02-03-2024, 10:26 AM
Un extraño ruido me dejó preocupada; no parecía que fueran fuegos artificiales ni nada por el estilo. El lado bueno era que había descubierto que Aspros había salido volando del barco, demostrándose así que al final no nos había dejado plantados. Lejos de enfadarme, me pareció muy tierna la idea de que Triana se hubiera callado todo esto para que no nos preocupáramos, tan tierna como el lomo de un cabritillo recién nacido. Y es que por muy dura que pareciera, la espadachina guardaba en su pecho un corazón tan grande como el de un caballo adulto promedio. O al menos así lo creía. Observé a Yojimbo por un momento antes de que una nube blanca apareciera desde el edificio dorado hasta la arena ante nosotros. Con una risa que se escuchó por las gradas, seguida de otra dichosa bienvenida a Shandora, entendí que había iniciado el espectáculo – ¡Hombre, por fin! – exclamé visiblemente emocionada y con un poco de impaciencia.
Entre la expectación y el polvo, apareció en la pista el animador del evento, “El Dirigente”, ocultando su cara con una máscara y usando una ropa demasiado estrafalaria para mi gusto. No parecía más que un trilero embaucador, pero había que reconocer que tenía don de gentes; con tan solo unas palabras ya se había guardado al público en el bolsillo. Pero al igual que Aspros, lo último que me esperaba que sucediera era que nos separaran en grupos diferentes. – Y yo qué sé. Estoy viendo lo mismo que tú – le contesté sin quitarle ojo al charlatán, que se movía hacia los cubículos. No tardó mucho más en empezar a nombrar a los miembros del primer grupo mientras la muchedumbre aplaudía. Aspros fue de los primeros en ser llamado junto con otros tres. De entre todos ellos, ese tal Joe no me sonaba de nada, pero si era tan conocido para él, por algo sería. – Genial. Que te diviertas – me despedí con cierto desdén y mucha concentración, esperando a que el animador me mencionara. Un buen grupo era la clave para poder ganar esta competición.
En el segundo, llamaron Triana junto con un nombre que conocía bastante bien. Fue una agradable sorpresa encontrarla aquí, pero sin duda Sasha sería una gran aliada en unos juegos como estos. Era una pena que no me hubiese tocado con ella. Finalmente, mi turno llegó en el tercer grupo, acompañada del capitán y, como si fuera cuestión de suerte, con el mismísimo Garnet que conocimos en Toko. - ¡Toma! – apreté los puños y de la emoción me puse en pie de inmediato. -Chupaos esa. Es un buen grupo – afirmé aventuradamente, sin conocer al cuarto miembro. Pero mientras me preparaba para bajar, noté que los vítores hacia nosotros eran mucho más grandes que los recibidos por los grupos anteriores, así que levanté mis manos y, sin llegar a entenderlo del todo, comencé a saludar completamente embaucada. - ¡Esta gente nos adora y todavía no hemos hecho nada! – dije girándome hacia todas las direcciones sin dejar de mover las manos. Pero qué ingenuos eran, si creían que yo había venido aquí a representarles.
Anunciaron que con el premio te concedían un deseo, y yo tenía muy claro cuál sería el mío, si es que me dejaban pedirlo a mí. Bajé de las gradas hasta la arena y, al acercarme a mi cubículo, observé a los demás participantes, algunos conocidos y otros desconocidos, que ahora se habían convertido en nuestros rivales. Al llegar al tercero, me topé con mis nuevos compañeros. Lancé una mirada al tipo desconocido y proseguí. - ¿Qué hay, Garnet? Te veo bien. Esperaba que me reconociera, aunque no llevara mi gorra y mi cara todavía tuviera algo de barro. Carraspeé con fuerza durante un par de segundos, igual que si me hubiese atragantado con un hueso de pollo, y escupí un gargajo a una de mis palmas para frotar mis manos con brío hasta que se disolviese. – Pues yo ya estoy lista – dije antes de dar una última palmada.
Entre la expectación y el polvo, apareció en la pista el animador del evento, “El Dirigente”, ocultando su cara con una máscara y usando una ropa demasiado estrafalaria para mi gusto. No parecía más que un trilero embaucador, pero había que reconocer que tenía don de gentes; con tan solo unas palabras ya se había guardado al público en el bolsillo. Pero al igual que Aspros, lo último que me esperaba que sucediera era que nos separaran en grupos diferentes. – Y yo qué sé. Estoy viendo lo mismo que tú – le contesté sin quitarle ojo al charlatán, que se movía hacia los cubículos. No tardó mucho más en empezar a nombrar a los miembros del primer grupo mientras la muchedumbre aplaudía. Aspros fue de los primeros en ser llamado junto con otros tres. De entre todos ellos, ese tal Joe no me sonaba de nada, pero si era tan conocido para él, por algo sería. – Genial. Que te diviertas – me despedí con cierto desdén y mucha concentración, esperando a que el animador me mencionara. Un buen grupo era la clave para poder ganar esta competición.
En el segundo, llamaron Triana junto con un nombre que conocía bastante bien. Fue una agradable sorpresa encontrarla aquí, pero sin duda Sasha sería una gran aliada en unos juegos como estos. Era una pena que no me hubiese tocado con ella. Finalmente, mi turno llegó en el tercer grupo, acompañada del capitán y, como si fuera cuestión de suerte, con el mismísimo Garnet que conocimos en Toko. - ¡Toma! – apreté los puños y de la emoción me puse en pie de inmediato. -Chupaos esa. Es un buen grupo – afirmé aventuradamente, sin conocer al cuarto miembro. Pero mientras me preparaba para bajar, noté que los vítores hacia nosotros eran mucho más grandes que los recibidos por los grupos anteriores, así que levanté mis manos y, sin llegar a entenderlo del todo, comencé a saludar completamente embaucada. - ¡Esta gente nos adora y todavía no hemos hecho nada! – dije girándome hacia todas las direcciones sin dejar de mover las manos. Pero qué ingenuos eran, si creían que yo había venido aquí a representarles.
Anunciaron que con el premio te concedían un deseo, y yo tenía muy claro cuál sería el mío, si es que me dejaban pedirlo a mí. Bajé de las gradas hasta la arena y, al acercarme a mi cubículo, observé a los demás participantes, algunos conocidos y otros desconocidos, que ahora se habían convertido en nuestros rivales. Al llegar al tercero, me topé con mis nuevos compañeros. Lancé una mirada al tipo desconocido y proseguí. - ¿Qué hay, Garnet? Te veo bien. Esperaba que me reconociera, aunque no llevara mi gorra y mi cara todavía tuviera algo de barro. Carraspeé con fuerza durante un par de segundos, igual que si me hubiese atragantado con un hueso de pollo, y escupí un gargajo a una de mis palmas para frotar mis manos con brío hasta que se disolviese. – Pues yo ya estoy lista – dije antes de dar una última palmada.
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