aprendió que la alimentación era importantísima, por lo que debería aprender a tratar las materias primas con sumo cuidado y a elaborar platos que saciaran y llenaran de nutrientes las exigencias de sus cuerpos. Debía aprender a cocinar apropiadamente, pero eso ya sería en otra ocasión. Finalmente, a lo lejos, se podía otear ya la gigantesca muralla de tierra rojiza que separaba el mundo en dos partes, la Red Line. El hombre trajeado había leído en libros la existencia de un peligroso acceso en la misma que permitía a viajeros pasar de un Blue a la gran ruta marítima. Y a pesar de eso no sabía que el recoveco por el que debía introducir el barco era tan estrecho como para que, un pequeño fallo de cálculo los mandara a ser pasto de los peces. La corriente que se introducía en la Red Line empezó a arrastrarlos fuertemente, ahí daba comienzo la primera prueba para ver si, verdaderamente, eras apto para permitirte navegar por aquel peligroso mar.

Con nerviosismo y determinación, y habiendo pedido a Gideon que se agarrara fuertemente, empezaron a ascender por la Reverse Mountain, a una velocidad de vértigo, completamente inexplicable pues, ¿cómo podía la corriente de lo que parecía ser un río ir hacia arriba? Era algo que desafiaba las leyes de la naturaleza y la gravedad. Sin apartar la vista del frente, podía escuchar los gritos de Gideon, presa de su fobia a las alturas. La goleta siguió su camino hasta que se detuvo, en la cima, y, con una velocidad exponencialmente mayor, se precipitaron al vacío. El hombre trajeado sentía que se iba a desmayar o que podía potar en cualquier momento. El viento debido a la velocidad de bajada los azotaba con una fuerza sin parangón, mandándolos a volar si no estuvieran bien agarrados al barco. Fueron unos segundos en los que sus vidas pendían de un hilo pero en los que, finalmente, consiguieron sobrevivir y "aterrizar" con seguridad en lo que sería el inicio de su aventura.

Ante la maravillosa y espléndida vista del vasto océano extendiéndose frente a ellos, Gideon preguntó si aún seguían con vida, a lo que Kevin río, con cierto nerviosismo. Había faltado poco, pero lo habían conseguido, habían llegado al Grand Line y, con ello, estaban más cerca de encontrar a Siri.- S-solo espera un poco más... Siri...-

KARMA


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[Aventura T3 Autonarrada] - Con tristeza y esperanza al Grand Line - por Kevin Fojobs - 03-03-2024, 01:38 PM

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