02-03-2024, 01:05 PM
El ambiente era de fiesta, la gente estaba animada, vitoreaban, jaleaban y alzaban la voz para comunicarse, pero, a pesar de ello, se pudo escuchar una especie de bramido feroz que debió sonar a varios metros de distancia. Instintivamente alcé mi vista para tratar de averiguar de qué se trataba, aunque no pude sacar nada en claro. La gente continuaba pendiente del evento como si nada hubiese sucedido, por lo que imaginé que no sería algo fuera de lo normal o de lo que tener que preocuparnos de momento. Aspros nos contó en pocas palabras qué le había ocurrido cuando se separó de nosotros. La única información con la que me quedé era que había varios ángeles y que sería mejor no molestarles.
Antes de que pudiese ponerme al día con Aspros y charlar con mis compañeros, se aproximó hacia nosotros una nube blanca a una velocidad que hizo que la arena del suelo se levantase. En cuestión de segundos, la arena nos dejó ver lo que sucedía, la nube ya no estaba por ningún lado y, en su lugar, un tipo de lo más extravagante apareció en el centro de la pista y comenzó a reír con fuerza. Por sus palabras, debía ser el encargado de presentar aquel evento. Su voz sonó por todo el estadio para presentarse y explicar las normas de los juegos a los que nos acabábamos de presentar. Me seguían pareciendo una estupidez, pero con toda esta parafernalia hasta había comenzado a sentirme algo ansiosa. No pude evitar fijarme en que volvió a mencionar la palabra “mord”. Cada vez me convencía más de que, con ella, se refería a los de la raza de Yamamura.
Sin demorarse, comenzó a enumerar a las personas que formarían equipo. Para mi sorpresa, mencionó el nombre de Aspros junto al de otras personas desconocidas. Miré a Aspros sorprendida, se había apuntado a los juegos por su cuenta cuando nos había perdido de vista, tal vez por eso tendría que participar con otras personas. Mejor para nosotros, tal vez eso significase que teníamos más posibilidades de ganar. —Lúcete —fue lo único que le dije antes de que el presentador continuase enumerando nombres mientras el público vitoreaba. Para mi asombro, dijo mi nombre, pero tampoco iba acompañado del de mis compañeros. —¡¿Qué cojones!? ¿Quién es esa gente? —pregunté al aire sin esperar respuesta. Ya no había más remedio que continuar, aunque no tenía ningunas ganas de ponerme a jugar con unos desconocidos como si tuviese 10 años. Esperaba que las pruebas estuviesen a nuestra altura y no fuesen una gilipollez para entretener a la gente como si fuésemos bufones. Me preparé para bajar e ir a la zona que me habían señalado. Por lo visto, Jolyne y Yamamura irían con otras personas.
Mientras me dirigía al cubículo iba escuchando las normas que enumeraba el presentador. Parecía que eran sencillas, tendríamos que colaborar con nuestro equipo, pero no presté mucha atención hasta que mencionó que el premio era pedir un deseo al emperador. En ese momento, el juego se convirtió en mi mente en un enfrentamiento en toda regla. Bajé más motivada y, al llegar a mi cubículo, vi a dos personas hablando. Una de ellas tenía una altura considerable. Parecía una chiquilla que no había dejado nunca de crecer. Su cara me resultaba familiar, estaba bastante convencida de que la había visto en algún wanted, un rostro tan juvenil acompañado de una recompensa no se olvidaba fácilmente. Cuando me fijé en la otra persona el corazón me dio un vuelco. Era imposible, a menos que nos estuviese persiguiendo. Era el tipo de la máscara junto al que había luchado en Los Cabos y que luego se había llevado a Peixe. La joven le hablaba de forma amistosa y no podía entender por qué.
Me situé junto a ellos sin dejar de mirar al enmascarado, tratando de contenerme, lo cual no pude hacer demasiado tiempo. No podía olvidar lo que había hecho con Peixe ni lo que haría con cualquiera de nosotros si tuviese oportunidad. Incluso era posible que estuviese aprovechándose de la ingenuidad de aquella chica para capturarla. —¡Tú! Desgraciado. Cuando yo o alguno de mis compañeros ganemos estos juegos iremos a por ti —le dije señalándole con el índice de forma amenazante.
Antes de que pudiese ponerme al día con Aspros y charlar con mis compañeros, se aproximó hacia nosotros una nube blanca a una velocidad que hizo que la arena del suelo se levantase. En cuestión de segundos, la arena nos dejó ver lo que sucedía, la nube ya no estaba por ningún lado y, en su lugar, un tipo de lo más extravagante apareció en el centro de la pista y comenzó a reír con fuerza. Por sus palabras, debía ser el encargado de presentar aquel evento. Su voz sonó por todo el estadio para presentarse y explicar las normas de los juegos a los que nos acabábamos de presentar. Me seguían pareciendo una estupidez, pero con toda esta parafernalia hasta había comenzado a sentirme algo ansiosa. No pude evitar fijarme en que volvió a mencionar la palabra “mord”. Cada vez me convencía más de que, con ella, se refería a los de la raza de Yamamura.
Sin demorarse, comenzó a enumerar a las personas que formarían equipo. Para mi sorpresa, mencionó el nombre de Aspros junto al de otras personas desconocidas. Miré a Aspros sorprendida, se había apuntado a los juegos por su cuenta cuando nos había perdido de vista, tal vez por eso tendría que participar con otras personas. Mejor para nosotros, tal vez eso significase que teníamos más posibilidades de ganar. —Lúcete —fue lo único que le dije antes de que el presentador continuase enumerando nombres mientras el público vitoreaba. Para mi asombro, dijo mi nombre, pero tampoco iba acompañado del de mis compañeros. —¡¿Qué cojones!? ¿Quién es esa gente? —pregunté al aire sin esperar respuesta. Ya no había más remedio que continuar, aunque no tenía ningunas ganas de ponerme a jugar con unos desconocidos como si tuviese 10 años. Esperaba que las pruebas estuviesen a nuestra altura y no fuesen una gilipollez para entretener a la gente como si fuésemos bufones. Me preparé para bajar e ir a la zona que me habían señalado. Por lo visto, Jolyne y Yamamura irían con otras personas.
Mientras me dirigía al cubículo iba escuchando las normas que enumeraba el presentador. Parecía que eran sencillas, tendríamos que colaborar con nuestro equipo, pero no presté mucha atención hasta que mencionó que el premio era pedir un deseo al emperador. En ese momento, el juego se convirtió en mi mente en un enfrentamiento en toda regla. Bajé más motivada y, al llegar a mi cubículo, vi a dos personas hablando. Una de ellas tenía una altura considerable. Parecía una chiquilla que no había dejado nunca de crecer. Su cara me resultaba familiar, estaba bastante convencida de que la había visto en algún wanted, un rostro tan juvenil acompañado de una recompensa no se olvidaba fácilmente. Cuando me fijé en la otra persona el corazón me dio un vuelco. Era imposible, a menos que nos estuviese persiguiendo. Era el tipo de la máscara junto al que había luchado en Los Cabos y que luego se había llevado a Peixe. La joven le hablaba de forma amistosa y no podía entender por qué.
Me situé junto a ellos sin dejar de mirar al enmascarado, tratando de contenerme, lo cual no pude hacer demasiado tiempo. No podía olvidar lo que había hecho con Peixe ni lo que haría con cualquiera de nosotros si tuviese oportunidad. Incluso era posible que estuviese aprovechándose de la ingenuidad de aquella chica para capturarla. —¡Tú! Desgraciado. Cuando yo o alguno de mis compañeros ganemos estos juegos iremos a por ti —le dije señalándole con el índice de forma amenazante.
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