La respuesta del Birkaniano no tardó en hacerse notar y su actitud no fue la esperada de uno de los de su raza en este lugar, y en este contexto. ¿Acaso era estúpido? ¿Sufría algún tipo de incapacidad cerebral? ¿Había vivido aislado del mundo y la sociedad durante toda su vida? Cualquier persona de las que aquí residían sabía que uno solo de nosotros representaba la autoridad suficiente como para que no quisieran contradecir nuestros designios, que eran los mandados y la voluntad de nuestro señor, y obedeciesen con diligencia y entrega. Claro, también existía la posibilidad de que fuera uno de esos prófugos que habitaban en el mundo inferior, en el mar azul, o la descendencia de alguno de esos traidores a la patria que había vuelto a su casa, o la de sus ancestros, movidos por la promesa del oro o el paraíso terrenal que este vasto imperio nuboso otorgaba. La delicia de los sentidos de todo el que caminase tan próximo al sol y se aproximase hacia el esplendor de la propia Shandora. Pero no importaba su procedencia si no su origen primigenio, que era este lugar, y todos estaban atados a las sacras leyes de este paraíso.
Advertí sus palabras como una ofensa directa hacia la supremacía del Grand Mord Zarutsuki, por medio de su interlocutor, que era yo mismo, y su lenguaje corporal manifestaba claramente que estaba dispuesto a enfrentarse a mi en un combate cuerpo a cuerpo, faltando por completo el respeto a mi cargo y mi autoridad y sentenciando su propio destino al desprenderse de su ropa en el tren superior, eliminando las posibilidades de diálogo o redención por su parte — Sea pues — sentencié mientras su acompañante se aproximaba hacia él, pero sin dar lugar a interacción — Serás purgado — y tras llevar la mano libre a la cintura, la alcé con celeridad hacia su rostro activando el mecanismo del dial que había sujetado, una de las armas más potentes y disuasorias de Skypiea: el dial de rechazo.
Un gran destello emergió de mi puño y el estruendo del impacto fue tal que todos los presentes en la zona pudieron escucharlo sin dudas resonando más fuertemente que el sonido anterior del cuerno que anunció la llegada de los Custodios, produciendo un choque colosal, un golpe inmenso de viento que salió de aquella pequeña caracola e impactó de lleno en Zarek, el - supuesto - hereje, lanzándolo hacia el interior del bosque volando a ras del suelo rompiendo árboles, ramas y vegetación diversa por igual, saliendo de la escena con una facilidad y velocidad tales que dejaba completamente en claro la diferencia de poder y establecía claramente los motivos por los cuales la autoridad no era cuestionada por nadie. Los estándares de poder debían ser muy superiores, si un guardián con un simple instrumento era capaz de generar tal poder sólo pulsando un botón.
Cuando la polvareda del golpe se disipó, bajé el brazo que sujetaba el dial humeante y me coloqué de nuevo en una posición relajada, clavando de un golpe el bastón en el suelo con un crujir y rechinar metálico, observando hacia la lejanía. No alteraría el orden haciendo que nadie fuera a recoger el cadáver aun, era algo que podría hacerse después de los juegos sin problema, pero igualmente llevé la diestra a la sien para comunicarme con mis iguales. Si ese Birkaniano tenía la suerte de haber sobrevivido y osaba volver, iba a asegurarme de que no hubiera cadáver que recoger.
Advertí sus palabras como una ofensa directa hacia la supremacía del Grand Mord Zarutsuki, por medio de su interlocutor, que era yo mismo, y su lenguaje corporal manifestaba claramente que estaba dispuesto a enfrentarse a mi en un combate cuerpo a cuerpo, faltando por completo el respeto a mi cargo y mi autoridad y sentenciando su propio destino al desprenderse de su ropa en el tren superior, eliminando las posibilidades de diálogo o redención por su parte — Sea pues — sentencié mientras su acompañante se aproximaba hacia él, pero sin dar lugar a interacción — Serás purgado — y tras llevar la mano libre a la cintura, la alcé con celeridad hacia su rostro activando el mecanismo del dial que había sujetado, una de las armas más potentes y disuasorias de Skypiea: el dial de rechazo.
Un gran destello emergió de mi puño y el estruendo del impacto fue tal que todos los presentes en la zona pudieron escucharlo sin dudas resonando más fuertemente que el sonido anterior del cuerno que anunció la llegada de los Custodios, produciendo un choque colosal, un golpe inmenso de viento que salió de aquella pequeña caracola e impactó de lleno en Zarek, el - supuesto - hereje, lanzándolo hacia el interior del bosque volando a ras del suelo rompiendo árboles, ramas y vegetación diversa por igual, saliendo de la escena con una facilidad y velocidad tales que dejaba completamente en claro la diferencia de poder y establecía claramente los motivos por los cuales la autoridad no era cuestionada por nadie. Los estándares de poder debían ser muy superiores, si un guardián con un simple instrumento era capaz de generar tal poder sólo pulsando un botón.
Cuando la polvareda del golpe se disipó, bajé el brazo que sujetaba el dial humeante y me coloqué de nuevo en una posición relajada, clavando de un golpe el bastón en el suelo con un crujir y rechinar metálico, observando hacia la lejanía. No alteraría el orden haciendo que nadie fuera a recoger el cadáver aun, era algo que podría hacerse después de los juegos sin problema, pero igualmente llevé la diestra a la sien para comunicarme con mis iguales. Si ese Birkaniano tenía la suerte de haber sobrevivido y osaba volver, iba a asegurarme de que no hubiera cadáver que recoger.
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